Entrevista a Ricardo Portocarrero Grados. Vida y obra de José Carlos Mariátegui

—Buenos días, Ricardo Portocarrero Grados, ¿Cómo comenzó su interés por estudiar la vida y obra de José Carlos Mariátegui?

—Bueno. Para no hacerla muy larga. Yo hice mi educación escolar durante la dictadura militar. Y en la secundaria fueron los años de lucha contra la dictadura. Dónde la izquierda tuvo un incremento, una presencia política. Y de otra manera, comencé a involucrarme con la literatura marxista, de izquierda. Obviamente aparecía José Carlos Mariátegui. Pero, el hecho determinante, fue que estando en la universidad —año 1981—, Heraclio Bonilla me hizo leer La Agonía de Mariátegui. Tenía que exponer el libro, era mi primera exposición. Me lo leí tres veces, lo revisé a detalle. Y aunque no se llegó a realizar la exposición, digamos fue un libro que me impactó bastante. En 1983, me convocaron para que organizara Izquierda Unida, en el distrito en el que yo vivía. Y uno de los objetivos era realizar un círculo de estudios, entonces, se empezó a hablar de la obra de Mariátegui. Y yo empezaba a levantar la mano, por qué estaban dando una imagen de Mariátegui, de marxista, leninista, en fin —la versión ortodoxa—. Basado en la obra de Alberto Flores Galindo. Pasando el tiempo, dentro del partido, estaba Eduardo Cáceres, un gran amigo —actualmente hablamos regularmente—. Y empezamos a organizar Círculos de Lectura de José Carlos Mariátegui. Lo hicimos tanto dentro del partido —Partido Unificado Mariateguista—, al que luego me uní también. Y luego, a través, de SUR, Casa de Estudios del Socialismo, un curso dirigido a trabajadores en el centro de Lima sobre Mariátegui, y otros círculos más. Empezamos a leer, a traducir algunos materiales. Yo había tanteado otros temas, pero me interesó hacer una tesis sobre Mariátegui. Hubo que esperar hasta los años 90. Se entiende las razones por las cuales me demoré mucho. Pero ya con la lectura de Flores Galindo y este tipo de actividades, había nacido en mí, la idea de estudiar a Mariátegui de verdad. En el sentido de ver las fuentes, la documentación, para no quedarnos en el cliché, la repetición. Lo que siempre me ha preocupado en mis investigaciones. Decidí hacer mi tesis, sobre la etapa juvenil de Mariátegui. Todo el mundo dice: “sí es la etapa de formación, pero como él mismo lo rechazó”. Sobre todo para la izquierda, esa etapa no existe. Y para la academia, más le ha interesado el exterior. Hay trabajos en Argentina, de la Dra. Bernabé; en Ecuador, de Campuzano; inclusive de peruanos que viven en el exterior, que han escrito sobre esta etapa. Cuándo he escrito sobre ésta etapa, era algo desconocido. Las fuentes de los periódicos, en esa época aún no se habían editado los escritos juveniles. Tuve que ir a revisar la hemeroteca de la UNMSM, cuándo estaba al costado del Congreso de la República. Fué un trabajo de años. Junto con Eduardo Cáceres y Rosa Delgado, juntamos un equipo para recopilar toda la información. Fué un trabajo de años, que se hizo en la segunda mitad de los 80, y que luego lo retomaría para hacer mi tesis que lo sustente en el año 97 —todavía inédita—. Hubo un periodo de silencio, porque me fuí a estudiar a España , el tema quedó ahí. A mí regreso, mi nombramiento de la Casa Museo José Carlos Mariátegui (2011-2014). Y con el discurso que hizo Jose Carlos Mariátegui Ezeta —nieto del Amauta— y Ana Torres Terrones. La idea de crear el Archivo Digital José Carlos Mariátegui, pasar de lo impreso a lo digital, para tener una página web de ingreso gratuito universal. Me incorporé al trabajo que venían realizando en el 2017. Gracias a ese material, he continuado con mis lecturas y mis investigaciones. Y siempre tratar de tener, lo que se publica sobre Mariátegui, para poder estar al día con lo que se trabaja. Esto ha sido a grandes rasgos, mi interés por la obra de José Carlos Mariátegui, ¿Por qué sigo estudiando? A pesar de la derrota de la izquierda, durante los años 90 y la situación que tenemos ahora. Ha vuelto a ser un tema de referencia. Se vuelve a los viejos discursos, a las repeticiones, a las investigaciones. Puede contribuir a esa discusión. Investigo, no sólo porque soy historiador. Sino, porque creo que hay un debate pendiente en el país, con lo que la izquierda ha hecho después de Mariátegui. Y del Perú de hoy, porque necesitamos alternativas, y obviamente Mariátegui es un punto de referencia para cualquier alternativa a lo que estamos viviendo hoy. 

En la edición facsimilar que publicó la Editorial Amauta, sobre la revista Claridad, y de la que fué director interino José Carlos Mariátegui. Tiene un estudio introductorio bajo el título “Introducción a Claridad”. Está muy vinculado a la Internacional del Pensamiento, al grupo Clarté —Henri Barbusse y France Anatole—. Usted hace una separación, primero muy vinculado a las Universidades Populares bajo la dirección de Haya de la Torre; y con Mariátegui un giro hacia la figura de Lenin y el sector obrero.

—Bueno, sobre Mariátegui se ha dicho mucho. No es que este planteamiento sea original mío. Yo trabajo sobre planteamientos que se han hecho sobre Mariátegui, pero yo hago un estudio histórico —a profundidad—. Esas afirmaciones son verdaderas o falsas. En fin, para esclarecerlo. En este caso, había un planteamiento sobre la participación de Mariátegui como director de Claridad —en los últimos números—. Que se había producido un giro en la revista, un giro doctrinario y político. Efectivamente, esto ocurre, aunque está más estudiado en mi artículo Mariátegui y las Universidades Populares, publicado en la Aventura de Mariátegui, editado por la PUCP en el año 1995. Lo que ocurre es que las Universidades Populares nacieron como es bien sabido de la alianza obrero-estudiantil. Y los obreros como eran mayoritariamente, los obreros organizados que no es lo mismo que todos los obreros. Eran mayormente anarcosindicalistas. Ellos habían llegado a un acuerdo —estaba en sus estatutos—, que no se podía hacer política partidista. Era un proyecto de educación popular. El anarcosindicalismo rechazaba la participación de los obreros, el sistema político, las elecciones, etc. Eso explica el fracaso del Partido Socialista que plantea fundar el año 1919. Los obreros eran opuestos a una participación política partidaria y más dentro del sistema electoral. Se enseñaba historia, geografía, sanidad, matemáticas... Se enseñaban cosas importantes, que no se enseñaban en los colegios. Pero no sé podían discutir temas políticos-doctrinarios. Cuándo Mariátegui ingresa a las Universidades Populares —hay una discusión de quién lo invitó, aunque es completamente secundario—, el primer día que se presenta, señala “yo creo que estamos en una situación revolucionaria… por lo tanto hay que apostar por la renovación”. Eso generó un resquemor entre los anarquistas, especialmente del famoso diario anarquista...

La Protesta

La Protesta. Y un sector lo expuso y lo criticó a Mariátegui. Sin embargo, las conferencias de Mariátegui tuvieron un gran éxito. Empezó a hablar de la Revolución Rusa, de la lucha de la sociedad que moría y la sociedad que nacía, en fin. Toda una serie de parámetros, que se le decían a los obreros. Que no solamente es importante, que se discutan estos temas, para saber qué está pasando en el mundo. La dinámica mundial ¿qué papel tenemos en esa dinámica? Empezó a hablar del papel que teníamos. Empezó a hablar sobre la socialdemocracia. La crisis de la democracia. Los partidos burgueses en Alemania, en Francia, en Inglaterra. En Italia, empezó a hablar sobre el fascismo. Entonces, era claro, que esa idea fundadora de las Universidades Populares, de no hablar de temas políticos-doctrinarios. Mariátegui lo rompe. Y tiene una gran aceptación. Tal fué, que cuando culmina el año, a Mariátegui lo invitan a cerrar en Lima y en Vitarte, la clausura de la Universidad Popular de ese año. Había una serie de ponentes, jóvenes muy importantes, que luego serían muy importantes. Pero era a Mariátegui, a quien los estudiantes quieren escuchar. Cuándo se produce el conflicto que lleva a la deportación de Haya de la Torre, se produce el reemplazo de Mariátegui en la revista Claridad y a Óscar Herrera, en el rectorado de las Universidades Populares —aunque fué un trabajo sumamente administrativo—. Pero la parte doctrinaria, estaba en la revista. Lo de la carátula de Lenin, digamos, fue accidental. En el sentido que Lenin murió en 1924, no se podía saltar ese tema. Y, empiezan a aparecer temas doctrinarios. No solamente aparece el artículo dedicado a Lenin. Hay otros artículos, empiezan a hablar de la situación internacional, Anatole France aparece en el siguiente y Bertrand Russell. Entonces, hay un giro importante. Tanto es así, que justamente, a petición de Martiátegui se comienza a organizar una editorial obrera llamada Claridad, en esa edición se ponen los estatutos para fundar esa editorial obrera. Y lo primero que publican es un folleto, es un texto de Henri Barbusse que se llama Con el cuchillo entre los dientes, es una crítica feroz a las consecuencias de la Primera Guerra Mundial y un referente de lo que posteriormente sería la Internacional del Pensamiento, sino una severa crítica a la sociedad capitalista. Y el otro elemento es que —si te fijas en el subtítulo— pasa de ser un órgano de los estudiantes de la Universidad Popular a un órgano de la Federación Obrera Local de Lima. Frente a la represión, era mejor ponerlo bajo la protección de los obreros. Ésos cambios indican, no diría un cambio de pensamiento entre Haya y Mariátegui. Estaban mucho más cercanos en cuanto a ideas. Haya cumplió su compromiso con los obreros de que la revista tenía que tener ciertos parámetros —las Universidades Populares y las revistas—, pero Mariátegui que venía con la intención de impulsar la organización del socialismo. La idea era fundar un partido. Pero él dijo no, la cosa todavía está verde, muy inmadura. Para constituir un partido, lo primero que se debe hacer es organizar a la clase obrera. 

Ricardo Portocarrero Grados. Fuente: Fotografía de Luis Rodríguez Pastor.

Como diría Edward Palmer Thompson en su libro La formación de la clase obrera en Inglaterra (1963). ¿Quería Mariátegui constituir una conciencia de clase?

—A partir de su propia construcción histórica, su práctica. El partido, antes que viniera todo eso del stalinismo y toda la distorsión del pensamiento de Lenin: “El partido es una cuestión ajena a la clase, que se auto organiza a sí misma, y desde fuera dirige a la clase obrera”. Eso viene después. Mariátegui lo tiene muy claro. Lo ha visto en Europa. Cómo era la realidad de los Partidos Socialistas. No eran partidos monolíticos cerrados, había sido como lo fué en la I Internacional, eran partidos formados. Por ejemplo, en Alemania, cada sede en cada región tenía su propia dinámica, tenía su propio periódico y revista. La revista Die Neue Zeit —en español, Los Nuevos Tiempos—, pero había un montón de periódicos. Y cada uno iba un poco a su dinámica. Y había tendencias. El asunto es que se discutía en los Congresos, pero lo que se acordaba, se tenía que hacer. Pero uno Lee los artículos de Martiátegui sobre el Socialismo Italiano, se da cuenta de que hay tendencias que explican por qué después se rompen, y de cómo se reagrupan. Eso no estaba prohibido. Todo eso comienza, con Lenin, con la prohibición de las tendencias, la necesidad de una unidad férrea, la bolchevización de los partidos que luego daría lugar al stalinismo. Es un proceso que se da en los años veinte, Mariátegui siguió la idea de lo que se tenía acerca de la organización de un partido. Un partido de clase, que surgiera de una clase social, recogiendo sus formas de organización, sus ideas, en fin. Y obviamente formando, no en el sentido del hombre que habla de afuera, sino discutir inmerso, dentro del movimiento. El movimiento obrero y el partido después, tiene que ser ese ideal de la clase, no una cuestión burocrática. Es por ello, que más adelante terminará chocando con la Komintern —Internacional Comunista—. Por ello, no fundó un partido inmediatamente. Su posición dentro de la Komintern queda en minoría.

Uno de los temas importantes que me atrajo la atención, es sobre una revista semanal que iba a aparecer bajo el nombre de Vanguardia, que iba a estar dirigida por Félix del Valle y José Carlos Mariátegui. Sin embargo, ésto cambiará posteriormente. Y toma el nombre de Amauta. ¿Por qué el motivo de ello?

—Eso tenía claro Martiátegui, eso lo tengo escrito. Por eso hay que estudiar su etapa juvenil. Mariátegui en su etapa juvenil, escribía para periódicos y revistas, le establecen los temas que tenía por escribir. No solamente, escribió como La Prensa o El Tiempo, En La Prensa escribió básicamente crónicas urbanas —hípicas— y en El Tiempo comenzó a escribir sobre crónicas políticas, la crónica parlamentaria y las crónicas de la gente, sobre la situación del país en las calles de Lima. Pero, influenciado. Porque, Félix del Valle, periférico del Grupo Colónida —liderado por su gran amigo Abraham Valdelomar—. Mariátegui, como todos los colónidas. Estaban en la búsqueda de su propia expresión, ellos criticaban la política criolla. Consideraban que la literatura peruana, porque eran generalmente literatos. Buscaban renovación —esa palabra, es constante en ésta época—. Buscaban una renovación, no sólo literaria. De la literatura, pasan a la política. Y justamente, el cierre de Nuestra Época y La Razón, que fueron dos intentos de esos jóvenes por sacar medio de expresión periodística —propias—, donde ellos no tuvieran que estar subordinados a la directivas del periódico por el cual trabajaba. Su autonomía, como periodistas, como intelectuales, termina mal. Mal por qué, los escándalos militares le obligan a cerrar Nuestra Época, y luego, La Razón, porque el Arzobispado se niega a seguir publicándolo, con el obvio beneplácito del Gobierno de Leguía, porque lo criticaba. La necesidad de tener un medio de expresión. Propia. Autónoma. Para Mariátegui se volvió imperioso. Por eso, su experiencia europea es muy importante. Porque él, no solamente leyó, recorrió ciudades, etc. Visitó a Barbusse en el local de Clarté en París. Visitó periódicos del Partido Socialista. Leía la prensa italiana. Se fue formando, el carácter que debía tener ese medio, para tener cierta proyección. El regresa con el proyecto de esa revista. Y como, está muy influenciado por la experiencia europea, él piensa que está revista se llame Vanguardia. Es una palabra cliché de la época, que no solamente venía del Partido Leninista, la vanguardia del proletariado. Una palabra derivada de la Primera Guerra Mundial —l'avant-garde, en francés—. En fin, hay una serie de corrientes europeas que hablaban la idea de vanguardia. El tiene ese proyecto, para ello convoca a su amigo que había estado en Nuestra Época. Pero hay tres situaciones que está revista no llegue a buen puerto. El primero, es la represión del Gobierno de Leguía, que golpea fuertemente al movimiento obrero-estudiantil de las Universidades Populares, que finalmente llevó al cierre de Claridad, el número que había dejado Haya preparado, fué recogido por la policía. La segunda, es la crisis de la enfermedad de Martiátegui, que lleva a la imputación de una de sus piernas, lo cual lo lleva a varios meses de inactividad. Y el tercero, es el viaje de Félix del Valle a España. El proyecto quedaría truncado por el momento. ¿Cómo pensaba financiar Mariátegui, Vanguardia? Pues, un poco, como lo había planteado. Él hace el proyecto, de la Editorial Obrera Claridad. Como no tiene dinero, los ahorros que ha podido mantener de su viaje a Europa, no eran muchos. La idea era vender acciones entre los obreros, estudiantes, amigos, intelectuales, etc. Para financiar el proyecto. Pero el problema era dónde imprimir la revista, esa fue su problema con La Razón, como él no tenía imprenta propia, simplemente el Arzobispado dió la orden de que no se siga imprimiendo, y con ello, el periódico murió. La autonomía implicaba también una base material, con tú dinero propio, tu propia imprenta. Es ahí, donde se asocia con su hermano Julio César y fundan Minerva el año 1925. Ya con esta base editorial, daba servicios de imprenta para revistas, libros, etc. Y es la base, sobre la cual después Mariátegui funda posteriormente Amauta y con ella nace la revista. La revista se imprimía primero en Minerva y luego pasa a Amauta. Bajo ese sistema asociado, se crea la Empresa Editora Amauta. Para empezar la revista y con ella la impresión de libros, publicaron por lo menos cuatro docenas de libros. Muchos de los cuales, hoy día, son relevantes y muy conocidos. Eso es lo que lo motivó, a hacer una revista a hacer una revista a su regreso. Y, cómo, finalmente traducirlo y darle el nombre de Amauta. El cambio de nombre, coincide con el inicio de sus estudios de la realidad peruana. Donde ve que el problema del indio, había leído la edición de González Prada —segunda edición, 1924—, lo lleva a que no puede ser una revista pensada tipo Clarté, intelectual-obrera; sino, que tiene que abarcar al campesinado, a los indígenas. En ese entonces —hay una discusión en el uso de términos— la mayoría del campesinado, era campesinado indígena. La expresión de ese problema y la implosión de esa discusión, se expresaba en el surgimiento de los indigenismos. En los años veinte, hubo varios. En este caso, Mariátegui recoge los aportes de Sabogal, que había sido director de la Escuela de Bellas Artes. Esa es una de las formas, de cómo Mariátegui no se cierra en una idea, revisándolo constantemente. La revista cambia de Vanguardia que tenía una clara visión del modelo europeo hacia Amauta, está pensada en una revista inserta o más vinculada a la realidad nacional. 

Se me viene a la mente, una entrevista radial que se realizó a Luis Alberto Sánchez, en dónde señalaba que era muy aprista —demasiado aprista—. En el cuál, afirmaba que era él un hombre con una afiliación y una fé, además mencionó: “como diría José Carlos Mariátegui”. Misma frase que aparece en el libro La Escena Contemporánea y en la primera editorial de la revista Amauta, del propio José Carlos Mariátegui. ¿A qué se refiere Mariátegui con una afiliación y una fé?

—En una frase corta, pero daría para una discusión interminable. Esto tiene que ver con esta etapa —tema de mi tesis de Licenciatura—, que es el tránsito del joven Mariátegui al Mariátegui maduro. En los Escritos Juveniles, ha sido resaltado por varios, de la religiosidad del joven Mariátegui que está presente en varios aspectos. Uno es la influencia familiar y en la otra, sus artículos. Tiene varios artículos dedicados a la religiosidad en Lima. Generalmente, son crónicas de la Semana Santa. Es más, uno de sus textos. Quizás, el más reproducido de Mariátegui, se llama “la  procesión tradicional” que está dedicada a la procesión del Señor de los Milagros. Algunos dicen que en Lima, pero queda demostrado en Europa, tiene la influencia de la lectura de Sorel y su idea del mito. Entonces… Sorel, no era marxista, era parte de la corriente corporativista del movimiento obrero francés. Plantea la idea de qué la clase obrera debe movilizarse no sólo por reivindicaciones económicas, sino que debe estar motivado también por el mito. El mito que Mariátegui define como el mito de la revolución social. Es así, como de una y otra manera, Mariátegui adapta su adhesión al socialismo marxista. Él viajó siendo un socialista abstracto, pero en Italia se adhiere al marxismo. Además, no a cualquier marxismo. Al marxismo inspirado en la Revolución Rusa, y se da cuenta del impacto que tiene la Revolución Rusa en Europa, y un poco más tardíamente en el mundo. No es meramente una cuestión política o económica, sino que inspira al movimiento obrero en diversas partes, incluído China por ejemplo, en esos momentos la China del Kuomintang. La idea que la revolución era posible, y que no era una cuestión meramente de hechos económicos que llevaran hacía, sino que, la revolución era posible. Era una vuelta a la idea de Marx. Que la historia la hacen las personas, en un contexto determinado. En una época, en la que hay una severa crítica al positivismo, a todas las corrientes decimonónicas de la segunda mitad del S. XIX. El desplazamiento científico burgués, que buscaba despolitizar la ciencia, porque la ciencia es política. Y que más bien, motiva a nuevas corrientes filosóficas. La de Bergson, por ejemplo. Ponen el acento en el sujeto —no diría en sus emociones—, porque sería validar a la gente que dice: ”yo me siento así”; sino, en el sentido de que los seres humanos se inspiran en ideas movilizadoras. Las ideas no son cosas abstractas que están en el aire, inamovibles. Las ideas inspiran la acción. Hay hechos —lo ves en La Escena Contemporánea—, de la Revolución Rusa. ¿A qué se refiere con eso? Se está refiriendo, no solamente al hecho de la toma del poder por el proletariado ruso, produce una serie de ideas que se convierten en fuerzas movilizadoras que samaquea toda Europa. Las revoluciones en Alemania, el antiguo Imperio Austro-Húngaro, la lucha contra el fascismo en Italia, en fin. Todos esos movimientos se inspiran en estos hechos, hechos e ideas. Cuánto hay de marxismo o cuánto hay de comunismo, es un debate realmente que no tiene sentido. Porque Mariátegui fue marxista, pero lo que no hizo fué desdeñar los aspectos, que en esa época llamaban espirituales. Que tenían que ver con el pensamiento, con la crítica, con la ciencia. Por eso dice: “el proletariado no solamente se basa en la ciencia, sino en su fé”. En esa frase —que tú has citado— trata de sintetizar este elemento que está muy marcado en la obra de Martiátegui. 

En su estudio preliminar a la Invitación heroica de José Carlos Mariátegui, conjuntamente escrito con Alberto Flores Galindo. Tiene una infinidad de escritos sobre José Carlos Mariátegui. En uno de los apartados, señala justamente lo que habíamos hablado antes de la entrevista, dónde escribe: “uno de los mayores peligros derivados del encasillamiento”. ¿Hay muchos autores que han caído en ésto? Al hacer sus estudios sobre José Carlos Mariátegui. Cómo por ejemplo, no tomar en cuenta los escritos juveniles.

—Eso ocurre fundamentalmente, dentro de los que han sido y son las corrientes de izquierda. Los partidos de izquierda, que se reivindican de la obra de Mariátegui. Por un lado está el hecho, el hecho que Flores Galindo llamó el megáfono. Mariátegui con un megáfono. Cada corriente del marxismo, monopolio del marxismo soviético que se acabó en los años 50. Empiezan a surgir diversas corrientes marxistas, al interior de lo que había sido el marxismo-leninismo. Y cada uno de ellos, buscan en Mariátegui su validación, no sólo su inspiración sino su validación a las tesis que ellos comienzan a sostener, en ese tiempo —en los años 50 hasta principios del 90—. Entonces tenemos el Mariátegui marxista-leninista, al Mariátegui maoísta —una de las versiones es la de Sendero Luminoso—, el trotskista... hay un libro compilatorio de artículos Mariátegui aprista, en fin. Y que ahora se expresa en este debate que ahora se está produciendo, más que nada en México. Un debate inspirado en Gramsci en lo nacional y popular versus el Mariátegui colonial. Cuándo se busca de una y otra manera validar estás nuevas tendencias, estás nuevas posiciones en la obra de Mariátegui, lleva desgraciadamente a una cosa muy común, que es la selección del material y las cosas que consideran relevantes para sostener esa idea. Yo prefiero decir, Mariátegui fué marxista, no le quiero poner una etiqueta a eso. Que es muy particular, porque no hay dos personas que tengan un marxismo similar. Pero hay una serie de elementos básicos que nos permite entender que si era marxista. Esto lleva justamente a seleccionar hechos y algunos planteamientos de Mariátegui, como, nuevamente resumido en un cliché, la típica frase: “el socialismo peruano, no será calco y copia”. Todo el mundo lo usa, pero nadie explica cómo funciona en los hechos. Nosotros somos marxistas ortodoxos, por qué consideramos como Mariátegui que no puede ser calco ni copia. Si, pero cuando uno ve la práctica de esos partidos, por ejemplo, usan la frase pero no tienen ninguna implicancia práctica. Bueno... Y en la academia, al menos en el caso del Perú —en general, las academias— a Mariátegui se le investiga mucho en América Latina, en el Perú menos —nadie es profeta en su tierra—. Generalmente, investigan temas parciales. Salvo casos muy contados, como Martín Bergel o Paulo Drinot, que están releyendo toda la obra de Mariátegui de principio a fin para sus investigaciones. Paulo Drinot está preparando una biografía de José Carlos Martiátegui. Y Martín Bergel ha hecho dos antologías de José Carlos Mariátegui. Eso ha requerido una relectura y una revisión general, por lo menos. Pero generalmente se publican artículos, textos y  libros. El caso de Juan Dal Maso, que estudió la etapa juvenil. Yo creo, que en general, es mi opinión como historiador y alguien de izquierda. Tu puedes escribir un aspecto de un determinado autor, pero para eso tienes que estudiar toda su obra. Por qué ese aspecto de la vida del autor que tu investigas, no nace en el aire. Es el resultado de hechos previos. Tienes que tener una visión general, una lectura mas o menos pausada, analítica de la obra en general, de estudiar su vida. Comprender cuales son los principales temas de debate sobre este autor y ya con esa información formada ya puedes analizar un aspecto específico. Hay personas que se van de frente a sus artículos de tema colonial, al problema del indio y el problema de la tierra. ¿Por qué? Porque, eso les permite sostener, como Mariátegui apoyo el indigenismo, no era indigenista, fomentó el debate en torno al indigenismo, habló sobre el problema de la tierra y del indio. El pensaba la realidad de América Latina completamente alejada de la versión europea. Cuando tenemos, la mayoría de los textos escritos por Mariátegui en vida, la mayoría son de textos europeos. Mariátegui pensó en sus ideas en un libro y lo publicó, el siguió interesado en la realidad mundial, como muy bien a defendido Martín Bergel, y recientemente Deni Alfaro Rubbo, que acaba de ser publicado en inglés sobre Mariátegui —también es una visión integral— no descarto una cosa ni la otra. Eso lleva, como te digo, a veces a análisis que llegan a conclusiones erróneas o parciales. Hay temas que no son tocados, una de ellas es como antes mencioné, los escritos juveniles, y otra es los estudios sobre la realidad mundial. Que no es sobre Europa, Mariétegui escribió sobre el mundo, escribió sobre la China, la India, sobre Turquía…

Sobre el semitismo y el antisemitismo

—Sobre el problema del semitismo, etc. Además, están en La Escena Contemporánea, no es algo que lo dijo después, en su primer libro. Y están en un libro, que publicaron sus grandes amigos, unos jóvenes de origen rumano Manuel Adler y Claudio Lomnitz Repertorio Hebreo, está a lo largo de su obra. Entonces; uno, son sus escritos juveniles; dos, su visión de lo global… Por eso, te decía, yo en mis trabajos de investigación que todavía no lo publico, tengo varias cosas al mismo tiempo. Porque hay que recopilar información, etc. Son aspectos que considero que no se han estudiado antes, pero las fuentes que ahora están al acceso a través del Archivo Mariátegui o el aporte de algunos investigadores pueden dar pie, no a nuevas interpretaciones, sino a una ampliación del conocimiento que tenemos sobre Mariátegui.

En el libro, hay inclusión de artículos que no fueron incluidas en la primera edición, artículos inéditos que no se conocían, están en un listado.

—No, no. Son los artículos que se distinguen de la primera edición.

—Si, de la primera edición.

—En la primera edición, ya había unos inéditos; y ahora, en esta edición también. 

—Uno de los que se reproduce de la revista Mundial, del 16 de noviembre de 1928, se llama Ética y socialismo. Me importaba mucho como Mariátegui escribía sobre la cuestión ética del socialismo, que no “se debe ser buscada en grandilocuentes declaraciones ni discusiones filosóficas, sino en una moral de productores por el propio esfuerzo de la lucha capitalista” (Mariátegui, 1928).

Bueno, ese texto si fué incluido en Defensa del marxismo. Pero, es una parte de artículos que Mariátegui estuvo publicando para analizar el pensamiento o las interpretaciones del marxismo de la corriente socialdemócrata. Porque los socialdemócratas se consideraban marxistas hasta los años 80, había marxismos y marxismos. Lo que pasa, es que la típica, el estudio ortodoxo considera que con el estallido de la guerra y la socialdemocracia votando por la guerra no eran marxistas. Mariátegui reconocía que eran marxistas, pero un marxismo que veía la realidad del mundo de una forma muy distinta. Entonces, en ese sentido, entre uno de los autores que Mariátegui lee y critica, Henri De Man, un autor Belga, que justamente trata de cuestionar la ortodoxia marxista en el sentido de la que hizo Marx, es un revisionista. Pero, cuando usas la palabra ortodoxia, hay que ver a que se refiere. Cuando dice la ortodoxia marxista se refiere a las ideas basadas en Marx, él cuestiona las bases de las ideas de Marx, para plantear un marxismo distinto, lo que se llama marxismo revisionista. Uno de los aspectos que utiliza Henri de Man, porque es psicólogo, es los temas espirituales. Y entonces, dentro de los elementos espirituales, dentro de la filosofía idealista está el tema de la ética. La ética como un referente de sus ideas fuerza que rigen su forma de vivir, o en este caso de hacer política. Una de las críticas que más se ha hecho al marxismo es la falta de una ética, que supuestamente, si tú tienes una ética, tiene que ser un determinado tipo de ética. Tu ética tiene que ser burguesa o tiene que ser liberal. Tú no puedes estar a favor de la historia del proletariado, porque eso es contra la ética. La ética no existe. Lo que hace Mariátegui es reivindicar a través de este texto, el valor ético que tiene la lucha por el socialismo. No se lucha, como pregonan hoy en día — inclusive el gobierno actual—, para destruir, para traicionar a la patria, lo que moviliza a la gente no es el hacer algo negativo, sino que consideran que es un paso necesario para lograr un fin mayor. Y que ese costo es necesario, porque lo otro como decía Rosa Luxemburgo, la alternativa era civilización o barbarie. 

—El movimiento espartaquista

Si. El movimiento espartaquista. Entonces, era un paso transitorio y necesario. Por eso, se dice siempre que el marxismo quiere destruir, quiere matar gente, lo que dice Milei, como se decía en los años 80 en una caricatura —no recuerdo el nombre— que buscan destruir el mundo para beneficio propio. Quien puede tener un pensamiento así. Eso, digamos, no es creíble. Tienen que vender la idea de la destrucción por la destrucción, no dicen ¿para qué? ¿cuál es el objetivo? En este caso, Mariátegui rescata a partir de la Revolución Rusa, que la revolución es un proceso doloroso, transitorio, que hay que hacer. Hay una cuestión ética, se basa en la solidaridad, del surgimiento de una sociedad nueva donde las personas sean realmente libres. Libres, no sólo individualmente, sino colectivamente, basado en el trabajo colectivo. Ese es un tema que introduce Henri de Man en la discusión para cuestionar el marxismo no ortodoxo, sino el marxismo sovietico de Rusia. Marx no escribió sobre ética, en El Capital, habla de la situación de los trabajadores, etc. Está es claramente una preocupación ética, la explotación del hombre por el hombre es una de las cosas más horrorosas que ha producido el ser humano. Mariátegui sale en defensa del marxismo, en el sentido, de que sí tiene una ética, no tiene una doctrina abstracta, separada de la ética, sino que es parte de su pensamiento y de su acción. Este grupo de artículos, justamente como es una antología de textos, como te señalaba anteriormente, la palabra antología que fuese el primer texto publicado y no el original que luego Mariátegui revisó, por ejemplo, para Los Siete Ensayos, Defensa del Marxismo o el Alma Matinal. Se trata de la primera versión, no sale en Defensa del Marxismo, sino en la revista Mundial.

—¿Cómo comienza su labor en el Archivo José Carlos Mariátegui? En difundir las imágenes, las cartas… 

—Esto tiene que ver con una larga historia de los herederos de José Carlos Mariátegui. Cuando Mariátegui muere en abril del año 30, la situación de la familia es muy grave. Porque Anna Chiappe, es una mujer joven, viuda con cuatro hijos. Y a pesar de que contaba con el apoyo de la familia de Mariátegui, su madre vivía en Washington Izquierda, las hijas de su hermana Guillermina le apoyaban en la casa. No podía subsistir alquilando la casa Washington Izquierda. Y el otro tema, de la necesidad de mudarse, es cómo salvaguardar el archivo, todos los papeles, documentos de José Carlos, era un verdadero problema. En ese sentido, la Biblioteca de Mariátegui por la Universidad de San Marcos, a instancias de Jorge Basadre que hizo una campaña entre los propios profesores, en fin, para juntar dinero para que San Marcos compre la biblioteca. Es ahí donde fué a parar la Biblioteca de Mariátegui. La mayor parte de los libros que fueron vendidos, están en la Biblioteca Central Pedro Zulen y el CEDOC —Centro de Documentación de la Biblioteca Central de la UNMSM— que está dirigido por José Carlos Medina y Pablo Sandoval, tienen el proyecto de la digitalización de los libros de Mariátegui que se encuentran en San Marcos. Es una coordinación que estamos haciendo para ver, no tenemos financiamiento ni recursos, y ellos tienen un montón de demandas, tareas, en fin. Estamos viendo la idea de que se digitalice la Biblioteca de Mariátegui. Que se coloqué aquí en el Archivo como en el CEDOC-UNMSM. El asunto era salvaguardar las cartas, documentos. Ahí empezó el periplo del Archivo José Carlos Mariátegui. Cuando se mudaron a Barranco, trasladaron todo ese material, y bueno, con el pasar de los años, los hijos crecieron y tuvieron sus propios hogares. El objetivo era tratar de recopilar todo lo que había sido trasladado en sabe que condiciones. Todo ese material se uso practicamente hasta la primera mitad de los 90, que tuvo como resultado la edición de las veinte Obras Completas de José Carlos Mariátegui, de su edición popular, Mariátegui Total, las ediciones facsimilares de Amauta, Labor, Claridad, Nuestra Época. También estamos viendo la opción de digitalizar La Razón. Y digamos, con el centenario se publicó el Anuario Mariateguiano, de difundir el pensamiento de Mariátegui. El asunto es que comenzado el S. XXI, la cuestión era qué iba a pasar con todo ese material, que dicho sea de paso, los préstamos y algunos que se llevaron algunos materiales, se sufrieron pérdidas. El asunto era cómo salvaguardar todo esto, y José Carlos Mariátegui Ezeta, hijo de Javier y nieto de Mariátegui, que estudió en London School of Economics, especialista en herramientas de nuevas tecnologías. Pensó en esa idea, de como estaba pasando, de pasar del papel a la cuestión virtual, virtualizar el archivo. Entonces, más o menos en 2012-2013, acababa de fallecer Sandro Mariátegui, el último de los hijos varones de José Carlos Mariátegui —tuvo una hija primogénita, Gloria María Mariátegui Ferrer. Se liquidó la Empresa Editora Amauta, se liquidó la Editorial Minerva, y prácticamente, lo que hizo José Carlos Mariátegui Ezeta fue convertirse en heredero, el que tenía que proteger esa obra, ese archivo. Y la mejor forma que él pensó, para evitar futuras pérdidas, era digitalizarlas. El inicia esta serie de proyectos, convocando a amigos, visitó el CeDInCI —Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas—, en Buenos Aires, dirigido por Horacio Tarcus. Que ya tenían experiencia en el proceso de digitalización, y a partir de ello comenzaron con Ana Torres Terrones, que es la jefa del Archivo José Carlos Mariátegui, que hizo el proceso de catalogación, clasificación, ordenamiento, que tiene la página web del archivo lo hizo ella. Y un proceso larguísimo de poner toda la información. Comenzaron este proceso. Y yo estaba vinculado a la familia Mariátegui desde fines del 80, Tito Flores me envió a la casa de Javier Mariátegui, comencé a colaborar, uno de esos frutos de trabajo fué mi introducción a Claridad, como lo hago ahora lo comencé con Javier Mariátegui, buscando materiales, él me mandaba los materiales que había que buscar, en fin. Fué siempre una colaboración de amistad. No cobro por eso. Digamos, que cuando surgió, nació el Archivo José Carlos Mariátegui y comenzaron a publicarse las cosas, me acerqué a José Carlos Mariategui Ezeta, diciendo que yo he colaborado con tu familia, con tu padre. Y fué así que me uní a este proyecto, muy importante, que no tiene financiamiento. Por eso que avanzamos a trompicones, tenemos un montón de ideas que no hemos podido completar. Hay ciertamente una división del trabajo, José Carlos Mariátegui Ezeta, que tiene la visión estratégica del proyecto, Ana es la que tiene a cargo todo el proceso de ordenación y digitalización del archivo; y yo, más que nada, lo que aporto es los documentos que comienzan a publicarse, dudas, preguntas, información, por los tantos años que tengo revisando la obra de Mariátegui. Mi trabajo es apoyar y publicar artículos. Y algo que también hago, derivado de eso, es investigar. No es algo financiado. Mis investigaciones van a paso de tortuga, la pandemia ayudó algo para producir aunque el costo fué muy alto. Mi aporte va a eso, apoyar mi experiencia como historiador como investigador, para garantizar que el material que se publica en el archivo sea de más alta calidad. Y una cosa que hacemos mucho, es que nos escriben generalmente investigadores de América Latina y del mundo, porque ellos están haciendo sus propias investigaciones y sus propios trabajos. Tenemos relaciones con muchas personas y colectivos, sobre todo académicos, que investigan sobre Mariátegui, por ejemplo, el profesor Osvaldo Fernández Díaz, que acaba de fallecer, colaboramos con él y con su equipo. En Argentina está el caso de Horacio Tarcus y Martín Bergel. En Brasil destaca el caso de Deni Alfaro Rubbo. En México, en fin. Más reciente, Paulo Drinot y Rafael Dumett, que está haciendo la segunda parte de su novela sobre Eudocio Ravines. Mariátegui es un personaje sumamente relevante. Rafael Dumett está escribiendo una novela dedicada a Eudocio Ravines, él ya publicó un primer tomo que está dedicado a su adolescencia. La segunda parte de su novela va a tratar de los años 20. Su llegada a Lima y su regreso a Lima, luego de su deportación, hasta la muerte de Mariátegui. Nos escriben muchos. Por supuesto, también realizamos conferencias con la Casa Museo José Carlos Mariátegui. Los inicios de la casa fueron hechos por Javier Mariategui Chiappe y su hijo José Carlos Mariátegui Ezeta. Organizamos, difundimos, hacemos una gran cantidad de trabajo, hemos incorporado a otras personas. Como Eduardo Cáceres, por ejemplo. Víctor Vich, que ha dictado cursos. Víctor Vich sobre el pensamiento de Mariátegui y Eduardo Cáceres sobre la revista Amauta. El año pasado tuvimos un semestre dedicado a las conferencias de la Universidad Popular.

—En Historia de la Crisis Mundial

—Somos muy activos, porque somos entusiastas, personas comprometidas sobre todo con la obra de Mariátegui, y tratando de hacer una cosa seria. No ir y decir cualquier cosa. Toda persona que se compromete a un trabajo serio. Tratamos de ser lo más serie, no neutrales porque eso no existe. Obviamente no todos pensamos igual, pero la idea es que todo lo que hagamos, sea lo mejor hecho y útil, no sólo para difundir la obra de Mariátegui, sino para poner el debate, un debate que se necesita en el país, de lo que pasa, de las posibilidades, de las alternativas que podemos plantear o no, etc. Por eso, es que somos medio invisibles, no hay un local en sí mismo, no es un archivo va y saca citas: “Señor, solo su cuaderno y su lapicero”. Su portátil, no, no, eso no existe. Necesitas algo, entra a la página web, ahí está la forma de contacto. Es un trabajo muy grande. Costoso. Costo que pagamos nosotros mismos, pero aún no tiene el impacto que nosotros quisiéramos que tenga. No tanto para decir, nosotros estamos haciendo esto, sino, insisto, la idea es continuar la obra de Mariátegui. Que haya debate, investigación, estudio, y sobre todo, que se planteen alternativas.

—Muchas gracias por la entrevista, Ricardo Portocarrero.

—A tí, muchas gracias.

*Entrevista realizada al historiador Ricardo Portocarrero Grados, el sábado 2 de noviembre de 2024.

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