Delfín Lévano. Discurso inaugural en el Primer Congreso Obrero Local

Discurso pronunciado al inaugurarse el Primer Congreso Local Obrero de Lima, convocado por la Federación Obrera Regional Peruana (F. O. R.  P.) y celebrado el 21 de abril de 1921

Compañeros delegados:
Trabajadores en general:

Séame permitido, personalmente y en nombre de la colectividad gremial que represento en esta magna Asamblea del Trabajo, siguiendo la rutina acostumbrada en estos casos, agradecer, debidamente, el alto honor que me han conferido las delegaciones obreras aquí presentes, al nombrarme secretario general del primer Congreso Obrero de verdad que se realiza en la región peruana: Y digo Congreso Obrero de verdad, compañeros, porque se reúnen en su seno delegados que sudan, trabajando en talleres y campos por ganarse el sustento diario, porque en él están representados los hombres que sufren la explotación y se retuercen en trágica escena por privaciones múltiples, necesidades no satisfechas por carencia de medios económicos: escena que se desarrolla en todas las familias, en todos los hogares proletarios.

Magna Asamblea es esta, trabajadores, porque dista mucho de la mentira de aquel Congreso Nacional Obrero que se llevó a cabo ha muchos años y en el que, en maridaje de renunciamiento, sarcasmo y desvergüenza, se reunieron explotados y explotadores, opresos y opresores, bajo el amparo de los legales defensores del Capitalismo extorsionante y abrumador.

Digna Asamblea del Trabajo es ésta, compañeros, porque ella representa la iniciativa y el propio esfuerzo de genuinos trabajadores; porque ella se efectúa lejos de todo apoyo oficial, lejos de los aires marciales de las fanfarrias, lejos de los festejos gastronómicos y de los brindis y el chocar de las copas de licor.

Venimos aquí, obedeciendo el mandato imperativo de nuestra conciencia y de la clase productora y oprimida, venimos animados de sanos ideales, impulsados por una gran voluntad de trabajar, de hacer algo que traduzca en hechos, inmediatos o mediatos, los anhelos mejoristas de nuestros compañeros de oficio, nos reunimos para concretar las aspiraciones redentoras del proletariado organizado.

Delfín Lévano. Fuente: Colección Vladimir Velásquez-Lima Antigua

Todos los gremios y las entidades representados en este Congreso han respondido al llamado de la F. O. R. P., trayendo sus delegados, el manantial de sus entusiasmos, de sus energías, de sus convencimientos e ideales; manantial que ha de originar, tarde o temprano pero inevitablemente, el caudal arrollador de la verdadera solidaridad, de la rebelión consciente, de todos los trabajadores en sus luchas contra los esquilmadores del pueblo laborioso, en sus luchas protestatarias contra los liberticidas que pretenden detener el despertar y el avance hacia la libertad de todos los oprimidos de la tierra.

Creo, pues, interpretar el sentir y el mandato de todos los gremios aquí representados, al afirmar que todos sus delegados, henchidos de fe, de esa fe racional, consciente, en el resurgir y en la redención de nuestra clase, han venido no solo a estrechar sus manos y cambiar opiniones sino también a comunicar sus sentimientos, a exponer sus aspiraciones, a comulgar en el altar sublime de la libertad del pensamiento, sustentando, con altura de miras, principios e ideas que nos traigan, con la evolución, el término de un sistema económico-social incapaz e impotente para suprimir la miseria y la esclavitud de los que, precisamente, por ser los factores del patrimonio común usurpado por una minoría parasitaria, debieran disfrutar de todas las comodidades, de todos los bienes necesarios a la conservación de su salud física, de todo lo indispensable al desarrollo de su inteligencia, al cultivo progresivo de su yo espiritual. Hemos venido, y es lo principal, a procurar lo que es útil, lo que es indispensable y lo más urgente en la hora actual de la humanidad: la organización y la unidad proletaria ©, necesarias para la defensa de los intereses colectivos y de los derechos conquistados, a través de los tiempos, a fuerza de tantos desvelos, de tantos sacrificios y de tanta sangre derramada, pero fecundante, de los libertarios de todas las épocas: esa organización y unidad que han de ser mañana, avalancha contra todas las tiranías y todos los despojos consentidos por las clases privilegiadas y, después, cuando el momento y las circunstancias determinen el punto final de una evolución, ha de convertirse en el majestuoso oleaje de la revolución social, esa revolución grandiosa y acariciada por el pueblo que trabaja, esa revolución que ha de trasmutar los decrépitos y desacreditados valores actuales en otros que guarden armonía con la tendencia humana hacia la verdadera libertad basada en la igualdad de condiciones económicas, sin la cual la justicia, el derecho, serán siempre violados y escarnecidos.

La Federación Obrera Regional Peruana, sin abandonar sus principios y en el deseo de buscar la unidad y uniformidad de métodos de lucha y principios ideales de los obreros organizados, convocó a este Congreso a todos los gremios en resistencia o mutualistas de Lima y Callao, a fin de que, en el terreno de la serena discusión y de la amplia exposición de ideas, arribaran a acuerdos o pactos que sellaran la solidaridad defensiva de todos los obreros de ambas localidades.

¿Ha colmado sus deseos la Regional? De manera general, no. Pues hay importantes gremios mutuales que no están aquí representados.

¿Debemos condenar a esos gremios, porque no han concurrido a este llamado a la solidaridad obrera? ¿Podemos creer que los componentes de esos gremios son contrarios a la unificación de los trabajadores y a la mutua defensa de los intereses de nuestra clase? No, compañeros, de ninguna manera podemos creer tal cosa.

Los que nos colocamos en las altas regiones de las ideas generosas, y, desde allí, buscamos causas y efectos para fundamentar nuestra crítica justiciera, reflexiva, demoledora y a la vez que constructiva, podemos sí decir, como una reafirmación de lo que hemos proclamado antes de ahora, que el mutualismo, falseado en su verdadero sentido humano y justo, ese mutualismo oropelesco de algunos obreros con pretensiones aburguesadas, u obreros de mentalidad estrecha y de corto miraje, es causa de servilismo y cobardía, y, lo que es peor, de esa glacial indiferencia por las palpitantes cuestiones sociales que hoy conmueven a los pueblos y preocupan a los gobernantes y directores sociales, ese mutualismo es el nudo atávico entre el presente y un pasado de oscurantismo y prejuicio deprimentes: por eso, los declamadores y mangoneadores de ese mistificado mutualismo, miran con horror o con miedo, y, hasta con odio mezquino, propio de la ignorancia, esa evolución saludable, llena de esperanzas redentoras, que se opera en el proletariado en general.

De ahí que en ese mutualismo de nuestro medio predominen la voluntad o el capricho de los que dirigen, de los partidarios de la rutina, de los oportunistas o mendicantes de votos eleccionarios, de los que hacen coro a los políticos burgueses, o de los arribistas de la hora undécima que pretenden, con ínfulas de apóstoles, acaudillar masas para encumbrarse sobre ellas, y alcanzar, después, posiciones representativas y ventajosas.

Contra esas costumbres inmorales, contra ese servilismo, cobardía e indiferencia vituperables, estamos nosotros, palpitando nuestro corazón al unísono sentimiento de fraternidad proletaria y de ideas generosas, para demostrar nuestras honradas convicciones y nuestros sanos propósitos de hacer extensiva la organización de nuestra clase y delinear las aspiraciones emancipadoras por las que debemos unificar nuestras fuerzas y luchar por ellas.

Somos el presente que piensa y trabaja por un porvenir mejor. Somos los que hemos roto los estrechos moldes de una organización conservadora, defectuosa y mezquina, como es el mutualismo, para caminar con el progreso y acelerar la evolución: somos los que vamos sembrando, por doquiera, rebeldías contra todas las formas opresivas, rebeldías que dignifican y apresuran el gestar de un mundo de seres libres e iguales; somos los conquistadores de ese mundo, reunidos en esta elocuente Asamblea bajo los pliegues de la roja enseña de los desposeídos de todo bien: nosotros navegamos al Futuro en el barco de la organización, guiados por la brújula del ideal de emancipación, y, tal vez pronto, si en nosotros no desmayan el entusiasmo y el tesón, podamos arribar a puerto seguro y pisar el mundo de los libres e iguales, ampliando el grito de Colón: ¡Tierra, Libertad y Ciencia! para todos los humanos.

Compañeros, nuestro congreso tiene la virtud de no estar bajo la influencia perniciosa de los caudillos o mentores políticos o sociales, tiene el valor insuperable de su independencia, no hay tutelaje partidista o de círculo alguno, tiene la aureola de nuestros dolores causados por el malestar social, tiene el calor de nuestros arrestos de rebeldías y el pálpito de los dolores y miserias que sufren los que trabajan en fábricas, talleres y campos.

Importantes son los temas a discutirse. Esforcémonos por resolverlos con la serenidad del convencido y con el respeto que nos merecemos recíprocamente, manteniendo siempre en alto el prestigio de nuestra clase y la nueva cultura que surge desde abajo, como una aurora de redención social.

Busquemos y aceptemos las sabias enseñanzas que nos aporta la experiencia, la historia, la verdad, la sociología, y, de acuerdo con ellas, demos soluciones racionales en relación con nuestro medio, a los temas presentados, y proclamemos las orientaciones y métodos de organización gremial que deben adoptarse en nuestro país.

No creamos que en este congreso van a salir concepciones geniales, sociales, doctrinarias e ideales, hasta ahora desconocidas, no creamos que, de este congreso, va a salir la panacea que cure todos los males e injusticias sociales. No; compañeros, simplemente vamos a pronunciarnos sobre ternas o tópicos ya debatidos y dilucidados por el proletariado de otros países: modestamente nos reunimos en este certamen, para comenzar un período de trabajos preliminares y abrir otro, después, donde podamos presentar nuevas iniciativas para librar nuevas jornadas redentoras; donde podamos adoptar mejores y amplios acuerdos que nos den el triunfo en las luchas venideras; adoptando una voluntaria y mayor disciplina de asociados y de clase, necesaria para luchar, con ventaja, contra el común enemigo: el Capitalismo. Pensemos, sí, compañeros, que debemos fijar los postulados que han de traernos nuestra propia emancipación.

Tal vez, al terminar nuestras labores algunos pesimistas, o zoilos, o pedantes, dirán que nada hemos hecho, que nada práctico dejamos de nuestra obra.

A esos responderemos con orgullo, si, como es una verdad comprobada, demostrada científicamente, que nada se pierde en el gran laboratorio del Universo; que la energía es una, vital y no se agota, aunque no se note en la multiplicidad de los mundos y los fenómenos de la materia; entonces, nosotros hemos hecho mucho porque hemos hecho algo nuevo; hemos iniciado un período evolutivo; hemos hecho algo que era necesario, algo que significa trabajo, voluntad, energía que, necesariamente, han de dar sus frutos que han de convertirse en hechos buenos y saludables. Y, entonces, nuestros trabajos, nuestra voluntad y energías de hoy, almacenarán pujante evolución proletaria que pondrá término a todas las esclavitudes materiales y morales. Entonces nuestro cariño y el calor de nuestras convicciones, puestos en esta tarea que vamos a comenzar, se transformarán en hechos prácticos, se cristalizarán en superiores formas de convivencia social.

Compañeros: al declarar inaugurado el primer Congreso Local Obrero, réstame saludar a todos los gremios aquí representados, a sus delegados y al numeroso público asistente que, con su presencia, nos presta su adhesión y viene a observar nuestra obra, a estudiar el sentir y el pensamiento de un proletariado que se da cuenta, ya, de su importante como irrenunciable misión histórica en la marcha evolutiva y ascendente de la humanidad.

Delfín Lévano
(Delegado de la Federación de Obreros Panaderos Estrella del Perú)

Manuscrito inédito, mayo de 1921 (Archivo personal de César Lévano. El texto está escrito de puño y letra, con lápiz tinta, por Delfín Lévano.)

*Lévano, M., & Lévano, D. (2006). La utopía libertaria en el Perú: Manuel y Delfín Lévano. Fondo Editorial del Congreso del Perú, pp. 412-416.

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