L. González del Campo. Charlando con un Apóstol del Aprismo
Causas generatrices del APRISMO peruano Haya de la Torre: faro de la juventud americana y mentor de las clases oprimidas de su pueblo. Como piensa el ex-Secretario General del APRA del futuro de nuestro continente. “Martí fundó una república y Víctor Haya de la Torre levanta otra de entre sus propias cenizas". Razón de existencia de las nuevas doctrinas que con tanta simpatía acoge el mundo indoibérico. Carlos Manuel Cox, símbolo de la juventud nueva. ¿Qué es el Aprismo en síntesis?
El Sr. Carlos Manuel Cox, miembro de la Comisión designada para hacer la reforma del Código Electoral en el Perú. ofrecerá, en un artículo míe publicaremos la próxima semana, una síntesis de la labor realizada en el hermano país para sanear la función cívica.
Como en los momentos actuales, en Cuba se está tratando del mismo problema, esperamos que en esta colaboración exclusiva del señor Cox, BOHEMIA acaso ofrezca útiles sugerencias, ya que salvo muy ligeras variantes, los problemas que fundamentalmente inquietan a los pueblos de nuestra América son los mismos desde el Río Grande a la Patagonia.
Nos lo ha hecho conocer José B Goyburu, haciendo gala de sus virtudes diplomáticas. Con esa franqueza a que le obliga el calor de hogar que siempre ha encontrado en esta casa, ha entrado una buena mañana seguido por una muchachada atlética y deteniéndose junto a nuestra mesa, nos ha explicado:
—Carlos Manuel Cox, ex-Secretario General del APRA y actual Representante al Congreso Peruano por el Departamento de la Libertad, en vacación forzosa o en el destierro si usted quiere.
Y hemos visto a Cox, el más atlético de todos aquellos atletas, el más imberbe, a pesar de su bigotillo nacente y el de expresión más adolescente.
Felizmente no precisa mucho tiempo para penetrar en la conciencia de Cox y encontrar allí los recios caracteres del hombre curtido en la forja del estudio, del hombre tocado de ideales nuevos, del hombre en fin, que tiene constantemente impreso en su alma el gesto rebelde de la nueva juventud presta a acometer con la furia de sus convicciones contra la fofa muralla de un pasado social y político plagado de máculas.
Y como hoy por hoy, no hay dos cosas que se parezcan más entre sí que dos jóvenes de cualquier rincón de América desde el Río Grande a la Patagonia. muy pronto y muy fácilmente hemos confraternizado con el atlético discípulo de Haya de la Torre.
—Su visita nos parece providencial, amigo— le hemos dicho. Es usted una gota de la savia nueva que circula por estas tierras nuestras. Háblenos de sus ideas, exprésenos sus aspiraciones, díganos sus esperanzas. Acaso sus palabras sean el destello que ilumine las conciencias inquietas de los jóvenes nuestros, acaso el eco de la nueva gesta del Inca fulmine espíritus adormecidos y movilice energías enclaustradas.
La sonrisa franca del muchachote peruano, acogió con alegría nuestras palabras: sus dedos nerviosos empezaron a acariciar el brazo del sillón y las ideas y doctrinas de que se siente saturado empezaron a trazar viriles arabescos mentales, resquebrajando el pasado, arremetiendo contra los plutócratas y latifundistas, cantando un himno a las clases oprimidas, derramando el optimismo de la cultura nueva sobre los desolados campos espirituales de la América sangrante...
¿Vidente? ¿Agorero? ¿Ilusionista? Nada de eso, simple apóstol del nuevo credo que desde el Sinaí de la Penitenciaría Central de Lima, predica Haya de la Torre, con la voz, prepotente y colérica del inca herido que clama restitución y justicia.
—¿……….?
El APRISMO vino a la existencia en Trujillo pero se gestó en todo el Perú. Lejos de ser una doctrina producto de elaboraciones mentales avanzadas, es la consecuencia de un estado social determinado. La costa peruana es el baluarte en que se asienta el latifundio imperialista con toda su perversa maquinaria. En la montaña, en las partes altas, está radicado el plutócrata nacional, señor feudal de ahora. Y en la selva amazónica está el tipo del que es triste modelo el desdichadamente célebre Arana, que trafica con la carne y el sudor del indio inerme. Estas tres fuerzas trituradoras y despóticas, oprimen a las clases bajas de nuestro pueblo, imponiéndole las más absurdas humillaciones de carácter económico y moral. La Libertad, el histórico Departamento nuestro, es un ejemplo pequeño de cuanto ocurre en la totalidad del Perú. Y fué allí, donde en los albores de 1920, Haya de la Torre, que a la sazón era alumno de la añosa Universidad de San Marcos, observó el triste espectáculo de que eran víctimas inermes los obreros manuales, los pequeños terratenientes y agricultores y los hombres intelectuales. En su mente bulló la protesta y se perfiló el remedio a tan torturadora inercia de clases. Del sentido apostólico llegó a la conclusión de que solo uniendo la actividad fecunda de los obreros de las máquinas y de las tierras con las ideas de los del intelecto, era posible crear una unidad defensiva de la numerosa clase de trabajadores oprimidos por la plutocracia avasalladora. De ahí surgió el APRISMO. Es una consecuencia de la mita y el ponguiaje que han seguido exigiendo los señores feudales de ahora, es la concreción del lamento de los que sufren y lloran, es la voz de los de abajo convertida en idea v acción.
—¿……….?
—Estas causas de carácter social y el estado de degeneración política imperante por la soberbia de los "civilistas —organización política plutocrática internacional, perpetuados por la sangradora dictadura de Leguía y por el Caudillismo de Sánchez Cerro, amén que por la vejez de los moldes intelectuales puestos a nuestras clases estudiosas; es lo que ha venido a cristalizar en esa organización de vanguardia que es el APRISMO.
—¿……….?
—Para seguir el proceso histórico de nuestra organización, el mejor camino es recorrer los derroteros de la agitada juventud de Víctor Haya de la Torre
Y como viéramos en el rostro juvenil del Diputado Cox todo el divino recogimiento de un sacerdote en la liturgia, toda la devoción de un pagano ante el ara de la más venerada deidad, una pregunta temeraria y temerosa se nos escapó.
—¿Cuál es para usted, el sitio preciso de Haya de la Torre? ¿Caudillo? ¿Héroe? ¿Hombre Providencial? ¿Aposto!?
La expresión litúrgica desapareció de su rostro, un relámpago de acometividad fulminó sus pupilas, sus labios tallaron una definición en roca andina.
—No puede ser nada de eso. Ese fetichismo es una de las cosas que pretende atomizar nuestro iconoclasticismo intelectual. Los Caudillos, los Héroes, los Hombres Providenciales, son los que han hecho de mi patria un mercado de sangre y sudor al barato. Voz, eco de la voz que viene desde abajo, desde donde están los que sufren, uno de los primeros soldados de la gran fila; víctima, una de tantos millones de víctimas de la plutocracia que avasalla toda nuestra América, eso no más es lo que es Víctor Raúl.
Y al silencio de su convicción sucedió en nuestra mente la imagen de la piara malicente y dolorida de indios, negros y blancos, víctimas de dictaduras políticas, intelectuales y económicas, que habitan, y sufren a la vera de las grandes montañas nuestras. Y como una confirmación sentimos que repitieron nuestras palabras; voz, eco de la voz de las miríadas que desde abajo, desde las sentinas de la explotación y el vilipendio, claman por justicia y restitución de lo que suyo ha sido...
—Haya de la Torre nació en Trujillo, en 22 de febrero de 1895. En 1919, siendo estudiante de la Universidad de San Marcos, en momentos en que el feudalismo universitario imperaba omnipotente, logro decidir a los estudiantes a ponerse al lado de los esquilmados obreros, obteniendo, después de sangriento choque, la imposición de la jornada de 8 horas. Su actuación le lleva a presidir la Federación de Estudiantes de mi país, verificando, en el 1920, el Primer Congreso Nacional de Estudiantes en el Cuzco, surgiendo de aquí, como la más efectiva de sugerencia, la necesidad de crear una Universidad Popular.
—¿……….?
—No se nos escapaba que solo difundiendo cultura nueva y amplia era como podíamos quebrantar el nefasto pasado de cien años de feudalismo en unos pocos y de absurdo vasallaje en los más. Multiplica Haya de la Torre sus actividades pronunciando conferencias en su propio país y estableciendo el intercambio intelectual y estrechando vínculos de afecto con los estudiantes de las repúblicas vecinas. En mayo de 1921 se fundan las primeras Universidades Populares y a ellas dedica Haya todo su fervor y todas las fuerzas de su intelecto. El 23 de mayo de 1923, con motivo de la propuesta aceptación del Corazón de Jesús por el Perú —acto que debía acrecentar las influencias del clero— Haya se puso a la cabeza de las masas obreras y estudiantiles y su palabra de fuego y su voluntad de acero impiden la más terrible ofensa al pensamiento libre y logran hacer estremecer a la dictadura imperante. Perseguido durante más de cuatro meses, delatado y detenido, es encarcelado en la isla de San Lorenzo, donde responde iniciando la huelga del hambre —la primera que se realiza en el Perú. Su prisión levanta una ola de protestas que el Gobierno acalla con asesinatos en masa. Y cuando la vida del protestante amenazaba con extinguirse es deportado a Panamá. De aquí pasa a la Habana, donde pronuncia conferencias en la Universidad y confraterniza con Julio Antonio Mella Primera Universidad Popular de Cuba. De y otros, dejando puestos los pilares de la aquí, obedeciendo a la invitación de José Vasconcelos, pasa a México y es en mayo de 1924 que funda la Alianza Popular Revolucionaria Americana (A. P. R. A.), planea los cinco puntos de su programa internacional y entrega a la juventud mexicana la bandera antiimperialista, insignia de color rojo, con un círculo de oro al centro y con el mapa de la América desde el Río Grande a la Patagonia insertado en el referido círculo. De allí parte en visita oficial a la Universidad de Texas, pasa tres meses de intensa observación y estudio en Rusia y de allí va a Suiza donde entabla estrecha relación con el espíritu de Romain Rolland. Después visita Italia, Francia e Inglaterra, siendo allí alumno de Ciencias Económicas de la Universidad de Londres y de Antropología en Oxford. Y en 1927 es designado para representar a esta Universidad en el debate de oratoria con la Universidad de Washington, con el tema “La Doctrina de Monroe y el Imperialismo". El discurso de Haya fue calificado como "el más capaz que sobre la materia se hubiera pronunciado en Oxford". En ese mismo año es invitado a hablar en los Estados Unidos y toma parte en los debates de Ciencias Políticas de Williamstown y Columbia, llegando a discutir en Harvard con tan recio opositor como el profesor Baxter, de Derecho lnternacional, también sobre la doctrina de Monroe. Regresa a México, pretende visitar Guatemala y Honduras donde no es recibido por sus propósitos de convencer a ambas naciones de lo pérfido de un litigio de fronteras para satisfacer intereses de grandes empresas bananeras de los Estados Unidos. Va a Nicaragua designado miembro de la Comisión Tripartita, integrada por Vasconcelos, de México; Palacio, de Argentina, y Haya, del Perú, para resolver el litigio político e impedir la Intervención americana. En esta nación no fue recibido tampoco. En Costa Rica estuvo unos meses, los suficientes para concebir el plan de acción peruana que trasmite en carta a Ipa[r]raguirre quien fue aprisionado cuando iniciaba sus actividades Al llegar a Panamá es deportado por las autoridades que le envían a Alemania. (Hamburgo). Aquí sigue más intensamente su labor de publicista hasta 1931, en que después de la prohibición de Leguía y de Sánchez Cerro, la Junta de Gobierno, presidida por Ocampo le permite restituirse a su patria.
—¿……….?
—Ya entonces, la educación cívica por él iniciada y difundida por sus discípulos más connotados—Seoane, Heysen, Vázquez, Del Mar, Petrovich, Herrera, Köster, Magda del Portal y Cox— había cristalizado en una organización política denominada Partido Aprista, que no tenía más tendencias que las que procedían de abajo y que no tenía más finalidad que la liberación de las clases sufridas por el esfuerzo colectivo. Nuestro Partido no aspiraba al Gobierno como fin de sus actividades, sino reconociendo que éste era el medio de llegar positivamente a la realización de los postulados reivindicadores del trabajador y el intelectual. Haya de la Torre, candidato unánime, recorrió el país en victoriosa jira política, obteniendo, en los comicios de 11 de octubre de 1931, ciento diez mil sufragios y 27 puestos en el Congreso, a pesar de los fraudes del “civilismo”. Se intenta asesinarle en la propia ciudad de Trujillo y al restituirse a Lima para organizar la Célula Parlamentaria del Partido, tiene que ocultarse a la persecución de los esbirros. El 15 de febrero comienzan las detenciones de los Diputados Apristas a despecho de la inmunidad parlamentaria. Se inicia el éxodo. Haya lanza desde su refugio un brillante manifiesto al país y el seis de mayo, delatado por un jardinero de la Embajada mexicana, es aprehendido e internado en la Penitenciaría Central de Lima. Pero los átomos de la conciencia radioactiva de la generación nueva no se inmutan ante los gruesos muros de la prisión, ni dejan de dar sus emanaciones a las corrientes espirituales de la época, y desde allí, el formidable publicista ha seguido aportando ideas fecundas en libros y artículos, encaminados a arraigar más cada vez, el ideal de los de abajo, puliendo sus energías mentales para hacerlas propicias a más altos fines e ideales.
Un silencio largo, quejumbroso, sucede a las últimas palabras del leader aprista. Cruza ante nuestros ojos el triste paréntesis de sus años de exilio, de las vicisitudes padecidas, de los empeños abatidos.
Ya rehecho del súbito aplanamiento que provocan tan amargos recuerdos, nuestro exquisito conversador, prosigue:
—Al día siguiente de la detención de Haya fué la insurrección de la escuadra que usted conoce, después vino el atentado del joven Melgar. Pero el Aprismo no puede rendirse porque es la conciencia del pueblo hecha doctrina e ideal. Y ante tamaña pena hemos levantado virilmente la bandera de tamaña reivindicación. Aspiramos a obtener una próxima Amnistía General, una Paz honrosa con nuestra hermana Colombia, la Reincorporación de los Diputados Apristas, la Anulación de la Const. de Sánchez Cerro, supresión de la Ley de Emergencia que reedita la de la época colonial. Y también aspiramos a la existencia de las más plenas garantías. Estos puntos fundamentales de la aspiración actual del Aprismo deberán cristalizar un día u otro, pese a nuestros envanecidos plutócratas. Mientras ello ocurre, el Aprismo peruano permanece en situación espectante políticamente y sigue regando la simiente forjadora de conciencias.
Divaga nuestra imaginación en torno a los desconcertantes paralelismos que informan un siglo de vida de tantos pueblos americanos, constata la mente hechos análogos que registran las crónicas en todos y cada uno de nuestros pueblos, y hay un aletear de pesimismo en torno...
Felizmente, los de abajo, las víctimas del plutócrata y el latifundista, del caudillejo y el rancio conservador, se han desperezado. Han arrojado la modorra del tiempo y la costumbre, y han comprendido que es su voz, su recia voz autóctona, la que debe dictar las pautas del porvenir trazando derroteros en las graníticas rocas del Ande inmortal.
Apristas o no, es uno y el mismo el ideal forjado en el cerebro de las generaciones jóvenes, que anhelan la integridad renovadora de hombres y sistemas. Razón tenía Cox al afirmar que el espíritu de nuestros apóstoles libertadores, al diluirse en la masa del pueblo, habría de fecundar una conciencia propulsora de las nuevas repúblicas americanas, levantadas sobre las cenizas de un siglo de desaciertos.
Cuando el atlético Diputado y leader aprista nos ha estrechado la diestra en cordial despedida, en nuestro cerebro sigue martillando, como el eco de la voz del Inca muerto, como mística promesa para los que lloran y aún sueñan, aquella expresión melódica a los oídos de los de abajo, de los que sufren y trabajan: Solo el Aprismo nos salvará.
Mientras nuestro Director y nuestro redactor escuchan atentamente, el Diputado Cox va desovillando la brillante cinta de la ejecutoria de Víctor Raúl Haya de la Torre.
*Bohemia. La Habana, Julio 16 de 1933, pp. 13; 18; 41.
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