Alcides Spelucín. A Propósito de un Reciente Libro de Luis Alberto Sánchez y Jorge Basadre
“Se Han sublevado los indios". "Esta Novela Peruana”.—Luis Alberto Sánchez. — “Equivocaciones”. —Jorge Basadre. —Lima 1928.
¿Por dónde comenzar la lectura de este libro —de estos libros— que la firma Sánchez Basadre acaba de ofrecernos en un gesto comanditario, no de dos sino de cuatro manos juntas?
Porque “Se han sublevado los Indios” y “Equivocaciones” son dos libros en uno, o, si se quiere, uno en dos. Algo así como dos hermanos siameses de la literatura, o como aquellas figuras endiabladamente bifrontes de los naipes sajones. No existe en ellos pauta ordinal ni disposición gerárquica alguna. Cada uno asume derechos de mayorazgo, y, a la vez, de segundón. Todo depende de cómo llegue a la mano del lector.
Pero, aparte de toda novedad formal que para nosotros pudiera existir en su presentación, — y muy dueña la parte de cada autor de su ritmo y de su fisonomía propios— es fácil advertir que no sólo les une una circunstancial soldadura de flonca sino también una esencial comunidad umbilical. Comunidad de materia se entiende; de aquella materia literaria, tan esquiva a la voluntad de los manipuladores inexpertos, y tan dócil, tan obediente, a la de los moldeadores avezados.
Luis Alberto Sánchez y Jorge Basadre son, en nuestro medio, dos admirables casos de seria y amorosa vocación por el estudio de nuestra literatura y de nuestra historia. Ambos precedan de aquella falange que, al juzgar imposible el trazo de las directrices del espíritu nacional sin una previa labor de revisión, ordenación y valorización de la vida y de la obra de las generaciones precedentes, orientó, en buena hora, sus entusiasmos y sus esfuerzos por el camino de un escrupuloso, lento y difícil historicismo. Y en esta labor se han salvado también ambos de la añagaza erudita; de aquel artero mal paso en el que casi siempre acecha el peligro de un frío y pedante academismo. En este caso, la erudición no ha estado al servicio de la erudición; vale decir que no se ha intentado erudición deportiva o erudición pura ©. Su presencia se explica por tu propia finalidad mediatriz; por su rol de simple instrumento para más altos, y nobles propósitos; por su innegable eficacia vehicular en el acarreo de materiales para una obra de recia y severa arquitectura.
Luis Alberto Sánchez es, quizás, el observador más familiar y más atento que hasta hoy han tenido nuestras letras. De espaldas a todo intuicionismo más o menos cómodo, ha preferido remontar pacientemente el cauce del estudio para sorprender aquí, allá y más allá, el volumen, la calidad, la transparencia, etc., de nuestro genio literario.
Recorriendo su copiosa y apresurada labor que va desde “Los Poetas de la Revolución”, 1919, hasta “Se Han sublevado los Indios”, 1928, se advierte que una rica cacería de entidades, aspectos, modalidades y fenómenos jalona la ruta por donde su paso de sagitario va persiguiendo la traza, la huella del alma nacional. Gracias a él podremos gozar dentro de poco tiempo, — ya lo tenemos en parte con el 1er. tomo de "La Literatura Peruana”— de una visión de conjunto, de un testimonio en el que por primera vez será posible enfocar con el ángulo ordinario de nuestra mirada, los 360° del horizonte literario peruano.
En los dos ensayos de su reciente obra. “Se Han sublevado los Indios” y “Esta Novela Peruana”, Sánchez torna a nosotros con un racimo de nuevos y jocundos puntos de vista. Anotemos algunos de ellos:
a) La crítica, o, más bien, la seudo-crítica literaria de nuestro país, jugó casi siempre un peligroso juego de extremos: o el inflamado trópico de un intuicionismo premonitorio y apriorista, o el gélido por lo de un eruditismo estéril y muerto. Y en ambos casos, como instrumento eficaz, la linterna sorda de una pedantería vacua que, más de una vez, sólo supo iluminar panoramas de mentira.
b) El rousseauperricholismo —rebeldía declamatoria y menudo pero corrosivo episodismo galante—como vertebración del setecientos. Al fondo, y con posibilidades de pervivencia continua y dilata, un indudable residuo romántico.
c) Limeñismo fué, muchas veces, sinónimo de colonialismo. Se atacó lo limeño por atacar lo colonial. Colonialismo hubo, no obstante, en la propia provincia beligerante. Si en un gran porcentaje de caso lo limeño se ha confundido con lo colonial, en algunos, — que valen por muchos, v. g. González Prada— del propio seno de Lima partieron los más certeros disparos anticolonniales.
d) Selección del pretendido equino satírico: Pardo, González Prada, Valdelomar, Gamarra, el anónimo. Los demás a los retaguardias del chiste, del epigrama, del libelo. Él anónimo, el ala mayoritaria de la sátira como principal reactivo centra el perricholismo.
e) No confundir perricholismo con deportismo. Lo que en lo primero es evocación, suspiro, lágrima fácil y copiosa, en lo segundo es “contemplación serena y ágil, gimnasia, interpretación, cinematógrafo".
f) Un alegato en favor de los mestizos. La verdad es que el hombre americano aquel espécimen de la raza cósmica de que habla Vasconcelos, es el producto de un mestizaje absoluto. Receptáculo de las más varias sensibilidades, con aptitud para aprehender todos los mensajes, él ha de ser, y no el indio ni el blanco, el hombre representativo de América.
g) El callejón, la casa de vecindad, el conventillo, cunas de la sátira mayoritaria. Leed esta nota tan sabrosa y tan nuestro: “En los "solares", callejones y "casas de vecindad", ocurre, generalmente, que sólo hay un caño o pilón, al cual ocurren todos los vecinos para todos sus menesteres, con cacharros limpios o sucios. Ahí van a la hora de la toaleta matinal, a la chala siestera, a lavar el perro engreído, a enjuagar la ropa "blanca”. Es el mentidero, el club y el gran salón de la casa. Se forman ahí las tertulias y de ahí nacen los pleitos. Se chismea y se "raja”. Todos se pelean por el misino caño. Y todos gozan por él, y así entre todos forman en torno del chorrito de agua, chorrito claudicante, chorrito codiciado, chorrito ininterrumpido, una especie de basílica con oraciones de "tijeretazos".
En "Esta Novela Peruana” estudia Sánchez, en forma rápida y esquemática el proceso de la novela nacional. Tras de examinar las peripecias de este género literario en nuestro país, el autor concluye manifestando que "recién se cavan los surcos para los cimientos de la futura novela nacional”.
La verdad es que en nuestra novela, salvo algunos atisbos fragmentarios y fugaces, no se ve la presencia de aquel robusto fermento americano que bulle en las páginas de "Don Segundo Sombra", "Canaan", "Los de Abajo” y otras. La poesía, la música, la pintura, se han enriquecido últimamente en este sentido. Tenemos ya la insinuación de una poesía, de una música y de una pintura que, sin negar absolutamente su mayor o menor parentesco occidental, pueden revelar claramente su original sabor americano. Pero esto no ocurren la novela, género casi huérfano entre nosotros, calco romántico o imitación medianista, que jamás alcanzó a interpretar uno solo de los aspectos tan profundamente humanos y tan admirablemente novelables de nuestra desgarrada vida nacional.
Ojalá que la profecía de Sánchez tenga, en este sentido, una realización cabal y pronta
Con “Equivocaciones" adviene al campo de nuestra letras una personalidad de fino y agudo sentido crítico. La juventud no escuda, en este caso, ninguna fanfarronería ni disculpa tampoco fragilidades o minorías de juicio; viene, simple y llanamente, a ser el vehículo de una inteligencia grávida, de un espíritu claro, generoso, estremecido, que en plena mañana deja caer el milagro de un fruto meridiano.
Los que han seguido con atención y cariño la trayectoria intelectual de Jorge Basadre no se sorprenderán del admirable desplazamiento estético de su reciente libro. Pero estos son pocos; la mayoría sólo ha creído ver en él el experto cateador histórico o al prudente investigador social que un día exhumaba a la olvidada Flora Tristan o descubría los rastros del monarquismo, y otro nos brindaba un sereno y revelador esquema de la penetración económica yankee en nuestro país. Tras de su aptitud erudita se escondía, no obstante, —y con un pudor muy suyo,— una sin guiar devoción estética y una capacidad comprensiva y admirativa poco comunes.
A través de las páginas dedicadas a la obra y a la vida de algunos escritores nacionales es fácil constatar ambas cosas. Zulen inicia el desfile de la teoría ilustre que Basadre nos trae en su libro. Iluminado por el amor y la admiración del amigo, Zulen pasa proyectando su inconfundible silueta de “apresurado del espíritu". La tragedia —nuestra sobre todo porque lo hemos perdido— de su vida y de su obra tan prematuramente tronchadas, tiene, en el ensayo de Basadre, ecos de un suave y enternecedora delicadeza. Los que por acampar lejos de la capital no alcanzamos a conocer al autor de "La Filosofía de lo inexpresable", tenemos ya, en estas páginas, una imagen de certera y sugestiva fidelidad.
Tras de Zulen pasa Eguren; José María Eguren, medio gnomo, medio gina, con la milagrería prodigiosa de su obra. Al golpe lumínico del juicio de Basadre se precisan insospechados perfiles de aquel intramundo poético. Leed estas observaciones cogidas al azar:
"La poesía de Eguren no es la confesión directa ni es el reflejo de las formas externas de la realidad. Ha suprimido la áspera impureza de las cosas. Poesía de "correspondencias”, distante de todo intelectualismo. Nunca está en trance de explicar. Nunca ofrece soluciones. Trae a la literatura peruana el esoterismo. Poesía generalmente hermética, a la vez que exenta de todo afán teorizante y de toda solemnidad de rito. La aridez le está vedada por su sentido del color y de la música verbales". "Poesía de visionario y de intuitivo que ha visto seres y cosas que nadie vió jamás, representando lo que se halla en el fondo más íntimo de todos". "La poesía de Eguren tiene así remansos emocionales que evocan a las más puras efusiones románticas; con sus imágenes dobles y múltiples, interpretativas y trascendentes aunque sin carácter explicativo, se afilia al simbolismo; y tiene también avisores presagios, de la liberación posterior. Del romanticismo conserva la actitud estremecida ante la vida, cierta sapiciencia sobre la humana expresión figurada". "Eguren es infantil, pero no jovial y deportivamente como la poesía actual”. "No es humorismo lo que hay en la poesía de Eguren, aunque tenga el sentido de lo grotesco en el detalle: lo que hay es gracia”.
Leyendo el "Viaje con escalas por Valdelomar" se me ocurre que de haber llegado Basadre con alguna anterioridad nos hubiera dado un estudio completo sobre aquel gran criollo que derrochó por igual, en su vida y en su obra, el copioso caudal de belleza que le fue dado. La verdad es que los que le conocimos no podernos separar todavía la significación de su obra la significación de su vida. Esa proyección de la una sobre la otra la interceptará, para nosotros, un telón más denso de tiempo. Todo aquello que como arabesco y decoración, y como intimidad y médula hubo en la obra y en la vida de Valdelomar, se nos antojan todavía aspectos de una entidad indivisible y única. El juicio de Basadre tiene, en este sentido, el valor de un testimonio imparcial, y, al mismo tiempo, es para nosotros el punto de vista que de personaje tan céntrico de la falange colónida adopta la última generación nacional.
En los ensayos finales, Basadre baraja con gran agilidad originales conceptos sobre la literatura reciente, sobre el cinema, sobre la significación del triunfo y del fracaso y sobre el advenimiento de la emoción social a nuestro país, todos ellos están preñados de vivas y penetrantes sugestiones.
Al finalizar la última página encontramos estas palabras inquietantes acerca del rol social de nuestra generación: “¿Tocará a esta generación de 1919-1924 el rol de ser precursora de precursores o dará la praxis realista y sagaz a la vez que elevada y trascendente que la revele no ya con infantil y simplista sino como digna de ser tomada en cuenta seriamente? Ojalá que en ella no se repita el simbolismo de aquellos guerreros de que habla un cuento de Lord Dunsany y que habiendo oído hablar de Carcasona, la ciudad de murallas brillantes elevadas unas sobre otras y azoteas de mármol detrás de las murallas y fuentes centelleantes sobre las azoteas, amada por el sol que rompe en alaridos al verla y por la tarde que por ella llora al morir, cantaron el esplendor de la aventura y juraron llegar allí, quedándose sin embargo uno tras otro en el camino’’.
Lima, noviembre de 1928.
Alcides SPELUCÍN.
*Mundial. Año VIII, Nº 442, Lima, 30 de Noviembre de 1928.
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