Andrés Townsend Ezcurra. Ni Mac-Carthistas ni Tontos Útiles

Queremos expresar dos conceptos que significan dos actitudes. La primera, el rechazo y condena categórica del tipo de infiltración llamada guerra no convencional y. sus maniobras de anular la soberanía peruana y las instituciones de la democracia representativa en que ésta se manifiesta. La segunda, expresar nuestra solidaridad con las Fuerzas Armadas que han tomado vale- rosamente el comando de la acción defensiva de nuestra soberanía y de nuestra democracia, batiéndose contra estos guerrilleros, antes llamados abigeos o bandidos, que están poniendo en peligro la subsistencia de nuestro orden democrático.

El señor Diputado por Lima, don Mario Villarán ha formulado observaciones y comentarios a los cuales me creo en el deber de contestar, y así lo haré posteriormente. Pero esta tarde hemos tenido, como se está haciendo costumbre, acaso para mermar la tensión y disminuir la aspereza de posiciones que eran y son doctrinarias, y no obstante tratarse de sucesos dramáticos, la recogocijante e insólita intervención del Diputado Manrique Enríquez, del llamado "Frente de Liberación Nacional".

Quiero decir algunas cosas sobre este humorístico intermedio. El señor Manrique Enríquez, en el curso de su exposición, ha vertido algunos juicios en materia de historia de mi partido y en materia de política latinoamericana y mundial, que no podemos dejar sin respuesta. En primer término, el señor Manrique abandonando el método del materialismo histórico, que debería ser la base de su pensamiento, e internándose en cambio por los condenables caminos del subjetivismo, atribuye al Aprismo una posición anticomunista "por celos". Realmente no nos parece prudente ni marxista ni siquiera científica la explicación temperamental, semiideológica y semiemocional del Diputado Manrique Enríquez. Nuestra resuelta posición es democrática y antiimperialista, y como este antiimperialismo supone el rechazo del imperialismo ruso, de allí se deriva nuestra posición anticomunista desde 1924, mantenida a todo lo largo de nuestra historia política y revolucionaria.

El doctor Manrique, procurando agotar los extremos de la probanza en esta materia de los celos, nos hace una descripción conmovedora de la debilidad del Aprismo. Asegura que hemos perdido juventud, nos dice que hemos perdido sindicatos, nos hace saber que hemos perdido o estamos por perder algunas organizaciones campesinas, y que sectores de las clase medias siempre "vacilantes" de acuerdo a la característica jerga del marxismo vulgar, están a punto de abandonarnos. De modo que estaríamos en el trance de proclamar como el Demonio de los Andes: "estos cabellicos, maire, uno a uno se los lleva el aire". Pero resulta que estos cabellicos son 623 mil, según el recuento de 1963, que fue la última vez que nos contaron, y en cambio la inconmovible potencia y el majestuoso apoyo popular que dispone el ciudadano Manrique Enríquez, es de 5,200 votos en el Departamento de Puno.

Debo también decirle que en ese pronóstico sobre nuestra debilidad, y nuestro futuro sepelio político, el señor Manrique está en sospechosa compañía. En la compañía del diario "El Comercio". En la oportunidad en que fue interpelado en esta Cámara el doctor Francisco Miró Quesada Garland, tuve oportunidad de leer un pronóstico de 1930. En esa época el Partido Comunista Peruano, tan entusiastamente defendido por el Diputado de los 5,200 votos, estaba como lo ha seguido estando, en perfecta armonía con el diario de La Rifa. Dijo "El Comercio", en setiembre u octubre de 1930, que después de todo lo ocurrido entonces, después del cisma de la Célula de París y del apartamiento del Partido de aquellos que pasaron a fundar el Partido Comunista, que el Apra ya no era "ni alianza, ni partido, ni nada". El señor Manrique Enríquez, al cabo de 35 años, nos viene a contar la misma historia, a dictar igual fallo. Esperaba más de su imaginación y lamento que haya tenido que repetir una actitud desacreditada, no por nosotros, sino por el tiempo y por la historia.

Además, los celos se tienen de lo que no se posee. ¿Y en materia política, qué posee el Apra y qué posee la fuerza política a la que responde el doctor Manrique Enríquez? He dicho desde un punto de vista contable y con todas las observaciones y reservas que nos puedan merecer los sucesos que antecedieron y que mucho influyen en las elecciones de 1963, que el candidato de nuestro Partido, Víctor Raúl Haya de la Torre obtuvo 623 mil votos, aumentando rotundamente los votos supuestamente impugnados en 1962. El Frente de Liberación Nacional y los comunistas que habían obtenido el doctor Manrique Enríquez me corregirá si me equivoco porque no estoy familiarizado en estas cifras diminutas alrededor de 30 ó 40 mil votos en 1962, en 1963 votaron, como es público, por el candidato victorioso que es el actual Presidente de la República. Si me equivoco y no fue así, ruego también que me corrijan a los partidarios del señor Belaúnde o el señor Manrique Enríquez.

De modo que el Frente de Liberación Nacional, dio primero un espectáculo de pobreza de opinión pública que realmente no tiene por qué inquietar al partido que obtuvo la primera mayoría. No tiene por qué inquietarse pues obtuvo 623 mil votos, es decir sólo 5% menos de lo que obtuvo el Presidente Belaúnde en las elecciones de 1963, en circunstancias muy especiales que la historia calificará.

Si se trata de representaciones parlamentarias me parece que median diferencias entre el Frente de Liberación Nacional, nombre bajo el cual actúa el Partido Comunista, y la Célula Parlamentaria Aprista con sus 58 Representantes; entre sus 18 Senadores, y el ningún Senador elegido por el Frente de Liberación Nacional. De modo que estamos, pues, en esta materia, tranquilos. No nos quita el sueño la fuerza electoral del Frente de Liberación Nacional no nos preocupa la fuerza electoral del Partido Comunista ni ninguna de sus facciones dependientes, porque nunca estos señores han podido calar en el ánimo de la opinión pública ni menos constituir un movimiento de masas. Y no porque les faltara oportunidad. Las han tenido mucho más que nosotros. Cuando en 1930 arrancó aquí la gran polémica, la gran contienda ideológica que vino a definir a la izquierda peruana, los comunistas eran más que nosotros. Se decía entonces que el Apra cabía en un sofá, y era cierto. En cambio los comunistas necesitaban el Teatro Segura para llenarlo y lo llenaron en el "Pleno" famoso de la CGT celebrado en octubre de 1930 en vísperas de los trágicos sucesos del Mal Paso y de La Oroya. Sin embargo, estas dos fuerzas que salieron paralelamente, una con más adeptos y con el prestiñaló, asimismo, la diferencia y la separación total del Partido Aprista, de ese tipo de acción seudorrevolucionaria. Codovila dijo un día, cuando Haya lo acosaba planteándole los problemas de América Latina, "¡Que se pierdan esos 20 pueblecitos y que se salve la Revolución Rusa!"

Nunca aceptó el Apra semejante planteo. Que la revolución rusa defienda su destino pero nuestro deber es defender el destino de estos "20 pueblecitos" que constituyen el gran Pueblo-Continente Latinoamericano.


No creo, tampoco, a pesar de las profecías pesimistas y agoreras del Diputado por Puno, que la situación del Apra sea tan calamitosa, como él en un "sincero —y la palabra la ha repetido con insistencia reveladora—, en un "sincero" esfuerzo por creer las cosas que está diciendo. En primer término, en el campo obrero, ha hablado sin mencionarlo, de los sindicatos que se van o que se dividen. Esta historia también es antigua y la saben todos los que están familiarizados con el movimiento gremial y sindical del Perú. Hubo un momento culminante, cuando el Partido Comunista y sus dependencias creyeron que era llegado el instante de eliminar para siempre la influencia del Partido Aprista en los sindicatos, reemplazándola por el comando comu- nista. Eso ocurrió en 1962, después del golpe de Estado que implantó aquí una Junta Militar. No es un secreto para nadie ni lo van a desmentir siquiera los propios autores de esa maniobra, que el entonces Ministro de Trabajo pretendió apoyar la llamada "Junta Reorganizadora de la CTP", desconociendo a la autoridad máxima del movimiento obrero nacional para enten- derse con un fantasmón que habían erigido algunos dirigentes o seudo dirigentes comunistas para usurpar la representación y robarse el caudal de la central obrera peruana. Quiere decir, pues, que los comunista trataron de ser reconocidos como central obrera por la Junta Militar, y la Junta Militar entró a conversar con ellos, hasta que, como ocurre siempre y como acaba de ocurrir ahora, mordieron a la propia mano que les daba de comer. La Junta Militar decidió mandarlos al Penal de El Sepa con el resultado sorprendente de que hicieran una convención nacional, de la cual probablemente han surgido algunos de los planes que ahora vemos en pleno desarrollo con millonario apoyo extranjero. 

Dice también que estamos perdiendo las Universidades. Quisiera que, sobre esto, se pudiera hacer un análisis un poco más detenido, pero no es el momento ni el lugar. Y lo haremos cuando se discutan los problemas de la Universidad. En primer término, si el Partido hubiera entrado en la etapa de decadencia que le atribuye el señor Manrique Enríquez, de pobreza ideológica, de abandono de principios, de la debilidad intrínseca que le atribuye, sin duda la juventud, que es el sector más receptivo para toda tendencia radical, nos hubiera abandonado. La juventud es radical y es necesario que lo sea, como fuerza motora de la sociedad, que nos pise los calcaños retardados cuando comenzamos a demorar el paso, en vez de enrumbar decididamente hacia el futuro. Esa juventud hubiera sido la más fácil presa de la seducción comunista y natural sería, si el cuadro que nos pinta el señor Manrique fuera verdad, que los estudiantes apristas se hubieran convertido, por lo menos en gran parte, en estudiantes comunistas. Y eso no ha ocurrido, señor Presidente. El grupo de los estudiantes apristas sigue siendo, particularmente en San Marcos, el grupo individualmente más fuerte, numeroso y compacto del estudiantado universitario, cuando los comunistas ganan posiciones estudiantiles, lo hacen coligándose en un solo frente, los de Moscú, de Pekín, y sobre todo, mediante el apoyo de quienes, sin sentido de propia preservación, les dan su voto. ¿Es concebible, si el supuesto descrédito ante la juventud hubiera llegado al extremo que afirma el señor Diputado por Puno, que tuviéramos todavía, como tuvimos, la posibilidad de ganar como ganamos el año pasado a los comunistas y la posibilidad de enfrentar como enfrentamos al comunismo en todas las Universidades y ser el grupo, individualmente considerado, más numeroso, más organizado y más entusiasta? Quiere decir, señor, que la juventud no ha abandonado al Partido. Quiere decir que la juventud no ha desertado de las filas del Apra, y por el contrario siente que dentro de ellas se puede cum- plir esa promesa revolucionaria que de ninguna manera ha de llevarse a cabo siguiendo las banderas de Castro, las banderas de China o las banderas de Moscú, endeudadas todas a un sistema de imperialismo agresivo y expansivo que tienen sus sedes y sus comandos en Moscú y en Pekín. 

No somos anticomunistas en un sentido puramente negativo, como lo son ciertos reaccionarios. Nuestro anticomunismo es anticomunismo de pobres, no de ricos. Para nosotros, el anticomunismo es una expresión, un resultado, una concreción de una actitud fundamental más importante. Nosotros somos antiimperialistas y seremos antiimperialistas siempre, y sabemos cuáles son los imperialismos y de qué modo trabajan y de qué modo actúan y sabemos que cada uno de ellos requiere también su táctica y su enfrentamiento propio. Hay el imperialismo económico de los Estados Unidos, pero hay un imperialismo ideológico y político de la Unión Soviética. La Unión Soviética, como me permití explicarlo en la intervención del viernes, continúa los lineamientos heredados de una política rusa muy anterior a la llegada de Lenín al poder. Plan de expansión primero en los bordes imperiales del Imperio; luego en Asia, después en Europa, y finalmente en el mundo. No se diferencian, en el fondo, los planes imperialistas de Catalina la Grande, Iván el Terrible o Pedro el Grande de los planes de Stalin, Kruschev o sus sucesores. Hay en unos y otros una misma constante histórica: la necesidad de supervivencia del Estado ruso y de su expansión imperial. Han creado no solamente un Estado sino su Superestado. Porque la Unión Soviética no es un Estado de dimensiones normales. Es de dimensiones anormales por lo grandioso y por lo expansivo. También lo son los Estados Unidos y también lo era en un momento la Commonwealth. británica. Ese Estado, que se llama comunista y que en realidad profesa y practica un tipo de Capitalismo de Estado con todas las características del capitalismo privado, se complica por el hecho de convertirse en único patrón; semejante Capitalismo del Estado,por su estilo totalitario, por su concentración del poder, por la fuerza terrible de las armas y de la contextura que, con tanta insistencia ha recordado el señor Manrique, es monolítica, pretende y prosigue una línea exterior de dominación e imperio.

Tal actitud tiene desde el punto de vista nacional ruso, explicación posible. No lo dudo. El señor Manrique ha defendido aquí el derecho de Rusia a hacer y deshacer pactos con Estados Unidos, el derecho de Rusia a hacer y deshacer pactos con Hitler. Supongo que si mañana Rusia se entiende con Estados Unidos, el señor Manrique se levantará igualmente para afirmar que está de acuerdo porque el pacto se hace en bien de la Unión Soviética, aunque signifique, por ejemplo, el cambalache de Cuba por Berlín. Pero lo que nos debe interesar a nosotros si somos combatientes de una causa de justicia social, si nos sentimos, revolucionarios como nos sentimos nosotros, no podemos adscribir nuestra revolución, nuestra revolución nacional y continental al interés exclusivo, absorbente, dominante y variable de un Estado imperial europeo, porque entonces los partidos que siguen esa línea como han sido los partidos comunistas en sus diversas denominaciones, dejan de ser partidos nacionales para convertirse, como decía el General De Gaulle, en partidos "de l'etrangere", en partidos del extranjero, en partidos foráneos. Otro francés tan eminente en su sector como el General De Gaulle en el suyo, un hombre de la izquierda francesa, Guy Mollet, Secretario General del Partido Socialista, dijo alguna vez que el comunismo no es no de izquierda ni de derecha: es del Este. Es decir, pertenece a Rusia. Los partidos comunistas se mueven sin autonomía nacional, ignorando los intereses de los trabajadores que dicen representar. Actúan con una fe religiosa y ciega en la santidad de la línea que impone la Unión Soviética. De semejante premisa, se deduce de todas las cosas, incluso las más sagradas, las más urgentes, las más necesarias de nuestra revolución nacional, nuestras conquistas indispensables deben subordinarse al gran interés, al supremo interés de la Unión Soviética.

Hemos dejado hace mucho tiempo de ser colonia y no podemos convertirnos en cipayos. Cipayos, dice la definición del Diccionario de la Real Academia, son "tropas indias al servicio de una potencia europea". Me temo que eso es lo que esté pasando, señor Presidente, ahora en el centro del país. Que un grupo de cipayos, de tropas indias o mestizas se encuentren combatiendo al servicio de una potencia europea y con armas y dinero que le entregaron esas potencias totalitarias o sus vasallos.

En sus reflexiones de fin de semana, el doctor Manrique ha cavilado una comparación bíblica, lo cual, en un materialista histórico, no deja de ser reconfortante. Ha dicho que somos David y que la Democracia Cristiana y el Comunismo son dos Goliat. Quien conozca un poco las Sagradas Escrituras sabe qué destino les aguarda a los Goliat. Y también nos ha dicho, y con esto podemos terminar esta referencia incidental al discurso del doctor Manrique, citando orgullosamente a Samuel Johnson y a Milton, en su "Paraíso Perdido", que los comunistas proceden del infierno. Yo no tengo ninguna objeción, en este caso, a que se les repatrie a su país de origen. Y si la travesía es muy difícil, que por lo menos que se queden en Cuba.

Quiero ahora, pasar a un asunto que merece atención más detenida que las risueñas intervenciones del doctor Manrique. Me refiero a las formuladas por el doctor Mario Villarán Rivera en la sesión del viernes. Desde luego, agradezco la generosidad con que se refirió este distinguido colega a mi intervención y se la retribuyo diciéndole que su discurso fue, como muchos de los suyos, un admirable esfuerzo de dialéctica para demostrar lo indemostrable y que incurrió, además en algunas contradicciones, tuvo algunos evidentes errores que, con toda cortesía parlamentaria, me permitiré subrayar. Dijo que por ejemplo, el doctor Villarán, que él no creía que las acciones subversivas del centro pertenecieran al tipo de guerra no convencional, sino que se trataba de problemas entre peruanos. El doctor Manrique Enríquez también nos ha vuelto a decir, en curiosa sintonía, que la lucha es, efectivamente, entre peruanos. Conviene proceder, entonces, a una previa aclaración para diferenciar lo que es una guerrilla en el sentido clásico, histórico y peruano, y lo que es una guerrilla en el sentido de guerra no convencional. La guerrilla antigua, que el diccionario define como partida de paisanos armados, es evidente que se organiza con elementos exclusivamente nacionales, carece de apoyo y, desde luego, de comando o inspiración foránea. Cuando el más eminente de los guerrilleros que hemos tenido en este país y el más triunfante, como lo era don Nicolás de Piérola, desembarcó en las costas del Departamento de Ica y lanzó un manifiesto en Chincha, me parece recordar que comenzaba diciendo una frase especialmente aplicable a las circunstancias que estamos debatiendo. Dijo más o menos: "El pueblo del Perú con los elementos que él mismo crea". Es decir con su entusiasmo, con su fe, con sus espadas caseramente afiladas, con sus carabinas de caza, con los fusiles que pudieron sustraer por aquí y por allá, salió a la montonera, organizó el ejército revolucionario y acabó victoriosamente el 17 de marzo de 1895, tomando Lima. Pero, ¿pasa esto, señores Representantes, pasa esto con la guerrilla actual? ¿Son los suyos elementos que se supo dar el pueblo? ¿Qué pueblo? ¿El grupo de estudiantes, de ex miembros de Cooperación Popular u otras personas que se han internado en Pucutá, en Andamarca o en la zona boscosa del centro, han fabricado ellos sus elementos? ¿Hay allí una fábrica de metralletas checas? ¿Hay acaso una fábrica de explosivos modernos? ¿Se sabe cómo se construye, saben los campesinos de la selva cómo se construye una pista de aterrizaje? ¿Se conocen los procedimientos de una comunicación por radio, como nos informó que existe el propio Ministro de Gobierno en su momento de sinceridad, en el mes anterior? Esta es una diferencia que me parece, en primer término, extraordinariamente clara y de bulto. Una guerrilla nacional se alimenta a sí misma. Crea sus elementos, como decía Piérola. A una guerrilla de tipo no convencional, se la alimenta de fuera. ¿Cómo se ha podido alimentar esta guerrilla? Ese es problema para nuestras autoridades, problema para el Ejecutivo y problema para los Institutos Armados, saber cómo es posible que en estos dos o tres últimos años han ido formándose depósitos de armas y explosivos como los que se encuentran aquí, a un paso de nosotros, en Chorrillos, o los que aparecieron una vez en Huacho o los que se están utilizando mortiferamente a costa de miembros de la Institución Policial en el centro del Perú. Tampoco hemos creído, y en esto ha habido, me parece, ligereza en el doctor Villarán y en el doctor Manrique Enríquez, tampoco hemos creído que la presencia ocasional de 2 ó 3 ciudadanos que no son nativos del Perú, definan a esta guerra como no convencional.

Estos señores no son condenables por ser de donde sean; son tanto o más condenables que los peruanos cuando éstos atentan contra la soberanía del Perú y sus instituciones representativas en servicio de una potencia extranjera. En estos casos hay algunos ángulos que deben señalarse: cierta inclinación de estos señores, más aventureros a mi juicio que patriotas y revolucionarios, a participar preferentemente en los asaltos a los Bancos y no en las guerrillas. Y sería bueno que nos dijeran los defensores del idealismo de estos asaltantes en qué proporción el dinero tomado de los Bancos ha ido al bolsillo de estos gangsters o ha ido a socorrer a los guerrilleros del centro del Perú.

Estimo que hay un poco de sacrilegio en la afirmación formulada por el doctor Villarán, cuando llegó a comparar estos u otros esfuerzos a los casos de Miranda o de Lafayette, tomando participación en la misma lucha contra el imperio inglés. En primer término, si me permite mi distinguido colega una rectificación histórica, cuando Miranda luchó en Estados Unidos, lo hizo como oficial del Ejército del Rey de España, aliado entonces a los colonos norteamericanos que luchaban por su libertad contra Inglaterra. En tal calidad estuvo en la entrega de Baton Rouge y en la rendición de Pensacola. A raíz de diferencias con el Capitán General de Cuba se separó del ejército español y tomó rumbos por su cuenta, del todo desligado de su adhesión a España.

No me parece propio comparar ni a Miranda ni a Lafayette, que era un noble idealista que se fue a pelear a Estados Unidos por su libertad, con estos guerrilleros de ahora. En cambio hay otros reprobables ejemplos a los cuales se ajustaría más el caso de estos guerrilleros. Voy a citar unos cuantos. Cuando el Partido Conservador mexicano se convenció, hace más de un siglo, de la derrota a las fuerzas reaccionarias de ese país, sus líderes acudieron a la Corte francesa de Napoleón III, a pedir el apoyo de una potencia extranjera para implantar una corona extraña, la de Maximiliano de Austria en el trono de México. El plan se cumplió. Maximiliano entró a México y fue coronado y por un tiempo gobernó parte del país hermano, en tanto Benito Juárez, representante de la soberanía y la democracia, caminaba errabundo y a veces solitario por la región septentrional de su patria.

No tengo por qué dudar que el General Miramón o el General Mejía, que estuvieron con Maximiliano, jefes del Partido Conservador y que murieron con Maximiliano fusilados en Querétaro por traición a la patria mexicana, y por servir a una potencia extranjera, fueron sinceros en sus opiniones. Me atrevo a pensar que hay muchos de estos ex abigeos ahora reconocidos guerrilleros, que son sinceros en su comunismo. Pero, eso no quita que los conservadores mexicanos del 1860 y los comunistas peruanos de 1965, sean unos y otros traidores a la Patria y que unos y otros merezcan su Querétaro. O el caso parecido del General dominicano Santana, que entregó su patria a España, reconquistando este país inesperadamente una colonia que des- pués debió libertarse de nuevo. O de ese General Flores, de malísima memoria en el Perú, ex Presidente del Ecuador, caudillo, a la muerte de Bolívar en el país vecino, que intentó con auxilio de la Corte Española y durante la regencia de María Cristina volver a América y restaurar el gobierno español e incluso ponerse a la cabeza de un Virreinato reconstruído. Era este otro caso evidente de traición a la Patria: un nacional que luchaba con apoyo de una potencia extranjera. Si Flores hubiera tenido éxito y no le hubiera impedido su embarque el ilustre lambayecano Coronel Iturregui, Ministro del Perú en Londres, quienes en esa época utilizaran un tipo de razonamiento como el que hemos escuchado en esta Cámara, podrían decir: ésta es una lucha de ecuatorianos contra ecuatorianos, o de peruanos contra peruanos. No lo era, señor Presidente. Hubiera sido la lucha de una potencia imperialista extranjera contra el Ecuador y contra el Perú, poniendo armas y dinero en manos de traidores a América.

La guerra en Púcuta y en Andamarca es la lucha del Perú contra una potencia imperialista extranjera que arma a sus adictos y quinta columnistas para que luchen contra la democracia y la soberanía nacional. Estos intentos están siendo rechazados con decisión y arrojo por las fuerzas armadas y la mayoría abrumadora del pueblo del Perú, les prestan su entero respaldo.

La historia de la tradición es muy larga y a estos precedentes habría que agregar el tristemente célebre de William Walker. Walker llegó a Centroamérica como filibustero de la guerrilla, a luchar por una causa política y partidaria nicaragüense en el año 1853. Pero William Walker se alzó como se alzan los agentes de los imperialistas extranjeros con el santo y la limosna. Lo pusieron primero como reclutador de tropas, como instructor luego y acabó como Presidente de la República imponiendo el inglés como idioma oficial de un Estado centroamericano, nombrando una suprema Corte de Justicia compuesta toda por norteamericanos, reimplantando la esclavitud que había sido abolida en Centroamérica en 1823, pero que él, como hijo del Sur de Estados Unidos, consideraba una institución necesaria. Me temo que si lo que está ocurriendo ahora en Púcuta llegara a tener el éxito que transitoriamente tuvo Walker, aquí tendríamos al ruso o al chino como idiomas nacionales, a la Corte Suprema poblada de apellidos eslavos y a mis estimados colegas los doctores Villarán y Manrique Enríquez obligados a aprender el nuevo idioma de la nueva dominación.

Formuló después el doctor Villarán una afirmación importante y que merece comentario. Sostuvo que las guerrillas no pueden existir sin apoyo de la población. Este juicio presupone que exista apoyo en la población. El señor Villarán no exigía pruebas sobre la calidad de los armamentos y su importancia. Yo no me atrevería a pedirle ahora pruebas sobre la magnitud del apoyo de la población de Satipo o de la zona propiamente amagada, que no excede de las 4 ó 5 mil personas, está prestando a este grupo de guerrilleros. Porque este grupo no es producto típico de una insurgencia local. En este caso sería explicable y comprensible que tuviera el apoyo de la población, porque ello reflejaría un clima revolucionario y de protesta existente por justificadas razones en una zona particularmente oprimida. No es el caso, se trata de una operación dirigida por un comando ajeno que busca el lugar más propio para implantar una guerrilla. La guerrilla tiene el carácter de espontaneidad característica. Así se organizaron las de la independencia. Así se levantó el Coronel Oré para apoyar a Piérola. Así actuaron todas las montoneras en la última época: la de Benel en Chota y la del Cura Chumán en Lambayeque. Eran guerrillas auténticas por espontáneas. La que condenamos no lo es. Se hace deliberadamente, se busca y se estudia la zona, la posición difícil donde debe iniciarse, sólo después se tratará de buscar ayuda de la población. Pero no es la población la que se lanza a la guerrilla, pues que sepamos, ninguna lo hizo ni lo han hecho todavía; los grupos armados son implantaciones, son tejidos extraños que, como tumores pretenden absorber y consumir la vida que les rodea a favor de un propósito siniestro y maligno.

Debemos recordar que este sistema reproduce la fórmula práctica de la nueva guerra no convencional, especialmente explicada por un autor que supongo el doctor Manrique Enríquez conoce. Se trata del doctor Ernesto Guevara, conocido en el folklore político latinoamericano como "Ché" Guevara". El Ché Guevara afirma en su tratado que en materia de guerrillas se ha procedido a una completa inversión en los términos clásicos de la concepción revolucionaria. Dice, más o menos, y no pretendo que mi cita sea textual, que de una situación revolucionaria y de protesta surgía, por fin, como resultado y chispa incontenible, el brote insurreccional que prendía fuego y propagaba la revolución social o política. Guevara observa que en los países latinoamericanos y en algunos países asiáticos, el problema tiene un proceso inverso. Hay que crear la guerrilla, que la guerrilla creará la conciencia revolucionaria. A nadie extraña, pues, que esta guerrilla haya sido traída de fuera, como una infección para crear e inducir un estado revolucionario. El proceso es conocido. Se siembra primero de inquietud, luego el temor y finalmente con el debido acompañamiento de bombas y actos terroristas en la retaguardia urbana, se provoca un estado de desquiciamiento que debe culminar en la irrupción masiva de un movimiento comunista, o simplemente anárquico, de tal volumen, que al final desembocaría en una dictadura tan extrema, tan rigurosa y tan implacable como la que conocen nuestros hermanos de Cuba y como conocen tantos pueblos de Europa y de Asia.

Yo no he negado que la situación de pobreza, de miseria, de explotación e ignorancia fuera un buen campo para la guerrilla. Por eso no hay guerrillas en Suecia, ni en Noruega, ni en Finlandia, ni en los países de alto nivel de vida; son inconcebibles, incluso allí donde los Partidos Comunistas no hacen política de país subdesarrollado, como en Francia o Italia. En Italia, diremos de paso, y según el doctor Manrique Enrí- quez, se lleva la imagen de Don Bosco al lado del carnet comunista. Me permito esperar que alguna vez veré al colega, o a alguno de sus camaradas, llevando a la Beatita de Humay junto a la fotografía de Stalin, en la misma cartera.

Alguna vez dijo Losovsky, cuando se le hablaba de la realidad latinoamericana que en un país subdesarrollado hay que hacer política subdesarrollada. Esta es la razón de la guerrilla y el terror. Aquello que es inconcebible que haga el Partido Comunis- ta Italiano, un Partido semiburgués o aburguesado, o el Partido Comunista Francés, del mismo estilo, es lo que hacen precisa- mente el Partido Comunista o sus organismos dependientes en un país subdesarrollado como el Perú: la guerrilla. ¿Y qué es esta guerrilla? Al fin y al cabo, desprovista de todos sus ornamentos retóricos, de todo aquello que hemos escuchado aquí con asombro en su justificación y elogio, es algo muy viejo y muy reaccionario. Es el intento de imponer la voluntad de una minoría sobre la gran mayoría. ¿Qué representación tienen los guerrilleros? ¿De qué mandato gozan estos señores convertidos en redentores, después de pasar por las clases de judo y de tiro al blanco y de fabricación de bombas que aprendieron en Cuba? ¿Qué votos les ha concedido el pueblo para que ellos sean los dueños del destino de este país, y nos digan que es el tipo de justicia que debe imponerse o el régimen que nos debe gobernar? Estas bandas armadas retornan a un concepto reaccionario del poder. A la imposición de la minoría sobre la mayoría, descartada ya desde la época de la gran revolución en Francia. La voluntad mayoritaria es también una de las ideas matrices y originales de nuestra Patria. Lo dijo San Martín al proclamar la Independencia del Perú: "Por la voluntad general de los pueblos". Los alzados del Centro constituyen un grupo político reducido, un grupo inescrupuloso, cruel y despiadado que, ignorando la voluntad general de los pueblos, ha decidido asumir el dominio de este país, y tomarlo con la ayuda y el auxilio del extranjero para servir y someterse al extranjero.

No podemos aceptar que el comunismo, que obtuvo votos en volumen mínimo recordado y al nivel de los 5,200 del doctor Manrique Enríquez en Puno, pueda asumir la representación de una protesta nacional. ¿Estaríamos volviendo al antiguo sistema reaccionario de las "minorías selectas", a nuestras oligarquías de años atrás, que cuando se les demandaba ir a la consulta electoral afirmaban: "El pueblo no entiende esas cosas, no está maduro; dejemos que las minorías selectas gobiernen, que ellas sabrán lo que conviene hacer". Ese es un concepto antiguo, repudiado y reaccionario. Sin embargo, con música de balalaika, o adornos de biombo chino, es lo que se nos quiere presentar como última palabra de un concepto revolucionario: ¡qué los me- nos gobiernen a los más!

Me atrevería a hacer una comparación, no dudo y lo he dicho ya, que un país subdesarrollado es como un organismo débil. Si se le contamina con una dosis masiva de gérmenes, ese organismo caerá instantáneamente enfermo, pasando después al colapso y a la muerte. A un organismo fuerte y desarrollado, también se le puede inyectar dosis igual o mayor y seguramente resistirá, expulsando los gérmenes y recuperando la salud, después de una época febril y de prueba, como está pasando en Venezuela, con la progresiva erradicación de las guerrillas que fueron grupos aventureros, rechazados y vencidos por campesinos, obreros y fuerzas armadas. Pero es claro que si somos un país subdesarrollado, un país que padece de profundas desigualdades, situaciones de injusticia y atraso que rebelan e indignan nuestras conciencias de peruanos, demócratas y revolucionarios, resulta evidente, que así será más fácil inyectar los gérmenes del totalitarismo y propagarlos. Necesitamos, pues, robustecer y desarrollar a nuestro país, y convertirlo en un organismo económicamente fuerte, políticamente sano, biológicamente restablecido para que no haya ninguna tentación que lo pueda apartar del camino revolucionario, de libertad, democracia y justicia, que es el que viene de lo profundo de la historia y que es el mandato irrenunciable de quienes nos dieron el ser como Perú y como país libre e independiente.

Debo formular, incidentalmente, otra rectificación al señor Villarán. Aludiendo a mis referencias a Roma, y a su división entre enemigos internos y externos, recordó la lucha social entre patricios y plebeyos. Quiero recordar que en esa lucha social, ni los patricios ni los plebeyos recibieron oro cartaginés, o armas cartaginesas, para luchar contra Roma. Lucharon entre ellos y perfeccionaron su sistema hasta alcanzar la democracia. Pero jamás fueron romanos al servicio de esa potencia extranjera, la gran plutocracia del Mediterráneo.

Ha hablado también, el doctor Villarán, y lo ha mencionado el doctor Manrique Enríquez, del problema de la juventud. Consideramos los apristas que el problema de la juventud peruana es un problema dramático, un problema angustioso. Hay desorientación evidente. Buena parte de nuestra juventud desemboca en la ceguera de las ilusiones monolíticas elaboradas en el exterior, en una forma de superstición o en el fetichismo. Rusia y el Comunismo producen efectos de este tipo sobre los pueblos subdesarrollados. Se cree, "porque se cree". Porque es necesario creer en un Estado que es el paraíso y ese paraíso en la tierra, que reemplaza al paraíso de los creyentes, ese paraíso es la Unión Soviética. La Unión Soviética asume el papel de dirección, misteriosa, lejana, cambiante hasta lo absurdo y que, por ello mismo, constituye un motivo para morir y luchar por ella.

La juventud, que necesita orgánicamente banderas, exige biológicamente un motivo de entusiasmo. Por definición es apasionada de la justicia; repugna todo lo que no sea claro, limpio y ancho; es una enamorada de las soluciones directas y radicales.

Cuando los pregoneros y falsos apóstoles del comunismo internacional les vienen a pregonar esta nueva religión atea, basada en la infalibilidad de Moscú y en su supuesto carácter de fortaleza de la revolución mundial; el rotundo y dogmático simplismo produce una atracción de vértigo y a su irracional atractivo sucumben jóvenes entusiastas, cuya vocación de fe no han sabido encauzar hacia otras formas democráticas de la revolución.

Es este un problema que debemos afrontar con toda seriedad. Pero reduciéndolo a sus verdaderas proporciones. No es posible que se diga que la juventud peruana es la que está luchando en Pucutá. Ignoro cuál sea el promedio de edad de los señores que están luchando en Pucutá. Pero estoy seguro que muchos de ellos han dejado hace tiempo de ser jóvenes y los principales tránsfugas que las encabezan, hace rato han doblado la cuarentena o están a punto de doblarla. De modo, pues, que hay en las filas más jóvenes, ignorancia, ceguera y sinceridad a la vez, como la sinceridad de los mexicanos conservadores, que llevaron a los franceses y a Maximiliano. Pero la ceguera no es incompatible con la traición y con frecuencia caminan juntas. Tenemos que dar a la juventud una bandera por qué luchar y ésa es nuestra responsabilidad, responsabilidad de este régimen en sus dos ramas: El Ejecutivo y el Legislativo. En el Legislativo, nosotros hemos procurado defender los reclamos tanto tiempo postergados de esa juventud. Una de las primeras leyes que propusimos aquí y que fue aprobada, fue la Ley de la Educación Gratuita en todos los niveles, ley aprista, defendida por el Apra y apoyada por la Coalición del Pueblo y aceptada por todos los sectores de esta Cámara y que acude a resolver uno de los grandes problemas económicos de nuestra juventud.

Ya no estamos, pues como afirmaba el doctor Villarán, con un joven ante el problema económico de su educación. Este problema prácticamente ha desaparecido y los otros problemas, el de su mejor educación, el de su mejor recreación, el de orientación constructiva de ese "elan" vital incontenible que los caracteriza, es cosa que nosotros debemos contemplar en el futuro con una ley apropiada que atienda sus exigencias. Porque no podemos permitir, como no puede permitirlo ningún país, el lujo de dejar en descarrío esa juventud. Esa juventud necesita creer, y la juventud nuestra, la juventud aprista peruana, puedo decirlo con seguridad, cree y sigue creyendo. Por eso tenemos juventud. Quien quiera alguna vez salir del ámbito de sus 5,200 votos puneños, para ver lo que es una manifestación popular que vaya cualquier 22 de febrero a la Avenida Alfonso Ugarte y cuente cuántos jóvenes hay en esa gigantesca manifestación.

Y esa juventud no nos abandona porque nosotros no la hemos engañado. Puede ser que la juventud deserte de otros partidos, que me parece que efectivamente la están perdiendo por las contradicciones en que incurren. Así pasó con algún señor que fue, hasta no hace mucho, jefe o uno de los jefes más importantes de Cooperación Popular, ahora abiertamente convertido al comunismo. Es fácil calcular la labor que hizo antes de confesarse comunista como ahora sabemos que es. Nuestra juventud aprista no recibió una promesa de nacionalización inmediata e integral del petróleo. Le dijimos que estábamos por la nacionalización progresiva, labor delicada, difícil, que debemos resolver de acuerdo a los mejores intereses nacionales, según una escala de prioridades nacionales relativas a la energía. Puede ser que para la juventud de nuestro Partido, para citar un ejemplo, la construcción de una obra como el Mantaro que asegura una energía abundante y barata, capaz de impulsar la industrialización del país, constituye una revolución económica más importante que la nacionalización parcial de cierto sector de nuestro petróleo, que ofrece el Ejecutivo actual. Y añado que a nosotros no nos va a temblar el pulso si es que alguna vez se presenta aquí una ley para aprobar la nacionalización del petróleo, si el Poder Ejecutivo así nos llega a consultar.

Aseguro, asimismo, al distinguido Diputado por Lima, de que contratos como el que él mencionó, de tres letras ITT ,—parece una especie de pariente de la IPC—, también será objeto por esta Cámara de un detenido estudio. Nosotros no daremos nunca el pase a un contrato que resulte lesivo a la soberanía nacional o peligroso para la afirmación de nuestro futuro. Quizá por su ausencia en Europa y en los países que nosotros los supuestos "capitalistas" —que irónicamente resultamos "rojos" en las cuentas bancarias— llamamos de la Cortina de Hierro, el doctor Villarán ignora que hemos presentado, y así puede verse en la agenda, un proyecto de Comisión para revisar el contrato de Toquepala, lo cual es también una manera directa y patriótica de interesarse por el futuro de un tipo de concesión que si en un momento pudo tener uno u otro fundamento, en este instante y cuando en otros países, como en Chile, predominan y se aceptan por los inversionistas nuevas concepciones de relación entre las empresas mineras y el Estado, también el país nuestro, el Perú, su Gobierno y el pueblo —a quien debe servir este Gobierno— tampoco pueden permanecer atrás cuando otros países no toman la delantera.

Espero que este tipo de medidas prácticas, estas demostraciones concretas, de una posición efectivamente defensora de nuestra economía, antiimperialista efectiva, convenzan de que nosotros no tenemos un antiimperialismo unilateral dirigido sólo contra Rusia, sino contra toda clase de imperialismos que en lo económico, en lo ideológico o en lo político nos pretenden avasallar.

Y si faltara una explicación más, me permito recordarle al colega de Lima que aquí, la Célula Parlamentaria Aprista fue resuelta, fue vibrante y encendida al proponer a la consideración de la Cámara, cuando se produjo el repudiable desembarco de la marinería norteamericana en Santo Domingo, la protesta por fuerzas extranjeras, con violación de la Carta de la O.E.A. y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca por la ocupación del territorio de este país hermano. Fuimos los primeros en levantar nuestra voz de protesta por ese atropello. Nosotros no somos ciegos frente a un imperialismo mientras abrimos los ojos frente a otros. No queremos que nos ocupen los guerrilleros de Andamarca pero tampoco queremos que nos ocupen los "Marines". Y viene a cuenta, contemplar perspectivas de peligro evidente para el país. Si el Comunismo avanza y si el imperialismo comunista, por negligencia, por indiferencia o por culpables actitudes de tolerancia de quienes debieran o deben estar obligados a combatirlo con la misma decisión con que la está combatiendo la Fuerza Armada, crece y se vuelve un peligro, nuestro país puede convertirse también en terreno amagado por los movimientos defensivos de otro imperialismo. En este caso, con motivo de la actividad comunista dirigida desde Rusia, podríamos convertirnos mañana en territorio disputado, y nuestro país pasaría entonces a figurar ya como el Vietnam, en la zona de guerra caliente, ya no de la guerra fría. Esta es otra posibilidad que torne más repudiable la actitud que han tomado los comunistas y sus satélites en el Perú.

La juventud peruana ha sufrido más de una desilusión, esto es verdad, porque esa juventud ha sido y es engañada, En otros partidos, no en el Apra, se ha producido ya el desbande, porque no es el mismo lenguaje electoral que el lenguaje del Gobierno. No es lo mismo la promesa de las nacionalizaciones ni el plan radical que llevó el nombre de un Senador de Acción Popular en la Legislatura pasada en materia de La Brea y Pariñas y lo que hoy ofrece el Ejecutivo. Esa juventud advierte lo ocurrido y está pensando que con este Gobierno pasa lo que dicen irónicamente los ingleses: que el Poder es como un violín: ¡se toma con la izquierda pero se maneja con la derecha!

Ha habido otro tópico en la exposición del doctor Villarán, que yo quisiera comentar, pero enderezando mi pregunta a quienes toca responder. Ha dicho el doctor Villarán del modo más enfático, que en este país no hay libertad. En mi intervención anterior, en nombre de la Célula Parlamentaria Aprista, afirmé que las guerrillas eran injustificadas, porque no había ni situación de dictaduras ni tiranía. Que en este país hay un régimen de libertad y que el Perú no era un país estancado, porque estaban en marcha una Reforma Agraria y otras medidas de orden social. Posteriormente el doctor Guzmán Marquina, Representante de la UNO, otro sector de la oposición, reiteró que en este país hay libertad. Lo que todavía no he oído es el pronunciamiento de los hombres que representan al Gobierno, en esta Cámara. ¿Debo entender que aceptan la posición del doctor Villarán, según la cual en este país no hay libertad? ¿O lamentan que no la haya y no tienen otro remedio que reconocerlo? Creo, Señor Presidente, que es hora de que el grupo de la Alianza gobernante nos venga a decir si creen que hay libertad o no hay libertad en este país. ¿O dejan de contestar tan grave acusación formulada por tan eminente ex miembro de Acción Popular como el doctor Villarán?

Pero hay un problema de fondo que debo tocar formalmente. Es una pregunta que nos hacemos todos y que la vamos a formular con todo respeto a los dos colegas que han motivado esta exposición. En una u otra forma, con mayor o menor amplitud, con mayor o menor entusiasmo, retórica o chiste, se ha elogiado y se ha justificado a las guerrillas. Y este elogio y esta defensa se efectúan desde curules del Parlamento. Encuentro en ello una contradicción insalvable. Decía Piérola, y vuelvo a citar al viejo caudillo demócrata, que cuando se cierran las puertas de la legalidad se abren las de la violencia. En el Perú, y lo decimos los de la oposición que tenemos, por qué saberlo, no se han cerrado las puertas de la legalidad. Por lo tanto, no tiene por qué abrirse las de la violencia. Sin embargo, dos miembros de esta Cámara justifican las guerrillas y con ello implican que la violencia puede tener en el Perú un motivo, explicación y respaldo. Me pregunto entonces, ¿cómo es posible estar con un pie en la Cámara y con el corazón en Pucutá? Hay que definirse, o se está con la Constitución, con este Parlamento, con este Régimen, o se toma el fusil y se lucha contra el Régimen, contra el Parlamento y contra la Constitución.

Estas son, algunas de las cosas que por encargo de mis compañeros, debía yo decir esta noche. Las he dicho sin acritud, buscando en lo posible la objetividad que debe presidir todo debate parlamentario, pero intensamente convencido, como debemos estarlo todos, de que es necesario poner en esta lucha todo el corazón. Este es mi llamado a la bancada que aquí representa al Gobierno. Al Comunismo no se le puede combatir con medio corazón, porque entonces el Comunismo nos devora el corazón entero. No es posible, señor, que al votar el viernes los proyectos de Ley de Defensa de la Soberanía y la Democracia, no se dejase escuchar una voz de apoyo del grupo oficial. Sólo el acto pasivo de una votación, que en algunos casos fue tan silenciosa que más parecía una caricia a la carpeta que un voto rotundo a favor de las armas que le estamos dando a su propio Gobierno. No dejó de sorprendernos la única voz que se dejara oir, la del Dr. Javier Alva Orlandini, cuando respondió a la presentación de este proyecto diciendo que era preciso pasarlo primero a Comisión. Es una actitud realmente inexplicable. El Presidente de la República, el 28 de Julio, nos pintó con admirable dramatismo la realidad sin atenuantes, de la traición cometida contra el Perú y se refirió a las armas enviadas por potencias extranjeras y entregadas a aventureros o irresponsables. Cuando la mayoría de la Representación Nacional recoge este mensaje, rinde homenaje a las víctimas de los Institutos Armados y entrega al Ejecutivo las armas necesarias para su defensa, la bancada que representa aquí al Gobierno parece que recibiera a disgusto esta cooperación. La Democracia Cristiana, mejor dicho el Comandante Villa Salcedo, que además de democristiano viste el glorioso uniforme de la Patria, manifestó aquí su conformidad y nos pareció bien que lo hiciera. Pero del otro lado, del partido principal del Gobierno, todavía no hemos escuchado decirnos si les parece bien que le demos armas para defenderse. Hasta se dijera que le disgusta que lo obliguemos a defenderse. Y cuando el doctor Alva Orlandini pidió que se pase a Comisión para examinar debidamente todas las consecuencias legales de los proyectos presentados, me daba la impresión del hombre que después de haber solicitado urgentemente un arma porque está a punto de ser victimado, y se le extienda, en respuesta, un revólver, diga: "Pero además del revólver necesito que me entregue la correspondiente autorización de la Comisaría para usarlo". En una cuestión de vida o muerte no podemos estar pensando en el trámite de la Comisión, que, como es sabido, puede demorar y hasta inutilizar un proyecto efectivo.

Esto es tanto más inexplicable, porque se trata de la vida misma del Régimen. El ausentismo de Acción Popular en este debate, por ejemplo, es conmovedor. Puede Ud. comprobarlo, señor Presidente. Nos honran con su visita algunos senadores que están probablemente interesados en el debate, pero nuestros propios colegas del Gobierno, en gran número, han abandonado esta Sala; la abandonaron también en la sesión anterior. ¿Qué pasa- ¿No quieren afrontar la responsabilidad de este voto? ¿Les disgusta que el Parlamento entregue las armas necesarias al Ejecutivo y a las Fuerzas Armadas para que defiendan el Estado, a la democracia y a sus Instituciones, entre ellas el Parlamento, del que somos todos miembros?

¿Por qué esta frialdad? ¿Por qué esta falta de entusiasmo? No se trata ya del problema casi deportivo de que la oposición le haya ganado puntos al Gobierno, porque se nos debe dar una razón que antes se nos negaba. Semejante hecho carece de interés ante problemas de orden superior. A los legisladores, como peruanos, como hijos de este país debe alarmarnos de que exista una zona congelada en el propio corazón del régimen político, que no responde a la necesidad de la hora y que ve con indiferencia, o que se ausenta, o no vota ni manifiesta su aprobación a este tipo de actitudes resueltas que justamente son para defender el Régimen. Porque, no lo olvidemos. Los tiros que se disparan en Pucutá se dirigen en última instancia, contra el Palacio de Pizarro y contra este Parlamento. En la medida en que nosotros atajemos prontamente esos disparos, ellos no llegarán a herir a nuestros propios miembros ni tampoco a los que componen el Poder Ejecutivo. Sin embargo, quienes aquí representan al Poder Ejecutivo, ven esta situación con una frialdad insólita, como si fuera indeseable que le diéramos al Gobierno los instrumentos que el Presidente de la República necesita para repeler la agresión de potencias extranjeras.

Este es el momento, como dice la parte formal de la moción que fundamento, de una gran acción nacional contra el Comunismo, pero realmente de una gran acción nacional. El señor Ministro de Gobierno, doctor Mongrut, en declaraciones a la prensa ha hablado en términos de este tipo y nos parece bien que lo haga, pero la caridad comienza por casa, es decir comienza por Acción Popular. Que Acción Popular ponga un poco de entusiasmo en estas cosas. Y nos habla el Ministro, por ejemplo, de una conferencia de Prefectos. Me gustaría saber si a esa conferencia de Prefectos va a ir el de Arequipa, que tiene dos Secretarios comunistas, o el de Loreto que ha dicho que en breve todos seremos comunistas porque el mundo se volverá socialista, o irá mi estimable amigo el Prefecto de Lambayeque, en lo personal muy respetable y que sin embargo influído por una funesta política y partidaria manda proteger oficialmente la conferencia de un abogado comunista, graduado en La Habana, el 1º de Mayo, en Cayaltí, el doctor Romaín Montoya. Las armas de un policía, cuyos miembros caen en Andamarca, protegen a un orador comunista en Cayaltí. Yo quisiera, que hubiera más congruencia en las actividades y sentido claro del peligro.

Presumo que el Presidente de la República está más que nadie convencido de esta situación; lo importante es que pudiera transmitir este convencimiento a sus adictos, a sus Diputados, a sus Senadores, y qué los haga trabajar con fe, con energía en este punto de coincidencia que nos puede juntar en un esfuerzo común pero independiente, sin convivencias ni superconvivencias, sino para defender la supervivencia, la vida de los poderes legítimos, el régimen de democracia representativa y sus instituciones.

Este no es el momento de la vacilación ni del ausentismo ni de rehuir pronunciamientos frente a problemas. Este es el momento de decidirse como hombres y como peruanos. La Célula Parlamentaria Aprista, la Coalición del Pueblo, lo ha dicho; es el momento de la claridad y la resolución. Esta es, señor Presidente, la fundamentación, complementaria que yo debía hacer y ruego que en lo posible, porque la hora avanza, que esta Moción, que lleva el respaldo de la Representación Parlamentaria a las Fuerzas Armadas que luchan por defender la subsistencia del orden constitucional y de todas las posibilidades de justicia que dentro de ella puedan consumarse, sea aprobada como fueron aprobadas las anteriores mociones, por unanimidad. Pero también con entusiasmo, con corazón, con amor a lo peruano, a lo democrático, a lo libertario, que constituyen esencias mismas de esto que llamamos país y Patria.

*Discurso de Andrés Townsend Ezcurra, en la Cámara de Diputados, el 16 de agosto de 1965.

Comentarios