Luis López Aliaga. El Aprismo y la Guerra de los Imperialismos
“Nadie nos salvará sino nosotros mismos. La cuestión esencial para Indoamérica es contar con una fuerza política organizada continentalmente, capaz de señalar con autoridad y certeza la dirección uniforme más realista a seguir en un caso de guerra imperialista. Si hoy Indoamérica es el terreno de una implacable lucha económica de la competencia imperialista, en caso de guerra —culminación violenta de todas las competencias del capitalismo— será escenario obligado de una terrible tragedia”. —Haya de la Torre. —El antiimperialismo y el APRA, pág. 108, México, 1928.
Frente a la dramática interrogante que los imperialismos han hecho diseñar en el horizonte de la historia contemporánea, es menester que los militantes antiimperialistas de todos los pueblos oprimidos del mundo se entreguen a la imperiosa tarea de señalar oportunamente los más claros contornos y proyecciones de esta tremenda contienda.
El Partido Socialista de Chile, como el aprismo peruano y todos los partidos de verdadera izquierda indoamericana, tienen el deber de encarar el temible desenlace de la contienda interimperialista sin perder de vista nuestras propias características semifeudales, el predominio de los capitales de los estados imperialistas rivales en nuestra lánguida economía y lo realmente indefendible de nuestro continente, desde el punto de vista de la técnica de guerra moderna.
El proletariado europeo y el desarrollo fascista
Tenemos en desventaja experimental la flagrante quiebra de las Internacionales Obreras de Europa frente a la vorágine bélica. El proletariado europeo, avisado y documentado del proceso capitalista y sus catastróficas salidas, no ha podido actuar decisivamente frente al juego violento de las fuerzas destructoras creadas por el propio régimen capitalista. Su anestesiamiento ha hecho innecesario otro sacrificio como el de Jean Jaurès en 1914. Nuestras disciplinas sindicales —ya que todos los movimientos sindicales latinoamericanos actuales están inspirados en las fórmulas de la C. G. T. de Francia y la Federación Sindical Internacional de Ámsterdam—, nuestra conciencia clasista y nuestras convicciones antiimperialistas se han hecho trizas. El Frente Alemán del Trabajo, el corporativismo italiano y el típico trabajo servil de los obreros japoneses, bien nos decían de su terrible meta. Un principio elemental del materialismo histórico nos hablaba con F. Engels que la servidumbre tuvo un positivo valor para la evolución de la economía y la diferenciación de clases y que conmociones y guerras acompañan esta congénita enfermedad del mundo capitalista. Y nada se hizo por evitar sus consecuencias. La beodez de la victoria hizo que el proletariado anglo-francés colaborara en la abrumadora imposición de las reparaciones de guerra. Y, ahora, la guerra interimperialista abre un nuevo y macabro capítulo en la historia humana teniendo como acreencia insoluta la proclama sublime de Marx: ¡Trabajadores del mundo, uníos!
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Luis López Aliaga. Fuente: revista APRA. |
Apena confesarnos marxistas frente a estos episodios de victoria capitalista. Y el proletariado y los militantes socialistas europeos sabían de sobra, como lo demostrara Rosa Luxemburgo en su célebre “Anticrítica'', que "la acumulación es imposible en un medio exclusivamente capitalista. De ahí nace, desde el primer momento de la evolución capitalista, el impulso hacia la expansión a capas y países no capitalistas, la ruina de artesanos y campesinos, la proletarización de las clases medias, la política colonial, apertura de mercados y exportación de capitales. Sólo por la expansión constante a nuevos dominios de la producción y nuevos países ha sido posible la existencia y desarrollo del capitalismo. Pero la expansión en su impulso mundial, conduce a choques entre el capital y las formas sociales precapitalistas. De aquí que violencia, guerras, revoluciones y catástrofes, sean en suma el elemento vital del capitalismo desde su principio hasta su fin. “Acumulación del capital", pág. 569.
Podíamos preguntar fraternalmente: ¿cómo veían los laboristas ingleses su propio programa de lucha con el mantenimiento esclavista del imperio indostánico y el desarrollo vertiginoso de la industria alemana y, consecuentemente, su acumulación de capitales? ¿Cómo imaginaba el proletariado francés una paz idílica sobre el dolor marroquí y otras colonias y el crecimiento industrial y belicista de sus pueblos limítrofes? Las condiciones de trabajo en Italia y Alemania no fueron observadas marxistamente por los trabajadores otrora victoriosos en los campos de Marte. Las leyes de la acumulación de capitales que forman las raíces del imperialismo y generan las guerras, como lo sostiene R. Luxemburgo, fueron lamentablemente desdeñadas. Conocedores de este proceso dantesco, los militantes antiimperialistas en la palabra, y los propios dirigentes sindicales de Europa, como puedo citar el caso de una disputa nuestra con León Jouhaux en el Congreso Obrero Latinoamericano, maginaban canalizar el ímpetu imperialista por las vías de una democracia mitad libre, mitad esclava. No se veía, entonces, sino la forma externa del enemigo. Pero bajo el ropaje marcial del fascismo se agitaba una economía con necesidades imperiosas de expansión. La guerra de España era una salida. Nada más que una y de carácter experimental. Era el ensayo de los instrumentos de violencia del imperialismo para su mayor perfección. Y la credulidad democrática seguía adormecida. El proletariado europeo, de largo historial de luchas económicas, amaba más la retórica convencional de los congresos internacionales, y las adhesiones románticas y sensibleras opiaban más y más la conciencia revolucionaria que debió mantenerse en vigilia y asaltar la posición enemiga a su tiempo. Hoy todo esto es motivo de contrición para ellos y ejemplo aguijoneante para los militantes antiimperialistas de Indoamérica.
Aún resuenan en nuestros oídos las exhortaciones del pueblo español en pos de ayuda que jamás lograron lealmente de las democracias cuyo destino defendieron. Las Internacionales Obreras de Europa estaban sordas de positiva solidaridad e indigentes de tácticas defensivas adecuadas. Los casilleros de una política sindical de carácter nacional y meramente defensivo no pudieron ser rebasados para convertirla a tiempo en un movimiento ofensivo y defensor de la democracia. Votos de solidaridad literaria, erogaciones mendigantes para el proletariado español que tenía otro idioma en los campos de batalla, y el desgarramiento hispano se perdía en vano. La UGT de España y la CNT advertían: “Nuestra lucha es una lucha de carácter internacional. Si España triunfa, el proletariado de Europa habrá triunfado en su lucha por la paz y la libertad. Si el proletariado español pierde la guerra, ya pueden las Internacionales, principalmente, la IOS y la FSI , replegarse a sus tiendas. Con la victoria del proletariado español, todo. Sin ella nada. Sépanlo bien los que tienen sobre si la grave responsabilidad de dirigir el movimiento obrero internacional".
Ahora podemos constatar que el movimiento obrero no ha operado oportunamente en contrapeso con el desarrollo de los instrumentos opresores del capitalismo industrial. Y nadie puede negar que su mayor pecado estaba en la posesión de colonias, de países precapitalistas, de millones de esclavos o brazos baratos, cuyo objetivo no pierde de vista la necesidad de sobrevivir del capitalismo. Hoy, de acuerdo con la lapidaria sentencia del proletariado español, el Frente Sindical Mixto Anglo-Francés que presiden Walter Citrine y León Jouhaux no tiene otro camino que replegarse a sus tiendas. Y recién quizá comprendan con claridad cuáles son los móviles que inspiran la lucha antiimperialista que ellos desdeñaban en millones de hombres y diversidad de pueblos. La enseñanza ha sido desgarradoramente cruel. Ha sido propiamente un escarmiento. El proletariado urbano que no se pone a la vanguardia del proletariado rural y por la unidad sindical frena en los marcos de la democracia económica los ímpetus del capitalismo, está destinado a sucumbir. Así fueron la Austria roja de otrora y muchos otros movimientos de postguerra que por sus propios errores crearon la violenta reacción del fascismo. Y la lucha antiimperialista en América ¿tendrá idéntico derrotero? Los trabajadores urbanos, el proletariado industrial de toda la América, ¿se pondrá en la vanguardia de nuestros trabajadores semicoloniales? ¿Llegarán a unirse América latina y los norteamericanos a este conjuro vital? He ahí las tareas inmediatas del obrerismo de acuerdo con su programa mexicano.
Indoamérica y la guerra actual
He tratado de remarcar que la atonía del proletariado europeo fue causa coadyuvante para que el fascismo progresara. Y los apristas acudimos a esta experiencia reciente que a la vez incide con nuestra posición en la economía y política mundial, porque nuestros llamados de unidad a todos los núcleos izquierdistas de América han sido subestimados por la consigna sumisa cuando no por la insoportable vanidad de nuestros teóricos a la violeta.
Haya de la Torre ha dicho a tiempo —1928 —: "Dentro de la dialéctica del proceso histórico del capitalismo en su etapa final imperialista, predecir una guerra no es hablar como las brujas en el primer acto de Macbeth. Más aún: dentro del sistema de relación económica política de los Estados imperialistas, la guerra es inevitable. ¿Perderemos nosotros la oportunidad de utilizar en beneficio de la causa antiimperialista la lucha implacable de los capitalismos sobre nuestro suelo? No celebrar "compromisos transitorios" sería incurrir en infantilismo de izquierda".
Nadie puede garantizar que no seremos invadidos como posesiones de los imperialismos derrotados. Curazao y Aruba en las Antillas es un anuncio de que el monroísmo se invalida. Y si los Estados Unidos ingresan al conflicto — como ya se despunta— sus inversiones en el continente ¿no entrarían en juego y riesgo? Si Estados Unidos nos procura armamentos ¿no nos pone a su servicio y no nos exigirá nuestra sangre y nuestros recursos?
Toda esta complejidad de problemas y amenazantes consecuencias urgen la inmediata celebración de un Congreso de los Partidos de Izquierda, a fin de homogenizar la acción popular continental. Hay que operar con verdadero oportunismo revolucionario y audacia y lograr que no sólo sobrevivamos a la tragedia, sino que Indoamérica edifique una verdadera democracia.
Santiago de Chile, septiembre de 1940.
*Claridad. Tribuna americana del pensamiento libre, Buenos Aires, Octubre de 1940, Tomo XIX, No. 344, pp. 422-424.
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