Julián Petrovick. El yankee es el señor, los peruanos, carne de explotación
La catástrofe de Morococha. El sistema de trabajo de la Cerro de Pasco Cooper Corparation. Nuestros obreros indios.
Nunca será bastante todo lo que se diga acerca de la catástrofe del 5 de diciembre producida en Morococha, en la que ha perecido un número aún no establecido definitivamente de obreros siendo los informes oficiales solamente por 26, según los registros de la Oficina de Tiempo.
Antes de la entrada a las minas los obreros deben presentar sus tarjetas en los Oficina de Tiempo para que les hagan la anotación, medida que se observa muy irregularmente, haciéndose, en algunos casos, antes de la entrada al trabajo y en otros, después, o sea a la hora de salida, no sabemos si porque algunos obreros llegan sin tiempo para cumplir con esta formalidad, bajando a las minas sin la anotación respectiva, pues la regla- mentación de trabajo de la Empresa solo admite la entrada de los obreros que se hallen presentes a la hora fija que señala este reglamento, perdiendo sus derechos de trabajo, los que no cumplan con este requisito, perdiendo, también el derecho de pago.
Ante el temor de perder el derecho de jornal, algunos obreros ingresan a las minas sin la anotación correspondiente en sus tarjetas de trabajo, razón por la cual los libros de la Oficina de Tiempo solo registran 26 víctimas en esta catástrofe.
No se dirá nunca lo bastante, porque hasta ahora no se ha tratado, ni intentado siquiera, por razones que desconocemos, descubrir el origen del hundimiento de la laguna. Todo lo que hay al respecto solo son suposiciones deducidas de la forma de explotación minera que emplea la Cerro de Pasco Copper, o de la poca eficiencia profesional que han revelado sus técnicos, no teniéndose por ahora un fundamento científico irrefutable para responsabilizarla. Es esta la situación que explota la empresa norteamericana para hacer su defensa, siendo este un caso en que, no cabe defensa, alguna por las muchas circunstancias que se produjeron antes y después de la catástrofe, que son suficientes para comprobar la culpabilidad de la Compañía; pero es así de ridícula, como se ha puesto la situación creada por este accidente, estableciéndose una parcialidad deliberada en favor de la Cerro de Pasco.
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| Grupo de mineros en Morococha. Foto: Sebastián Rodríguez. Archivo Familia Rodríguez Nájera. |
Ha aparecido un hombre apellidado León que se le contaba entre las víctimas y esa aparición le ha valido a la Compañía para atenuar las proporciones del accidente, y aún más, para aparecer ante los ojos del público como estafada por los obreros peruanos. (?)
En los informes que han dado, dijeron que la familia de este "resucitado" gestionó la correspondiente indemnización, pero que la policía con que cuenta la Compañía descubrió al individuo. Y la pregunta que se hace la Compañía es la siguientes: "Cuántos otros habrán fugado para aparecer como víctimas"? Y no cabría más bien que nosotros preguntáramos si ese hombre no ha sido comprado para establecer la defensa de la Empresa minera?
El accidente se produjo anticipándose con un aviso que dió la misma naturaleza. Ocho días antes se produjo un hundimiento de diez metros cuadrados, más o menos, que no significaba ningún peligro, según opinión de los técnicos yankes, pero sí, para los, obreros peruanos, a pesar de sus conocimientos empíricos, que valen mucho más que los otros, porque han sido adquiridos en la práctica. Ellos son los que dieron el aviso oportuno y si no que digan por qué tienen preso a Hermoza, pariente de una de las víctimas que dió la alarma y que a pesar de ello se le obligó a seguir trabajando.
Son dos las causas posibles que produjeron el hundimiento de la laguna del 5. Una, porque pretendieron hacer una chimenea a la mina "Yanke" la que debía salir por el cerro de la mina "Cecilia", pero que por un error de trazo resultó en la laguna, trazo que se hizo sin ningún estudio preliminar. La presión que hilo el peso de la laguna sobre las paredes de la chimenea provocó la catástrofe. Es esta una de las suposiciones más posibles en el origen de la catástrofe. La otra, menos probable, es que la Compañía abrió una labor para extraer mineral de una pertenencia ajena, no reforzándola por razones de economía y porque no era propiedad de ella. Después de extraer una cantidad de mineral la abandonaron tratando de borrar las huellas que pudieran denunciarla, dejando el interior completamente vacío y sin refuerzo alguno que hiciera resistencia en la bóveda alta. Tampoco deja de se razonable esta suposición. Además sabe que la Compañía observa esta forma de trabajo y una prueba de ello es el juicio que por muchos años ha sostenido con un conocido minero de esa región.
No hemos podido obtener una declaración de las víctimas salvadas de la catástrofe, porque han sido amenazadas con pena de cárcel y destitución del trabajo.
Los resultados de este accidente serán, en lo que respecta a nuestros obreros, los mismos que tuvieron en la de Golliraisquizga, en el que perecieron más de trescientos hombres. dos cuadrillas integras, y la comisión de gobierno enviada por Pardo sólo dió cuenta de treinta!
En cuanto a las indemnizaciones se hacen y se han hecho siempre a criterio de la Compañía, como si se tratara de animales, como de caballos, o como de mulas.
Los obreros de las minas son tratados peor que bestias, obligados a trabajar doce y catorce horas, mal alimentados, peor vestidos y dentro de unas condiciones de higiene que sólamente se puede observar en las trincheras de los campos de batalla. Todas las funciones del organismo se hacen dentro de las minas, respirando un aire nocivo por las emanaciones de los minerales, sin protección ninguna para las filtraciones, y amenazados a todo instante por la muerte.
Estas son las condiciones en que trabajan los obreros de la Cerro de Pasco, a quienes se les exige trabajar hasta el agotamiento. Es un trabajo de bestias y esas bestias son nuestros indios, productores de la economía del país. Estos indios van a buscar el pan y encuentran la muerte en las minas! Como en la fundición de la Oroya que huele a muerte y que nos hiere las pupilas de desolación. Cerros esqueletizados y planicies calvas, pudiéramos decir, que en otrora fueron praderas donde el ganado era lúcido y nuestros indios conocían la alegría. Hoy se han tornado tristes por la desolación y la muerte que han sembrado esas industrias mineras que son peor que la peste.
En la sección donde se funde el plomo mueren a diario los obreros después de que se les han caído todos los dientes. La ignorancia de nuestros indios cree que es una peste, como creía cuando se les moría el ganado.
Los médicos de la Compañía explotan esta ignorancia en favor de aquella. "Son los efectos de la peste". Y cuando no pueden curarlos los mandan a que se mueran abandonados en sus chozas, al lado de sus tierras. ¡Qué alegría la de sentirse morir al lado de sus tierras, de sus chozas!
Los obreros peruanos prefieren morirse antes de pisar los hospitales yankes porque son tratados en sus curaciones peor que animales, con la indolencia más grande y con la brutalidad más inconcebible. Ahí no han llegado los adelantos modernos de la ciencia, o mejor, no se han hecho para nuestros obreros porque no son seres humanos, sino carne de explotación. Hay muchos indios dentro de los cuatro millones que tenemos en el Perú.
En los campamentos obreros les está prohibido hacer algún ruido después de las diez de la noche. No pueden los obreros alegrarse después de las diez de la noche porque los amos lo han ordenado. A esta hora se da un toque de señal por el "huachiman" para hacer el silencio hasta la mañana siguiente.
Las escuelas y los hospitales funcionan porque a los obreros se les hace un descuento forzoso del mísero jornal que perciben.
Los empleados no son empleados. Están al servicio de la compañía según se especifica en sus tarjetas de identificación.
El yankee es el señor, los peruanos, carne de explotación.
Enero, de 1929.
Julián Petrovick.
*Labor. Quincenario de información e ideas, Año I, No. 6, 2 de febrero de 1929, p. 4.



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