Pablo León y M. 1886 —¡CHICAGO!— 1931
Los hechos van demostrando, que la humanidad en su continuo ir y devenir vá estructurando un verdadero espíritu libre; hacia una sociedad libre también, sin trabas al desarrollo del libre albedrío del ser humano.
No fué en vano el sacrificio que con estoico valor supieron afrontar los mártires de Chicago al furor despiadado del capitalismo. Rosa de Luxemburgo en Alemania, con su valor indomable supo coronarse con los laureles del heroísmo; Sacco y Vanzetti, en la silla eléctrica, en la gran ciudad de yanquilandia, pusieron sus vidas en aras de la libertad de los pueblos oprimidos; Radowiski, en las prisiones de la penal de Ushuaia, castigando con propia mano al asesino de millares de obreros en las pampas de Santa Cruz en la Argentina, y multitud de obreros, de proletarios ametrallados por los Estados al servicio de intereses parasitarios.
Los proletarios tienen sus primeros de Mayo en cada día. Pero el hecho histórico del proletariado mundial, que ha intentado deformar la sociedad capitalista de sus principales episodios, ha encontrado a su paso, hombres que supieron imprimir en la conciencia proletaria el sentimiento de solidaridad y un hondo espíritu clasista.
El país imperialista de Norte América, marca dos etapas en la historia del mundo proletario, manchado con la sangre de inocentes víctimas; Oscar Neebe, Samuel Fielden, August Espies, Albert R. Parsens, Michael Schwab, Luis Lingg, George Engel y Adolph Fischer en la primera y Sacco y Vanzetti en la segunda.
Las organizaciones obreras y los obreros libres y conscientes, desde 1886, rememoran el hecho del sangriento y trágico acontecimiento de Chicago, mientras los verdugos pretenden presentarles a los ojos del pueblo ignaro, como los más execrables asesinos. Por un lado el capitalismo con el auxilio de la prensa burguesa, ésta venenosa institución de las clases directoras, ávidas del esfuerzo de los trabajadores y con la colaboración de una horda de plumíferos sin conciencia salidos del fondo de los reptiles, como dijo el maestro Gonzales Prada, y por otra parte, el proletariado con su fé, con su fervor revolucionario y su conciencia en pró de su emancipación, han sostenido luchas titánicas y cruentas para identificar la interpretación del significado simbólico del 1°. de Mayo, y su valor como elemento de juicio para condenar el régimen imperante.
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Homenaje de Arturo Sabroso Montoya a los Mártires de Chicago. |
Los interesados en deformar el significado, la consagración del 1°. de Mayo como "fiesta del trabajo" solo han contribuído año tras año, llevar al convencimiento del proletariado, que ese día es de ruidosa protesta, de un fervoroso sentir revolucionario, día en que converjen los sentimientos de repudio contra una casta, la casta que nos oprime y nos explota; día en que las masas productoras salen a las calles para vindicar a los mártires de Chicago y mantener invivito el recuerdo doloroso de los electrocutados, Sacco y Vanzetti, caídos en las garras del monstruo capitalista yanqui.
¡Remember Chicago......!!! El 1º. de Mayo ha consagrado la vitalidad revolucionaria del proletariado mundial. A Chicago, siguieron Barcelona (España) con su famosa bastilla, el tenebroso Montjuich en donde cayó Ferrer, el maestro laico por la mano del oscurantismo; Jerez, Milán y otros tantos pueblos en el viejo mundo. En América, Santa Cruz en Ia Argentina; Iquique en Chile; las bananeras en Colombia; Venezuela, con una legión de obreros, víctimas de una odiosa y brutal tiranía; y, Parcona, Oroya, Huacho, Vitarte, Talara, Mal Paso, Smelter, Oyolo y Lima en el Perú, han marcado sus semanas sangrientas y trágicas, ha quedado definitivamente establecido como día de protesta universal, en tanto, que por las calles y campos ensangrentados, pisando enrojecido, siguen los mercaderes de conciencias realizando su procesión sonambulesca de saltimbanquis, mendigando el VOTO DEL PUEBLO SOBERANO.........!!! como vil escarnio, de los que explotando el dolor y la miseria, arrastran a ingentes rebaños a aplaudir y servir de escalones a latifundistas y gamonales, amos y señores de estos pueblos esclavizados.
El 1°. de Mayo, es día de exaltación renovadora, día de dolor universal, día de protesta contra un régimen infame y corrompido; día dentro la actual sociedad, en que se entumecen los músculos potentes de las masas productoras, indicando al gamonalismo nacional y al extranjero el valor efectivo del esfuerzo humano de la energía productiva que desarrollan, el esfuerzo del músculo a la vez que abre camino a la luz, cuyos rayos de libertad ilumina a tantos millones de esclavos.
La tragedia de Chicago, con aquellos cuerpos banboleantes en las macabras horcas constituye la epopeya del proletariado mundial en su denodada lucha contra un régimen de oprobio.
No se trata solamente de Chicago. En todos los países sean estos monárquicos o repúblicas democráticas, el capitalismo ha repetido sus actos de barbarie, la bacanal de sangre proletaria con que inició su dominio absoluto el imperialismo y la plutocracia yanquí. En esta misma república que se dice libre y democrática, bajo el dominio de gobiernos criollos supeditados al capricho de los representantes del imperialismo, se repiten las escenas de terror, las prisiones, las masacres, la secuestración de los obreros de sus domicilios. Año tras año y día tras día hemos presenciado nuestras semanas sangrientas y nuestros primeros de Mayo luctuosos. I las calles salpicadas de dolor proletario que ronda también los frontispicios de suntuosas mansiones señoriales para satisfacción de los amos y glorificación de una patria que no es nuestra.
El 1º. de Mayo de 1931, nos trae el recuerdo de la trágica frialdad de una justicia parcial, al ajusticiar a hombres, solo por el delito de pensar y amar la justicia, pero, las palabras surgidas del fondo del ser que las pronunciara, irradia en el cerebro y palpita en los corazones de los proletarios. De frente y altivos, ante el tribunal que los conde-nara a la pena capital, August Espies, se yergue y responde, "lo hago como representante de una clase frente a la otra clase enemiga" y como decía aquel personaje veneciano, "mi defensa es vuestra acusación, mis pretendidos crímenes de que me acusais son vuestra historia". "Creeis apagar algunas chispas y no hacéis más que atizar el fuego subterráneo en que mina el suelo bajo los pies de la burguesía, sin que podais daros cuenta ni en donde estallará el volcán".
Albert R. Parsons, cumpliendo su misión de hombre idealista, dijo su palabra de fé y esperanza inconmensurable en la posteridad. "disponeis de la fuerza; pero aunque realiceis este crimen, sois impotente para aраgar la cuestión social".
Samuel Fielden, despreciando la vida y con un gesto de noble orgullo, apostrofó al tribunal, y respondió a sus victimarios, "Hoy el sol brilla para la humanidad; pero puesto que para nosotros no puede iluminar más dichosos días, me considero feliz al morir, sobre todo si mi muerte puede adelantar un solo minuto la llegada del venturoso día en que aquel alumbre mejor vida para los trabajadores".
La voz de los muertos, no solo de Chicago, sino de todos los que han caído en el martirologio por un ideal, por una ambición noble, por una esperanza de justicia y libertad, con su muda elocuencia, llena los ámbitos del mundo proletario, incitando a la humanidad dolorida a terminar de una vez con este régimen de infamias y de feudalismos. I es ésa voz, tenue como un suspiro de moribundo, la que recuerda la miserrima turba el desprecio de los amos y la fría alevosía de sus verdugos.
"Salud, tiempo en que nuestro silencio será más poderoso que nuestras voces, que hoy sofocan con la muerte".
¡SALUD 1º. DE MAYO!
*APRA. Frente Único de Trabajadores Manuales e Intelectuales. Órgano del Partido Aprista Peruano, Lima, Segunda Época: No. 11, 30 de abril de 1931, p. 5.
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