Arturo Sabroso Montoya. Por que y para que nació el APRA

La historia ha demostrado que son los anhelos de una vida libre dentro del respeto de todos los derechos, sin privilegios odiosos ni castas despóticas, los determinantes de todas las agrupaciones y grandes fuerzas políticas aglutinadas en partidos. Y en todas las latitudes queda visto que corresponde a los valores más destacados de la ciudadanía, dar rumbo y capacidad orgánica a los conglomerados humanos de sus fuerzas militantes.

El prestigio, la honestidad, el desinterés puestos a prueba por los dirigentes , constituyen la cohesión de los ciudadanos convencidos de la lealtad directriz evidenciada en la lucha, y cuya permanencia se afianza con los aciertos logrados y mediante los objetivos programáticos en constante revisión por los órganos partidarios.

Los conglomerados electorales que acudieron sin basamento ideológico o en pos de saciar apetitos utilizando la sigla de un partido, caen en una existencia precaria, terminando sin pena ni gloria como tantos partidos que conocimos. Diferentes es la permanencia que se garantiza con principios defendidos hasta el sacrificio. Esa es la verdad histórica en todos los países donde la ciudadanía resuelve su destino de pueblo consciente. Es la diferencia de nuestro Gran Partido con tantos otros que fueron "flor de un día", o mejor : ambiciones fenecidas.

Qué acontecimientos precedieron al aprismo

Quienes nos llamamos " la generación del 19" por nuestra participación en las dos acciones más acentuadas en la historia de la época: la Reforma Universitaria y la Jornada de Ocho Horas, sin conocernos, ya teníamos el mismo deber de una misión gloriosa: crear un movimiento que, elevando los niveles de cultura y reivindicación social, insunflara un clima de realidad política superior. Y fue ese anhelo común de las nuevas generaciones de obreros y de estudiantes lo que vino a cumplir una obra de grandes y positivos beneficios para el país.

No somos portaestandartes de un generacionismo reaccionario y despotricador de los valores del pasado. Precisamente, inspirándonos en las glorias de hombres y hechos de la historia digna, es como insurgimos abominando todo lo que en pugna con enseñanzas de sacrificio por el feliz destino del Perú, pretendía instituir , como método de acción política, cuanto cercenaba derechos y acumulaba privilegios de una casta burocrática y gamonalista, mientras las grandes mayorías se destinaban al peonaje analfabeto y ciudadanía servil.

Lo que legaron los viejos partidos políticos

En rápido recuento, el liberalismo, surgido en los primeros días de la República, como en los demás países hermanos, tradujo la influencia de la Revolución Francesa. La Constitución de 1822 , si es verdad que alejó las posibilidades de retornar a una monarquía de príncipe español o de rey criollo a lo Iturbide, merced a esfuerzos de patriotas como Luna Pizarro, Sánchez Carrión y otros, tuvo mucho de jacobinismo y laicismo sin crear firmeza a un sistema democrático.

Fue la Constitución de 1828 la que, a decir de autorizados historiadores, sí dejó matrices para todas nuestras cartas magnas, incluso la de 1920, que ya enmarca pautas democráticas que sirven de credo político para muchos compatriotas en la obra de defender los derechos y sufrir, por ellos, calumnias e injusticias. Lo que inspira —como anota M. V. Villarán— estas notas satíricas a Felipe Pardo:

"Que el Gobierno de la fuerza amana
y hace después lo que le da la gana"

Quiebra de los partidos tradicionales

Reconociendo cuanto de meritorio hicieran en cada uno de los primeros partidos y admirando los grupos opositores de minorías combativas y señeras, hay que rendirse a la verdad histórica : Todos esos partidos y sus embelecos desprendidos cayeron en la insignificancia, pese a que algunos mantuviéronse largas décadas en el Gobierno:

El Partido Civil, insurgido a iniciativa de Manuel Pardo, contra el militarismo, que desde la emancipación creyóse con derecho a mirar en la Presidencia de la República el galón siguiente al generalato, hasta el Partido Demócrata fundado en 1884 por Piérola, y el Partido Constitucional, creado desde el Poder por el Mariscal Cáceres en 1886, cayeron en las combinaciones politiqueras y las "Convenciones" que, en el General de Santo Domingo, se entendieron para imponerle a la ciudadanía un candidato único. Y correspondió al más antiguo y de más dilatada existencia insertar los peores métodos de estafa a la ciudadanía.

Había que salvar las nuevas generaciones

El sistema de elecciones, sin Registro Electoral, con el voto público, sin más identidad que las libretas de Conscripción Militar falsificadas con todos los sellos y firmas y entregadas a millares a los capituleros , cada elección aumentaba el desprestigio civilista, con sus "clubes": casas políticas jefaturadas por matones y delincuentes, donde se corrompía al ciudadano con butifarras, aguardiente y bandas de "cachimbos".

Luis López Aliaga, Arturo Sabroso Montoya y varios dirigentes del Partido Aprista. Fuente: Portada de la revista Vanguardia, martes 7 de mayo de 1957.

Las reelecciones, prohibidas en todas las Constituciones del país, dieron el colmo del descrédito más abominable. Los peones de la empresa "Fundation Company", contratada para pavimentar Lima, recorrían en camiones, y pagados con doble salario, todas las mesas de sufragio, donde votaban tantas veces como les alcanzara el día. Los ciudadanos contemplaban con estupor esa comedia, y nació así la repulsión más justificada, sobre todo de las nuevas generaciones que había que conservar limpias para, a su tiempo, ingresar a las bregas políticas sepultando, para siempre, la degradación de los viejos y mañosos corruptores del "arte de gobernar a los pueblos".

Nacen los promisorios vínculos en la juventud estudiantil y obrera

Los gremios de trabajadores, en pugna violentada por las persecuciones, se vieron impelidos a sostener luchas heroicas. Las pocas conquistas les costaron sacrificios de vidas y sangre. Chicama, Talara, Huacho, Vitarte, Huancané fueron escenarios de masacres salvajes. Era la época en que la palabra sindicato se entendía como reto al orden público.

La cultura daba índices de rebajante mediocridad. Los pueblos analfabetos y los centros universitarios, convertidos en feudos familiares de unos cuantos apellidos sonantes, degradaron la enseñanza en todos sus niveles, ya que hasta al profesorado se le rebajaba, subalternizándolo a los capituleros sin título ni calidad magisterial.

Así, los trabajadores decídense a luchar con sus organismos, llámense "sociedades", "unificaciones " , o federaciones y sindicatos los más aguerridos. La Ley de la Vagancia, que consideraba vago a todo el que carecía de ocupación", dio motivo a luchas incesantes. La Conscripción Vial, que imponía el trabajo gratuito de una semana anual en carreteras de los feudos agrícolas , suscitó grandes batallas . Y los estudiantes se sintieron atraídos por estos combates por la justicia . Obreros y estudiantes iban a trazar un nuevo rumbo en defensa del Perú, higienizado de taras execrables.

Fusión de estudiantes y trabajadores

Reaccionando contra métodos arcaicos, la juventud estudiosa sanmarquina decídese a implantar la Reforma Universitaria, siguiendo la obra de sus hermanos argentinos y logrando triunfo integral con el sistema de cogobierno. Los métodos de enseñanza verbalista y el memorismo fueron arrojados del más importante centro de cultura superior. Así, los dueños del saber, los privilegiados de la cultura, destinados por derecho divino y voluntad familiar al gobierno del país, recibieron la sanción al dar paso a los maestros talentosos sin distinción de clase o credo, respetándose a muchos dignos profesores, como Deústua y Villarán.

Los trabajadores, en desquite de las masacres de Huacho, los años 1916 y 1917, por las Ocho Horas, decretan la Huelga General de Lima y Callao, y lo logran con éxito, participando en su comando una Delegación de San Marcos en la que Victor Raúl Haya de la Torre se erige el conductor, por su acierto de dirección, su arrogancia, oratoria y su sinceridad de gran hermano, que, a la sazón, ya se perfila como la gran figura rectora de un movimiento político que iniciado en el Perú extiéndese a todo el continente americano.

Nace la "Universidad Popular González Prada"

La mancomunidad con el compañero maestro se acrecienta. Sobre los cimientos de las Ocho Horas, a iniciativa de Haya de la Torre, fúndase la "Federación de Trabajadores en Tejidos del Perú" el 16 de enero de 1919, o sea al siguiente día de haber vencido la jornada por las Ocho Horas de Trabajo, digna de un folleto que la historie. Los textiles exigen que Haya encabece el Acta de Fundación con las palabras : "Bajo la presidencia del compañero estudiante Victor Raúl Haya de la Torre". Y así se hizo.

Sobre este pibote formidable, viene la obra cultural. La Federación de Estudiantes del Perú acuerda en su Primer Congreso, celebrado en Cuzco, en 1921 , crear un Centro de Cultura, con el nombre de "Universidad Popular" a la que más tarde se le pone bajo la égida de Manuel Gonzáles Prada, el preclaro maestro de todos los idealistas amantes de la Libertad y de la Justicia.

La obra de este Centro de Cultura Revolucionaria es otro capítulo digno de historiarse como merece. Al instalarse, el acercamiento entre los estudiantes y los trabajadores se hizo más profundo, naciendo una hermandad soldada más tarde en sacrificios, cuando salen al destierro dirigentes estudiantiles y sindicales. Ellos son misioneros de esta naciente idealidad por la dignidad del hombre.

Vislumbre del partido aprista peruano

Nace en 1924, como una organización de orientación antiimperialista, el APRA, que Haya de la Torre funda en México. La centralización comunista exige que esta entidad diga si está con Rusia o contra Rusia. Haya responde que está con América. Más tarde le corresponde esclarecer fundamentos rectifactorios del marxismo congelado, en la Conferencia Antiimperialista de Bruselas.

En tanto, en el Perú pensamos que nuestro gran movimiento tiene que darse una salida política: conformar sus filas en un gran partido. Todos intuíamos esto. Cuando confinados en la isla de San Lorenzo, unos políticos nos llamaron a conferenciar y nos censuraron el predicar abstención de participar en los escarceos politiqueros, respondimos : "Ustedes carecen de un valor capaz de concitar los anhelos del pueblo. Por ello estamos librando las nuevas generaciones que, muy pronto, ingresaremos a la acción política con Haya de la Torre a la cabeza".

Era el sentir general. Los viejos anarquistas habían dado parte de su credo: "Opresores, ni de arriba ni de abajo". Y los sindicalistas arreciábamos el movimiento con nuestras convicciones rectificatorias de todo lo confuso y con una clara visión de lucha por la Justicia Social, que era "el único dogma de la Universidad Popular González Prada". Y dogma es Fundamento, Principio, y Justicia Social es derecho de participación en el producto del trabajo.

Y dignificamos la metodología política

Las masas de conciudadanos repletaban nuestro local de Belén —símbolo de un alumbramiento de redención—. Los compañeros ingresaban en doble fila a inscribirse abonando su carnet de ingreso. Los hurras y gritos de orden, los himnos de propaganda, entonados por hombres, mujeres y jóvenes, daban al ambiente una vibración alentadora. Los comités apristas se instalaban, ocasionando un trabajo esforzado al Comité Ejecutivo, con los pedidos de un Delegado del CEN para inaugurar el local del Sector, instalado con la contribución general, con muebles para dotarlo de comodidades, y de cuotas para pagar el alquiler. Y en cada hogar sectoral quedaba instalada la Universidad Popular González Prada.

Los sistemas de corrupción se escondieron de vergüenza. Ya no operaban las pipas de cerveza, pero actuaban aún los capituleros que, de cuando en cuando, solían asomarse . En Lince, calle Herrera, se hallaban dos locales, uno de la U.R. y el otro del APRA. Del primero, cierta tarde asomaron a la puerta algunos galifardos que con botellas y copas gritaban a los otros: "¡Vean, aquí se enseña a ser hombres, se chupa cerveza..." ¡Los compañeros jóvenes, con su actitud eufórica, sacaron libros y replicaron : "¿Vean, aquí no se denigran las conciencias, se enseña cultura..." ¡Eran la dos modalidades : una vacilante y temerosa, y la otra arrogante en su responsabilidad del futuro.

Los odios y las injusticias templaron nuestra fe

Los calibanes de la política arcaica se sintieron incapaces de una lucha con armas limpias. Apelaron a la fuerza, los encarcelamientos y destierros, a la par que asesinatos. Nuestros locales fueron asaltados, y las bibliotecas quemadas. Se incitó, de tal manera, a los enconos y las represalias entre peruanos.

Sabíamos con qué intereses teníamos que chocar. Eran los oligarcas y los gamonales que respondían con sus millones en la inveterada creencia de poder prolongar su sistema de explotación y de ignorancia. Había nacido una fuerza nueva que vino a enseñar la nueva política sin capituleros, sin corrupción y con dignidad. Las injusticias fueron muchas : hogares arruinados, estudiantes truncados en sus estudios. Todo lo más oprobioso como venganza. Pero nuestra fe salió de los calabozos más pletórica y fortalecida en nuestro futuro político para bien del Perú y de todos sus pueblos.

Y ejemplarizamos en toda la línea

Desaparecieron las "casas políticas", y los "cachimbos" y los "tragos". Ahora los partidos siguen el ejemplo aprista: hacen convenciones y congresos. Tienen comités de juventud y usan "maquinitas"; también sectores femeninos y hablan de bibliotecas. Eso queríamos y es satisfacción plena.

*Presente, Agosto-Setiembre de 1964, Nros. 98 y 99, pp. 11-15.

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