Entrevista a Gabriel García Márquez. De Macondo a la gloria

Entrevista a Gabriel García Márquez, realizada por su amigo Plinio Apuleyo M., para Gente.

La influencia más fuerte que has recibido —más fuerte que cualquiera otra adquirida en tu formación literaria— es la que proviene de tu identidad cultural y geográfica. La del Caribe. Es tu mundo, y el mundo que expresas. ¿Cómo se traduce esa influencia en tus libros?

—Yo creo que el Caribe me enseñó a ver la realidad de otra manera, a aceptar los elementos sobrenaturales como algo que forma parte de nuestra vida cotidiana. El Caribe es un mundo distinto cuya primera obra de literatura mágica es el Diario de Cristóbal Colón, libro que habla de plantas fabulosas y de mundos mitológicos. Sí, la historia del Caribe está llena de magia, una magia traída por los esclavos negros del Africa, pero también por los piratas suecos, holandeses e ingleses, que eran capaces de montar un teatro de ópera en Nueva Orleans y llenar de diamantes las dentaduras de las mujeres. La síntesis humana y los contrastes que hay en el Caribe no se ven en otro lugar del mundo. Conozco todas sus islas: mulatas color de miel, con ojos verdes y pañoletas doradas en la cabeza; chinos cruzados de indios que lavan ropa y venden amuletos; hindúes verdes que salen de sus tiendas de marfiles para cagarse en la mitad de la calle; pueblos polvorientos y ardientes cuyas casas las desbaratan los ciclones, y por otro lado rascacielos de vidrios solares y un mar de siete colores. Bueno, si empiezo a hablar del Caribe no hay manera de parar. No sólo es el mundo que me enseñó a escribir, sino también la única región donde yo no me siento extranjero.

—¿Lo crees realmente?

—Sí, lo creo: en general, un escritor no escribe sino un solo libro, aunque ese libro aparezca en muchos tomos con títulos diversos. Es el caso de Balzac, de Conrad, de Melville, de Kafka y desde luego de Faulkner. A veces uno de estos libros se destaca sobre los otros tanto que el autor aparece como autor de una obra, o de una obra primordial. ¿Quién recuerda los relatos cortos de Cervantes? ¿Quién recuerda, por ejemplo, al Licenciado Vidriera, que todavía se lee con tanto gusto como cualquiera de sus mejores páginas? En América Latina, Rómulo Gallegos se conoce por Doña Bárbara, que no es su mejor obra. Y Asturias por El Señor Presidente, pésima novela, muy inferior a Leyendas de Guatemala.

Gabriel García Márquez.

—Si cada escritor no hace sino escribir toda su vida un solo libro, ¿cuál sería el tuyo? ¿El libro de Macondo?

—Tú sabes que no es así. Sólo dos de mis novelas, La Hojarasca y Cien Años de Soledad, y algunos cuentos publicados en Los Funerales de la Mama Grande ocurren en Macondo. Las otras, El Coronel no tiene quien le escriba, La Mala Hora y Crónica de una Muerte Anunciada, tienen por escenario otro pueblo de la costa colombiana.

—Un pueblo sin tren ni olor a banano.

—... Pero con un río. Un pueblo al que sólo se llega por lancha..

—Si no es el libro de Macondo, ¿cuál sería ese libro único tuyo?

—El libro de la soledad. Fíjate bien, el personaje central de La Hojarasca es un hombre que vive y muere en la más absoluta soledad. También está la soledad en el personaje de El Coronel no tiene quien le escriba. El coronel, con su mujer y su gallo esperando cada viernes una pensión que nunca llega. Y está en el alcalde de La Mala Hora, que no logra ganarse la confianza del pueblo y experimenta, a su manera, la soledad del poder.

—Como Aureliano Buendía y el Patriarca.

—Exactamente. La soledad es el tema de El Otoño del Patriarca y obviamente de Cien Años de Soledad.

—Si la soledad es el tema de todos tus libros, ¿dónde habría que buscar la raíz de este sentimiento dominante?

—¿Quizás en tu niñez?

—Creo que es un problema de todo el mundo. Cada quien tiene su modo y su medio de expresarlo. Muchos escritores —algunos sin darse cuenta— no hacen otra cosa que expresarlo en su obra. Yo entre ellos. ¿Tú no?

—También, sí. Tu primer libro, "La Hojarasca", contiene ya la semilla de "Cien Años de Soledad". ¿Cómo juzgas hoy al muchacho que escribió aquel libro?

—Con un poco de compasión, porque lo escribió con prisa, pensando que no iba a escribir más en la vida, que aquélla era su única oportunidad, y entonces trataba de meter en aquel libro todo lo aprendido hasta entonces. En especial, recursos y trucos literarios tomados de los novelistas norteamericanos e ingleses que estaba leyendo.

—Virginia Woolf, Joyce; Faulkner, sin duda. Por cierto, la técnica de "La Hojarasca" se parece mucho a la de "Mientras yo agonizo" de Faulkner.

—No es exactamente la misma. Yo utilizo tres puntos de vista perfectamente identificables, sin ponerles nombres: el de un viejo, un niño y una mujer. Si te fijas bien, La Hojarasca tiene la misma técnica y el mismo tema (puntos de vista alrededor de un muerto) de El Otoño del Patriarca. Sólo que en La Hojarasca yo no me atrevía a soltarme, los monólogos están rigurosamente sistematizados. En El Otoño del Patriarca, en cambio, los monólogos son múltiples, a veces dentro de una misma frase Ya en este libro soy capaz de volar solo y de hacer lo que me da la gana. 

—Volvamos al muchacho que escribió "La Hojarasca". Tenías veinte años.

—Veintidós.

—Veintidós años, vivías en Barranquilla y escribiste la novela, si no recuerdo mal, trabajando después de que todo el mundo se había ido, muy tarde en la noche, en la sala de redacción de un periódico.

—De "El Heraldo".

*Gente, Lima, 11 de Noviembre de 1982, pp. 37-38.

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