Entrevista a Ramiro Prialé. La derecha o nosotros
Entrevista a Ramiro Prialé, realizada por Fernando Vázquez.
—Después del retiro de AP, se dice que los grandes contendores que quedan para las elecciones son el Apra y el PPC. ¿Cuál es su posición al respecto?
—Quienes dicen eso, olvidan que hay doce listas inscritas. Por tanto, nosotros tendremos once contendores, es verdad que de diferente peso: de pluma, mosca, gallo, welter, etc. Estaremos en la Constituyente proporcionalmente al número de votos que obtengamos. En ella habrá de lograrse la coordinación necesaria para evitar un debate anarquizado. Lo importante será asegurar el destino democrático de la República.
—¿Han pensado en alguna forma de ganar para el Apra los votos populistas?
—Lamentamos la ausencia de Acción Popular. Los ciudadanos que integran ese partido, han sido dejados a su voluntad para la expresión de su voto. Ellos han basado su acción partidaria en principios democráticos. Lógicamente —aunque la Lógica no funciona siempre en política— no serán atraídos por la "tentación totalitaria" de los grupos comunistas. Su disyuntiva será, o con la Derecha, vinculada a poderosos sectores económicos; o con la izquierda democrática, representada por el Partido Aprista. No creo necesario inventar medios especiales para ganar esos votos. En su decisión, puede ayudarles el recuerdo de que Fernando Belaúnde formó parte del Frente Democrático que auspiciamos nosotros victoriosamente en 1945 y que, además, nunca peleamos irreconciliablemente. El deporte está de moda. Somos equipos diferentes, pero en posibilidad de reforzar el seleccionado nacional para el torneo Constituyente. Ellos no abandonarían su casaquilla, sino que usarían la nuestra para este encuentro.
—Si se convocase de inmediato a elecciones generales, ¿cuál sería la posibilidad del Apra? ¿Seguiría planteando la necesidad previa de una Constituyente?
—A los periodistas les place inquirir acerca de posibilidades. Yo prefiero sujetarme a los hechos. Se ha convocado a una elección para una Asamblea Constituyente: en ese terreno actuamos. Si funcionase la alternativa que usted sugiere y se convocase a elecciones generales inmediatas, libraríamos nuestra batalla con igual interés patriótico. Imagina usted una posibilidad remota, pero toda alternativa tiene su valor en el cálculo de probabilidades. Por eso me permitiría agregar que si consideramos necesario renovar nuestra Carta Constitucional, tales elecciones inmediatas podrían comprender la de Presidente de la República y Congreso con facultades constituyentes. Así fue en 1931. Esta hipótesis no coincide con el planteamiento de Acción Popular, que pretendía convocatoria a Congreso sin esas facultades, en el cual se hicieran enmiendas sujetándonos a los procedimientos establecidos en la Constitución vigente. Camino lento y difícil, como lo demuestra el hecho de existir en los archivos del Congreso más de medio centenar en enmiendas que no pudieron llegar a su debate final.
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| Ramiro Prialé. |
—Se ha hablado mucho acerca de un pacto secreto entre ustedes y el gobierno. ¿Cuál es exactamente la posición del Apra frente al régimen?
—Es verdad que el comentario y la chismografía se han referido a muchos pactos, unas veces con el gobierno y otras con diversos sectores políticos, Lo único que no ha circulado es la versión de un pacto nuestro con los comunistas. Hay gente razonable, y hasta allí no ha llegado la imaginación. Los acuerdos entre grupos importantes para los efectos electorales resultan, en el caso de elegir una Asamblea Constituyente, absolutamente innecesarios. Cada grupo, yendo solo o aliado, obtiene el mismo número de asientos aplicando la cifra repartidora. En cuanto a la línea del aprismo frente al gobierno, se ha mantenido invariable. Nuestra posición independiente ha permitido que en mensajes del Partido, en discursos de Haya de la Torre, se haya formulado críticas muy serias respecto a la gestión gubernativa de las Fuerzas Armadas. En consecuencia, no hay pactos ni secretos, distinguido periodista.
—¿Cuáles son los puntos básicos que debe contener la nueva Constitución según su partido?
—Pretendemos asegurar al Perú un sistema que garantice sus anhelos de justicia y libertad, dentro de los cauces de una democracia basada de veras en la soberanía del pueblo. Elaborar una Constitución de gran alcance social, pero sin caer en la demagogia ni en el utopismo. No es preocupación nuestra ver en qué medida copiamos a los chinos o a los rusos o a los yugoslavos, sino cimentar nuestra vida institucional basada en nuestra realidad peruana e indoamericana. Procuraremos la integración de los derechos y de los deberes que nos corresponden como ciudadanos y como trabajadores. Dimensión política y dimensión económica, es binomio indesligable. Por eso repondremos el Congreso Económico, con jerarquía de Poder del Estado. Gran órgano Planificador de nuestra Economía y Evaluador de los Planes de Desarrollo. Planificación democrática, por supuesto, para diferenciarla de la planificación totalitaria impuesta al país por una dictadura. Concurrencia tripartita de Trabajo, Capital y Estado, de modo que sus conclusiones —no simplemente consultivas— sirvan de norma al país en el proceso de su economía. Una Constitución que garantice los derechos individuales y sociales. Será preciso establecer las normas que impidan en el futuro nuevas quiebras del orden constitucional. Título muy importante habrá de ser el referente a la descentralización económica y administrativa, basada en las Municipalidades elegidas por el pueblo.
—Se ha acordado que las reformas sean incorporadas a la nueva Constitución. ¿Cuáles deben ser tomadas en cuenta y cuáles desechadas?
—Frecuentemente se habla de las reformas estructurales logradas en esta década y de su incorporación a la Constitución del Estado. Mucha gente repite estas cosas, pero, en muchos casos, sin poder decirnos cuáles son esas reformas. A veces enumeran: reforma agraria, reforma educacional, reforma de la empresa, etc. Pero no tienen en cuenta que toda ley es perfectible y que cada una de ellas corresponde a un proceso histórico fluyente. Tal la Reforma Agraria, que —cuán importante es la propaganda— se ha difundido como que tuvo su inicio en octubre de 1968. El Decreto Ley del gobierno de facto recogió la ley dictada por el Parlamento de 1964, repitiéndola textualmente en la mayor parte de su articulado. Se olvida también que las Cámaras estaban discutiendo la nueva Ley Orgánica de Educación. El gobierno de facto dictó nuevas reformas, con saludable propósito en parte, y con lamentables resultados también. Tal la anarquía universitaria de años, con sucesivas Comisiones Reorganizadoras que no terminan de reorganizar, y la creciente cola de miles de estudiantes traumatizados por el sistema, como postulantes al ingreso a los institutos superiores. En suma, las reformas deben ser apreciadas en cuanto tengan de valedero, susceptibles de perfeccionamiento o rectificación. Pero en ningún caso, como lo repiten algunas gentes sencillas, incorporarse como textos legales a la Constitución. La Carta Fundamental consignará sólo los dispositivos que garanticen el curso democrático del país, porque es un documento breve, básico y claro.
—Hay algunos partidos que consideran que la presencia de una Asamblea Constituyente elegida, junto con un gobierno de facto, resulta incongruente. ¿Esta Asamblea debe adoptar decisiones soberanas o ha de estar sometida a las decisiones del gobierno militar?
—Todas nuestras Constituciones tuvieron su origen en gobiernos de facto. Entre la promulgación y la aplicación de cada nueva Carta se planteó el problema al que usted se refiere. En principio, la Asamblea es soberana y no tiene por qué estar sometida a ningún órgano distinto. Pero precisamente en ejercicio de esa soberanía, se encontraron siempre los caminos para evitar la catástrofe o la discordia. Se acordaron los pasos adecuados, la transitoriedad de las medidas. Lo importante es el consenso para que, respetando los principios, se logre el objetivo fundamental: posibilitar la transferencia del Poder con plena garantía para el pueblo.
—¿Cree usted justificado que el Jefe del Aprismo insista en que hay voluntad de fraude?
—Haya de la Torre ha venido denunciando en sus últimos discursos la voluntad de fraude, que pone en riesgo la limpieza del proceso electoral en marcha. Voluntad de fraude, en mi concepto, no significa necesariamente que habría trampa, susbstitución de ánforas u otros trucos practicados muchas veces en el país. Eso está en el puede ser. Pero evidentemente estamos en medio del fraude, considerando la significación del vocablo que según el Diccionario de la Academia es "engaño, inexactitud consciente, abuso de confianza que produce o prepara un daño". Tales tipificaciones fluyen de las resoluciones del Jurado Nacional de Elecciones, de rechazo sistemático de todas las peticiones que se le formulan, por sensatas e indiscutibles que sean. La última es sorprendente. Según el Inc. 4 del artículo 99 de la Constitución, deben renunciar para postular candidaturas a representantes los servidores públicos cuyo nombramiento dependa del Poder Ejecutivo. Los profesores universitarios, jamás hubieron de sujetarse a tal requisito, puesto que su nombramiento emana de la propia Universidad. Innumerables catedráticos y hasta Rectores participaron, sin obstáculo para su elección, en las Constituyentes de 1920 y 1931, así como en las Cámaras Legislativas. Ahora no, porque por encima del dispositivo constitucional, está el acuerdo del JNE. Esta reiterada actitud, que suponemos consciente, no cabe duda que ha ido alimentando la desconfianza y. por tanto, defraudando las justas expectativas del electorado nacional.
*Equis. El semanario del pueblo peruano, Lima, 6-13 de abril de 1978, pp. 22-24.
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