Carlos Manuel Cox. Ideas económicas del aprismo peruano

I

Las corrientes ideológicas, objetivamente consideradas, tienen un valor a "caja", para expresarme con Williams James; no sólo deben contribuir a imprimir un rumbo a la vida de las sociedades, sino que deben ser también válidas en cuanto significan la expresión de una época dada. Las ideas predominantes en un momento histórico determinado sirven de guía al investigador para informarse de las inquietudes de un pueblo, y extraer, al confrontarlas con la realidad, experiencia útil para el desarrollo social. No precisa que dirijan la marcha del Estado, porque, tratándose de renovar su estructura y orientar su vida en un sentido distinto, es suficiente que ganen un sector importante de la nación, y, en segunda instancia, que provoquen una beligerancia, índice de su valor realista.

Los movimientos e ideología socialista de Europa, Estados Unidos del Norte, Japón, etc.. tienen el valor de representar no sólo fuertes corrientes de opinión, sino también, al enfrentarse con las ideas y sistemas adversos del capitalismo, modificar sus métodos, cambiar rumbos e imprimir al Estado modificaciones en su estructura.

A las ideas socialistas de los países industrialmente muy desarrollados corresponden, en los países atrasados, de escaso industrialismo, supeditados al gran capital, movimientos ideológicos afines, pero con características especiales, resultantes del distinto grado de evolución por el que atraviesan. Entre estos últimos podemos alinear a la Revolución Mexicana, con sus ideas y experiencias encaminadas hacia la defensa de la riqueza nacional, amenazada por la expansión económica del capitalismo y la reivindicación de los trabajadores; en primer término, de los derechos sociales del peón, forma típica de la explotación del hombre por el hombre en los países agrarios, y que, en la terminología científica inglesa se denomina del "sweating system".

Buscando siempre su propio camino de progreso los pueblos de la América Latina tratan de aprovechar experiencias —la de la Revolución Mexicana les es muy valiosa, por estar estos países en idénticos o parecidos grados de evolución— y de encontrar explicaciones científicas a los acontecimientos históricos para elegir caminos menos ásperos y difíciles.  Así es como ha surgido una nueva doctrina económica, con proyecciones políticas y sociales, denominada aprismo, y cuyas características trataré, brevemente de exponer.

Al señalar en este artículo los lineamientos generales de las ideas del aprismo peruano, en lo económico, me propongo contribuir al mejor conocimiento de uno de los países representativos de la América Latina. Asimismo, los resultados serían provechosos si las aportaciones doctrinales y críticas del aprismo contribuyeran a esclarecer el debate suscitado en México sobre la política económica que deba seguirse. En los momentos actuales se impone un examen, tanto de las causas de las crisis y sus consecuencias, como de las diversas soluciones planteadas en los países que la sufren, que son, por desgracia, casi todos los países de la tierra.

LA CRÍTICA APRISTA

Partiendo de la situación general creada en los países no desarrollados por el imperialismo, que el economista inglés Hobson define como "el uso de la maquinaria de gobierno por intereses particulares, principalmente capitalistas, para conseguir ganancias económicas fuera de su país", todos los pueblos de la América Latina "tienen ante sí el tremendo problema de su colonización progresiva por él y de la necesidad de resistirlo." (Haya de la Torre a la Nación, manifiesto. Lima, Perú, 1932).

Observa el aprismo que en el Perú la vida económica, y, por ende, la política y social, giran alrededor de dos ejes que se mueven a velocidades diferentes, y que polarizan, por así decirlo, las actividades todas de la colectividad. Uno de ellos está constituido por la economía propiamente nacional, agro-minera, explotadora de los recursos naturales en pequeña escala, y el comercio e industria al menudeo. El otro eje lo forma la economía extranjera, creada por la explotación de capitales de las naciones industriales, y sus organismos trustificados, provista de técnica avanzada, con sistemas modernos de explotación y con una intensidad mayor de productividad. Además, está respaldada por crédito abundante, y, por su importancia, influye decisivamente en el Estado peruano, imprimiéndole una violenta marca de sujeción.

Carlos Manuel Cox junto a Andrés Townsend Ezcurra, en una reunión de la Comsisión Económica de las Naciones Unidas, diciembre de 1967.

La formación de los estratos o clases sociales que integran la sociedad peruana responde a esta realidad económica. Proletariado débil y muy atrasado, porque las industrias extractivas no exigen al trabajador saber leer y escribir, y por el número insignificante de fábricas que no permiten la formación de obreros calificados, en número apreciadle. Una clase campesina, compuesta de indígenas en su gran mayoría, y que las grandes explotaciones de caña de azúcar, algodón, etc., mantienen en la situación de peones, con un standard de vida muy bajo. En tercer lugar, la ciase media, que integra la llamada "inteligencia" (funcionarios y empleados del Estado, empleados privados, profesionistas, etc.) y los productores nacionales en pequeño. Por la mayor actividad económica que desempeña, esta clase realiza el papel de intermediario entre los productores y el consumidor. Finalmente, la cuarta y última clase la forman los grandes propietarios de la tierra, nacionales y extranjeros, estos últimos, en su mayoría: empresarios industriales, reducidos en número, y por los dueños de almacenes importadores. Obvio es advertir que esta clase, heterogénea en su composición, pero unificada en sus fines, representa en lo económico el eje extranjero. Completan este cuadro las comunidades indígenas o ayllus —forma típica de la organización incaica pre-hispánica— que se caracterizan por su organización económica patriarcal, con industria que no ha salido aún de la etapa doméstica. Forma un mercado cerrado a los productos de occidente. Sector numéricamente importante, su desintegración aunque lenta, abastece de mano de obra, tanto a las industrias extractivas, agrícolas y mineras, como a las pocas de productos acabados.
Al enfocar las soluciones de los grandes problemas nacionales, el Plan del Aprismo se orienta en el mejoramiento de las mayorías de la nación: vale decir, de las tres primeras clases mencionadas, obrera, campesina (peones y comunidades) y clase media.

EL PROGRAMA ECONÓMICO

La economía peruana es una de las más débiles de la América Latina. Sumamente desorganizada en lo que a la parte nacional respecta, está obligada a desarrollar sólo unos cuantos renglones de la producción. El Perú, es, pues, un país monocultivador, "deformación" que origina el fenómeno imperialista (Manuel Seoane, “Nuestros Fines". Buenos Aires, 1931). Sin estadísticas buenas (no se han elaborado censos de población desde 1876) ni censos industriales y agrícolas, no se conoce la situación real de la economía peruana. Consiguientemente, el primer punto económico del Plan Aprista es la reunión de un Congreso Económico. "Investigaremos —postula en su parte positiva el programa— la realidad económica del país, mediante un nuevo censo general de la república, la creación de un departamento nacional de estadística y la celebración de un congreso nacional de economía, con el concurso de todos los productores de la riqueza".

Los propósitos fundamentales de este congreso son: a) suplir la ausencia de técnicos de investigación por medio de esta investigación directa que convocará a todos los factores de la producción: trabajadores y capitalistas, nacionales y extranjeros: b) determinar científicamente las posibilidades de desarrollo económico del país; y c) preparar la organización permanente del ministerio de economía y el consejo económico. De esta manera se cortarán de raíz los tanteos legislativos y la exuberancia de proyectos fantásticos. Conocida la situación económica del Perú, el aprismo confía en apoyar por medio del Estado, decidida y conscientemente, la economía peruana. "La agricultura, la minería, la industria y el comercio nacionales gozarán de la cooperación del Estado, si es necesaria, en el orden técnico, instrumental y económico, a cambio de pagar esa contribución con acciones y garantizar un régimen justiciero de jornales y jornadas a los empleados y obreros. Esta intensificación científica de la que el Estado emprenda, significan la producción, además de las otras obras curación radical y permanente del grave problema de los desocupados".

Contra la doctrina del "laisser faire" han surgido no sólo los socialistas, sino algunos sectores capitalistas después de la guerra mundial. A la "anarquía de la producción" se ha opuesto la llamada "economía dirigida", una de las principales conquistas de los tiempos actuales: "La dirección de la economía, escribe Lucien Laurant, según un plan, y la eliminación parcial de los impulsos espontáneos de la concurrencia, constituyen, sin duda, un proceso". Una de las consecuencias de la crisis actual es el fenómeno del *desempleo* que también sufren los países de economía incipiente, como el Perú, a consecuencia de su situación dependiente. Pero el desempleo es primordialmente una consecuencia del maquinismo, y, no siendo el Perú un país que figura entre los países-máquina, este aspecto de la crisis es menos profundo. La solución de este y otros problemas económicos se facilita, según el aprismo, por la organización de la economía, conforme a un plan.

Dando una solución a la falta de crédito y de amplio mercado interno para la absorción de productos de la gran industria, el Perú puede ofrecer, según el aprismo, ambas posibilidades: "crédito de trabajo por la aceleración de su producción interna, que habría de extenderse e intensificarse, mercado para la adquisición de elementos de producción (maquinaría, productos manufacturados auxiliares, etc.), cuya adquisición sería posible con el respaldo del crédito, que ofrecería, a su vez, la seguridad de que esos instrumentos de producción entrarían inmediatamente en trabajo, produciendo mercancías que tendrían garantía de circulación y consumo en el mercado nacional, relativamente vasto y al que sólo hay que capacitar, educar y organizar." (Haya de la Torre, manifiesto).

En todos los principios económicos del programa del aprismo se advierte la tendencia de procurar la elevación sistemática de la productividad del país. Examinándolos más en detalle es posible darse cuenta de los caminos que plantea como viables para la conquista de estos dos grandes objetivos: 1°—Defensa contra la absorción de economías más poderosas, por medio de "la nacionalización progresiva de la riqueza", y 2°—Formación de un nuevo Estado sobre las bases de la democracia funcional o económica", para hacer práctico el primer objetivo, en el sentido de mejorar a las productores de la riqueza, a las grandes mayorías nacionales.

II

Las premisas expuestas brevemente en la parte anterior sobre el plan económico del aprismo peruano nos permiten desarrollar ahora, aunque sea en forma de resumen también, las soluciones que aporta el movimiento aprista a los problemas financieros, agrícolas, mineros, etc. del Perú y a señalar las causas de una nueva política económica. Obvio es advertir que tratando el aprismo de transformar la estructura económica y social del país, de igualar el ritmo económico de todos sus estratos y de reajustar las actividades de la vida de relación, de acuerdo con las conquistas modernas, las medidas apristas comprenden todos los aspectos secundarios de la vida económica. Sin embargo, el programa del aprismo no es una lista de cosas por hacer, es la concreción de necesidades imperiosamente sentidas y ordenadas por el congreso del Partido en el que estuvieron reunidos productores y técnicos. El éxito del plan descansa en la realización del conjunto, puesto que sería inútil intentar remedios parciales o reformas aisladas.

I.—INDUSTRIALIZACIÓN

Conquistar para un país la independencia económica no es circunscribir su economía dentro de sus respectivas fronteras y encerrarse en un aislamiento orgulloso, como pretendiera hacer el doctor Francia con el Paraguay hace muchas décadas. Ciertamente, no es posible ni práctico el aislamiento en esta época. El mundo está dividido en zonas económicas, y los países deben procurar estudiar sus posibilidades naturales para conquistar un equilibrio interno que los defienda de la competencia y la absorción exterior. Dentro de la zona natural en que está situado el Perú, éste debe buscar sus posibilidades de desarrollo por medio de la explotación científica de sus principales recursos naturales. Por eso, "industrializar el Perú como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania o Japón ha de ser por varias edades imposible". Imposible, "porque la competencia y la superproducción industrial de hoy no lo permiten: porque el costo de producción de una industria manufacturera en el país no toleraría concurrir con la de los países que han alcanzado un alto grado de evolución económica, social y técnica" (Haya de la Torre, manifiesto).

El aprismo sostiene un racional desarrollo industrial del país, previo estudio de la realidad por medio del congreso económico —cuyos lineamientos ya han sido esbozados— y el establecimiento de "organismos integrados en forma funcional para el control tutelar de las actividades del comercio y la agricultura, con revisión de las pautas legales que norman su desenvolvimiento."

Como índice de la forma en que orienta su política industrial el aprismo, consignaremos las disposiciones principales que sobre minería tiene el programa. Primero, nacionalización efectúa del subsuelo y nacionalización progresiva de la industria; segundo, protección de la mediana propiedad minera; y tercero, inversión de un porcentaje de las utilidades de las empresas mineras para la creación de nuevas industrias nacionales o su inversión en acciones del Banco de la Nación. En algunos renglones de la producción minera tiene el Perú ingentes posibilidades. Así, siendo la producción peruana de vanadio la más importante del mundo, se propugne la nacionalización de esa industria, lo mismo que la del oro, del que tiene yacimientos riquísimos, en cuanto a la plata, se provecta la implantación de la industria de afinación para impulsar las industrias derivadas.

II— PROBLEMA DE LA TIERRA

Teniendo en cuenta que la agricultura es la actividad principal de la población peruana, la reforma aprista tiene en consideración: a) el problema agrario engendrado por el latifundo y b) el aspecto técnico o agrícola. La solución del primer problema no es unilateral ni uniforme para todo el país. Formación de haciendas colectivas, principalmente en Ja costa, en donde las industrias del algodón y del azúcar están muy desarrolladas, lo que hace inconveniente la subdivisión de las grandes haciendas o ranchos; fomento de la pequeña propiedad en otras zonas, cuyas características locales lo impone; y modernización de las comunidades indígenas o ayllus, que no obstante los ataques que contra ellas han dirigido y dirigen los grandes propietarios desde la conquista española, conservan gran vitalidad, principalmente en la sierra del centro y sur del Perú.

Para la solución del otro aspecto del problema de la tierra, el aumento y mejoramiento de los cultivos, el aprismo propone el apoyo oficial y técnico del Estado y obtener en reciprocidad una participación en la industria y una información amplia de la situación de la' producción y el consumo nacional e internacional.

III—COOPERATIVISMO

Forma parte del plan nacional aprista la organización de los consumidores para asegurar la adaptación de la producción a las necesidades de la población y obtener, por tanto, precios justos y equitativos. Tratando de establecer las relaciones entre los hombres, sobre la base de la cooperación, que es contraria al antagonismo provocado por el proteccionismo nacionalista y a la competencia, que causa el librecambio; el aprismo propicia el sistema cooperativo de producción y de consumo. Haya de la Torre se expresa así:

"La ausencia de grandes capitales nacionales, la necesidad de equilibrar la influencia económica extranjera que se desenvuelve sobre bases de fuerte capitalización y crédito que no son peruanos ni están bajo el control peruano, impone la formación de un vasto organismo cooperativo nacional, con la decidida protección del Estado."

El programa consigna la formación de un banco cooperativo de crédito, que cumplirá ampliamente este objetivo del aprismo.

IV.—ORGANIZACIÓN BANCARIA

Imperioso viene a ser en el Perú la canalización de las inversiones de capital extranjero y el ahorro de la nación. La organización bancaria del país debe descansar sobre nuevas bases. Actualmente, por sugestión de los consejeros de la Misión Kemmerer, contratada por el gobierno que sucedió al del señor Leguía, rige el sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos, cuya inadaptación es manifiesta a las condiciones del medio peruano. Teniendo en consideración esta circunstancia y la conveniencia de imprimirle a la organización bancaria una orientación de acuerdo con el plan de conjunto del aprismo, se propone la formación de "un banco de la nación, con filiales industrial, minera y agrícola, que atenderá preferentemente al pequeño productor y a las cooperativas." Las principales atribuciones serían: 1°—Evitar la exportación de capitales, operada en parte por la desorganización bancaria actual y por las maniobras de los especuladores, y 2°—Ejercer un control severo sobre las inversiones de capital extranjero. Débese subrayar que la política financiera del Perú ha dejado sin control los capitales, sin tener un plan económico, de tal manera que ha resultado inconveniente y hasta perjudicial.

V.—MEDIDAS MONETARIAS

Es muy deleznable el sistema monetario peruano. Los efectos de la crisis económica los siente gravemente el Perú por el inadecuado sistema monetario que prevalece, que dificulta las transacciones y ocasiona la inestabilidad del dinero y la baja consiguiente del cambio. Entre los remedios que sugirió la Misión Kemmerer para mejorar la situación económica está la implantación del “gold exchange standard” o patrón de oro para el cambio. Las críticas que desde el primer momento de su implantación hizo el partido aprista a este sistema han sido corroboradas por los hechos. El cambio de la moneda peruana no sólo es inestable, sino que su baja se ha acelerado intensamente. Por consejos de Mr. Kemmerer se estableció el sol peruano en 28 centavos oro americano, o sea al tipo vigente en los primeros meses de 1931. En los últimos días de octubre del presente año, el cambio sobre Nueva York era alrededor de 16 centavos oro por sol. El respaldo de oro de la moneda, que era en mayo de 1931 de 70.551.000 soles oro de 28 centavos, ha bajado en abril de 1932 a 42.138.031. El "gold exchange standard" no sólo ha ocasionado una forma de "inflación" o falso valor, sino que las reservas monetarias se transfieren al extranjero. Consecuentemente, el aprismo ha promulgado el abandono del “gold exchange standard", la emisión de soles de plata y el respaldo adicional de plata en barras para los billetes del Banco Central de Reserva del Perú, conforme lo ha hecho México. (Véase el Boletín número 5 de la Sección Económica del Partido Aprista, Lima, 1932).

VI—REFORMA IMPOSITIVA

Tres pilares sostienen el sistema tributario del Estado peruano: los impuestos indirectos, los monopolios fiscales y las aduanas. Las dos primeras formas de captación de ingresos han sufrido rudos ataques, y su abolición, principalmente la primera, va produciéndose paulatinamente en las principales naciones de la tierra. La crítica contra los monopolios se ha hecho desde el punto de vista de la incapacidad teórica del Estado como administrador. Esta crítica es justa tratándose del Estado de viejo tipo, organizado a la manera liberal, y cuando los monopolios tienen como objetivo los ingresos fiscales. Pero el aprismo propone la organización funcional del Estado con representación de las actividades de trabajo y de los otros factores que intervienen en el proceso de la producción. Conforme al plan aprista, sólo gradualmente y tratándose de determinadas industrias podrá asumir el Estado su dirección plena. La línea general que debe seguir, según el aprismo, es la de “intervenir" en la actividad económica para impedir la "anarquía de la producción" y fomentar el desarrollo del país.

En cuanto a los impuestos indirectos que encarecen los consumos, tales como los que pesan sobre los artículos de primera necesidad, arbitrios municipales de los mercados, los que gravan el pequeño comercio, las profesiones y las inversiones útiles de capital no trustificado serán suprimidos. Se establecerán en su lugar: a) impuesto progresivo sobre la renta en relación con la procedencia de ésta y su destino; b) gravámenes al capital inerte, al lujo y al ausentismo: c) impuestos fuertes sobre las herencias, donaciones, legados y el mayor valor del suelo rural y urbano; y d) gravámenes a las tierras ociosas.

Cuando un país espera de los impuestos a la importación fuertes contingentes para subvenir a las necesidades del Estado —caso de las naciones que no producen suficientemente para abastecer el consumo interno—, en los momentos de crisis la penuria fiscal es una consecuencia lógica. El sistema aduanero debe, consecuentemente, servir para regularizar la economía nacional, y sólo en forma secundaria alimentar los recursos del Estado. Con estos fines debe crearse "un organismo consultivo de aduanas, integrado por representación fundamental, con determinadas facultades de reglamentación en lo relativo a aranceles" (Plan del Aprismo).

VII.—NUEVO PROTECCIONISMO

Siguiendo la inspiración de intensificar la productividad del país, establece el programa aprista: fomento de la industrialización del país por medio de aranceles proteccionistas coordinados con el control de la producción, precios de venta y utilidades. Salta a la vista que este proteccionismo se diferencia de aquél otro que se implanta para adquirir hegemonía económica o para efectuar guerras de tarifas, fruto de las rivalidades comerciales. Estamos conformes con la crítica a esta desviación del "nacionalismo económico", porque pone obstáculos a la solución de graves problemas creados por el conflicto bélico de 1914-1918. Pero no se justifica cuando el "nacionalismo económico" lo realiza un país débil, de economía no desarrollada, en camino, de ser presa de naciones muy avanzadas. Defender la economía nacional y amparar las ramas incipientes de su producción es conveniente y necesario. Empero, bajo la sombra de la protección aduanera, el Estado no debe beneficiar a una minoría —hay casos en América Latina en que se beneficia sólo a un grupo reducido de personas—. Entonces se impone también la defensa del consumidor, por medio de una escala de precios de venta. De esta manera se impulsa inteligentemente el desarrollo del país sin mengua y sacrificio de las mayorías consumidoras.

VIII—CONCIERTO ADUANERO LATINOAMERICANO

La política internacional económica del aprismo se dirige a la vinculación de las naciones latinoamericanas, que integran una zona agrícola-minera, productora de materias primas, con el fin de organizar una defensa unificada de sus economías. Humberto Tejera, en el núm. 108 de "El Economista", ha propugnado con respecto al petróleo "un acuerdo entre nuestras repúblicas productoras, a fin de uniformar las condiciones fiscales de concesión, explotación y exportación, de modo de evitar que el auge de unos países sea la ruina de los otros; y también, que ese mismo auge no sea estéril ahora y debilitador en lo futuro, para las naciones que lleguen á obtenerlo." Para el APRA, cuyo programa máximo es la "unión política y económica de los pueblos de América Latina", es un camino necesario a seguir, la formación de una gran unión aduanera o de uniones aduaneras parciales, como medio de evitar "cualquier amenaza imperialista" y procurar la prosperidad para nuestros pueblos.

CARLOS MANUEL COX
México, Marzo de 1933.

*Crítica. Revista de arte, crítica y letras del pensamiento izquierdista, Año XII, Buenos Aires, 27 de Mayo de 1933, No. 265.

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