Andrés Townsend Ezcurra. Luis Alberto Sánchez en sus 81 años
Porque lo vemos todos los días, no nos sorprende. Pero debería sorprendernos, como deslumbra a quienes lejos de nosotros, cuentan con precisión rigurosa los calendarios. Se trata de un hombre que escribe un artículo todos los días, que prepara más de un libro cada año, que diserta en cátedras y tribunas, que se mantiene al día tanto en la literatura peruana y universal, como en el mundillo de la política local; que trabaja como el senador más brillante de su Cámara, se deja sentir como líder y gravita como ideólogo. Que hoy puede estar en Arequipa y mañana en Iquitos. Que no titubea en viajar al extranjero ni treparse en un avión para dictar una conferencia en Piura o en Tingo María. Que padece notoria disminución de sus facultades visuales pero ninguna de sus facultades intelectuales. Este hombre, nacido un día como hoy, hace 81 años, se llama Luis Alberto Sánchez. Es nuestro "milagro peruano". Un caso prodigioso de lucidez y fortaleza, excepcionales en un país donde los talentos se marchitan prematuramente y donde la fecundidad es virtud inestimable por lo rara. La simpatía de Luis Alberto por nuestro erudito colonial, Pedro Peralta y Barnuevo, al que bautizó como "el doctor Océano", revela las afinidades profundas de nuestro erudito ex-Rector del siglo XX con nuestro enciclopédico ex-Rector del si-glo XVII. Con la ventaja para Sánchez de una segura vitalidad de sus obras, que habrá de superar la fama restricta y barroca de Peralta.
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Luis Alberto Sánchez. |
En la literatura contemporánea de nuestra América sólo podría compararse a Luis Alberto con Jorge Luis Borges, el argentino original que ha doblado también la esquina de los 80 y que, como nuestro compatriota, у hasta más acentuadamente, padece de limitaciones en la vista. Pero el autor del "Aleph" no tiene sino el vicio y el amor excluyentes de escribir y lo hace con módica y castigada exigencia. ¿Se imaginaría uno a Borges en el Senado argentino y como primera voz en su seno y en un Partido como su patriarca indiscutido después de la muerte del Jefe y Fundador? ¿Se le concibe, como a LAS (la abreviatura es continentalmente reconocida) interviniendo con filudas y rápidas respuestas en la televisión? ¿O anotando, a diario y para periódicos y revistas, sus observaciones, ya profundas, ya irónicas, sobre los hombres, los libros y las cosas? Hablando en términos de escritura nilota, Borges cultiva el jeroglífico de las letras latinoamericanas. Sánchez el penetrante e inteligible demótico de ellas. Se le lee con facilidad y agrado, en México como en Santiago, en Caracas como en Guatemala. Hay generaciones enteras de literatos de la Patria Grande que confiesan haberse iniciado en las técnicas del oficio, leyendo las repetidas ediciones de la inquietadora preceptiva que Sánchez escribió hace más de cuarenta años. Y a veces me pregunto si un libro como el suyo ("América, novela sin novelistas") no fue un tratamiento shock, que acabó por desencadenar (según la conocida teoría del "reto y la respuesta") ese estallido pomposo de fantasía y estilo que han dado en llamar el "boom" de nuestros países, volviendo a Latinoamérica una novela de numerosos y peregrinos novelistas.
Al cumplir 81 años, debe decirse una palabra sobre Luis Alberto y la lealtad. Ha sido la suya políticamente ejemplar y enteriza. En 1930 profesó el aprismo y desde entonces no ha apostatado de su fe ni abandonó jamás la militancia. (Es un auténtico "escritor comprometido"). Los destierros y las persecuciones —del autor o de sus libros— esmaltan varias decenas de los años longevos y fecundos de su vida. Su amistad con Haya de la Torre sobrevivió los inevitables temporales de dos existencias cimeras. Y fue dolor y grande —para él y para muchos— saber que se le excluyó del lado de Víctor Raúl las últimas semanas de la vida del amigo y Jefe. A él, al compañero del Congreso Constituyente del 31, al orador de Acho que, como Manuel Seoane, expusieran el Programa en ausencia de Haya, entonces en campaña. Al biógrafo, exégeta y comentarista autorizado de la obra de Víctor Raúl. Al más eximio historiador del Apra. Al que recibió del Maestro la misión de concluir la carta fundamental de 1979, y la hizo posible gracias a su tesón, a su talento y a su capacidad de entrega.
Luis Alberto Sánchez a los 81 años, casi nos resulta legendario. Pero no es un viejo, sino uno de esos "grandes ancianos" de que hablaba González Prada, su personaje inolvidable. Su presencia y su lucidez nos hacen más inteligible y próximo a este "país adolescente", tan arduo, y a este pueblo a cuya elevación y rescate él ha dedicado su fecunda existencia.
*Oiga, 12 de octubre de 1981, p. 27.
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