Luis Alberto Sánchez: "Sobre la herencia de Haya de la Torre"

Hay que hacer una observación al respecto, en su libro Sobre la herencia de Haya de la Torre. Escrito por Luis Alberto Sánchez, con la colaboración de Hugo Vallenas. En el libro se indica que son dos los artículos que Luis Alberto Sánchez publicó en la revista Caretas —que motivaron la publicación posterior de este libro—. En realidad, fueron tres, y un cuarto que nunca llegó a publicarse. Esto lo sustento, con la revisión de la misma revista Caretas: Sobre la herencia de Haya de la Torre (I) —26 de noviembre de 1979—, Sobre la herencia de Haya de la Torre (III) —10 de diciembre de 1979—, Sobre la herencia de Haya de la Torre (III) —20 de diciembre de 1979—. Es justamente, éste último donde Luis Alberto Sánchez menciona la publicación del cuarto y último articulo sobre el tema escrito. A continuación, transcribo los tres artículos escritos por Luis Alberto Sánhchez:

I

A los 4 meses del fallecimiento de Haya de la Torre aparece con más nitidez el significado de este hecho fortuito y fatal. Tiene tal significado no sólo para su partido sino para la nación. De acuerdo con los informes y reacciones recogidos es evidente que de no haber desaparecido del escenario Haya de la Torre habría sido el candidato, si no único de tal manera predominante que no habría habido ninguna duda respecto al resultado de las próximas elecciones. A los 84 años de edad, en su primera aparición oficial pública urbi et orbi habría logrado convencer a tirios y troyanos de que en el fondo de su espíritu y de su acción había una gran tolerancia para todas las tendencias y que habiendo partido de un izquierdismo auténtico no había abandonado sus ideas principales pero admitía con indulgencia creativa la acción de ideas diferentes y hasta opuestas como una manera de completar la realidad. La situación creada por la desaparición de Haya se ha traducido en una diáspora política que introdujo dudas con respecto a la posibilidad misma de la transferencia del poder. Desde otro punto de vista, la desaparición de Haya ha acarreado consecuencias visibles en su propio partido. Tal vez no sea yo el más indicado para hablar de esto, pero creo haber adquirido con los años y con la experiencia la objetividad suficiente para ver las cosas desde uno y otro frente, desde el este y desde el oeste. Por cierto es una pretensión pero me aferro a ella.

La desaparición de Haya del escenario nacional dejó al descubierto lo que se podría llamar hoy día la aspiración de una gran mayoría de peruanos. Es muy posible que inclusive la fuerza armada habría estado sumamente interesada en la presencia de un hombre decisivo y que por sus años y su conducta significaba una garantía para todos en la cima del poder. Por eso es que algunos intérpretes precipitados pensaron que la desaparición de Haya movía a diversas fuerzas a crear un entendimiento entre los diversos partidos a efecto de llegar a un acuerdo sobre un candidato único, sospecha que es absolutamente infundada, conjetura negada de hecho y de derecho por todos los partidos. Pero solamente el haberla insinuado indica hasta qué punto conmovió a la opinión pública la desaparición del veterano político con cuya jefatura y fraternidad me honré 60 años.

La ausencia de Haya en su propio partido ha sido también motivo de especulaciones y originado desorientaciones vitandas. En primer lugar mientras él estuvo vivo el candidato natural de su poderoso partido que aglutina a no menos de la tercera parte del electorado nacional era él. No había por consiguiente preocupaciones dentro de esa inmensa masa por hallar un orientador. Las candidaturas se resolvían fácilmente. Los pueblos indicaban sus preferencias pero había un árbitro superior cuya figura patriarcal no se discutía y por tanto no surgían dificultades mayores en el seno de la institución con motivo de las elecciones a lo largo de todos los años que el partido participó en ellas. Las cosas cambiaron con la desaparición de Haya. Los hermanos adquirieron derechos igualitarios. La heredad había que delimitarla. No se podía ceder así como así ni sabía a quién cederse, Por tanto no fueron rivalidades sino cotejos y conjugaciones las que ocuparon las mentes de los apristas a partir del día en que falleció Haya y yo diría que desde antes. Porque la muerte de Haya no se produjo el 2 de agosto, Esta fecha corresponde a la desaparición física. Pero la desaparición de Haya de la jefatura del partido y de la orientación de la Asamblea Constituyente se remonta varios meses. Yo me atrevería a decir que el 11 de octubre, el primer día que Haya abandonó por algunos minutos la presidencia de la Asamblea, ya se advertían en él síntomas de la enfermedad que lo condujo a la muerte. Sin duda de ninguna especie a partir del mes de marzo y sobre todo desde el 10 de mayo concretamente en que partió para Houston, era un hecho inocultable y cualesquiera fueran las afirmaciones hechas con respecto a una posible vuelta suya a la jefatura del partido y a la presidencia de la Asamblea, éstas no pasaban de hipótesis optimistas, de buenos deseos, pero que de ninguna manera correspondían a la realidad. Por tanto sería absurdo pensar que prevista esa situación, a partir de aquella fecha que no es del todo precisa, no empezaran a moverse dentro del partido resortes, intereses, apetencias, como en toda sociedad humana que estallarían definitivamente al cumplirse el ciclo vital de Haya el 2 de agosto de 1979. Querría decir esto que ha habido 2 tiempos dentro de la estrategia y táctica del Partido Aprista: la preparación de la muerte y el resultado de la muerte misma. Por tanto el XII Congreso del partido, el Plenario de agosto y la Convención de octubre han tenido como eje la muerte de Haya de la Torre. De esto han surgido interpretaciones diversas. Los apristas no somos ángeles. Yo no aspiro a serlo. Y aunque no demonios declarados, han tenido que acometerse entre ellos con respecto a las preferencias populares, a las apetencias personales, a las capacidades individuales y a los propósitos de cada cual. Todo esto ha dado lugar a muchísimas conjeturas. El Partido Aprista Peruano fue fundado por Haya no en el Perú donde lo organizaron otros de acuerdo con él. Toda su primera etapa hasta que llegó de vuelta del destierro Haya, fue una etapa de organización, de instruir a las gentes y sobre todo de acostumbrarlas a un nuevo tipo de política que no era el de las "costumbres electorales" de la que habla Manuel Vicente Villarán en el primer número del Mercurio Peruano en 1918. De manera que a la fundación del partido todo se hizo a la vez. Lo hicimos codo a codo con Haya que espiritualmente nos acompañó y guió en todo instante. Cuando muchos partieron al destierro y otros fueron encerrados en las cárceles, él mantuvo durante 11 años la secretaría general invicta consecuencia trabajando desde la clandestinidad y asumiendo a consecuencia de esta clandestinidad todos los poderes que habían sido entregados a diferentes miembros del Comité Ejecutivo. Esto explica lo que se ha dado en llamar la autocracia de Haya. Fue un hecho inevitable provocado por las circunstancias de la persecución todo lo cual desembocó en la persona de Víctor Raúl. Desde luego, con el transcurso de los años, el ejercicio de esta autocracia, atenuado por un espíritu democrático y al mismo tiempo por el afecto fraternal entre los dirigentes del partido, fue desarrollando una técnica especial que es irremplazable. El Partido con sus reglas tenía como árbitro a Haya de la Torre. Desaparecido por consiguiente éste, quedó en el partido flotando una sensación de inseguridad que es lo que ha saltado a la vista durante los últimos 4 meses. Todo esto naturalmente explica las aparentes rivalidades, las también aparentes incongruencias en el seno mismo del partido. Pero no olvidemos algo que es fundamental. Haya de la Torre insiste mucho en la nota testamentaria del 6 de diciembre de 1965 en algo que conviene recordar y recoger. El condena muy enérgicamente a los que hablan de la vuelta a las "ideas primigenias", menciona entre ellas el Plan del partido del 23 de agosto de 1931, el Manifiesto de febrero de 1932 y todos los documentos emanados del partido hasta 1965. Pues bien, esta insistencia en que se falta a la ética del partido cuando se habla del regreso a las ideas primigenias es una clara advertencia de que nunca fueron abandonadas. Y de que por consiguiente hablar de la "vuelta" implicará pensar que se habían dejado y las ideas primigenias no se habrían podido abandonar sin negar al partido mismo. Lo que ocurre es que para aplicar las ideas primigenias hay que usar tácticas y movimientos diversos. Pero de este punto y de lo que de él fluye nos ocuparemos en el próximo artículo ya que el presente se ha extendido en demasía (1).

II

Como dijimos en nuestro primer artículo de esta serie: es absolutamente falso y contraproducente afirmar que Haya hubiese abandonado en al gún instante los principios primigenios del APRA, por lo que, propugnar "la vuelta" o retorno a ellos no pasa de un malentendido o una perfidia, pero de ninguna manera un hecho. Para esclarecer mejor he aquí lo que dice Víctor Raúl con su propia letra en la página 5 de las manuscritas notas del 6 de diciembre de 1965 en el Hospital Universitario de Hamburgo:

...Hace más de treinta años que advertí: "Todo aquel, que nos divida, enemigo es". Y así hay que señalarlo y denunciarlo, especialmente cuando se enmascare con el demagógico pretexto de "defender la línea primigenia del aprismo y volver al aprismo de 1931".

"Nunca como ahora se halla más actualizado y vigente el Programa o Plan Máximo y Mínimo de 1931. Nunca como ahora nos hemos acercado más a los enunciados fundadores de la Doctrina Aprista de 1924, a los postulados de nuestro Primer Congreso Partidario y del discurso de la Plaza de Toros del 23 de agosto de 1931. El Parlamento Latinoamericano coincidente con el progreso de los planes de continuidad e integración económica y de defensa militar coordinada, que une tantas banderas de nuestras repúblicas en un solo y grande pabellón común, sin ideales apristas que comienzan a realizarse como único medio de consolidación y resguardo de nuestra so beranía y dignidad, de nuestra independencia y progreso. 

"Hemos esperado más de treinta años para que la integración económica, política, jurídica y militar de América Latina comience a organizarse. Y hemos esperado casi el mismo lapso para que comience también a reconocerse que las relaciones entre las dos Américas sólo pueden estar justamente regidas por el lema aprista de Interamericanismo democrático sin imperio".

De lo anterior se desprende que para Haya de la Torre al finalizar el año 65, a los setenta años de su vida y a los cuarenta y cinco de fundada el APRA y a los treinta y cuatro de establecido el PAP, las ideas primigenias están contenidas también en los documentos mencionados y en su Discurso Manifiesto del 23 de agosto de 1931, y no están en pugna con el acuerdo de Coalición Parlamentaria con la UNO del 26 de julio de 1963.

La acción del APRA es revolucionaria, pero pacífica, por lo que para llevar a cabo la revolución pacíficamente es indispensable el Parlamento: así se obtuvieron las leyes de educación gratuita, del Banco de la Nación, de Reforma Agraria, de anulación de laudo sobre la Brea y Pariñas, la ley magisterial, la recuperación del petróleo, la de desarrollo departamental, etc.

La Comisión lejos de significar una concesión al odriismo resultaba la utilización de la fuerza parlamentaria de éste en beneficio de los intereses populares.

El hecho de hablar de "vuelta a los principios primigenios" como si se los hubiese olvidado, pospuesto o renegado, sería un agente de divisionismo, por consiguiente, culpable de un acto semejante o idéntico a la traición.

No somos nosotros quienes afirmamos semejante cosa: es el propio Haya de la Torre, en la supuesta vispera de su propia muerte, es decir, en arranque de la más pura sinceridad.

La discusión sobre si debe preferirse El antimperialismo y el Apra o Treinta años de aprismo, o La defensa continental, o el Discurso Programa de 1931, carece de utilidad y de sindéresis. Todas y cada una de esas piezas de la doctrina aprista que Haya no alcanzó a desarrollar en toda su amplitud hemos tratado de resumirlos en nuestros libro. ¿Existe América Latina?

Vueltos asia la realidad de los hechos y a la veracidad de las doctrinas, conviene examinar hasta que punto las aparentes modificaciones y rectificaciones del pensamiento aprista de Haya, lejos de renegar de sus principios se complementan y perfeccionan teniendo en cuenta las variantes impuestas por la cambiante realidad mundial, continental y nacional.

El punto primero del Programa Maximo del APRA fue publicado bajo el título de What is the APRA? en "The Labour Monthly" y traducido por primera vez en castellano bajo el titulo de Por la emancipación de América Latina, (Buenos Aires, 1927); dicho punto primero dice: "Contra el imperialismo yanqui". Nada más. Lo curioso es que este punto confirmado por Haya en 1927 fue contradicho por el Comintern y por boca de Julio Antonio Mella en su folleto ¿Qué es el Apra? (México 1926) acusando al APRA de atacar sólo al imperialismo yanqui, y no al británico y hasta insinúa de que Haya atacaba a los yanquis, en servicio de los britanicos, que preocupaban directamente al Kremlin. Contradice la actitud actual del comunismo que ahora sólo concentra sus fuegos en el imperialismo yanqui. La verdad es que los ingleses fueron enemigos declarados de la Revolución de Octubre y que los comunistas reaccionaban según sus intereses nacionales proyectados como intereses universales.

Frente a esa situación y a las ocurrencias mundiales de 1936, Haya apoya la amputación del término "yanqui" del primer enunciado aprista, mas no para atenuar la responsabilidad yanqui sino para extenderla al imperialismo yanqui, británico, italiano, alemán y español, o sea, Roosevelt, Stalin, Hitler, Mussolini y Franco: coalición de imperialismos contra los países subdesarrollados. El social imperialismo ruso se deja sentir entonces sólo en las zonas adyacentes a la Unión Soviética:, en China, en Bulgaria, en Hungría, Polonia y España: a partir de 1948, a raiz de la victoria aliada contra el nipo-nazi fascismo, Rusia dejará caer todo el peso de su voluntad imperial sobre Polonia, Alemania, los Balcanes, Asia Central, China, etc., el lema aprista "contra el imperialismo" demuestra su absoluta vigencia. Lejos de significar el abandono de un principio primigenio, representa su ampliación y completamiento. 

Víctor Raúl Haya de la Torre y Luis Alberto Sánchez.

No es todo. A partir de la llegada de F.D. Roosevelt a la Casa Blanca la política americana de Estados Unidos se modifica: nominalmente, el Panamericanismo se convierte en Interamericanismo ; el Gran Garrote en Buena Vecindad; el Destino Manifiesto, en Nuevo Trato, etc. La Unión Soviética, haciendo trizas sus esquemas principistas, firma primero un pacto de no agresión con el nazismo o sea, con Hitler (1938) y con los más connotados representantes del imperialismo capitalista (Inglaterra, Estados Unidos y Francia) en 1942. Los comunistas de todos los países se arrojan a los pies del imperialismo yanqui y se convierte en paladín de la libertad humana: se le entregan sin condiciones, como se ve en un folleto de Eudosio Ravines (secretario del Partido Comunista Peruano) fechado en 1938. En cambio, Haya de la Torre publica una declaración que condiciona su colaboración aprista a los aliados a su rechazo a los dictados totalitarios y al entendimiento democrático con los pueblos de América Latina: estaba muy lejos de la posición comunista de entregarse incondicionalmente al imperialismo democrático. Así lo ratifica Haya de la Torre en su libro La Defensa Continental (Buenos Aires 1942) en donde acuña el lema complementario de "Interamericanismo democrático sin imperio". Este lema contiene 3 ideas que en las notas de 1965 reitera Haya de la Torre y que son válidas hasta hoy: 1° Interamericanismo o sea integración continental sin complejos de inferioridad; 2° Democrático es decir sin dictaduras oligárquicas, militaristas, y plebocráticas: gobierno igual para todos; 3° Sin imperio o sea rechazado todo imperialismo inclusive el yanqui y el moscovita incursos en el grito: "Ni con Washington ni con Moscú" que ha sido y es el grito aprista desde 1931: las ideas primigenias no han sido abandonadas; no hay vuelta a ellas; dentro del relativismo einsteniano que comparte la regencia de nuestro pensamiento con la dialéctica hegeliana y el materialismo histórico marxista, la congelación de las ideas no tiene sentido, ni tampoco el retorno a las ya superadas. La historia es un movimiento sin retornos; la política, una adaptación del quehacer humano a la naturaleza y a la realidad temporal en que se actúa (2).

III

Uno de los puntos del pensamiento de Haya y que no ha sido refutado jamás es el que dice: "Por la unidad económica y política de América Latina” según reza en el artículo ¿Qué es el APRA? publicado en 1926 en el Labor Monthly de Londres y traducido en Por la emancipación de América Latina (1927). Este enunciado completa la concepción antimperialista; sólo se modifica de cuando en cuando al usar la expresión Indoamérica en lugar de América Latina, como ocurre en el capítulo "la cuestión del nombre" en el volumen ¿A dónde va Indoamérica? (1935). La posterior utilización interamericana del vocablo unidad por el de "integración" no cambia en nada la autenticidad y vigencia de tal concepto. Sin embargo El Comercio de Lima atacó este punto del programa aprista tildándolo de extranjerizante, internacionalista y antiperuano; y aplaudió la aplicación del artículo 53 de la Constitución de 1933 contra el APRA poniéndola fuera de la ley e impidiendo a sus miembros ser electos para ningún cargo público. Tal ataque lo empezó El Comercio en su editorial del 19 de agosto de 1931 en que censuró el desfile del APRA con la bandera peruana rodeada de las banderas de América en el recibimiento a Haya de la Torre. Tampoco pues ha habido acá ningún abandono de la posición primigenia ni tampoco ninguna necesidad de volver a ella. Más aun, como lo recuerda Haya en sus Notas del 6 de diciembre de 1965: la instalación del Parlamento Latinoamericano, obtenida mediante la mayoría parlamentaria en el Congreso de 1963, es una confirmación del Plan de unidad latinoamericano. Lo es también el artículo del Título Segundo de la nueva Constitución de 1979 en cuanto reconoce a peruanos, españoles y latinoamericanos el derecho de la doble ciudadanía sin perder la suya de origen. 

En cuanto al tercer punto del Programa primigenio o Máximo: "por la internacionalización de tierras e industrias", ello aparece confirmado en el Programa de 1931 y en la Constitución de 1979 con la alternativa de llevarse a cabo "progresivamente", y sin confundir "nacionalización" con "estadualización", este es un aspecto importante. Si por ley se decreta que todos los accionistas de una empresa sean peruanos, esa empresa queda nacionalizada; si la empresa pasa al control del estado, se estadualiza al par que se la nacionaliza. Quiere decir, y lo repetiremos con palabras de Haya de la Torre, que no toda nacionalización es estadualización, pero, en cambio, toda estadualización implica nacionalización. Si este programa no se ha llevado a cabo a plenitud, se debe a dos razones fundamentales. 1°) el APRA nunca ha disfrutado de plenitud de poder; nunca ejerció el Poder Ejecutivo y nunca tuvo el apoyo de la fuerza armada disponible para estabilizar un proceso de cambios estructurales; 2°) aunque hubiera disfrutado del Poder pleno, las condiciones materiales y tecnológicas del Perú requieren sin duda de inversiones extranjeras y de técnica foránea, sometidas a las leyes nacionales y en proporción a las necesidades у posibilidades del país. Fue una obsesión en Haya de la Torre repetir que un partido grande debe prometer sólo aquello que pueda cumplir, que le será exigido de inmediato; es privilegio de los partidos chicos la irresponsabilidad de prometer el oro y el moro aunque no se cuente con ninguno de ellos.

La anulación de Laudo de La Brea y Pariñas, la creación del Banco de la Nación son, por ejemplo, dos claras expresiones de la aplicación progresiva del principio de nacionalización, realizadas sin tener en la mano los elementos políticos, financieros y garantes de la aplicación de la ley que son características del poder pleno.

Fuente: Caretas, 20 de diciembre de 1979, p. 32.

De ahí que frente a la realizaciones coherentes y sostenidas de un programa nacionalista distinto, el APRA, por boca de Haya de la Torre, expresó en diversas ocasiones, entre 1970 y 1979, su decisión de apoyarlas y mantenerias en la medida en que sean compatibles con el desarrollo y el engrandecimiento nacional. En cuanto al cuarto punto: "por la internacionalización del Canal de Panamá", conviene recordar que cuando fue emitido en mayo de 1924, los panameños lo recibieron como el principio de una liberación. Hasta allí nadie se había atrevido a discutir la intangibilidad del tratado bilateral celebrado entre Estados Unidos y Panamá en noviembre de 1903, a las dos semanas de la independencia de Panamá y prácticamente como una circunstancia de ella. Los casos del Canal de Kiel y del de Suez eran y son aleccionantes. La internacionalización del Canal no afectaba la restauración plena de la soberanía panameña sobre la zona del canal. Posteriormente, y sobre todo a raíz de Pearl Harbor, se consideró más eficaz y seguro cambiar ese enunciado por el de "interamericanización del Canal de Panamá”, o sea que en la operación y mantenimiento del Canal participen las naciones de América a quienes interesa directamente esa vía de comunicación. Para el Perú equivale a una vía interna, por cuanto ella acorta en tiempo, la distancia existente entre su costa del Pacífico y la región amazónica. Planteada la devolución de la zona del Canal y del Canal a Panamá, dejando a este bajo su admi nistración bilateral, ha surgido, no ya como expresión del postulado aprista sino como un anhelo continental, la propuesta para que la OEA o un ente interamericano participe de la operación del Canal en sí. Ello no afecta la soberanía plena de Panamá sobre todo su territorio sin exceptuar una pulgada de él, aspiración y hecho que el APRA jamás ha cuestionado. Queda todavía algo más que decir con respecto a las ideas primigenias, lo cual será motivo del cuarto y último artículo de esta serie (3). 

(1) Sánchez, L. A. (26 de noviembre de 1979). Sobre la herencia de Haya de la Torre (I). Caretas, pp. 25 y 34.
(2) Sánchez, L. A. (10 de diciembre de 1979). Sobre la herencia de Haya de la Torre (II). Caretas, pp. 35-36.
(3) Sánchez, L. A. (20 de diciembre de 1979). Sobre la herencia de Haya de la Torre (III). Caretas, pp. 32-33.

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