Luis Carnero Checa: "Los Trabajos y Los Días"
Hablar de Luis Carnero Checa, es mencionar el nombre de un poeta y político comprometido con la justicia social en bienestar de su país. Perteneció al grupo literario de orientación aprista, denominado como «Los Poetas del Pueblo», que congregó entre sus filas a Julio Garrido Malaver, Alberto Hidalgo, Antenor Samaniego, Guillermo Carnero Hoke, Gustavo Valcárcel, Alberto Valencia Cárdenas, Manuel Scorza, Mario Puga, entre otros. Todos ellos cultivaron una poesía intrínsicamente relacionada con la lucha social. Lucha por la cual entre 1934 y 1945, militantes apristas fueron encarcelados y desterrados, como Orrego, Peralta, y Luis Carnero Checa. Llegó a ser director del diario La Tribuna, así como representante en la Cámara de Diputados, entre los años 1963-1968. Como columnista se hizo famoso con su clásica columna “Los Trabajos y Los Días”. Una serie de remembranzas históricas sobre los militantes apristas que se convirtieron en mártires, en la defensa por su ideal frente a las dictaduras imperantes. Así como, el recuerdo de personajes memorables como Miguel Grau, José Galvez, etc.
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| Luis Carnero Checa. |
Entre muchas de sus remembranzas históricas sobre los mártires apristas, destacan las siguientes:
Celso Albinagorta
Te iniciaste con la frescura de tus primeros años y el Partido aceptó tu juventud.
Apenas habías aprendido la palabra, cuando cayó sobre tus hombros la negrura almacenada en una noche, que no podíamos doblegar con nuestras manos recientes.
Tú eras, en verdad, el brote nuevo de la nueva sangre aprista.
Colocaste tu costado, tu voz inquebrantable, tu ideal de buenas ocasiones, colocaste tu vida en la lejanía de una victoria para la cual arrojaste, sobre el filo trágico de lo desconocido, el árbol incendiado de tu cuerpo.
Te conocimos en alerta, en función del volante y del petardo, te conocimos en la cárcel y en la libertad cuando con los dedos renegridos por la pólvora, escribías sobre el nuevo día, el manifiesto rebelde de tus años.
Te siguió la muerte, contándote los pasos. Cada vez que olamos tu presencia en la prisión, que escuchábamos tu risa implacable, tu alegría sonora, la fe crecía y rebasaba el límite de nuestra agonía.
Llegaban a ella como siempre, con las manos llenas de esperanza, con tus recuerdos y tus nuevas jornadas.
Llenaban y nos traías el manantial de tu fuerza intranquila, nos traías camino y nos traías aprismo.
Pero en el reducido frio de la celda, el mismo frio, el mismo hierro y el mismo verdugo golpearon tus pulmones, sangraron tu espalda y poco a poco se fué acercando hasta tu vida el viento rubio de la muerte.
Tu expresión alta y sin nubes, clara y sin aristas, fué poco a poco también, conociendo la proximidad de lo imperecedero. Tus vocales blancas aceptaron en su trayectoria el puntazo de la fiebre que jamás debería apartarse de tus venas.
Nada podíamos con la sombra que estallaba en tu cuerpo.
Nada podíamos con la persecución y con el hambre.
Nada más que luchar para salvarte.
Nada más que amar para salvarte.
Pero todo se quedó junto a tu lecho, donde tu última palabra, suave humana, dolorosa y aprista fué de reafirmación en la lucha y de esperanza en el Jefe.
Desde allá quizás escuches "La Marsellesa" levantada en el asta de nuestras voces desyugadas. Nosotros te sabemos próximo, te conocemos frutecido y te amamos fácilmente, con ternura y sin desmayo.
Celso Albinagorta Huertas nació el 23 de mayo de 1917. Fué un joven integrante de la Federación Aprista Juvenil (FAJ)-Callao bajo el Comando de Manuel Serna Valdivia. El 22 de mayo de 1943, después de ser vilmente torturado en El Frontón, Celso Albinagorta Huertas es asesinado por el régimen totalitario de Manuel Prado Ugarteche, y su cuerpo arrojado a la playa Mar Brava. En conversación con Raúl de la Cruz Sotomayor, ferviente militante aprista del Callao. Me relató que pescadores de la zona vieron un cuerpo inerte que fue reconocido por un compañero, llevando a Celso a su hogar donde fue atendido por su abnegada madre y un médico compañero (2).
Tomás Solano
Siempre nos decías:
¡Hay que tener firme el corazón!
Pero te lo doblegaron a balazos.
Preferiste que te bordara, el pecho con el plomo a romper la palabra.
Tu promesa heroica, purificada en la lealtad de la sangre de los mártires, enseñó su fortaleza y enseñó también como se muere, cuando el ideal de la libertad es el fundamento del hombre.
No levantaste tu voz, no agitaste tus secretos para salvar tu vida. Ellos cayeron contigo. Ellos te acompañaron hasta la calidez de tu tierra trujillana, cuando te sellaron la garganta con la pólvora asesina No pudieron salir de tu boca, porque en ella estaba la estrella del Partido iluminando tu sacrificio.
Se alzó el fusil para quebrar tu esqueleto. La madrugada desplegó su media luz para mirarte de frente, pero el pelotón de fusilamiento que te cargó la carne de sombras, no pudo retener el chorro de la sangre que les manchó las manos y les manchó también los guiones apagados de sus armas innobles.
Los que te rubricaron la muerte en el alba, los que te enviaron hacia los muelles lejanos y enrojecidos del misterio, los que te fletaron de desconocido, aquellos aprenderían que los apristas saben morir, como han vivido: limpios, valientes y leales. A ellos los hirió tu caída. A ellos les atajó tu cuerpo prendido de la mañana que te vió alejarse en el horizonte del martirio.
¡Tuviste firme el corazón y también la palabra!
¡Tomás Solano, hermano, capitán mayor!
¡Tomás Solano, sangre humeante, puño fuerte!
Yo sé que no cabías en la vida con tu empuje de oro, con tu altives de obrero armador de la esperanza.
Yo sé que no podías decir lo prohibido. Que no habría amenaza para hacerte saltar la vigilancia de tus juramentos indeclinables. Salvaste la línea que emprendiste en la ruta inolvidable de Arévalo y de Búffalo. Caíste con la sangre sujeta de tus labios, pero ellos se movieron sólo para saludar la victoria.
El fogonazo implacable de la historia abrió el sendero de la cinta de sol que rozó tu cabeza. Te quedaste solo, te quedaste con el silencio del muro atravesado en tu espalda, pero tú nos dijiste:
¡Hay que tener el corazón firme!
Lo tuviste hasta lo último, lo tuviste hasta que te lo doblegaron a balazos.
¡Tomás Solano, hermano y capitán mayor! (3)
Luis Rufasto
Te llevaron hasta la celda de tortura para quebrar tu silencio y romper tu lealtad.
Editabas 'La Tribuna" y caíste, como Perico, defendiéndola, y llevando los tipos de madera encendidos en la llamarada de sangre que te llenó la boca.
No podías decir, no era posible que ellos te hicieran saltar la palabra hasta sus medidas de odio. Jamás dirías donde se gestaba la voz popular. Jamás sabrían cómo, cuándo y dónde, se trabajaba con el arma más noble y querida de los luchadores apristas. Te desgarraron la piel, hincaron tus pulmones con sus bayonetas opacas, rindieron tus brazos con el golpe tenebroso de las culatas, pero el silencio cobró en tí la grandeza que tu martirio exigía.
"La Tribuna" no caería. Lo ofreciste y cumplió tu juramento su tragedia. Allí quedó, en otras manos nuevas, cálidas como las tuyas, quedó con la extrañeza de tu muerte. Cuando regresaste a tu celda, después de la tortura, cuando te devolvieron cerca de nosotros, dos esferas totales de muerte avanzaron hasta tí, te nublaron con su manto de sueño, pero sonreías, sonreías con el cuello escarlata y con los ojos abiertos a la solicitud de nuestro dolor.
De nuevo, cuando todos aflojamos el corazón y la angustia, los verdugos cayeron sobre tí. Otra vez te cargarían de terror las pupilas. Otra vez te arrancarían otro pedazo de vida pero un nuevo aliento de nobleza se sumaría a tu coraje.
Nunca escuchamos una súplica de tus labios.
Nunca te quejaste de tu sacrificio.
Tú sabías que el Partido confiaba en tí y respondiste como el buen arco, como el buen obrero, como el buen aprista. Solventaste tu vida con tu muerte. Dejaste los bronquios en el palo y en el látigo que te abrió la carne y te astilló los huesos; pero también dejaste para todos el ejemplo limpio de tu firmeza.
El trabajo nocturno del odio, del golpe, de la amenaza, te condecoraron de luz y de misterio, de aquel misterio de donde marcha el respaldo de nuestra causa y el sostén de muestra lucha (4).
José Barreto
¡Hermano, de sol a sol, de orilla a orilla de la muerte!
A todos te diste, como si fueras la mejor oportunidad de la mañana para recibir la luz. Nos acostumbramos a tu posición frente al aire que to negaban. Cuando la libertad te acariciaba, tiernamente, con la cortedad de su existencia, cuando volvías del hierro hacia la esperanza estable de los tuyos, colocadas de nuevo lo mejor de tus años y lo mejor de tus esfuerzos, al lado de nosotros, en la extensión de la patrulla que fijaba en las noches la voz del corazón.
Nadie pudo derrocar de tus manos la fe que sostenías con tus pulmones consagra dos a la lucha. Nadie fué capaz de suprimir de tus años la lealtad inmensa de tú juventud. Sólo tus bronquios amoratados por el golpe, sujetos de la cadena del ahogo, de la asfixia que te fijó el cemento de los muros insaciales sólo ellos te volcaron la sombra en los labios inmóviles que cruzaron la estrella, la madura violencia de la aurora que no alcanzaste nunca.
¡José Barreto, hermano de altura, de aprismo y de esperanza!
¡Dolorosa la nube que acompañó tu cuerpo silencioso!
¡Dolorosa la luz que se dobló en tus ojos!
Contigo, con tus hermanos, con tu angustia serena y familiar, con tus prisiones cuotidianas, con tu frecuencia mortal, con todo lo que enmarcó tu existencia clarificada de amor, con todo esa te aprendí, te recordé en los momentos altivos de la lucha, del tormento y la soledad.
Para nosotros fuiste el ejemplo de la ventura hecha blasón de pólvora insurgente.
Sobre la isla que rompió los vasos escarlatas de tu pasión, sobre el Callao que presenció tus dominios marinos y apagados, sobre la ruta arbolada que te encerraba en los presentimientos, en la mano agorera que guiaba tu tormento, callabas con la voluntad dura, con la tierna ternura de tu calor popular.
Solías hablar de los brotes suaves de la hierba, solías acompañar la soledad de las noches, con tu recuerdo inalcanzable de una mañana luminosa y silvestre, con la grandeza de tu pequeña casa proletaria, allí donde el ejemplo aprista de tu madre te enseñaba el camino limpio de la virtud. Te perdimos porque no reparaste en tu entrega incondicional a la lucha heroica que no reconocía más acción que la entrega total de nuestras fuerzas. Tú comprendiste la madera fuerte del aprista y en ella respaldaste tu corazón, elevaste tu mirada, tu aliento y tu muerte.
Por todas partes, en la esquina silenciosa de la conspiración, en tu lecho perdido en la inexistencia, en los barrotes sucios de la celda, en la ruta azulada del dominio onírico, en la puerta, en la harina que incendiaron tus manos, allí quedó el rastro de tu sangre derramada, esa sangre que defendimos, que no queríamos que te la robaran ni que se perdiere en el camino de la justicia.
¡José Barreto, de sol a sol, de orilla a orilla de la muertes! (5)
Sayari
Abraham Arias Larreta, poeta y viejo luchador el Aprismo, dirige una nueva revista titulada "Sayari", cuyo primer número es de reciente aparición y ha sido editada en la ciudad de Trujillo. Recuerdo que en la vaguedad de los proyectos que nos aconsejaba la escuela heroica de la prisión, junto con Arias Larreta ideamos para cuando la libertad nos reuniera en la fiesta de la calle libre y de la reunión abierta, la publicación de un órgano literario que respondiera y fuera el medio de expresar la posición y las obras de los poetas revolucionarios. Después de mucho tiempo, cuando al olvido había operado contra aquel proyecto Arias Larreta le da vigencia, cuando no esperábamos su aparición.
"Sayari" que traducido del quechua, quiere decir: "Poncos de pie", es la auténtica y definida resolución de los que colaboran en ella, del espíritu que siempre mantuvo alerta el corazón en medio de la tormenta dolorosa de la incomprensión y del silencio. Responde por lo tanto a lo que fué iniciativa poderosa de nosotros, los que al lado de nuestras vidas separadas, sentimos a través de las piedras la voluntad de hacer, de amor y volver de la prisión con las manos llenas de labor y de respuesta a los bárbaros heridores de la cultura.
Esta revista que comentamos y que nos alegra porque es un fruto maduro que se alentó hace ya tiempo, en la oscuridad de sinsabor constante, viene ahora desde Trujillo hasta nosotros con el olor de la tinta aprista subiendo desde sus páginas hasta nuestros ojos. Nos trae junto con la pericia incansable de su Director, todo el tesón aprista que Trujillo ha hecho sonar siempre en su aire y en las vocales valientes de sus hombres.
"Sayari", revista quincenal de Arte y Doctrina, ha sido bien recibida en Lima. Nos ha traído la voz de los apristas trujillanos frente a los grandes lineamientos del Partido. Ha recogido entre sus páginas lo que es medular en la doctrina: "Tiempо—еspасiо histórico", introducción a la sinopsis filosófica del Aprismo, por Victor Raúl Haya de la Torre, "Dos Párrafos" de Manuel Seoane, y "El A. B. C. del Aprismo”. Ojalá tenga lo que nosotros esperamos, que sostenida por la labor de los incansables luchadores trujillanos aparezca como el primer número que tenemos a la vista: con buenas firmas, con buena lectura y con gran sentido nacionalista. Nuestro saludo para "Sayari" y nuestra mejor palabra para los compañeros de Trujillo que la edites. (6)
En realidad eran dos los hermanos Arias Larreta, Felipe y Abraham. Ambos cultivaron una poesía rural de temas vernaculares, si se tiene en cuenta la crítica realizada por el maestro y crítico Luis Alberto Sánchez. Desde muy joven Abraham Arias Larreta se enroló a las filas del partido Aprista y tuvo una amplia preocupación por la política nacional y por los jóvenes que se afiliaron al Apra y tomó parte en la lucha contra el régimen tiránico y fascista de Luis M. Sánchez Cerro. Como poeta realizó las siguientes publicaciones: La baraja del Cholo (Buenos Aires, 1935) y Poemas del meridiano cholo (Lima, 1936), más tarde publicó Pregones cholos (1944); como síntesis de todo ellos, salió Poesía chola de Abraham Arias Larreta (Trujillo, 1947).
Sánchez en su tomo quinto de La literatura peruana. Derrotero para una historia cultural del Perú (1989). identifica en Abraham que al igual que su hermano seguía la ambulante y permanente cátedra de estética y filosofía perenistas de Antenor Orrego… así como el tono de la obra, que era más de protesta que descriptivo utilizando palabras indígenas a fin de peraltar los versos cholos, compensando con el vocabulario quechua la sintaxis española. (Sánchez, 1989, p. 2068).
Cántaro
Antenor Samaniego es un poeta aprista de una sensibilidad brillante y abrumadora. Dentro de su tónica andina ya resuelta en el panorama estático de nuestra costa, ha injertado el canto sutil de la sierra el modo de expresión estrictamente humano que tiene el poeta acostumbrado a los soles deslumbrantes del litoral. En su libro "Cántaro", producción auténtica de su profundo e irreal universo de imágenes, nos da la versión de su calidad serrana pero dentro de un marco en el que la angustia de la sed y el silencio de las arenas costeñas pugnan por establecer su hegemonía.
Mientras el poeta serrano canta en función de la tierra, vive con el corazón pagado al humus de su parcela, siente con la vivacidad y el colorido de los valles de su tierra y sufre con la magnitud de la soledad de los Andes, el poeta costeño abandona su dolor, su inspiración y su desgarramiento en la órbita que le da el hombre. El poeta del arenal, del valle excepcional, de la orilla del mar, del mar mismo, cubre su palabra, la alimenta y la dinamiza dentro de sus poemas en función del hombre mismo. Da su voz para salvar las distancias del hombre con su dolor ontológico, con su dolor de ser.
Samaniego, agita su espíritu y su pluma, en su nuevo libro envasando su palabra en los dos temperamentos, Parece que la Sierra se ha confundido con la Costa, que el dolor del Ande se ha compenetrado con el abandono del desierto. Feliz coincidencia que hasta hoy no ha alcanzado ningún poeta peruano. Feliz porque en tal coincidencia se abarca dos tónicas tan separadas que a veces dan la impresión de irreconciliables. "Cántaro" es esto, es la producción exacta de estos dos círculos poéticos dentro de sus dos modos de expresión y espíritu. Samaniego está bien. Ha sabido cantar con ternura, con profunda humanidad, con agonía, con revolución y con altura. Sus imágenes extensas, su estilo original y su fecunda creación de modos de expresar le han conquistado un lugar preferente en las letras peruanas. Lástima que a veces se deje llevar hacia lugares demasiado prosaicos por la abundancia de material. Si redujera un poco sus poemas, si fuera más cuidadoso con la fijación de las imágenes y con el recuento de lo que escribe, tal vez reduciría la abundancia de su producción pero mejoraría la calidad de sus poemas. (7)
Chimbote y Carlos Phillips
El pueblo de Chimbote que en las últimas elecciones le ha demostrado a todo el país su inquebrantable fe aprista y que durante el terror de los gobiernos fascistas que tuvo que soportar el Perú fué un defensor celoso y heroico de la libertad, acaba de rendir, hace pocos días, un merecido homenaje al héroe de la revolución aprista de Huaraz, c. Carlos Philips.
Cuando el pueblo aprista de Huaraz se levantó una mañana con el corazón hecho una llamarada de protesta y con las manos puestas en un fusil para retirar de nuestra ensombrecida esperanza la ferocidad de una tiranía superlativa, Carlos Philips, un aprista integro de bondad y de coraje, asumió la dirección nobilísima de aquel empuje andino, duro como las piedras de la Sierra e iluminado como el cielo generoso de nuestra Costa.
Pero la voz quedaría desgarrada en las bayonetas fratricidas de una soldadesca inconsciente, pero las manos quedarían unidas detrás de la muerte y la boca repleta de pólvora desafiando la eternidad de la luz. Allí quedaría asomando la primera letra, que es también la del Apra, entre sus labios entreabiertos y pálidos. No completarían sus maxilares el movimiento de la protesta hecha palabra, porque toda su alegría del canto se quedó en suspenso con la bocanada de sangre que nadie podría en adelante recoger.
Merecido homenaje a este héroe que empezó cubriendo a la patria con su cuerpo y merecido reconocimiento al pueblo de Chimbote que ha bautizado a la biblioteca de la Universidad Popular de aquella ciudad con el nombre de Carlos Philips. La palabra de la muerte ha resultado un signo de vitalidad profunda, porque encima de ella está la cultura dignificando la ausencia que suele cultivar lo irreparable.
El Partido del Pueblo cumple con una deuda de gratitud honrando la memoria del mártir aprista de Huaraz, aquel revolucionario que tenía junto a su corazón el impulso justo de los hombres buenos, la sagrada cautela de la libertad de su pueblo, como la figura dulce de Cristo que hasta el último momento fué motivo de su inspiración y de su duelo, porque cuando los fusiles le perforaron el pecho, él pronunció estas frases brillantes y tremendas: "Salve el Aprismo al Perú y Cristo a mi alma". (8)
Bécar y Quiroz, mártires apristas
Hace hoy siete años, que cuatro valientes soldados del Aprismo: Simón Bécar, Lino Quiroz, Domingo Arriaga y Ulises Colina burlando la vigilancia de los que mantenían alerta la dureza brillante de sus bayonetas, rompieron la helada tranquilidad de las aguas azules del mar para colocar sus pies en el litoral de la patria de la muerte. Hace siete años que en el fondo, en la arena lujosa de la hondura marina descansan sin agobio, libres de temporal y de la mordaza, los cuerpos de los apristas Bécar Quiroz, mártires de la libertad que sólo aprehendieron de ella la luz de la última estrella que se copio en sus ojos. Cuando en sus oídos se reunía ya el rumor musical de la costa anhelada, cuando ya sentían en su vida el asomo del primer brote de la lucha por reanudarse, una campanada de sombra les apagó la sangre para siempre Mientras los dedos angustiados de Colina y de Arriaga se aferraron a la línea de esperanza que buscaban, los cuerpos de Bécar y de Quiroz con el peso del cansancio prendido de sus pies hundieron en el mundo desconocido de las noches submarinas y allí con los peces rosados de sus sueños y las algas blancas de sus virtudes y sus deseas una vieja corona de agua salada les apretó la frente y las manos.
Desde "El Frontón" los compañeros con el corazón sostenido por la más noble intranquilidad contaban ansiosos los minutos que empezaban a desmadejar la aurora y con ella el anuncio de la libertad o del retorno a lo desconocido. Desde el otro lado de la orilla sólo dos hombres recortaban sus cuerpos cansados, solo dos apristas habían alcanzado el dominio de sus vidas, mientras los otros dos habían sido tocados por las manos antiguas de la ausencia.
Hoy hace siete años que en la fina soledad del mar que como un brazo de olvido separaba a los apristas, cuatro valientes compañeros ensayaron el último impulso de su vida para dignificarla siendo libres o terminarla como nombres, con la cabeza acariciada de sol y de viento o hundida eternamente en el ocaso de las aguas.
Bécar, tallo en primavera de Trujillo, trabajador, armador de la libertad y del Aprismo, terminó para siempre con la espuma del mar soliviantada en sus sienes, con el recuerdo de su tierra amada poniéndole punto final a sus ideales.
Quiroz, capitán del Sur, alto corazón mistiano que en el último anuncio de la agonía se le abrió el costado y la espalda golpeada por las olas, nuestro recuerdo a tu memoria, al heroico sacrificio de tu vida y de la de tu compañero de siempre, el ejemplo invalorable de tus arrojos, al calor eterno de tu ausencia que nunca arriará sus estandartes de nuestro recuerdo. (9)
Manuel Cerna Valdivia
Hoy se cumple un nuevo año de soledad y de recuerdo.
Un nuevo año que duerme Cerna Valdivia entregado a la gloria de su libertad eterna. Un nuevo año que yace perdido en la pureza de los ritos submarinos.
Por eso hoy, la Juventud Aprista Peruana, rinde su más entrañable y apasionado homenaje al compañero que repartió su vida en la brillante superficie del mar, para darles la mano, firme y noble, a los compañeros que acumulaban días de lejanía en el corazón.
Cuando su barca, sencilla y sin retiradas colocaba ya su proa encendida en la dureza de la playa insular, como un golpe dorado de muerte lo alcanzó la inmortalidad.
Próximo a la palabra ansiada de los suyos, de los nuestros su boca se llenó de sal, de azul, de amargura y de plomo. Lejano ya de la vida, ausente de la luz brota su ejemplo como si en el centro de la tierra crujiera la chispa primigenia de la vida.
En el momento que los valores retiradas, colocaba ya su proa en vigencia en nuestra patria, Cerna Valdivia, soldado reciente del Partido, ennoblecido por la lucha y el sacrificio coloco su cuerpo y su esperanza en gesto de almirante de la libertad y se lanzó a la empresa de arrebatarle a la prisión unos cuantos condenados. Pero frente a él estaban los fusiles desafiando la aurora presentida. Frente a su coraje estaba el muro de pólvora que la mano del crimen había levantado para apagar la vida. Frente a él la rotunda negación del alba.
Las balas rompieron su perfil de capitán. Las balas dominaron su pupila con la llama del plomo, pero no rompieron el tronco inaccesible de su valor y de su pureza aprista.
Su ejemplo heroico, su sacrificio, son la voz de toda la juventud peruana que no teme a la muerte cuando sabe que sobre ella se levanta siempre altiva, brillante y triunfadora, la vida, la libertad y la Justicia. (10)
La mañana del 24 de abril de 1941, es asesinado el c. Manuel Cerna Valdivia. Se enterraron sus ropas en un ataúd envuelto en bandera aprista en el cementerio Baquijano y Carrilo, para quien en todo momento el Partido estaba primero, inclusive de su propia vida.
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| La Tribuna, 24 de abril de 1946, p. 6. |
“No mamá, el Partido está primero, la gente tiene que saber que el APRA existe, que está viva”. Ésta era la repuesta que con frecuencia daba Manuel cada vez que su mamá, la militante aprista Blanca Valdivia de Cerna, le pedía que cenara o descansara antes de salir a media noche para realizar las pintas, repartir el PAN CALIENTE, volantear a veces solo o por lo general acompañado de Celso Albinagorta o Félix Tristán —versión de la militante Tessy Bartra Claros —. Y por supuesto del libro de Rómulo de la Cruz Azabache, INMORTALIDAD Compañero 80 y de la conversación con su hijo Rómulo de la Cruz Sotomayor, quien me comentaba que era la misión diaria que hacían los jóvenes mártires de la FAJ, sin necesidad de directiva expresa, cada compañero por voluntad y convicción propia asumía con el objetivo de hacer saber a la población que el Apra existía a fin de contrarrestar la propaganda que hacían las dictaduras de turno cada vez que caía preso o daban muerte a líderes apristas como Manuel Arévalo, Luis Negreiros Vega calumniados como “fanáticos terroristas”, “delincuentes”, “criminales” por la prensa antiaprista, como El Comercio; o ya sea que murieran en “El Frontón” como Víctor Manuel Peralta o lo dejaran salir de prisión para llevarlos agónicos a sus casas a causa de las torturas que sufrían, como Celso Albinagorta para amedrentar y socavar el espíritu y la moral aprista sin saber que lo único que originaban con ello era fortalecer más sus conciencias y mística aprista ya que más jóvenes se sumaban como Carlos Cerna Valdivia, hermano de Manuel, quien participará también años después en la revolución de 1948 en el Callao, de tal manera que cuando la dictadura lograba destruir células apristas por muerte o prisión Víctor Raúl nunca dejaba de organizarlas para continuar la lucha contra las tiranías.
Es importante recalcar, la figura de Rómulo de la Cruz Azabache, quién sufrió persecusión, cárcel y torturas. Además, en El Frontón y El Sexto fueron sus verdaderas escuelas, me relató su hijo Rómulo de La Cruz —lamentablemente ya fallecido—. Me comentó que la estirpe mochera de su padre, se cimentó en su arte de burilado, dibujo, pintura; y por supuesto, en la poesía.
Volviendo al trabajo realizado por Luis Carnero Checa, entre sus múltiples escritos, destacan las crónicas que realizó para el diario La Tribuna, como acompañante de viaje de Víctor Raúl Haya de la Torre. Crónicas que por la extensión de las mismas, las publicaré proximamente.
Referencias bibliográficas
(1) Checa, L. C. (18 de octubre de 1945). Celso Albinagorta. La Tribuna, p. 11.
(2) La fundación de la Federación Aprista Juvenil (FAJ), se realizó el 7 de enero de 1934, a la altura de la cuadra 10 del Jr. Lampa —otrora Calle los Pobres—, donde Armando Villanueva del Campo fue su primer Secretario General. Entre sus fundadores: Andrés Townsend Ezcurra, Pablo Silva Villacorta, Roberto Martínez Merizalde, Humberto Silva Solís, Nicanor Mujica Álvarez Calderón, entre otros destacados jóvenes.
(3) Checa, L. C. (20 de octubre de 1945). Tomás Solano. La Tribuna, p. 10.
(4) Checa, L. C. (22 de octubre de 1945). Luis Rufasto. La Tribuna, p. 12.
(5) Checa, L. C. (29 de octubre de 1945). José Barreto. La Tribuna, p. 4.
(6) Checa, L. C. (31 de octubre de 1945). Sayari. La Tribuna, p. 6.
(7) Checa, L. C. (12 de noviembre de 1945). Cántaro. La Tribuna, p. 6.
(8) Checa, L. C. (10 de febrero de 1946). Chimbote y Carlos Phillips. La Tribuna, p. 10.
(9) Checa, L. C. (19 de marzo de 1946). Bécar y Quiroz, mártires apristas. La Tribuna, p. 7.
(10) Checa, L. C. (24 de abril de 1946). Manuel Cerna Valdivia. La Tribuna, p. 6.




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