Viajando con Haya de la Torre. Por Luis Carnero Checa

Las 35 crónicas de “Viajando con Haya de la Torre”, por Luis Carnero Checa, uno de los “Poetas del Pueblo”. Correspondieron al peregrinaje que realizó Víctor Raúl Haya de la Torre, con Luis Carnero Checa a través de Colombia, Venezuela, Panamá, Costa Rica y Guatemala. Un conjunto de relatos con una riqueza descriptiva que amalgama lo político, lo histórico, lo cultural y lo geográfico.  Fueron enviadas a la redacción de La Tribuna para su respectiva publicación, desde el primero de ellos, titulado Lima-Quito-Cali —16 de abril de 1946— y el último de ellos, Haya de la Torre y su mensaje a América —27 de octubre de 1946—. 

La recepción en los distintos pueblos por los que recorrieron en Colombia y Venezuela; este último, por su cercanía con el propio Haya de la Torre y Rómulo Betancourt y Acción Democrática. Me refiero al evento realizado en la plaza de toros de Venezuela, donde las banderas de Acción Democrática se entrelazaron con las banderas del Apra, adornando las galerías de la Plaza. Los vínculos que mantuvo en Costa Rica con Joaquín García Monge y su clásica revista de difusión continental Repertorio Americano, donde escribió alrededor de 73 artículos de Haya de la Torre, muchos de ellos a la persona de su director.  Revista considerada por investigadores como la revista más prestigiosa de la historia cultural de Costa Rica. 

Víctor Raúl Haya de la Torre y Luis Carnero Checa.

En Guatemala, como un recuerdo del pasado, en julio de 1928, el líder del APRA visitó Guatemala. Alrededor de un mes, Haya de la Torre dio conferencias, realizando una gira política por el altiplano occidental y en Quetzaltenango fundó el Comité Ejecutivo Centroamericano del APRA. Es sin duda, unas crónicas que se entremezclan por países que tienen un significado especial en Víctor Raúl Haya de la Torre y los inicios del APRA. Sin olvidarme de Panamá, donde fue deportado a por Leguía el 9 de octubre de 1923 con 28 años. A continuación, las 35 crónicas escritas por Luis Carnero Checa, que se publicaron en La Tribuna:

Lima-Quito-Cali (1)

El avión, bruñido cetáceo de metal, tiene capacidad para 25 pasajeros. En los últimos asientos se acomoda el c. Víctor Raúl con la mirada lejana puesta en el campo de aviación donde los compañeros agitan sus pañuelos blancos de despedida y de fe. Varios pasajeros, la mayor parte gringos de regreso a Norteamérica, leen diversas revistas que les facilita un atento y cordialísimo empleado de la Compañía de Aviación.

La costa árida coloca en el paisaje una nota de soledad y de sed. Recordamos los relumbrantes cuadros de Macedonio de la Torre y su carga emocional dormida en el calor de cada pincelada. Recordamos el antiguo trajinar de nuestros arrieros brillantes de sudor y de esperanza, el larguísimo viaje de los ómnibus que atraviesan tos departamentos norteños y el último discurso del c. Jeje, en uno de cuyos pasajes precisó la capacidad productiva de nuestra costa sobre la base de un amplio plan de irrigación. 
En Chiclayo, baluarte de Aprismo y forzosa estación de descanso, el c. Jefe recibe el saludo de los miembros del Comité Departamental del Partido. No nos explicamos cómo los compañeros de Chiclayo se habían enterado de que el viaje debla realizarse hoy. No lo sabíamos nosotros ayer a las 5 de la tarde y hoy a las 11 de la mañana recibimos el caluroso, abrazo de los lambayecanos.

Más arriba del mapa, Talara, punto de aceite y de trabajo, nos da una sorpresa: cientos de compañeros dejando las fábricas habían acudido al campo de aviación a saludar al Jefe, a darle el saludo de los trabajadores de los asientos petrolíferos y a desearle el mejor de los éxitos en su gira continental.

Media hora más, y a travesamos la frontera con el Ecuador. La vegetación exuberante del trópico es apenas una visión liliputiense desde la altura del avión. Los grandes árboles son motas de un verde oscuro y el amplio y fresco río Guayas es una boa de estaño que introduce su cabeza en las azules aguas del mar.

Guayaquil descubre a nuestra vista sus casas de madera, algunos de sus edificios de cuatro pisos y el calor sofocante de su posición geográfica. En el aeródromo los peruanos residentes en el puerto esperan la llegada del c. Haya de la Torre desde hace varias horas. El Gobernador de la ciudad, las autoridades municipales y militares le expresan el afectuoso saludo del Presidente de la República y del pueblo de Guayaquil. Diez minutos y el avión levanta el vuelo rumbo a Quito. Como en el Perú, los pañuelos blancos de los apristas que están radicados en el puerto se levantan como banderas de cariño despidiendo al Jefe y a su comitiva. 

Nos remontamos hasta la altitud maravillosa de los Andes ecuatorianos y una hora después el paisaje miliunanochesco de Quito nos sorprende con su tranquilidad y su verde suave y atrayente.

Todos bajamos menos el afable compañero de viaje, Enrique Dammert Elguera, que tiene la altura clavada como un espadín de sueño. Pálido y somnoliento sufre la mala pasada del mareo que no respeta su alta investidura parlamentaria.

Dos horas más tarde, Cali brinca sobre el paisaje y nos ofrece la hospitalidad de Colombia, el afecto de sus gentes y la dimensión de su categoría fraterna y noble. Colombia y su pueblo nos reciben con el cariño íntimo y saludable que es propio de América.

Viajando con Haya de la Torre (2)

Si algún pintor tu viese el privilegio de poseer la Lámpara de Aladino y la frotase pidiéndole un paisaje, seguramente el aparecido no superaría en belleza al famoso Valle del Cauca de Colombia.

En este escenario de verdor maravilloso, a la orilla casi del rio, entre Popayán y Medellín, se levanta la sugerente y calurosa ciudad de Cali, engreída entre las engreídas, lírica entre las líricas y cordial entre las cordiales. 

Llegamos a Cali a las 5 y 30 p.m. En el campo aéreo esperaban al Jefe las autoridades civiles y militares del departamento: el Gobernador Hormoza Córdoba, líder liberal; el Secretario de Educación; los miembros del gobierno regional, de la Comuna, de los círculos sociales y obreros de la ciudad. El primero en poner pie en tierra colombiana es el c. Victor Raúl. Su cabeza de dominios terrestres con su perfil borbónico recorta sobre el azul añil del cielo de Cali. En seguida Jorge Idiáquez, con su antigua cartera negra, testigo de tantos sinsabores y de tantas alegrías. Luego Dammert Elguera, con la palidez del mareo marcándole el rostro y por último, el cronista que hilvana estas líneas.

—Cali es una ciudad bella. Está separada del campo de aviación por la friolera de 15 kilómetros, en cuyo recorrido apreciamos el generoso regalo de la tierra colombiana parecida a los valles del Chira y del Tumbes. Llegamos a la ciudad cubiertos de polvo pero llenos de alegría, de una euforia americana y de un singular orgullo de apristas.

—Cali cuenta en la actualidad con 150.000 habitantes y es la cuarta ciudad de Colombia a pesar de que hay una enorme distancia entre el mar y su posición geográfica. En ella encontramos a dos compañeros peruanos, buenos y generosos apristas que vinieron a dar a este lugar pletórico de luz y de armonía en los tiempos que en el Perú los déspotas desgobernaban desde el Palacio de Pizarro. La colonia peruana cuenta con 22 miembros: 11 hombres y 11 mujeres contando, por supuesto, al Cónsul, que hace dos años y medio que no visita Lima.

—Llegamos al Hotel Columbus que cobra 10 dólares por habitación. Allí esperaban al Jefe los representantes de los diarios de Cali y de Bogotá, de manera que, inmediatamente, en una conferencia de prensa, el c. Victor Raúl expuso su pensamiento, el objetivo de la gira y los alcances continentales de su misión. Los representantes de los diarios "El Tiempo de Bogotá, de "El Liberal", del mismo sitio; de "El Espectador", de idéntico lugar y de los periódicos "El Relator" y "El Pacífico", de Cali, le interrogan sobre puntos de carácter politico, social y americanista. 

—La recepción de los colombianos no pue de ser más simpática. Profundamente impresionados con la visita del c. Jeje nos atienden con una fineza y simpatía que bruma y a pesar de que la gasolina está racionada ponen a nuestra disposición los automóviles de la Gobernación y un avión militar.

—El Gobernador nos agasaja con una champañada y todos somos declarados huéspedes ilustres de la ciudad. Esto me hace recordar parece mentira, a la vieja ciudad andina de Ayabaca, tal vez por lo de ilustre, tal vez por lo generoso de la gente que nos rodea, no sé, pero esto me hace pensar en la mencionada provincia serrana. 

—En toda la república la vida está muy cara. Aquí, en Cali, un litro de leche cuesta treinta centavos [S/. 1.20]; un kilo de carne, si tenemos en cuenta que el sol se cotiza a 25 centavos colombianos, se adquiere por la cantidad de S/. 4.00; un kilo de arroz se compra por cincuenta centavos [S/. 2.00]; un kilo de frijoles se puede conseguir por la cantidad de 35 centavos [S/. 1.40]; un par de zapatos modestos tienen un precio equivalente a los S/. 100.00 y una botella de whisky tiene un precio equivalente de S/. 140.00.

—Los especuladores también tienen sensadas sus tiendas en estas tierras norteñas. Familiares de los traficantes de todas partes de América compran los artículos de primera necesidad, los guardan bajo siete llaves en sus arcas sin fondo, para venderlos después a precios prohibitivos. El gobierno del doctor Ospina Pérez está tomando medidas radicales para terminar con esta situación por demás odiosa y una de esas actitudes de emergencia la constituye el decreto reciente que suprime los créditos bancarios, estableciendo un estricto control de precios.

—Anoche asistimos a manifestación de la que nadie quiere echarse la culpa. El pueblo de Cali salió a las calles manifestando su protesta contra la especulación, contra los hambreadores del pueblo y contra los que abusan de la paciencia de las clases modestas. Sin embargo nadie se ha asustado de esta actitud democrática y balsámica. Nuestros conservadores, mejor dicho, nuestras reaccionarios limeños, se asustan de cualquier vientecillo ligero que cruza las calles de Lima porque creen que peligran sus bolsas llenas de oro. Me imagino que se les pondría la carne de gallina si alguna vez a nuestro pueblo se le antojara como al de Cali, salir por el Jirón de la Unión a levantar alta su protesta contra los viejos filibusteros de la decencia nacional. 
Cali, 12 de setiembre.

Haya de la Torre en Palmira (3)

Palmira es una ciudad que forma parte del escenario donde se desarrolló la novela "María" de Jorge Isaacs y que se encuentra a 38 kilómetros de la capital del departamento o sea de Cali. Aquí las gentes guardan un religioso recuerdo de la trágica y apasionada vida romántica del novelista cauqueño. Aún en el campo aledaño, afirman los habitantes de Palmira, los campesinos escuchan la voz de María enredada en la luz tierna y suave de las estrellas. En una hacienda cercana fué donde Maria turbó la mirada de los sencillos y humildes hombres del valle y allí también fue donde la muerte la volvió a la sombra de los días anteriores e inéditos.

—El compañero Jefe ha sido invitado a Palmira por las autoridades del lugar donde se le ofrecerá un almuerzo campestre. El, Jorge Idiáquez y Dammert Elguera viajan hasta Palmira en autoferro, nombre que aquí se le da al vulgarísimo auto vagón de nuestro país. En compañía del c. Lavado, un peruano residente en Cali hace muchos años, viajó a Palmira por la carretera que sufre los em bates de una vegetación imperialista y solemne. Casi toda la población alada de nuestros campos norteños salpican de trinos y de color los árboles del valle: los guardacaballos, las chirocas y los chilalos son también en estas tierras abiertas a la alegría, los que escriben la historia de la música elemental.

—En Palmira esperaban al Jefe Liberales y Conservadores, obreros y campesinos, periodistas y pequeños propietarios, toda Palmira se ha volcado a la estación para estrechar la mano de Víctor Raúl Haya de la Torre. Llego antes que el Jeje a la estación y mi corazón de peruano se hincha de orgullo y de alegría, se llena de emoción y de esperanza mi espíritu aprista, pensando al mismo tiempo en Lima lejana, con su pueblo consciente y nuevo como éste que espera al Jeje y en su palabra, la dimensión espiritual de la tierra de los Incas.

—El Jefe ante el entusiasmo de los hombres de Palmira, me dice que el calor del recibimiento le hace recordar al Perú. Y esto es cierto, muy cierto, porque la personalidad continental deslumbrante de Victor Raúl, alumbra los litorales comunes de Indoamérica, el Ande y la Selva, el mar y el color. Hacemos un recorrido en la ciudad. Lo que más nos impresiona es la torre de la Iglesia del Rosario, que alcanza la altura de 67 metros. Alta, multicolor y enchapada en orgullo y materiales metálicos se distingue como faro religioso desde varios kilómetros a la redonda. Otra torre también singular y a tractiva es la de los Carmelitas. Es calada y de estilo gótico, de un gótico acriollado que le quita fuerza a la arquitectura y calidad a les buenos recuerdos de lo que es un estilo serio. 

—Palmira es la capital agrícola de Colombia. Aquí funciona la Granja experimental más prestigiado de la República donde 30 producen unos limones hiperbólicos, naranjas imprevistas en nuestra imaginación y paltas, que si no fuera por el respeto que merece Morropón, diría que son las mejores del mundo. La Granja es inmensa con una cantidad prodigiosa de huertas, con un cuerpo, técnico de ingenieros y muchos departamentos donde se realizan estudios serios sobre la siembra y cosecha de la caña de azúcar, del algodón, del arroz y todas las plantas que producen estas tierras. 

—Nos sentamos a la mesa rodeados del cariño y la cordialidad de los caleños y los habitantes de Palmira. Los liberales y los conservadores, viejos, y nobles rivales de la política colombiana, toman asiento unos al lado de los otros con la seguridad del respeto mutuo, de la convivencia digna y la conversación feliz y pedagógica. Toda Colombia es una fraternidad liberal-conservadora a pesar de la victoria espectacular del conservatismo. Nadie pelea ni recurre a los palos y a los puños cuando discute sus puntos de vista. Nadie hace labor obstruccionista al gobierno que no responde sus ideales políticos. Acá la oposición tiene su sentido patriótico y progresista, a diferencia de nuestros políticos reaccionarios que no reparan en herir profundamente la dignidad del país con tal de asegurar para ellos las prebendas y privilegios que procuran absurdamente reconquistar.

—Los liberales, como todos sabemos, se dividieron en las últimas elecciones. Dos hombres capitanearon dos bandos. Gabriel Turbay por la derecha, según dicen y Jorge E. Gaitán, por la izquierda, según dicen también. Esto les dió la victoria a los conservadores hábilmente dirigidos por Laureano Gómez, una de las figuras cimeras de América. Pues, gaitanistas y turbayistas, a pesar de que se reprochan mutuamente mantienen el más aleccionador contacto cívico sin romper la línea de respeto que se merecen.

—El almuerzo dominado por está una franca alegría. Brindis por Colombia. Y brindis por el Perú. Vivas al Aprismo y vivas al c. Jefe. Todos los colombianos miran a Haya de la Torre como al campeón de la fraternidad americana y se lo dicen con la sencillez y cariño que les son características. Me informa un vecino, un teniente de la Aviación Colombiana, que por primera vez visita Palmira que el valle del Cauca es la tierra más hermosa de Colombia. Yo guardo mi opinión hasta que visite Popayán, la ciudad universitaria de Colombia.

—A las cinco partimos para el campo de aviación para dirigirnos a Popayán en un avión militar que el gobierno ha puesto a disposición del c. Haya de la Torre. Es una máquina que lleva el nombre de un Jefe Chibcha y que nos pone en, veinte minutos sobre el campo de aviación de la muy ilustre y nobilísima ciudad de Popayán, tierra de los Mosquera y de los Arboleda.
Popayán, 12 de setiembre.

Haya de la Torre en Popayán (4)

Popayán es la capital espiritual e histórica de Colombia. Situada más cerca del Ecuador que cualquier otra ciudad colombiana goza de un clima maravilloso: ni el calor sofocante ni el frío excesivo, tal vez por esto es la ciudad universitaria por excelencia y nacieron allí 14 presidentes de Colombia, la mayoría de los próceres y el poeta Guillermo Valencia, cuyo recuerdo abarca la vida espiritual integra del pueblo payanés. Llegamos en un avión militar con un paladeo de altura en las palabras y con la frente refrescada con el suave viento del valle del Cauca. En el aeródromo esperan al Jeje toda la población universitaria e intelectual de la celebérrima ciudad colombiana. El Gobernador doctor Bonilla Plata, nos ofrece la virtud de su amistad incondicional y el Rector de la Universidad del Cauca nos brinda el mejor de los saludos. El Jeje ex rodeado por los estudiantes, los profesores y los políticos. Haya de la Torre es tan popular y tan querido en Popayán como lo es en Trujillo, su tierra natal. Nos cuenta el Rector de la Universidad que no falta en la biblioteca de la Universidad de Popayán ni un solo ejemplar de las obras publicadas por el Jefe y que el Aprismo es un tema familiar y lleno de atractivo, especialmente entre el elemento joven de la población.

—Sin exageración podemos afirmar que In ciudad está de fiesta, digamos mejor, de fiesta extraordinaria, porque la luz, el clima, el ambiente cultural, la tradición cívica e histórica de Popayán mantienen al pueblo en fiesta continua, pero fiesta en el sentido de alegría afirmativa, porvenirista y alumbrada de amor. Del campo de aviación a la ciudad misma, apreciamos la campiña casi feérica de los alrededores, la alfombra multicolor de las estancias sembradas de arroz y de uva, de café y de sencillez y en todos los lugares de tránsito la alegría saltando en los ojos y en los labios de los payaneses. En esta ciudad, especie de Changrilá colombiana, no existen suburbios ni miseria. Todos los habitantes están rosados, orgullosos y serenos, tocados del sol de América y del ideal fulgurante del Libertador.

—Tanto hay que escribir sobre Popayán que en realidad los anaqueles de una biblioteca común no tendrían el suficiente espacio para guardar los libros que sobre ella se pueden tejer. Es la ciudad de los Presidentes, de los poetas, de los héroes y de los valientes. Aquí nacieron los Mosquera, famosos patricios colombianos que escribieron una de las páginas más gloriosas de la lucha por la independencia americana. En Popayán nació Caldas, el héroe de la independencia colombiana y nació también el último de los poetas mayores de América: el Maestro Guillermo Valencia. En Popayán también se dice, como en Trujillo, que tiene bajo su suelo enterrado una castillo del Hidalgo de la Mancha y en realidad tienen algo del Quijote: poseen su espíritu generoso, idealista y abierto a la luz de los ensueños nobles y fecundos. 

—En la noche, el Gobernador del departamento le ofreció a Jefe un banquete inapreciable en los salones del Club Social, al que acudió toda la sociedad payanesa. No tuvimos oportunidad de acercarnos a él en ningún momento que duró la recepción: los estudiantes e intelectuales lo rodearon para escuchar su conversación fácil, su palabra maestra y las impresiones que le había causado la visita a Popayán. Recordábamos con Jorge las noches inolvidables de Chota Izquierda y de LA TRIBUNA, donde el afecto de los compañeros sitúa al Jeje siempre en busca de su consejo y de su orientación.

—Visitamos la Iglesia de San Francisco, antiguo convento del siglo diecisiete, construido con piedra y fervor místico. Un púlpito de riqueza medioeval nos muestra la escritura del fuego. Hace 20 años un rayo a travesó el techo de la iglesia y evaporó un pequeño santo inocente que adornaba la parte más alta de la tribuna sagrada. Desde entonces les payaneses se sienten tocados de la bendición divina y a gradecen a Dios su expresión pirográfica y temible. En la capilla hay varios cuadros que representen cabezas de apóstoles, pinturas obsequiados por un Papa, al entonces obispo de Popayán. Melchor Cisneros, que más tarde ocupó en el Perú el alto rango de Virrey. En una pequeña urna de cristal se exhibe manuscrito que contiene un poema de Santa Teresa y que fué traído a Popayán por Lorenzo de Cepeda, hermano de la mística española. El Jefe expresa su admiración por la riqueza que guarda el jubilado convento de San Francisco, sin calcular que después una custodia de incalculable valor nos deslumbraría la imaginación. La custodia que nos muestra el capellán tiene 80 centímetros de alto y pesa 20 kilos. Toda está hecha de oro cincelado tal vez por el espíritu de Cellini, tal es la maravilla de su silueta que nuestro pensamiento remontando la historia extrae del recuerdo la mágica virtud del genio italiano. Esmeraldas que se calculan en un valor de dos millones de pesos colombianos adornan la custodia, rubies, diamantes, amatistas y zafiros advierten a nuestro silencio la categoría lujosa del espíritu católico.

Esto en Popayán. Mucho más veremos y también mucho más escribiremos sobre la bellísima tierra del Cauca. 
Cali, 12 de setiembre. 

Conferencia del jefe en Popayán (5)

Popayán es una palabra que rebasa propio contenido para adquirir la levedad del sueño. Dentro de sus límites urbanos la sombra ilustre de Bolívar vigila su destino, y la palabra señera del Libertador se levanta como señuelo y como estandarte de esperanza. En la Universidad, antiguo edificio donde la gloria cosechó sus rojas semillas frutecidas, al pie del poema "Popayán" de Guillermo Valencia y teniendo como background el violento mural del pintor Efraín Martínez, la presencia de Haya de la Torre, su verbo estremecido y sus ideas apasionadas marcan nuevos hitos en la senda rescatada del ideal unionista de los pueblos de América. Frente a los estudiantes y maestros payaneses, próximo a la firma del poeta de "Anarkos" el Jefe interroga a la Historia y desde las fúnebres coronas marchitas del recuerdo bolivariano ensarta en el espíritu de los hombres nuevos, el viejo y dorado hilo perdido del sueño de Bolívar. Habla del Perú, del Aprismo y de su escuela de amor y de fraternidad, del nuevo concepto de la democracia, del sacrificio y de la lucha que pone pavor actualmente en la mente de los hombres que sienten acercarse una nueva pesadilla de plomo y de humo fratricida. Habla de la necesidad perentoria de la unión americana y termina con las frases del pequeño capitán de la Libertad: "Unión, unión, sinó la anarquía os va a devorar". Les payaneses entonan en sus espiritas el himno de la comprensión y del deslumbramiento. Creían en Haya de la Torre y ahora creen en Haya de la Torre y en el pueblo peruano. Haya y Bolívar comandando el ideal imperecedero de la unión indoamericana como garantía de siembra y de cosecha libertaria.

—Después de la conferencia, el Rector de la Universidad doctor José Ignacio Bustamante, poeta y maestro, nos enseña un manuscrito del año 1545 que guarda una firma de Blasco Núñez de Vela, el primer Virrey del Perú. Nos explica que Popayán fué una vez sede del gobierno virreynal peruano en los años en que Blasco Núñez de Vela perseguido y acosado por Gonzalo Pizarro fué a buscar refugio con hatos y garabatos en la bella ciudad colombiana. En Popayán reorganizó sus fuerzas que desbaratadas en la batalla de Añaquito, en un juego de espadas y de mosquetes, le trocaron la victoria por la muerte y el cuerpo por un palo grosero, puesto que en la madera patibularia su cabeza apagada dejó de mirar los campos amplios y brillantes de América.

—Después visitamos la casa del poeta Guillermo Valencia que desde que era muy joven ostentaba el título de Maestro. Su hijo el señor Pio Valencia nos recibe con cordialidad y afecto y nos recibe también en igual forma el ancho patio cubierto de violetas, pletórico de lirismo y de música, ligero de armonía y fragante de recuerdos inmortales. Es la casa más bella de Popayán. En ella los patios y las piedras, las sillas coloniales y los escudos de armas nos dejan un sabor a España, en las manos y en los ojos. Casi con religiosidad avanzamos con un temor sorprendido por las escaleras de piedra, oleamos el paisaje de sus mundos callados y perdidos, mientras el espíritu del poeta nos alumbra el alma. En la casa vive actualmente Sanin Cano que no lo hallamos por encontrarse en Bogotá. Sanin Cano borda ya la muerte y borda también la tela maravillosa de la poesía. 

—En la casa del poeta, dormida sobre una de las paredes de su despacho, la última firma de Bolívar nos atrae con su nerviosidad implacable y en ella advertimos ya los primeros coqueteos de la muerte. Junto a la firma del Libertador hay una carta de Rubén Dario; y Poeta y Libertador, pluma y espadas, nos sacuden el corazón de orgullo americano. Más allá, en una arna de cristal, el bastón de Sucre, el escudo de los Condes de Casa Valencia, la cama donde murió el poeta; y más allá sólo el silencio de la ausencia irrescatable. 

—Después visitamos la casa del General Tomás Cipriano de Mosquera y el Panteón de los Próceres, partiendo luego a Cali, donde el c. Jeje estaba invitado por el Municipio a dictar una conferencia sobre "Aprismo e ideal bolivariano". 
Cali, 13 de setiembre.

Viajando con Haya de la Torre. Haya de la Torre en Medellín (6)

Medellín es la capital industrial de Colombia y es también la capital del departamento de Antioquia que se encuentra clavado en el corazón de la República. Desde el avión que nos conduce, la mirada se extiende sobre los retazos multicolores de la campiña que se mancha en el horizonte con el humo frecuente y espeso de las chimeneas de las fábricas desparramadas en todo el perímetro de la impetuosa y dinámica ciudad colombiana. Es Medellín la segunda ciudad de Colombia pese a las pretensiones de Cali y de Cartagena que dicen ser tales y pese también al marcado regionalismo de sus habitantes.

—El compañero Jefe expresa su admiración por la voluminosa capacidad industrial de la ciudad, por la belleza de sus campos que nos trae el recuerdo de Huancabamba y por el porvenir acelerado de sus realizaciones. El gobernador, el alcalde, los universitarios, los obreros y los miembros de las diferentes organizaciones sindicales reciben al c. Jefe con una simpatía singularísima, con entusiasmo imprevisto y con especial fraternidad. Nos instalamos en el Hotel Nutibara, que tiene once pisos y que goza de fama continental. No hay en Colombia un hotel mejor, tanto por la atención de los servicios, como por la calidad de la comida y lo elegante de las habitaciones, salas y lugares de recreo. El Hotel Bolívar es aldeano junto al Goliat de Medellín. Posee piscina, cancha de tenis, patios de juego y un comedor elegantísimo que no tiene nada que envidiar a los lujosos hoteles norteamericanos. Los periodistas acuden a reportear al c. Haya de la Torre. Redactores de "El Colombiano", "F" Diario" y “La Defensa” abruman preguntas y deslastran su curiosidad.

—Los periódicos de Colombia. Son los mejores “armados” del continente y poseen las mejores páginas literarias. Ya quisieran los huachafos de "El Comercio" y de "La Prensa de Lima tener el criterio selectivo de los directores de "El Siglo", "El Tiempo" y "El Espectador". Si poseyeran siquiera la milésima parte de buen gusto le ahorrarían al público de Lima los continuos atentados que cometen contra el arte. En Medellín los diarios aparecen por la mañana y los de Bogotá se leen también antes del almuerzo gracias a los diversos servicios aéreos que unen a la capital con Antioquía.

—En la tarde acompañamos al Jefe a visitar las fábricas de tejidos que abastecen a toda Colombia. La más grande de todas es la "Rosello" que trabaja con algodón Tangüis peruano. Recorremos las diversas secciones y en todas ellas constatamos en dato muy interesante: de 100 obreros 60 son mujeres y la mayoría de ellas son blancas y rubias. No hay términos medios en el color de la piel, o son blancas o son negras, pero de todas maneras son lindas. El Jefe es reconocido por varios obreros que se acercan a saludarlo, y como en el Perú, lo abrazan y lo admiran dándole el título de Apóstol del Americanismo.

—A pocos kilómetros de Medellín, la ciudad del comercio y de la industria, que según el decir de muchas personas tiene hondas raíces semitas, brilla un modesto pueblecito que se llama Itagüí. En este pueblo casi me quedo enraizado. La sonrisa de una cara más bella que la libertad desarma mi timidez de extranjero y mi preocupación de periodista. Como un cinematógrafo recorro el porvenir y me resuelvo a dejar las cosas como están pensando en un poema de Chocano, romántico e inolvidable. En este rincón del mundo lleno de luz y de palmeras la bondad del hombre ha recuperado sus fueros haciéndonos sentir más humanos. Un millonario educado en Europa y que peca de escritor sostiene con su dinero una Biblioteca Popular que es tal vez la más concurrida de Antioquía. El Sr. Diego Echevarría, moderno Mecenas con anteojos y sin plumas coloreadas, ha clavado en la tierra de Itagüí su más puro y cálido cariño: el libro. Hojeamos las estadísticas: 11.903 Lectores al mes con un promedio diario de 441 lectores. Literatura infantil: 4.582 lectores. Literatura General: 407 lectores. Matemáticas: 7 lectores. El genio de Colombia se abre como flor de porcelana en esta esta dística. Una tierra de poetas que pone a los números en cuarentena y a la Literatura en el corazón, es una esperanza para el mundo y una garantía de hermandad y de democracia. A través del arte, a través de la poesía los hombres todavía pueden salvar el hondón de sus conciencias y el lenguaje del amor. 

Medellín, 14 de Setiembre.

El jefe otra vez en Cali (7)

Regresamos a Cali sin perdonar a los payaneses por no habernos brindado las famosas empanadas de pipián que tanto nos recomendó el buen amigo Simón Arboleda, Primer Secretario de la Embajada de Colombia en el Perú. Después de un vuelo de 25 minutos los expertos pilotos de la Fuerza Aérea Colombiana nos ponen de nuevo en el ancho y alegre aeródromo de Cali. Otra vez al Hotel Columbus y las mismas calles llenas de gente y de automóviles nos dan la bienvenida. El Jefe, invitado por la Municipalidad de la ciudad dicta una conferencia en el Teatro Municipal, que más que conferencia es una conversación polémica con los militantes activos de los diversos sectores políticos de Colombia. Por primera vez he saboreado la delicia inexpresable del triunfo doctrinario en terreno ajeno y, por primera vez también, he apreciado un foro popular tan extenso, entretenido y vario. Muchos preguntaron, unos con el propósito de aprender, otros con la intención masoquista de que los golpearan. Los primeros completaron la curva de sus aprendizajes, los segundos salieron sorprendidos por su derrota. Algunos de los que discreparon con el Partido cuando ingresaron a las plateas del Teatro, salieron a recibir el aire de las calles con un vuelco en el corazón y en las ideas. Opinaban en el sentido de fundar el Partido Aprista en Cali, haciéndose lenguas de la personalidad mayúscula del Jefe, de su poder convincente, de su oratoria superlativa, de la precisión de los conceptos, de la claridad de su exposición, de su dimensión humanísima y de la profundidad filosófica de la doctrina del Partido. Jamás había contemplado un triunfo más rotundo y terminante. Haya de la Torre iluminó con su palabra el ámbito del Teatro y de la conciencia nobilísima de los trabajadores caleños.

—Cali es una ciudad católica y conservadora, pero es progresista y sencilla. En ella nos informamos a través de hechos objetivos de la riqueza de Colombia. Actualmente hay Colombia 20 millones de cabezas de ganado vacuno, parte del cual se exportaba hasta hace poco a Panamá. Nos explican que se cortó la exportación del ganado para conjurar la crisis de las subsistencias que alcanza una gravedad pavorosa. En Colombia las cosas cuestan el doble y el triple que en el Perú y a pesar de eso, las gentes admiten tranqui los esta situación que comprenden en su integridad. En una crónica anterior indiqué brevemente el precio de algunos productos de primera necesidad, ahora me voy a permitir, con el recuerdo agradable de la cerveza peruana, a precisar ciertos precios. Una botella de cerveza, digamos media por el tamaño reducido del continente cuesta en esta tierra de oro y verde la suma de cincuenta centavos o sea 2 soles peruanos. Una carrera de automóvil se paga con un peso o sea cuatro soles peruanos. Un pavo se consigue por 100 soles y a pesar de todo esto, la gente no se muerde la lengua ni se envenena la vida que saben apreciar con tan sabio sentido.

—Los colombianos están orgulloso de su régimen democrático y son parcos en decirlo. Dirán las cosas de la política con un interés que asombra, y esto es aplicable, natural y sencillo. Acostumbrados a gozar ampliamente de la libertad, de opinar sin recelos sobre la política nacional e internacional, de respetar la opinión de los demás, aprecian la democracia sin aspavientos y sin fanfarria.

—Sin embargo carecen de la disciplina que es tan nuestra. Tienen, la mayoría de los colombianos otro sentido de la responsabilidad partidarista y esto les ha causado muchos dolores de cabeza y contrasentidos, tal el caso reciente de Gaitán que, desoyendo a los que él llama oligarcas del Partido Liberal, lanzó candidatura a la Presidencia de la República contra viento y marea. Resultado: la división del liberalismo y el facilísimo triunfo del Conservatismo que hoy, desde el poder, está dando una lección de bien entendido amor al país y a la democracia, realizando una política de Unidad Nacional y así tenemos que en Cali, por ejemplo, el Gobernador o sea el Prefecto del Departamento, es liberal, en Popayán es conservador, en Bogotá es liberal y en Medellín es conservador. Una proporción nivelada de liberales y conservadores ocupan los cargos públicos y los puestos edilicios. Los únicos que se oponen a todo, como tenía que ser así, son los comunistas que levantan su voz pequeñísima contra lo que tiende a afirmar la democracia en América. 
Medellín, 14 de setiembre.

Algo más sobre Medellín (8)

—En las afueras de la ciudad que indudablemente es más bella y progresista que Bogotá, visitamos una casa de campo que pertenece al ingeniero Mariano Ospina Pérez, Presidente de la República. Es la primera vez en la historia de los Presidentes del Continente que un Mandatario, además de ser un técnico, un político y un hombre de letras sea también un excelente jardinero. Ospina Pérez tiene un hobby: cultivar orquídeas. En su casa rural que se llama "El Ranchito" tiene sembradas treinta mil plantas que le ofrecen a Colombia y a los Estados Unidos, donde se exportan, las más variadas y raras de estas flores aristocráticas.

—Así como Cali es el punto negro de Colombia en la distribución del elemento racial, Medellín es el punto rubio del país. La mayoría de los chiquillos son rubios gastan unos ojos azules que parecen "chaquiras". Las mujeres son las más bellas de los países bolivarianos, las más robustas y las más hacendosas. Cuando los colombianos quieren casarse van a buscar pareja a Medellín que da la impresión de ser una gigantesca agencia matrimonial.

—Existen varios aeródromos que corresponden a las diferentes empresas de Aviación colombiana. Cuando partimos de Medellín a Bogotá despegó nuestro pequeño avión de un campo de aterrizaje particular y desde el mismo punto, precisamente, en que perdió la vida Carlos Gardel. Un leve cintarazo de miedo me persignó el recuerdo y no estuve tranquilo hasta que puse los pies en “El Techo” de Bogotá. Existen en Colombia las siguientes Compañías de transporte aéreo: "Avianca", "Taca", "Viarco" y "Lanza" que cobran la friolera de 15 pesos por pasajero desde Cali a Popayán. 

—En el Palacio de Bellas Artes el c. Jefe sostuvo una charla con los representantes más conspicuos del obrerismo medellinense, con los universitarios, profesores, intelectuales y periodistas, tratando con pasmosa fluidez todos los tonos de nuestra doctrina, las modalidades de nuestra labor constructiva en el Perú y las coordenadas filosóficas sobre las cuales se asienta nuestro credo continentalista. Admiración y respeto. Deslumbramiento y entusiasmo. Muchos estudiantes en la exaltación de sus propias energías recién descubiertas lo reconocieron como el Maestro de la Juventud Americana, haciendo votos por la plasmación rápida del ideal aprista en el Continente.

—En el Club Campestre que tiene un parecido asombroso con el Country Club de Lima, toda la sociedad de Medellín le ofreció al Jefe un banquete que testimonió con su afecto lo hondo que Haya de la Torre ha calado en la conciencia del pueblo colombiano. Los estudiantes charlaron con el Jefe hasta las 5 de la mañana cuando el sol estampaba en la carretera las placas suaves de un azogue de sueño.

—Medellín es la ciudad más alumbrada de Colombia. La Municipalidad ha conseguido resolver el problema del alumbrado de una manera muy rага у provechosa: los dueños de casa colocan en la parte alta de sus puertas de calle una o dos bombillas de luz eléctrica ensanchando así el espacio de las avenidas con el consiguiente ahorro de la presencia antiestética de los postes y de los faroles. Si las Municipalidades de nuestras ciudades adoptaran este sistema estoy seguro que el país en lugar de contar con medias luces enfermizas ganaría unos bellos brochazos de oro y de alegría.

—Varios estudiantes "godos" que así les llaman en esta república a los conservadores, nos llevan a pasear por la ciudad haciéndonos cruzar las calles Junín y Perú que son las mejores de la ciudad. Esto nos halaga y nos permite sugerir al Municipio de Lima que en correspondencia le dé el nombre de Medellín a alguna de las nuevas calles de la Ciudad de los Reyes.

—La gente de Medellín posee las mejores fortunas del país y eso se debe al esfuerzo tesonero de un individualismo profundamente enraizado. Fruto de este temperamento son las fábricas de licores, tejidos, fósforos, cigarrillos, medias, aguas gaseosas y acero que hincan el cielo de Medellín con la punta ennegrecida de las chimeneas.

—Antes de dejar Medellín saboreo en el Hotel Nutibara una cerveza amarga y fresca que me hace recordar a los buenos chopps de "Romano" y a la simpatía generosa del gran Félix Gugliemino con sus ojos de lince y su sonrisa ancha y aprista. 
Bogotá, 15 de Setiembre.

Viajando con Haya de la Torre. Haya de la Torre en Bogotá (9)

Bogotá está situada en una amplia y friolenta sabana, casi recostada en un cerro y extendida, en tal forma, que parece que se derramara desde la altura en forma silenciosa y por entregas. "El Techo" que es un aeródromo de propiedad particular, se aprecia desde el avión en su gras y acogedor paralelógramo. Junto a la garita donde esperan los pasajeros volar hacia otras latitudes, cientos de personas esperan desde temprano la llegada del c. Jefe saludando con sus pañuelos el ronco avión que nos trae y que lleva el nombre de un valiente jeje chibcha: "Xugamuxi".

El Jefe con agilidad pone los pies sobre polvo bogotano. Con un abrigo en la mano, estrecha con la otra a los que se acercan a darle la bienvenida. Jorge Eliécer Gaitán, caudillo de reciente edición liberal le calienta la espalda con un cordialísimo abrazo. Eduardo Santos, Ex presidente de la República hermana lo saluda con efusión y fraternidad. Alfonso López, también Ex presidente de la República cruza con el Jeje un fuerte apretón de manos y la calidez de algunas frases expresivas Alberto Lleras Camargo, que acaba de entregarle el mando presidencial al señor Mariano Ospina Pérez, se acerca hasta la fuerte personalidad de nuestro Jefe con una sonrisa dilatada en los labios. El Rector de la Universidad Nacional, el Edecán del Presidente de la República, el Embajador del Perú, Gonzalo Aramburú, Jorge Manrique, viejo amigo colombiano del Partido del Pueblo, estudiantes emocionados, miembros de la Confederación de Trabajadores de Colombia, la colonia peruana que suma 44 personas y muchas personas más que, bajo el común denominador de la admiración que sienten por el Jeje, este domingo bogotano nos brindan el circulo de su calurosa recepción.

—En el carro Presidencial el c. Jefe enfila hacia la ciudad que está ubicada a dos kilómetros del campo de aviación. Atrás los carros diplomáticos y los compañeros peruanos que traen entre manos una bandera del Tahuantinsuyo.

Haya de la Torre en el Senado Colombiano (10)

Haya de la Torre y el Senado de Colombia. Es la primera vez que el Jefe del Partido ingresa hasta el hemiciclo de una Cámara de representantes y es también la primera vez que el Senado de Colombia recibe en su recinto a un líder político que no tiene cargo ni representación oficial alguno.

—Los representantes se ponen de pie y el c. Jeje toma asiento al lado derecho del Presidente de la Cámara Alta. A la izquierda se sienta el Embajador del Perú. Una ovación cerrada cruza la sala. Las galerías y los escaños abren la sesión solemne con el aplauso, y como en el Perú, los vivas a Haya de la Torre se elevan hasta la figura del Libertador a cuya sombra el verbo de nuestro Jefe sorprende con su fuerza genial el espíritu poético de los colombianos.

—El protocolo del Senado exige que el visitante debe hacer uso de la palabra en primer término. El Jefe, con su voz melódica y con sus gestos de inspirado, con su palabra violenta y llameante y su fuerza magnética abre la flor de su discurso con un saludo fraterno, cerrando la línea dorada de su improvisación con la esperanza de que el pueblo de Colombianos enseñe aún más en el camino de redención democrática. Durante el discurso los asistentes a la barra intercalan en la voz del peregrino de Indoamérica la salud de los aplausos y el potable viva al Jefe del Partido y a Jorge Eliécer Gaitán, líder popular del Liberalismo colombiano. 

—El Senado es un salón pequeñísimo. Los senadores se sientan como en el Colegio: de dos en dos. La Mesa de la Presidencia es muy baja y parece el pupitre de un profesor. Junto a ella un señor que parece que mascara chicle Adams, lucha con una Underwood como si fuera un finish con algún cachascanista. Los taquígrafos han desaparecido desde hace muchos años en el Senado de Colombia, pues un aparato grabador de discos toma con exactitud los discursos de los parlamentarios evitándose así los periodistas y los parlamentarios una serie de disgustos que en el Perú sacan canas hasta al más santulón. Los periodistas están situados a un lado de la Mesa de la Presidencia detrás de un cerco de pupitres que les da la impresión de peligrosos bullangueros e impetuosos pleitistas.

—Terminada la sesión el público abandonó las galerías y rodeó al Jeje en la puerta de salida. Vivas a su persona y al Partido rubricaron las paredes grises del Capitolio y el asfalto iluminado de las calles cercanas. El automóvil de la Embajada nos lleva hasta el Hotel a través de la Carretera Sétima que es el Jirón de la Unión de Bogotá. Oleadas de gentes, como en Mercaderes y Espaderos entran y salen de las tiendas iluminadas como en el Perú, también los niñitos bien o filis se estiran en las esquinas en plan de Tenorios criollos.

—En El Granada, "un tinto", que así le llaman acá al café, nos enjoya el paladar con un sabor excelente y propicio. Cientos de personas esperan hablar con el Jefe y otra vez Chota Izquierda me golpea en la memoria y la visión de los disciplinarios y de los cc. de Defensa me inclina las pupilas hasta el lejano y cariñoso salón de la Jefatura, su mapa mundi, su cálido y fraternal clima de simpatía y la presencia de Valcárcel en la máquina de escribir.

—Todos los diarios se han ocupado hoy de la llegada del Jeje. "El Siglo", "El Liberal", "El Tiempo", "La Razón" y "El Espectador" coinciden en que el Jefe es el Apóstol del Americanismo que posee una fuerza magnética y un poder de convicción extraordinarios. Los periodistas son incansables en el asedio lo que nos brinda todas las mañanas fotografías del c. Haya en todas las primeras páginas de los periódicos.

—Visitamos en la mañana de hoy al Ministro de Educación, Dr. Mario Carbajal, ilustre poeta y esclarecido hombre de letras. El Ministerio funciona en el segundo piso de un edificio común. El despacho del Ministro parece el estudio de un abogado recién recibido, con una clientela en formación. Nada de sillones de cuero, nada de ujieres antipáticos, nada de rejas en la puerta de entrada, nada de Zegarras Araujos y nada tampoco de mal humor.
Bogotá, 17 de Setiembre.
Haya de la Torre en Diputados (11)

Bogotá es una ciudad que al igual que su gemela Lima, está muy mal situada y peor construida. No sé dónde lo he leído o escuchado, pero lo cierto es que le cae muy bien a la lustre capital colombiana el refrán aquel que dice: "Ciudad que crece torcida nunca sus calles endereza". Jiménez de Quesada así como Francisco Pizarro no repararon en el clima y bajo la amenaza de la lluvia sentaron los cimientos de dos ciudades oscuras y cubiertas de nubes sedentarias. Bogotá, al revés de Lima, sin embargo, está situada en el interior del país y a una altura que nos impide subir las escaleras con rapidez. Es una ciudad hecha de cemento. Sus grandes edificios que son más numerosos que los de Lima, son fríos y grises, sin atractivos y opacos. No existen grandes avenidas y los árboles son un lujo. Los tranvías repletos de gente son rojos y tienen portezuelas por todos lados, quizás con el propósito de dar al público un acceso más fácil a ellos.

—En la mañana de hoy visitamos al señor Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Francisco Umaña Bernal. Acompañados por el Jefe de Protocolo, por el Embajador del Perú y por los dos aviadores colombianos que nos acompañan con cariño y generosidad, ingresamos al local del Ministerio, bella reliquia de los tiempos coloniales. Es el antiguo Palacio de San Carlos, donde Bolívar soñó, ama y padeció por América. En el costado del edificio, bajo una ventana de poca altura hay un mármol conmemorativo que recuerda la fuga del Libertador por ese lugar, cuando los partidarios de Santander pretendieron asesinarlo. Las paredes de madera riquísima y las arañas millonarias le dan al Palacio de San Carlos un aspecto que infunde respeto y excita la imaginación de los que amamos la sombra venerable de Bolívar.

—A las 12 m. visitamos al señor Presidente de la República en su residencia, situada en el Palacio de Gobierno, conocido también con los nombres de Palacio de la Carrera y Palacio de Nariño. La fachada del Palacio no tiene nada que llame la atención. Ubicado en una calle del centro de la ciudad más bien parece la residencia de algún ricacho que la casa de gobierno de Colombia. Los dos soldados vestidos de rojo y negro son los que dan un índice de la categoría de la mansión. Largas y suaves escaleras nos conducen hasta los salones de recepción que adornan varios jarrones de Sévres y algunos cuadros de los próceres americanos. Breves minutos más y estamos con el Presidente de la República en su despacho particular. Es un varón respetable y sencillo. Canoso, alto y moreno, posee una personalidad atractiva y una palabra melodiosa. Tal vez los años continuos de su vida de jardinero sembrador de orquídeas le han dado la fina delicadeza que le es particular. Conversa con el Jefe en charla llana y cariñosa. Hablan de ciudades. Tocan Popayán, Cali, Medellín, Arequipa, Lima y Bogotá. Hablan del Congreso Económico Nacional y de las Cooperativas, de la Corporación Financiera, del individualismo y de la crisis de las subsistencias. Hablan también sin palabras en ese diálogo inaudito que une invisiblemente el espíritu de los hombres llamados a guiar los destinos de los pueblos. 

—1866. Callao. En la parte más alta de la Cámara de Representantes de Colombia se puede leer esta leyenda que trae hasta nosotros el recuerdo de la victoria sobre España reaccionaria, monárquica e imperial. El Jefe ingresa hasta el amplio recinto de la Cámara de Diputados y los representantes y público de las galerías, de pie, se enrojecen las manos de tanto aplaudir. Toma asiento a la derecha del Presidente de la Cámara y contesta con voz clara y armoniosa el saludo del diputado Presidente. Hace un llamado a la unidad continental y sugiere un Congreso americano donde todos los parlamentos de América estructuren sobre principios constitucionales comunes la Carta Magna de las Américas. Jamás he presenciado tal entusiasmo por un visitante, nos dice un diputado que está cerca de nosotras. Jamás las barras han aplaudido con más calor a un líder politico, nos dice otro diputado que está próximo a Jorge Idiáquez. Termina el Jefe su discurso con una bella frase que arranca un cerrado y emocionante viva al Partido Aprista. Un calorcillo de orgullo me invade la sangre y una pequeña humedad de lágrimas me enturbia los ojos. Luego se aprueba por unanimidad una Moción de Orden del Dia que declara al c. Jefe Huésped Ilustre de la Cámara de Representantes de Colombia.
Bogotá, 17 de Setiembre.

Haya de la Torre ante el monumento de Bolívar (12)

—Colombia es un pueblo de cafeinómanos. Todo el territorio es un gran cafetal y todos se tiñen los intestinos con el famoso "tinto". Toman café al levantarse, a las 10 de la mañana, después del almuerzo, en fin a toda hora que les viene en gana. El café colombiano tiene renombre mundial. Hace poco exportaron varias toneladas a Finlandia donde el aromático grano americano cayó como una bomba atómica de alegría. Colombia es un pueblo de mucha sabiduría, pues aquí sirven en los cafés, en los hoteles, en los restaurantes, las mujeres. Con sus pedazos de tela blanca en la cabeza y un delantal albo por delante le sirven a uno lo que pide y la ternura de sus ojos.

—El Jeje le ha rendido homenaje al General Francisco de Paula Santander, conocido en la Historia de Colombia con el nombre de "El Hombre de las Leyes". Una corona de orquídeas fué el presente de Haya de la Torre. El viejo busto de Santander frente al Hotel Granada se vió rodeado de gente y de recuerdo. Grandes aplausos y vivas al Perú le dieron al acto un sentido de hondo americanismo. 

—Luego, la Plaza del Libertador. Cientos de personas esperaban nuestra llegada. Entre los abrazos de la multitud y los vivas al Partido del Pueblo el Jefe colocó al pie del monumento de Bolívar una ofrenda floral y un presente de admiración. El sol moría sobre el rostro del Libertador, dándole un brillo indescriptible. La espada fulgurante como respuesta a Haya de la Torre se iluminó con los rayos del sol de Colombia, mientras el conjunto cuzqueño "Tahuantinsuyo" entonaba los himnos de Colombia y el Perú. Después a pesar de la multitud, se quedaron solos el Libertador de pueblos y el nuevo Unificador de pueblos. Bolívar y Haya de la Torre. La espada y el verbo. Un minuto de silencio en el cual puede caber todo un mundo de promesas y de luz. Solos frente a frente. Después la muchedumbre se abalanzó sobre el Jefe para estrecharlo entre sus brazos al grito de “Haya de la Torre". Un "Viva Colombia" de parte nuestra y un "Viva el Perú" de los hermanos colombianos.

—Ante la tumba de Alaya Herrera, otra corona de recuerdo y de admiración. Ante la tumba sencilla del patricio colombiano todos nos descubrimos con el respeto que merecen los hombres buenos, sencillos y generosos. Al costado izquierdo de la tumba de Olaya está la del poeta Asunción Silva. Como un milagro de memoria recitamos en silencio "El Nocturno". Los perdidos años de juventud romántica nos abrazan de nuevo el espíritu y nos pone un punto de ternura en los ojos. Tierra de poetas que sabe amar a sus poetas. Tierra de lira que sabe amar a su lira.

—Después, al Hotel por una avenida ancha pero rota por todas partes. Al fondo izquierdo brillan ya las luces de la Ermita de Monserrate mientras al lado derecho el sol se despide de nosotros entre pinceladas de sangre. Entramos por la Avenida Jiménez de Quesada donde están las oficinas de la United Press. El amigo y colega Pérez Sarmiento, Gerente de la U. P., nos recibe todos los días entre "rascado" y somnoliento. Los periodistas de Colombia son muy bohemios y muy responsables de sus obligaciones etílicas. Casi nunca toman dos copas, casi siempre toman hasta el finish, pero son muy buenos amigos.
 
—Un ligero recuerdo me entrelaza las ideas con las lejanas máquinas de LA TRIBUNA. Y desde esta "Underwood" que tiene acentos muy raros envió un saludo a los colegas del diario y un punto final de esperanza.
Bogotá, 18 de Setiembre.
Haya de la Torre en la Universidad (13)

—Popayán es la ciudad de la tradición universitaria y cultural de Colombia, pero en Bogotá existe, tal vez, la mejor ciudad universitaria de Indoamérica. Durante el gobierno del doctor Alfonso López, se empezó a levantar la blanca ciudad de los universitarios que es orgullo de Colombia y envidia de ellos que tenemos que oler polvo secular en los viejos patios de las Universidades del Perú. A dos kilómetros de la capital sobre un campo de extraordinaria belleza y siempre soleado, en el barrio residencial que se llama "El Chapinero", los edificios albos de las diferentes facultades brillan limpios y acogedores. Existen Facultades de Ingeniería, de Educación Física, de Enfermeras, de Derecho, de Química, de Minas, de Arquitectura, de Letras, de Ciencias y de Medicina. Además cuenta con pabellones residenciales donde viven los alumnos en departamentos amplios, higiénicos y bien servidos. Cada alumno paga cincuenta pesos al mes y vive en la Universidad con una excelente alimentación, campos de deportes, cinema y compañerismo. Un servicio de ómnibus constante lleva y trae los alumnos a Bogotá. Estos son los que no alcanzaron alojamiento en los pabellones universitarios o que tienen sus familias en la capital.

—En el amplio salón de actuaciones de la Universidad, ante cientos de estudiantes se realiza la sencilla y emocionante entrega del Título de Doctor Honoris Causa el c. Haya de la Torre. Presidiendo la ceremonia el doctor Gerardo Molina, Rector de la Universidad Nacional, se abre el acto con las palabras fustas y nobles del Decano de la Facultad de Derecho, quien pone en manos del Jeje el título que otorga la intelectualidad de un país al hombre que, como él lo afirma, hace muchos años se doctoró en democracia.

—Grandes y persistentes aplausos rubrican la entrega del título. Los alumnos de la Universidad, en pie y con las manos enrojecidas por los aplausos, rinden el más cálido y sentido homenaje al Apóstol de Indoamérica como están empeñados en llamarle todos los hombres representativos de Colombia. El Jefe con sus gestos de capitán de grandes ideas, de dominador de doctrinas y creador de ideales, arroja sobre la sorprendida y fervorosa espiritualidad de los estudiantes los bloques azules de sus frases y la semilla fragante de esa generosidad. Emoción y cariño. Grandes roces de admiración prendidas de los labios de los universitarios y un extraño brillo en las pupiles de los mismos que recién sienten al lado de sus inquietudes, la voz que encauza y clarifica sus emociones de estudiantes noveles. "He sido, soy y seguiré siendo estudiante —dijo el Haya de la Torre. Expuso la teoría aprista y su posición antimperialista explicando los alcances del concepto, soberanía y lo que la guerra había aportado en la revitalización y ampliación de esta figura jurídica. Fué una conferencia en la que el Jefe jugó con varias decenas de ideas y levantó hasta el corazón de la juventud colombiana el amor al continente y la exigencia de una virtud fraterna fundada en la unidad de los pueblos americanos.

Deslumbramiento y acción. Después de la intensa luz de las palabras del Jefe, los universitarios se reunieron hasta rodearlo con sus preguntas y sus felicitaciones. Viejos recuerdos de San Marcos tal vez, volaron silenciosos en la cabeza privilegiada del Maestro y quizás las voces juveniles de entonces, como banderillas de recuerdo, se le clavaron en la voz. La pila de la Facultad de Derecho, el 23 de mayo, Guerrero Quimper y las Universidades Populares sitiaron, seguramente, su mente. La Universidad de San Marcos le negó un título de doctor, pero la vida le ha dado el puesto que desde hace muchos años estaba vacío en el Continente: el de Apóstol.

—Después se sirvió en almuerzo el que asistieron las autoridades universitaries y la casi totalidad de los alumnos. Visitamos enseguida el Estadio de la Universidad que tiene fama de ser el primero en Colombia y creo que la fama no se equívoca, sobre todo cuando los antioqueñas, que son los competidoras de Bogotá lo reconocen. Volvemos a Bogotá sumidos en un sueño de porvenir. Volvemos pensando que quizás algún dia nuestros hijos estudiarán llenos de entusiasmo y alegría por los campos verdes y saludables de la Ciudad Universitaria, que tanta anhelamos para el Perú.
 Bogotá, 19 de Setiembre.

Haya de la Torre en el teatro municipal (14)

—En Bogotá hay muy pocos cinemas y sólo dos teatros. El Cine Colombia es de la categoría del Metro de Lima, con la ventaja de que es mucho más amplio, sin contar, desde luego, con el magnífico decorado que ostentan con lujo las paredes de la sala peruana. Asistí anoche en compañía de buenos amigos colombianos al estreno de una película inglesa, titulada: "La Madona de las siete Lunas". Es una de las cintas mejor logradas por la cinematografía británica y sin duda que una de las mejores que se han rodado en el mundo. Es del estilo de "Cuéntame tu vida" y "Séptimo Velo", cintas cinematográficas que reflejan los misterios fantásticos del subconsciente.

—El Teatro Colón es el niño mimado de los teatros colombianos. Posee palcos may elegantes, butacas cómodas y forradas de terciopelo pero le falta el "glamour", que hace del Segura de Lima, tan íntimo escenario de vida artística y social. El Teatro Municipal, ubicado a la espalda del Capitolio Nacional, es como su nombre lo indica, de la Municipalidad de Bogotá, y tiene una capacidad que coincide con la de su gemelo en Lima.

—Es en este último donde el Jefe del Partido mostró la magnificencia de su palabra ante la avidez emocionada de miles de trabajadores bogotanos organizados en la Confederación de Trabajadores Colombianos que cuenta con 300,000 mil afiliados. Hizo la presentación del c. Haya de la Torre, el Dr. Jorge Eliecer Gaitán, ex-candidato a la Presidencia de la República, que en las últimas elecciones reunió cerca de cuatrocientos mil votos.

—El Dr. Gaitán es el Jefe del ala izquierda del Liberalismo colombiano y es el único que puede reunir en Bogotá treinta mil personas en las calles centrales o en la Plaza de Toros. Es menudo, moreno, de nariz aguileña y de pelo lacio. Tiene palabra fácil y un gran poder de convicción. Le llaman el Haya de la Torre de Colombia y sus partidarios se empeñan en comparar el movimiento gaitanista con el nuestro. No tiene prensa propia ni locales, ni organización, ni programa, ni doctrina, pero en cambio tiene la mayoría de los organismos bases de los trabajadores de Colombia. Si Gaitán de principios y organizara doctrinariamente su movimiento, los "godos" y "oligarcas" como él llama a sus enemigos, se las verían en las delgaditas.

—Cuando el Jefe pronunció las primeras palabras de saludo, como un resorte multánime, todos los asistentes le aplaudieron de pie. Cada cinco minutos, dos interrupciones del público ponían un punto de ovación a sus palabras. De todas las conferencias pronunciadas en Bogotá, ninguna ha tenido el profundo significado popular que la del Teatro Municipal, ni ninguna tampoco reunió tal cantidad de personas. No cabía en el local ni una aguja, pues el público ocupaba también la parte del escenario que estaba colocado detrás del Jefe. Cada aplauso levantaba hasta nuestro sentimiento el recuerdo de los triunfos del Jefe en las Conferencias del Teatro Municipal de Lima. Muchos "vivas al Perú" y muchos “Vivas Colombia" se entrecruzaron en el Teatro. Muchos vivas al Aprismo y al Jefe. Muchos vivas a las democracias y a Gaitán. Un obrero le gritó desde la galería: "Quédate en Colombia Haya de la Torre, que nos haces falta".

—El Jefe estuvo insuperable. Cada palabra era una revelación para los colombianos que durante quince años siguieron en suspenso la lucha del Jefe y del Aprismo en el Perú. Creo, sinceramente, que la Conferencia del c. Haya de la Torre en el Municipal ha contribuido a la unidad de Colombia y el Perú más que todas las conferencias panamericanas y las posibles reuniones. Fué al punto culminante de la gira y el cenit de su oratoria política. Colombia guardará un recuerdo al que siempre respetará el tiempo, y los miembros de la Comitiva del Jefe arrinconaremos en nuestra memoria como sagrados pedazos de vida las luminosas enseñanzas del Maestro en Colombia.

Cartagena de Indias y Haya de la Torre (15)

—El motivo permanente son las palmeras y el azul añil del mar Caribe. Sobre la línea del horizonte, como símbolo de la voluntad de dominio de la raza española se levanta "El Castillo de Boca Chica" en cuyos fosos y bloques seculares admiramos la espléndida técnica de unas fortificaciones militares que salvaron muchas veces a la alborotada ciudad de Cartagena. Flor de piedra rodeada de mar y de vegetación tropical. Castillo cuidado por la ronda del calor y por el carrusel de los tiburones somnolientos que hunden en las aguas del trópico sus escamas de acero y sus tristezas ancestrales.

—Entre el Castillo y el Club Naval de la ciudad, un pedazo de costa que se llama "Caño de Oro", soporta la angustia mortal de los leprosos que todas las mañanas esperan la bendición de una muerte que tarda. Pasamos lejos de ellos con el corazón recogido de terror y de pena. Largo tormento para la pequeña oportunidad que da la vida al hombre para pecar.

—Cartagena es una ciudad de resonancia negra. El eco de su espíritu es africano y en las calles de la ciudad podemos apreciar y oír el tono melódico de una raza que constituye el 70 por ciento de la población. El actual Presidente de la Cámara de Senadores de Colombia es un hijo de Cartagena de pura raza negra. El doctor José Santos Cabrera que tal se llama el ilustre político negro es uno de los hombres más queridos y apreciados de Colombia. En Bogotá tuvo oportunidad de conversar largo rato con el Jefe, causándole a Haya de la Torre la más viva impresión de capacidad y simpatía.

—Visitamos luego la Universidad de Cartagena, donde el Jefe ante cientos de estudiantes e intelectuales sustentó una de 345 maravillosas tesis de unidad continental. Puntualizó el papel que le toca desempeñar a las Universidades de Indoamérica en la gran tarea de unificar los pueblos americanos. Los universitarios de Cartagena deslumbrados nos expresaban después de la Conferencia que durante la disertación del Jeje habían sentido como un baño de luz nueva y como si una ventana se hubiese inaugurado dentro de sus conocimientos culturales y políticos. Bella y extraordinaria palabra del peregrino que camina hasta el sepulcro de Bolívar para rendirle la modestia de su genio y de su lealtad.

—Aquí el sol que nos calienta la sesera es de nueve décimos, superando al de Piura que posee cinco décimos y dejando en el rincón de las ruinas al sol de Lima que es de papel viejo y seboso. El calor nos platina la cara con sudor y nos hinca sus dientes en el cuerpo como en exaltado esfuerzo de fulminación.

—Casi todas las mujeres de Cartagena están embarazadas, lo que demuestra que no es tan sensual la población femenina de estas latitudes tan fraternas. Todas caminan ligeras de ropas soportando las miradas de los negros lascivos que fuman en pleno achicharramiento largas cachimbas de tabaco tropical.

—A los 12 y 30 recepcionan al Jefe en el Club Naval de la Base de Cartagena donde recibe el saludo del Capitán Rubén Piedrahita, de los oficiales y cadetes que brindan por el Aprismo y la fraternidad perú-colombiana. A la 1 y 30 partimos para Barranquilla, llevando en nuestros ojos la maravilla de Cartagena de Indias.
Barranquilla, 22 de Setiembre.

Haya de la Torre en Barranquilla (16)

—Escribo esta crónica desde el Club de Santa Marta, frente al mar, testigo de tantas ausencias y separaciones de nosotros los apristas, y la escribo a mano porque en este rincón del recuerdo de Bolívar, el pulso debe darle categoría a la palabra.

—Barranquilla es una ciudad atlántica de 250 mil habitantes que pesa en el otro lado de la balanza en que está Cartagena de Indias. Mientras esta es la ciudad de la tradición, aristocrática, aquella es la ciudad sin biografía, nueva edición de Liverpool, donde las fábricas alzan sus chimeneas como centinelas del progreso económico de Colombia.

—Barranquilla es el punto humeante del mapa de Colombia, es la diéresis de acero de la nomenclatura económica de la república hermana y en ella como en Cartagena las palmeras nos revisten el espíritu de lejanía y los grillos con su monocorde cascabel invisible, tejen en la noche calurosa una sinfonía de cansancio.

—Esta ciudad de Barranquilla es, digamos, el riñón del trópico americano, donde la industria labra el mejor presente de la pujanza colombiana. Sus gentes, como todas las de Colombia, han echado la casa por la ventana por agasajarnos. En el Hotel del Prado, tal como en el Caribe de Cartagena, han ubicado al Jeje en las habitaciones reservadas al Presidente de la República, colocando sobre el tapete de la generosidad el pan y la sal de la fraternidad colombiana. 

—En la tarde el Jefe marcó 1674 nuevo punto en su reguero de luz. En la Escuela de Bellas Artes dijo su discurso y plantó en la avidez de sus oidores la novedad de su verbo. Habló de la necesidad de una coordinación económica, base indesligable de una auténtica unión continental. Para mí, acostumbrado a su arrebato y a la facilidad de su cariño y genialidad, su conferencia fue la integración de mi vida y el punto esencial de lo que podría llamarse mi programa de amor. Como en Bogotá, todas los hombres que se preocupan por los problemas del Continente le brindaron su amplio, lustroso y maravillado reconocimiento, calificándolo de "Apóstol de América".

—El Caribe con su frescura al fin logrado por nuestros sueños pone en nosotros la sensación de su proximidad. A su orilla, con un cielo abierto a la luz guardada durante el día por el trópico mientras miramos la extensión de la ciudad Jorge Idiáquez y yo recordamos el íntimo cariño de Lima distante, de Lima en el corazón, prendida con azul acerado de sus tardes en la ternura de nuestros afanes.
Santa Marta, 22 de Setiembre.

Haya de la Torre en Santa Marta (17)

—Santa Marta vibra en el continente con la luz azulada de la muerte de Bolívar. —En este modesto y caluroso ángulo de Colombia, el espíritu del Libertador vigila la altura de América, el destino de los pueblos que libertó con su mano febril y con su genio auspiciador. Toda la zona vive de una muerte, venera la sombra de una ausencia que puso sus manos plomizas sobre el pecho noble de quien alcanzó la noche sobre la línea de espuma con que el Mar Caribe perfila el trópico de América.—Desde el cielo hasta el fondo verdeoscuro de la tierra del Magdalena, desde el límite melancólico del Atlántico hasta la entrada violenta con que los platanales dan la bienvenida a los viajeros, desde el canto, desde la nube, desde el rumor, desde el arroyo, desde la bahía, desde la muerte, la alegría y el dolor, siempre la ausencia de Bolívar nos aja el corazón y religiosamente nos sella los labios y nos abre el espíritu. 

—Esta es Santa Marta. —Por fin su conocimiento se hace realidad. La sensación de inexistencia mortal que tuvo para nuestra mente de estudiantes se esfuma ante la trágica constatación de que hubo en el mundo un espacio en el cual el cielo dejó de iluminar las pupilas visionarias del primer genio de América. 

—La misma ciudad. Santa Marta, capital del departamento de Magdalena, es hermana gemela de Lambayeque. Son dos gotas de agua del mismo vaso. Sus calles bruñidas de un sol que se derrite sobre el asfalto; sus árboles mecidos por un viento reparador; sus plazas de un verde juvenil; sus habitantes y su paisaje tierno y externo, nos hacen pensar que la historia vació a las dos ciudades sobre el mismo molde de sencillez y de fuego.

—A tres kilómetros de la ciudad brota de la tierra hirviente del trópico la soledad de a Quinta de San Pedro Alejandrino, rincón donde la muerte usó su guadaña más lujosa, donde América cuarteó su corazón al sentir que desde el fondo de su entraña histórica le arrancaban el fruto de sus energías, acumuladas después de siglos, en el pensamiento del que no retornaría jamás.

—Llegamos callados hasta el final de la ruta de Bolívar. Haya de la Torre, con sus ojos pequeños y acerados, levanta la tapa antigua de los años y alcanza a mirar sobre el horizonte del pasado la primera chispa de su espíritu desprendida del alma de Bolívar. —Sereno y gallardo, con las manos atrás en actitud de sacerdote de la historia lentamente ingresa en el jardín de la Quinta, mientras los centinelas y Jefes militares de Santa Marta le rinden honores de Presidente de la República.

—Con los maxilares tensos, la boca apretada y el llanto anudado en el corazón, pone sus pies bajo el techado modesto de la Quinta. La muerte, que no cesa de cuidar los recuerdos de su hazaña dolorosa, invisiblemente borda la tarde con 315 alas nocturnas. Haya de la Torre entra hasta el fondo, sin detenerse y como inspirado, obedeciendo tal vez a una llamada lejana se detiene mirando el cielo que rojizo y azul arrincona sus nubes para que el sol que agoniza sobre el mar junte la sombra del Apóstol de América con la sombra invisible del Libertador de América.

—La Quinta posee una extensión considerable. Mide lo suficiente para que sobre ella se levante una ciudad. Rodeada de un cerco de hierro que conserva tal como era el 17 de diciembre de 1830, día de la muerte del Libertador. Tiene árboles centenarios bajo cuya sombra, Bolívar, tuberculoso y desengañado, acariciaba la gloria de sus triunfos entre sombra y luz, entre vida y muerte y entre brisa y brisa. Junto a ellos se levanta la casita que tiene 30 metros de frente y 100 de fondo. Es de paredes amarillas con frontispicio rojo. Tiene un patio característico de las Casas de Hacienda, que se interrumpe con dos columnas macizas y sencillas. A la izquierda está la Capilla donde solía meditar como una sombra el cuerpo agobiado de Bolívar. Cerca a ella, el cuerpo de la muerte. El Jefe, perdido en quién sabe qué luz interior mira el rincón modesto que selló los ojos de Bolívar, la ventana abierta por donde el Libertador recibió el último rayo de sol, el reloj detenida a la una, tres minutos y 55 segundos, hora en que dejó de vivir Bolívar; y con la mano caliente, pero segura, escribe en el álbum de los recuerdos el pensamiento siguiente: "De rodillas ante la memoria gloriosa de quien nos dió Patria y nos mostró la ruta histórica de la gran unidad continental". 
Santa Marta, 23 de Setiembre.

Haya de la Torre en Cúcuta (18)

—Hemos llegado a la frontera con Venezuela, después de haber realizado ocho vuelos dibujando desde el aire una trayectoria continental. Hemos llegado con el recuerdo fresco de la visión impresionante de Santa Marta y del rincón silencioso de San Pedro Alejandrino donde el Libertador contuvo su muerte para entregársela a América. Bajamos del pequeño avión militar "Xuganuxi" llevando en la mano una urna de madera alimentada con el jugo invisible de las tierras históricas de Santa Marta. En el pedazo del tamarindo que cobijó los sueños de Bolívar hemos puesto nuestro mejor cuidado, porque en él acariciamos el hilo de una vida que se quebró hace más de un siglo.

—Cúcuta está perdida en medio del trópico, arrinconado en una latitud lejana a nuestra Lima. Es un pueblo dominado por la Historia y por la sencillez de la luz de Colombia y Venezuela que brindan al viajero la sensación de una vida inmóvil. Frente a la vegetación de altas palmeras y del paisaje sin soluciones de continuidad que nos brinda Venezuela nos afincamos en el corazón del Continente, seguros de haber encontrado una conjunción feliz de generosidad entre la tierra y el espíritu.

—En Cúcuta se cataloga el patriotismo continental, porque en ella los peregrinos de este hemisferio se dan la mano y el corazón en estrecha relación de soledad y de promesa. Es un pueblo plateado de sol y de novedad, rayado por amplias avenidas donde los habitantes del continente ven reflejados todos los matices de sus propios pueblos. Casi todos los que viajamos, vemos muchas veces las ciudades con un cincuenta por ciento de nostalgia que nos hace presente las cosas ignoradas tal el salto de los recuerdos, de los valles que nos afirmaron en la vida. Por eso, por esta voz innominada, Cúcuta me ha traído hasta el sueño la armonía calurosa de Piura incitada de arena y de nubes. En Cúcuta remozamos y retornamos a la vida pasada recontando la mediatriz de nuestras alegrías y lo inmediato de una viaje que culmina en fraterno cumplimiento de una misión. 

—En Cúcuta, el Jefe clava la lanza señal de un final. Como puesto también de una obra, que se inicia en el pueblo de Venezuela, empieza con mayúscula escribir con la parábola de su espíritu, de su palabra una nueva cruzada de unión y de amor. Bolívar soldó el anhelo de los pueblos del norte en un bloque angular de construcción continental. De la iglesia sólo quedan la cúpula y la capilla donde hace pocos años los Presidentes de Colombia y de Venezuela firmaron un definitivo tratado de fronteras como homenaje significativo a la herencia del Libertador. Bajo las arcadas vetustas, el pueblo de Cúcuta en ceremonia pública donde acudieron todos los campesinos de la región, declararon al c. Haya de la Torre huésped de Honor e Hijo ilustre de la histórica ciudad de Cúcuta. Cuando el Jefe tomó la palabra para agradecer, sobre el fondo claro oscuro del horizonte, sobre el amplio lago de Maracaibo, un saludo cósmico subrayó sus palabras alumbrando doblemente el espíritu de los asistentes. El rayo perenne de Maracaibo hincó la sombra inicial de la noche, dorando las hojas altas de los árboles y las manos nerviosas y altas del Jefe.

—Después cruzamos la frontera en unión de los venezolanos que acababan de arribar a Cúcuta para llevar al Jefe hasta Caracas. En una caravana de veinte automóviles, peruanos, colombianos y venezolanos, en acto simbólico violamos una frontera que nuestros espíritus no reconocen. El pueblo de Táchira que orilla la línea divisoria de una geografía igual, embanderado y fervoroso, le dió la bienvenida al Jefe con pañuelos blancos y vivas al Perú, Colombia y Venezuela. Campesinos de anchos sombreros de paja y azada al hombro, pronunciaban el nombre de Haya de la Torre como si hace siglos conocieran su vida y su lucha.

—Después de recorrer el pueblo en una vuelta de 360 grados, por el parque principal regresamos al Hotel de Cúcuta con el primer latido de Venezuela prendido en la sangre. Dormimos abrazados del calor, dominándolo con el sueño, el recuerdo y la sábana.

—Nuevo día y nueva partida hasta un mismo cielo y un mismo pueblo. En el campo de aviación el Jefe abraza emocionado a los aviadores colombianos que nos acompañaron por 14 días en la tierra de Santander y aprecio ligeramente que un brillo de tristeza le sostiene la mirada. Es doloroso partir cuando sobre nuestras vidas se alzan la pureza de nuevas amistades cimentadas en el mismo riesgo, el mismo peregrinaje y la misma pasión de libertad.

—En un avión del Ministerio de Comunicaciones de Caracas emprendemos vuelo dejando en Colombia la altura del "Xuganuxi" y sus tripulantes y el pedazo de vida que ha persistido en quedarse enredada y luminosa en los campos azules y nuevos de Colombia. Nos preparamos para ver el Lago Maracaibo. Caracas y el pueblo libre de un país hermano.
Caracas, 24 de Setiembre.

Haya de la Torre en Caracas (19)

Abandonamos Colombia en un cómodo avión del Ministerio de Comunicaciones de Venezuela, dejando tras nuestra mirada la tierra roja de Cúcuta. Rumbo a Caracas volamos sobre los árboles situados en la extensa zona que circula el sur del Lago de Maracaibo. Perfiles llenos de ensueño, recortados cuidadosamente por el agua del mar y la resistencia de la vegetación dan la impresión de que el Lago ha sido dibujado con el único propósito de que se vuele, precisamente, por encima de sus aguas. En esta inmensidad azul, libre de nubes pero cubierta de una fina neblina, fué donde Emilio Salgari hizo mover la flor y nata de la piratería y donde Inglaterra guió los barcos ennegrecidos de Morgan. Teatro de las correrías que amenazaron el poderío de España, hoy nostálgico y rememorando los estampidos de los cañones, la voz elegante de los arcabuces y los gritos de las doncellas raptadas, reposa suavemente con su negro costado de petróleo salpicado de castillos y de gringos.

—Rebasamos puerto Cabello y después de una hora de frustrado sueño con Dammert Elguera a punto de marearse. La Guaira se desnuda ante nuestro ojos ambiciosos de otros paisajes y otras brisas. En el campo aviación nos esperan todos los dirigentes obreros, estudiantiles e intelectuales de Acción Democrática. Allí están Luis Lander, Luis Prieto, Augusto Malavé, J. M. Machin, Mercedes Fermín, Salinas y otros más, a los cuales acompañan el Embajador y todos los miembros de nuestra Embajada en Caracas.

—Almorzamos en Miramar, elegante balneario donde Vicente Gómez con la mirada perdida sobre el mar soñaba en rojo mientras escuchaba atento la voz de sus rastacueros o la voz de su conciencia.

—En el automóvil de la Embajada emprendemos el recorrido de una de las mejores carreteras del mundo. Ancha, dominadora de altura y paisaje nos lleva en el término de una hora hasta la "dulce villa de Caracas mientras escuchamos en el trayecto la voz suave y melodiosa de Enrique Peña Barrenechea, noble poeta hecho silencio y soledad en esta esquina del mundo.

—Al fin Caracas. Luces desprendidas de alguna araña universal titilan en el lomo de la ciudad como guiñando maliciosamente a los viajeros recientes.

—A la entrada, cientos de trabajadores con inmensos carteles saludan al Jeje. En un barrio, digamos como el de Plaza México en Lima, la multitud apiñada desde las 12 del día, obliga —gran sorpresa— a las 6 de la tarde a realizar el recorrido a pie hasta una plaza cercana donde en medio de los vivas a Haya de la Torre se alza la voz de Luis Lander saludando al Jefe, y luego la del c. Haya contestando en nombre del pueblo aprista su agradecimiento y su alegría. 
Caracas, 26 de Setiembre.

Haya de la Torre y Betancourt (20)

—Caracas es una ciudad alegre, de calles estrechas y llenas de gente donde el espíritu revolucionario de Acción Democrática le advierte al viajero que desde el fondo mismo del espíritu popular se levanta una nueva Venezuela. El centro de la ciudad conserva aún su sabor Colonial y los nombres que los españoles le dieron a la calle todavía sirven de brújula para orientar a los habitantes. Caracas posee una nomenclatura tan rara y graciosa como la que posee Lima. Un nombre nomina cuatro cuadras, que son aquellas que nacen de la reunión de cuatro esquinas. Así por ejemplo, las direcciones se dan teniendo en cuenta entre qué esquinas se encuentra situado el punto que se busca. La Cancillería del Perú está entre San Francisco y Pajaritos y si en Lima tenemos nuestra “Pilitricas” y "Siete Jeringas", aquí en Venezuela hay direcciones entre "Pelaelojo" "Quítacalzón", o también entre "Brisas y "Esmeralda" o entre "Viento" y "Muerto".

—Apenas llegamos a Caracas, después de la magnífica recepción que le brindaron los trabajadores al Jefe, nos dirigimos a visitar al Presidente de la Junta Revolucionaria Romulo Betancourt, que nos esperaba en el Palacio de Miraflores, vieja mansión que mandó construir el General Crespo para residencia particular y que su viuda vendió al General Vicente Gomez en la miseria de treinta mil bolívares. Es una casa inmensa, llena de cuadros y de gente joven armada con el espíritu de Acción Democrática y dominada por el ideal de Bolívar. En un salón sencillo y austero no recibe Rómulo Betancourt. Un abrazo estrecho y cordialísimo emociona a la concurrencia y el revolucionario del Norte con el revolucionario de América renuevan una conversación iniciada hace muchos años a través de la lucha heróica de los pueblos indoaméricanos. Haya de la Torre y Betancourt sostienen con sus ejemplos y sus ideales dos esquinas de Indoamérica y en el Palacio de Miraflores demuestran ante los pueblos de este continente, que la amistad que nace al calor del ideal americanista se mantiene firme como garantía de una nueva independencia de América. 

—Los periodistas, colegas inoportunos y por eso estupendos y eximios asaltan con sus máquinas fotográficas a los asistentes a la recepción clavando sus espadas de luz y de magnesio en los rostros de los dos revolucionarios y de los miembros de la Junta. Nos atiende luego el Secretario de Betancourt, joven estudiante de 23 años que actualmente maneja los hilos internos de la hábil política de la Junta Revolucionaria. Dejamos Miraflores con una impresión saludable y eufórica que nos traslada hacia un porvenir de cristalización democrática en todo el Continente.

—Nos alojamos en el Hotel Avila que está un poco retirado de la población y que se aún el parecer de las personas que conocen tiene un parecido asombroso con los hoteles de las Indias Orientales Holandesas. Cuatro países con mamparas sobre cerros forrados de hierba nueva y verdísima Y un silencio propicio para recorrer tranquilamente con los dedos, las teclas de esta máquina paciente.

—En la noche asistimos a una comida que nos tenía preparada el Presidente Betancourt, en su residencia particular. El Jefe, Jorge Idiaquez, Dammert Elguera y este modesto cronista, somos recibidos en la puerta de la casa por el propio Rómulo Betancourt, una casa limpia que posee un half reducido y familiar nos brinda la comodidad de su estrechez y de sus sillones. Junto a Betancourt, su señora que hace muchos años conoció al jefe en Costa Rica recuerda amablemente los ratos alegres en Centro América unió, en feliz amistad, a los revolucionarios que aventaron a todos los ángulos del continente las olvidadas tiranías de entonces. 

—Betancourt tiene 38 años pero representa mucha más edad. Pinceladas de plata adornan sus sienes y gruesos anteojos de miope precoz le agrandan los ojos. Da la impresión de ser un hombre sereno y firme que conoce el terreno que pisa y la responsabilidad que tiene entre manos. Charla amablemente con nosotros como si se tratara de viejos amigos. Haya y Betancourt ponen sobre el tapete de la conversación, sin resistencias ni vueltas, toda la capacidad humana de sus espíritus. Son dos niños con alma de libertadores nobles y buenos. Tocan todos los puntos que les interesan y todos los asuntos que coordinados pueden asegurar la unidad del continente.

—Cenamos en un comedor también pequeño en cuya mesa toman asiento su Ministro de Gobierno, que tiene 33 años y el Secretario General de Acción Democrática que cuenta con treintitrés años también. Los viejos Generalotes Lopistas y Medinistas son los que pagan el pato. Dieron la vuelta a la mesa entre risas y gestos de alegría para terminar, luego, con un brindis por el Perú y Venezuela, por el Partido Aprista y Acción Democrática y por la unidad de los pueblos indoamericanos. 
Caracas, 27 de Setiembre.

Haya de la Torre y Acción Democrática (21)

—Desde la terraza del Hotel Ávila los techados rojos de las casas de Caracas nos recuerdan las aldeanas y dulces poblaciones de los Andes. Trepan por los cerros que semejan tapetes verdes bordados por las manos expertas de alguna provinciana maravillosa y aladinesca. Cerros gemelos revestidos de alegría, de trinos y de sol anidan la ciudad que posee uno de los climas más deliciosos del mundo. Las casas desparramadas en las faldas nos dan la sensación, sobre todo para mi piuranismo acendrado, de que estamos viviendo una época futura de un Canchaque del año dos mil. Bella y veleta ciudad que nos agarra el alma y nos enamora y nos rodea de cierta dulce melancolía nocturna.

—Visitamos en la mañana el local del Partido Acción Democrática que representa en Venezuela lo que el movimiento aprista en el Perú. Local lleno de sencillez y de departamentos amplios donde, como en Chota Izquierda funcionan las diversas secretarías del Partido. A la entrada hay un aviso que advierte que el ingreso está limitado sólo para aquellos que pueden mostrar su carnet de afiliados. El Jefe y nosotros, digamos, Jorge, Dammert y yo ingresamos a la Jefatura donde un hombre recio, alto, moreno y silencioso nos tiende la mano con afecto. Un poco calvo, cargado de espaldas pero con unos ojos color castaña que tienen un brillo de "n" quilates. Estamos frente a frente a Rómulo Gallegos candidato a la Presidencia de la República que cuenta con el apoyo de Acción Democrática o sea de la mayoría del pueblo de Venezuela.

—Rómulo Gallegos me hace pensar en alguien. Me devano los sesos pensando a quién se parece y solo cuando cierro los ojos y tamborilea la mesa con los dedos nerviosos caigo en la cuenta que su figura, su gestos y su tono de ser y de hacer son parecidísimos a los modos del poeta Abraham Arias Larreta.

—Almorzamos juntos. En un bar de Caracas Julio cocinero tiene un nombre que bien puede ser de un escritor o de un artista de cine, pues se llama Pierre Brahant, empezamos a hilvanar en una cinta común nuestros lejanos conocimientos, nuestras inquietudes y nuestros pareceres refrescando toda esta conversación con novedosas y singulares anécdotas que en boca del autor de “Doña Bárbara” cobran un colorido sabroso y admirable.

—Nos dice Gallegos, mientras sonríe con su boca grande que deja al descubierto sus dientes grandes también, que al principio quiso llamar a "Doña Bárbara" por el título militar de “La Coronela” pero que por capricho dió vueltas a su léxico encontrando en sus reservas escondido el título de su obra magistral. Nos cuenta que ideó y maduró la novela en una visita que hizo al llano para buscar ciertos datos que le hacían falta para finalizar una obra que aún no termina. En lugar, continúa, de culminar lo que estaba haciendo empecé a escribir otra novela y esa fué "Doña Bárbara". Todos los personajes han tenido existencia real muchos de ellos aún trazan en el llano la lentitud de sus vidas alumbradas con la inmortalidad que les regaló el mayúsculo novelista venezolano.

—Charlamos largo y reímos largo. Sería interminable apretar en una crónica de viaje todo lo que Gallegos nos obsequió de su rica personalidad y de su sabrosísima conversación. Tal vez en un reportaje inmediato estamparé algo de lo que captó mi tranquila profesión de periodista novel.

—El Teatro Olimpia tiene capacidad para 3000 personas. En su recinto nos reciben los dirigentes de Acción Democrática. De la Torre ingresa a la sala con el pañuelo blanco en alto respondiendo al saludo de otros miles de pañuelos que ponen notas de algodón en el claro-oscuro de la amplitud del local. Nos sentamos en el estrado oficial rodeados de los miembros del Comité Ejecutivo Nacional del Partido. Mientras los compañeros asistentes que empujan las paredes con los cuerpos y las manos multiplican sus voces vivando al líder de la causa americanista, al Apra y al Partido Acción Democrática.

—La masa es la misma que la del Perú. Aman tanto al Jefe como a Rómulo Betencourt y el Jefe les corresponden con igual cariño. Nos da la impresión de estar sentados en el escenario del Cine La Mutua en uno de los grandes actos cívicos que suele organizar el Partido. Gallegos, hace la presentación y Luis Lander, Secretario General del Partido nos coloca en el ojal de la solapa, junto al Cóndor de Chavín, la lujosa insignia de Acción Democrática que está decorada con los colores y el escudo de Venezuela. Nos declaran Miembros Honorarios del Partido entre aplausos y abrazos.

—El Jefe con el brazo a la altura del corazón de Venezuela avienta su palabra dorada. Recorre en su discurso la heroica lucha del Partido e invocando el ideal Libertador clava en el asombro de los trabajadores el banderín inmortal de su esperanza.

—Las calles se llenan de amor al Perú y las gentes de Caracas abrazan en la simpatía del Jefe la dimensión espiritual de nuestra patria.
Caracas, 28 de Setiembre.

Haya de la Torre y Los Llaneros (22)

—Caracas es una de las ciudades más caras del mundo y es, tal vez, la más cara de América. Cien soles quedan reducidos en esta capital a la misera cantidad de 10 fuertes o sea 50 bolívares. No se puede adquirir una camisa modesta por menos de cuarenta soles y no puede uno conseguir que le arreglen el cabello por una cantidad inferior a cuatro soles. Un huevo tiene el precio prohibitivo de un sol que reducido a moneda venezolana equivale a 10 centavos. Un kilo de carne cuesta 12 soles y una botella de whisky ochenta soles. Una carrera de automóvil le sale a uno por cuatro soles y si requiere usted los servicios del mismo vehículo después de las doce de la noche tiene que sacar de la cartera con gran dolor del alma la cantidad de dos fuertes o sea veinte soles. Lima en comparación con Bogotá y Caracas es un paraíso. Cada vez que pienso cómo se quejan los limeños por el precio de la carne o por el del arroz o por el de la manteca, de todo corazón desearía que se vinieran a estas ciudades norteñas para que sepan lo que es bueno.

—En la ciudad Universitaria que está en construcción nos brindan una "ternera" que es lo que nosotros conocemos en el Perú con el nombre sabroso y sensual de "pachamanca". Asisten a esta fiesta criolla todos los profesores universitarios, los altos dirigentes de Acción Democrática, el Presidente de la Junta Revolucionaria Rómulo Betancourt, el candidato presidencial de A. D. Rómulo Gallegos, los Ministros de Estado y los obreros de la construcción que se levanta cerca.

—Por primera vez conocemos de cerca a "los llaneros" que describe Gallegos en sus obras. Negroides y con unos ojos grandazos y vivarachos que parecen de venados. Por primera vez visitan Caracas, pues han venido especialmente desde el Apure para cantar en "la ternera" unos cuantos "joropes" y "merengues". Usan alpargatas de cordobán adornadas con pequeñas rengues". Un sombrero de paja gruesos de pantalones y una casaca alta y cerrada parecida a la de los oficiales franceses completan la indumentaria del "llanero" de Venezuela. Esta casaca que está muy popularizada en los Estados Andinos y en la región de los llanos se llama "liquiliqui” y fué una de las prendas más usadas por el General Vicente Gómez.

—Cantan acompañados con una guitarra pequeñita, una arpa y un violín. No me explico cómo un instrumento musical tan aristocrático como el violín ha ido a dar tan fácilmente a manos de los llaneros y se haya acostumbrado a que lo manejen gentes avezadas en lanzas y en lazos rudos y campesinos. Tres llaneros legítimos entonan sus "joropes" dedicados a Betancourt, Gallegos y a la Junta Revolucionaria. Hay uno especial para el c. Jefe que empieza así:

"Víctor Raúl Haya de la Torre 
primer hombre del Perú
te deseo con cariño que regreses con salud”.

Haya de la Torre en la Plaza de Toros (23)

—Veinte mil personas agitaron sus раñuelos blancos cuando Haya de la Torre apareció en el estrado oficial de la Plaza de Toros de Caracas. Veinte mil vivas al Perú y veinte mil vivas al Aprismo dieron comienzo a la primera jornada popular que reúne a todo el pueblo de Caracas para saludar a un líder continental. El recuerdo de la Plaza de Acho salta delante de nosotros. Aquí como en Lima Haya de la Torre desde la altura que le brinda la gloria y el pedestal que sostiene su grandeza abarca con su palabra y su doctrina la inquietud de un pueblo que desde hace muchos años confía en el Apra y ve en Haya al Maestro de la Juventud Americana y al Apóstol de la Unidad Continental.

—Banderas de Acción Democrática entrelazadas con banderas del Apra adornan las galerías de la Plaza. Escudos del Perú y escudos de Venezuela señalan cómo ha penetrado en el hondón de la conciencia popular la semilla que Haya sembró hace veinte años por los caminos polvorientos del continente. Carteles que contienen los lemas del Partido nos dicen que todos los revolucionarios de Indoamérica tienen una palabra común de sacrificio, una palabra común de lucha y una palabra común de victoria y de realización. "En el dolor, hermanos, en la lucha, hermanos y en la victoria, hermanos", son las frases que se levantan en las manos de los trabajadores caraqueños que desde las horas tempranas de la lucha del Apra, esperan en este hombro de América que se llama Venezuela. "Haya de la Torre, bienvenido", "Haya de la Torre, Apóstol de América", "Haya de la Torre, primer revolucionario de América", "Haya de la Torre, campeón de la lucha antiimperialista", "Haya de la Torre, Maestro de Juventudes", son las palabras que sostienen el volumen de la noche y el cariño de los trabajadores por el Jefe y por la doctrina de nuestro Partido.

—Como sobre la arena fraterna de Acho, en la Plaza de Caracas vibra la melodía continental de una voz imperecedera y nueva. Como en Lima, en Caracas, resplandece desde el ruedo de la Plaza la pasión de un pueblo. Tal como en las galerías de Acho, en las galerías de la Plaza de esta capital miles de latidos hacen uno solo para que lo escuche la sombra de Bolívar y la gloria de los libertadores que nos dieron patria.

—Haya de la Torre levanta la mano izquierda tocando el corazón de Venezuela. Su perfil patricio y su gesto de creador nos empuja hasta la lucha con las lágrimas que la emoción hace brillar en nuestros ojos. Coma una parábola de fuego su discurso ilumina el cielo de Caracas marcando la ruta que señaló Bolivar hace más de un siglo. Apoteosis y dominio. Catálogo de luz y bandera de esperanza. Como un mar recién inaugurado las manos de los trabajadores subrayan como con un lápiz rojo gigantesco las palabras del Jefe.

—Por las calles la multitud da vueltas a las esquinas como una boa gigantesca. Adelante llevan el verbo y la emoción. De nuevo el nombre del Perú vuela sobre el espacio estremecido y en el fondo de nuestra sangre se empieza a tener una hermosa melodía de ternura. 
Caracas, 29 de setiembre.

Haya de la Torre en Miraflores (24)

—Todos los diarios de Caracas ilustran sus páginas impares con las más variadas fotografías de la visita del Jefe y en todos ellos, el juicio de los periodistas es unánime: Haya de la Torre es la más auténtica y valiosa voz del continente y del ideal de unidad americana. Aquí hay muchos más periódicos que en Bogotá, tienen más beligerancia política aunque ninguno alcanza, por ejemplo, el muestrario informativo que ostenta el diario "El Tiempo" de la capital colombiana. "El Universal" es un diario de gran circulación y de un espléndida servicio de noticias. "El País" es el vocero de Acción Democrática, pudiendo afirmar sin duda alguna que es "La Tribuna" de Venezuela. "Esfera" cuenta con gran información gráfica y sus fotógrafos son los mejores de la prensa venezolana. "Ultimas Noticias", "El Heraldo" y otros que no recuerdo, no se encuentran en un sitial inferior que los primeros. "El Nacional" es un diario comunista, alentado por los de Moscú y sostenido por los de Moscú en combinación financiera con un millonario excéntrico y lírico que cree en el paraíso soviético. Los dirigentes que alientan este "Pravda" caraqueño son riquísimos y de las más encopetadas familias de Venezuela. Son una especie de Rockefellers del comunismo criollo.

—En la noche asistimos a un banquete ofrecido por Betancourt al Jefe del Partido. Se sirve la comida en uno de los amplios salones del Palacio de Miraflores, que así se llama el Palacio de Gobierno de esta hermana República. Asisten todos los Ministros, intelectuales, periodistas y militares jóvenes de la Revolución de Octubre en un ambiente sin protocolos y saturado de fraternidad y de compañerismo.

—El Palacio es una vieja casa de paredes semidoradas que hace muchos años mandó construir el General Crespo para su esposa y que Vicente Gómez adquirió muchos años después. Es pequeño y luce unos artesonados magníficos, dejando colgar desde sus techos, las más hermosas arañas que he visto en mi vida. Lo recorremos de pies a cabeza maravillándonos de sus recovecos y de su historia un poco sombría. Vicente Gómez, que raras veces premeditada en sus habitaciones sus crueldades, ha dejado en los natios y en las oscuridades de las salas mucho del espanto que mantuvo inmóvil el espíritu del pueblo venezolano durante 27 años de dictadura. En este Palacio fué donde asesinaron al hermano del difunto General y donde se mantuvo un cerco de hierro y de silencio con las intrigas del Dictador andino.

—En uno de los ángulos del patio central, nos sentamos en una mesa amplia y hermana: el Presidente Betancourt, Gallegos, Pocaterra, Dammert Elguera, Andrés Eloy Blanco y Jorge Idiáquez. Muchas anécdotas danzan con sus pies de fantasía sobre el tapete elegante. Allí nos enteramos que el General Medina perdió el poder cuando se encontraba "rascado" o sea borracho. Nos enteramos que por su afición al rubio y caro licor escocés, el pueblo de Caracas le había clavado el mote de “El General Whisky” y que la Junta Revolucionaria está por pagar una cuenta de 100.000.00 dólares que el General Medina consumió en whisky durante el tiempo de su gobierno.

—También cuentan sobre el mismo escenario una anécdota muy ilustrativa del General Gómez. Relató el poeta Andrés Eloy Blanco que tan buenos recuerdos hace del otro poeta Alcides Spelucín, que en una oportunidad el criollo dictador de los 27 años ordenó que "afusilaran" a un enemigo político en la prisión, que se encontraba entonces en medio de Caracas, a cuyo deseo respondió el encargado del asunto que la ejecución haría mucho ruido y se enteraría la población que ya daba síntomas de alarma. Vicente Gómez, que tenía salida para todo, contestó, sin escrúpulos y sin empacho: "Pues afusílelo con machete que así no se oye".

—Gallegos nos cuenta otras más y Betancourt otras también interesantes que retratan la figura recia y dominadora de Gómez, mejor que cualquier biografía amasada en literatura e imaginación novelesca.
Caracas, 30 de setiembre. 

Caracas, el estandarte de Pizarro y algunos museos (25)

—Empiezo está crónica por donde debí haber comenzado mis anteriores sobre la capital de Venezuela. Caracas es una ciudad que tiene cerca de 400.000 habitantes, que conserva todavía en el centro geográfico de su plano un marcado sabor colonial, extendiéndose en nuevas urbanizaciones hacia los cuatro puntos cardinales. Nuestro Hotel está situado en el barrio de San Bernardino que luce orgulloso las mejores construcciones de la ciudad y una teorizante cantidad de jardines que amanecen envueltos en una neblina suave y melancólica.

—Esta vieja ciudad venezolana tiene más vida nocturna que Lima y Bogotá. Junto a los cines las gentes se reúnen para hacer la vida que hacen los madrileños en los cafés y los peruanos en sus casas. Estos lugares de tertulia y de compañerismo son "Las fuentes de Soda" que equivalen a los clubes de los ingleses y a las "peñas" de los despeñados líricos que tan ligeros y desabridos recuerdos han dejado en Lima.

—En una orilla del centro de Caracas se levanta una urbanización verdaderamente extraordinaria que fué construida por el General Medina en una carrera fantástica de bolívares. Varios bloques monumentales de cemento armado circulan una amplia plaza dominada por dos fuertes bellas y poéticas. Portales que imitan a los que construyeron los españoles en nuestras viejas ciudades se llenan de agitación, de mujeres hermosas y de palabras suaves y nuevas. Grandes tiendas, fruterías. "Fuentes de Soda" confiterías y cinemas son las que componen el mapa iluminado con luz neón de este ancho solar caraqueño que se conoce con el nombre de "El Silencio".

—Frente al Capitolio que está refaccionándose porque en breve funcionará en él la Asamblea que le dará a Venezuela una nueva Constitución, se encuentra la Universidad Nacional. Es un edificio mucho más limpio que el de San Marcos, más higiénico y más llamativo. Decenas de ventanas altas y ojivales miran sobre la calle vigilando la posible travesura de los representantes a Cámaras. Una torre colonial y esbelta sirve como referencia desde muy lejos de que en ese punto de Caracas se conserva la tradición.

—Al lado, en otro frente del Capitolio funcionan las oficinas de la Municipalidad. En un largo salón que da la impresión de un tubo, prendidos de las paredes se aprecian muchas vejeces ilustres. En primer término, en un marco de madera riquísima, llama con la mano al visitante un viejo estandarte desteñido en cuyo centro un escudo de Castilla se deja notar todavía a pesar de los siglos transcurridos. Es el estandarte que Francisco Pizarro trajo a estas tierras cuando conquistó el Perú. El Cuzco se lo obsequió al Mariscal de Ayacucho, este al Libertador y éste a su vez al Municipio de Caracas. Al lado del escudo un caballo y un caballero con vestido de la época. Más allá un cuadro de Bolívar a caballo y esto nos hace reflexionar que con caballos nos conquistaron y con caballos nos libertaron.

—El Museo Bolivariano bien merece la suerte de verlo, gozarlo y amarlo por más tiempo que el que ligeramente tuvimos nosotros para recorrerlo. Una señora de cierta edad, muy amable y simpática nos guía por los salones millonarios del Museo. En una caja fuerte surge ante nuestros ojos maravillados la espada de oro que el Perú le obsequió al Libertador. Es lo más bello que hay en Venezuela. Alta, abrumada por el brillo innumerable de los miles de brillantes, su precio se calcula en quinientos mil dólares. En la parte alta del pomo la cabeza de un indio marca el principio del metal convertido en espíritu de agradecimiento. Más abajo Manco Сарас у Mama Ocllo sostienen —cosa curiosa— un gorro frigio. En la base de la vaina una serpiente altiva y esbelta remata la joya aladinesca. Un Sol del Perú hecho de brillantes se acomoda al lado de la Espada. Siempre había tenido la impresión que en el Perú se habían olvidado un poco de Bolívar, pero ahora constato que nuestros abuelos supieron ser agradecidos con quien les dió patria y libertad.
Caracas, 1 de octubre.

Haya de la Torre en Panamá (26)

Después de atravesar el Golfo de Darién en uno de los Clippers de la Pan American llegamos a Balboa a las 9 de la noche. En el aeródromo iluminado por cientos de faroles eléctricos nos esperan los Ministros de Estado, los diplomáticos, los periodistas y los amigos del Partido.

—Como en 1923, 1927 y 1931, Haya de la Torre pisa las costas históricas de Panamá trayendo el mensaje de la unidad continental y antimperialista. Han pasado muchos años desde aquella época en que en esta esquina del mundo el revolucionario aprista tuvo que soportar la hostilidad de los dictadores. Hoy, con la madurez de una doctrina invencible en sus manos y en su palabra vuelve a contemplar las aguas mezcladas de dos océanos, renovando ante las playas que descubrió Balboa su ideal de fraternidad americana.

—Panamá es la garganta de América donde todos los políticos, andarines preocupados y melancólicos viajeros tienen forzosamente que contemplar las estrellas del trópico y soportar el calor más intenso de estos litorales relumbrantes. El país, en realidad, se reduce a la faja estrecha de la zona del Canal donde tres ciudades cultivan dos lenguas y tres razas, Balboa es la parte de los "gringos" donde aterrizan los aviones, los soldados yanquis, los dólares y los peregrinos del continente. Esta Balboa deslatinizada está separada de la ciudad de Panamá por una calle en la que invisiblemente se alza una muralla elevada y sólida. 

—Esta ciudad de Panamá es una de las tres que componen el mapa de la Zona del Canal. La tercera está situada sobre el mar Atlántico y luce el nombre lejano e ilustre del descubridor de América: Colón.

—Desde que uno pone los pies polvorientos en el ricacho campo de aterrizaje de Balboa, percibe un intenso olor de "gringo" mezclado al no menos intenso de los negros que forman el setenta por ciento de la población de Panamá. Nos instalamos en el Hotel Internacional que mira a una pequeña Plaza donde la luz de los Cabarets nocturnos hacen guiños maliciosos a los asustados e ingenuos viajeros de este lado del continente.

—Aquí las gentes hablan dos lenguas: inglés y castellano. Tienen dos sensibilidades para las cosas: una rubia y otra negra. Tienen dos clases de negros: los panameños y los "chumbos" que vinieron a estas tierras hace muchos años desde las playas calientes de Jamaica. Tienen dos costados: el del mar Pacífico y el del Atlántico. Panamá en síntesis es el país de la dualidad en todo sentido que se le acepte y desde todo ángulo que se le mire.

—La ciudad tiene cerca de 150.000 habitantes que viven apretadas en varias zonas. Los negros se amontonan sudorosos y semidesnudos en el barrio de Caledonia, donde las casas de madera son una permanente tentación para los dientes voraces del fuego. En este barrio todo es negro, hasta el aire que se respira. Largas hileras de ropas expuestas al sol esperan secarse para cubrir, después el charol sapolinesco de los negros. Los blancos se acurrucan en el resto de la ciudad, diseminados por los barrios de Bellavista y las calles restantes. Los americanos exhiben sus “jeeps” y sus "slacks" en la zona del Canal, donde el General Crittemberger cuida con mano firme la defensa de este punto continental.

—En la noche, la misma que llegamos, el Embajador del Perú nos brinda una simpatiquísima comida en el local de la Embajada desde donde se alcanza con la mirada el vivero de luciérnagas eléctricas que iluminan la ciudad. Larga charla y largo calor. Da ganas de gritar. Tiene uno la sensación de la muerte por asfixia. Ruega uno, en su interior caldeado tan bien, que una brisa bienhechora nos refresque la frente. Piura, áspero medallón de arena y de sol, es una sucursal de esta antesala del infierno. 

—Los panameños nos acompañan en una conversación cursiva hasta las tres de la mañana. Tienen fe en el Jeje y en el Apra. Creen firmemente que nosotros los apristas somos sus mejores y más sinceros amigos y ven en Haya de la Torre el campeón del antimperialismo. Hace muchísimos años que esperaban la visita ansiada y hoy frente al fundador del Aprismo que reclama la interamericanización del Canal de Panamá no cesan de hacerle preguntas, de requerir consejo y orientación.

—Las notas cortas y bulliciosas de los "boogie-boogie", de los "Swings" y de los "jitterbacs", nos mantienen despiertos hasta muy tarde. Las voces de los soldados americanos repletos de "whisky" y de saudade nos desvelan y nos hacen pensar en la Lima lejana, amable y siempre alegre. Mientras las luces de la ciudad comienzan su desbande para volverse a juntar en la próxima noche; empiezan también a desbandarse nuestros recuerdos para darle paso al sueño que bien lo necesitamos y lo merecemos.
Panamá, 4 de octubre.

Haya de la Torre en Costa Rica (27)

—Costa Rica es el país de la eterna juventud, comenta el Jefe al abrazar a sus viejos amigos para quienes el tiempo ha tenido un respeto cariñoso. Todos los compañeros que alegraron su destino durante los tres meses que vivió en este dulce rincón de Centro América allá por el año de 1928, retoman el hilo escondido de una fraternidad que emociona. Cientos de compañeros nuevos saludan al Jefe con vivas al Apra. Mujeres, estudiantes, trabajadores e intelectuales han acudido al aeródromo de "La Sabana" para saludar a quien consideran un hijo de Costa Rica. Por primera vez en toda la jira, veo en los ojos del viejo revolucionario la humedad de una lágrima que sujeta desesperada una sonrisa. 

—San José de Costa Rica es una ciudad de ensueño. Es la “Changri-La” de América: las gentes sonríen mostrando una dentadura perlina y fresca, saludan con la mano amplia y sonrosada dejando en el aire la serpentina musical de sus risas. Sus mujeres son las más hermosas de esta faja romántica del Continente. —No hay feas. —No hay malos gestos ni enconados resentimientos. —Todos reflejan en sus ojos la azul bondad de un cielo recién pintado por los ángeles. Huelen a limpio, a jabón, a menta, a romero, a salud.

—Siempre había soñado con un lugar así. He recorrido el hilo de mi imaginación y al fin he tocado el extremo lejano para cerrar el círculo. En esta ciudad de maravilla se despegan del corazón los recelos y los años. Sobre las primeras calles de San José, sucios y rotos, algunos años mal puestos en mi vida se han quedado para siempre mirando al ciclo en busca de perdón.

—San José tiene 100.000 habitantes y millonadas de afecto. Sus calles amplias y rectas son de una limpieza provocativa. Sobre sus veredas las muchachas costarricenses, rubias y rosaditas como manzanas de California, taconean con sus zapatos pequeñitos cimbreando los más bellos y saludables cuerpos de este hemisferio alegre y despreocupado. Un mes en esta ciudad y el más empedernido enemigo del matrimonio con toda seguridad que pierde su soltería. 

—Lo que más nos llama la atención es la enorme cantidad de librerías y de escuelas. Costa Rica es el único país del mundo que tiene más maestros que soldados, por eso es también el único país de Centro América donde nunca se arriaron las banderas de la libertad.

—Nos instalamos en el Hotel Costa Rica que está ubicado al frente del Teatro Nacional. Cientos de personas esperan en el hall y en los pasillos para abrazar a nuestro Jefe. Todos son apristas y de corazón. San José es la Trujillo de Centro América y la esperanza de la unidad continental.

—En el ascensor vuelvo a encontrarme Libertad Lamarque. La primera vez la encontré en el ascensor del Hotel Internacional de Panamá. Sería como si me la fuera a comer me mira de arriba a abajo con sus ojos de pantera engreída. Yo la miro por todos lados.

—Charla sin resistencias. El Ministro del Perú Elejalde Chopitea nos ofrece una comida en su casa donde, en animada conversación, nos tocan las 12 de la noche en las primeras campanas del cansancio y del sueño. Mañana será otro día de nuevas impresiones y de lejanos recuerdos.
San José de Costa Rica, 6 de octubre.

Volcán, ópera y otras noticias (28)

—"Lluvia en la ciudad, llanto en mi corazón". Los versos melancólicos y tristes del poeta francés como un violín lejano trazan una línea azul y suave en nuestra alma. Llueve esta noche en San José de Costa Rica y nosotros encerrados en el hotel volamos con la alada imaginación de peregrinos hasta la niñez en la cual solíamos mojarnos con el agua de la lluvia sonora y alegre que elevaba hasta nuestras naricillas sonrosadas el olor de la tierra mojada y de la hierba nueva.

—Hoy hemos almorzado en el Palacio Presidencial. Acompañados de la patricia figura de don "Juanco", que así llaman aquí por cariño a don Joaquín García Monje. Director de “Repertorio Americano”, saludamos al doctor Picado, Presidente de la República, hombre joven y alegre que gobierna con el apoyo de las fuerzas más dispares dentro de una coalición rara y sui géneris.

—El Palacio es una casa que oсuра unа manzana, de color amarillo y de patios anchos. Parece la casa de un rico provinciano con gustos postizos adquiridos en una Francia de fin de siglo. En ella, sin embargo, se respira democracia y confianza.

—El volcán Irazú es el secretario de propaganda de los volcanes centroamericanos, porque por su simpatía, buen carácter y tranquilidad es el más accesible a las visitas. El compañero Jefe, el Rector de la Universidad y nosotros hacemos el recorrido hasta el cráter bordeando el más hermoso paisaje que he visto en mi vida. En la cumbre, que se alza 3500 metros sobre el nivel del mar, contra la opinión de mis arterias, admiro con el Jefe la grandiosidad del volcán. Tiene un cráter inmenso que parece una olla infernal y a cuyo lado, otro más pequeño echa humo y piedras negras. Esta es la segunda vez que Haya de la Torre visita a este hermano del Misti y del Momotombo, enterándose por boca del Rector que cuando hizo erupción por primera vez era Gobernador de Costa Rica, don Diego de la Haya, vicio pariente de los Hayas peruanos.

—Hace pocas horas hemos regresado de escuchar la ópera "Marina" de Emilio Arrieta. La representación la hemos saboreado en el Teatro Nacional, orgullo de los costarricenses, construído hace cincuenta años por la bagatela, aquel entonces, de un millón de colonos.

—En este Teatro, anteayer, dictó su primera conferencia el compañero Jefe. Las plateas que son envidia de todas las plateas de América por lo cómodas, los palcos tapizados de terciopelo rojo, las galerías adornadas con murales vistosos y solemnes, los pasillos de mármol riquísimo, todo el Teatro lleno de gente hasta la barbaridad, escuchó la palabra de Haya de la Torre que recibió de los oyentes las más cálidas muestras de cariño y de admiración.

—Después, sorprendidos por la lluvia mientras nos encaminábamos a tomar un rеfresco de tamarindo, nos retiramos hasta este Hotel somnoliento donde hilvano estas palabras con saudade y cariño.
San José de Costa Rica, 7 de Octubre.

Costa Rica, país de sol y alegría (29)

—La Escuela República del Perú es la mejor del país y en sus clases se reune lo mejorcito de las niñas costarricenses. Las más bellas chiquillas de San José estudian en esta escuela que merece una crónica aparte. Veinte maestras están a cargo de la enseñanza y los símbolos patrióticos de Costa Rica y el Perú, se cruzan en las paredes de todos los salones donde las niñas cantan los Himnos Nacionales de los dos países hermanos.

—En esta escuela se lleva a cabo una actuación en homenaje al Jefe, que emocionado, junto a nosotros y al Ministro de Educación, escucha uno de los programas más sencillos y alegres realizados en su honor. Desde la entrada hasta el salón de actos montan guardia cerca de treinta niñas de doce años, todas ellas rubias con falditas blancas y charreteras doradas que saludan graciosamente con una leve inclinación de cabeza y un esbozo ligerísimo de sonrisa en los labios. En un escenario lleno de flores, varias niñas recitan poemas en honor al compañero Jefe exaltando sus valores de luchador y de patriota. Con voces frescas y cantos suaves y tiernos saludan las banderas de Costa Rica y del Perú, mientras unas cuantas lágrimas de viva y enamorada emoción nos pavonan los ojos. 

—Acompañados por las alumnas y maestras abandonamos la Escuela que da frente a una calle ancha y agitada. Aquí en San José las calles tienen una nomenclatura rarísima por lo inacostumbrada: cada cuadra es denominada por la cantidad de doscientas varas y se ubican las posiciones, refiriendo los lugares a los puntos cardinales. Así, por ejemplo, la casa de don Joaquín Garcia Monje está a cuatrocientas varas al este del Hotel "Costa Rica" en el cual estamos alojados.

—Este es el mejor de los climas que hemos gozado, si cabe la palabra. Todo el día hay sol, salvo los pequeños intervalos de una lluvia palomilla y bromista que gusta mojar a las gentes cuando a éstas se les ocurre dejar sus casas sin llevar el paraguas bajo el brazo. Ni calor excesivo, ni frío intenso. Se suda cuando se discursea y se siente un poco de frío cuando uno permanece inmóvil.

—A pesar de todas las maravillas de esta bella ciudad que se enorgullece de exhibir los más bellos ejemplares humanos ante los ojos de América, los campesinos, y muchos pobladores de la ciudad no usan zapatos y es que lo hacen, como los cholos de Sechura, por ahorrar y sentir en un largo llamado de ancestro, el calor de la tierra pegado a la piel de sus pies.

—Todos los costarricenses han acudido anoche a la tercera y última conferencia del Jefe que los ha dejado maravillados. Nunca lo he escuchado más inspirado y nunca he escuchado conceptos más redondos e ideas más precisas y profundas sobre la dimensión continental del Aprismo. Fué un delirio. De pie, con las manos en alto y en aplauso, vivaron com tremenda y crujiente voz de místicos al hombre que les ofrecía el mejor fruto de su genio. Todos salimos salvados: los que lo escuchaban por primera vez y los que estamos acostumbrados a su verbo de llamas.

—Como en Colombia, Venezuela y Panamá, en Costa Rica están admirados de la resistencia física del Jefe. No conciben su capacidad extraordinaria para mantener siempre lúcida su mente, lustrosa su palabra y sano su cuerpo. El Jefe dá como término medio, tres discursos al día y no muestra el más ligero síntoma de cansancio. Precisamente ayer subimos con él a 3.500 metros de altura, hasta la cumbre del Volcán Irazú y él fué el único que corrió y trepó colinas y alturas sin la menor agitación en la voz y en el rostro. Nosotros que lo conocemos, nos sonreímos y meditamos qué pensarían los compañeros de Costa Rica si lo vieran en Lima donde trabaja sin descanso desde hace quince años por mantener la dignidad de nuestro pueblo y poner en cuarentena a los enemigos de la democracia.

—Los periódicos enemigos y amigos del Apra se ocupan ampliamente de la visita del Jefe que según ellos tiene una resonancia que abarca toda la conciencia de América. "Es, dicen, una gira hecha a través de millones de espíritus que hoy se levantan ante el conjuro de la voz aprista hasta el corazón de la patria común que es Indoamérica".
San José de Costa Rica, 8 de octubre.

Haya de la Torre en Guatemala (30)

—Guatemala es el centre de la atracción de los turistas y tiene el privilegio de ostentar con orgullo los mejores paisajes de Centro América, los indios más puros y los volcanes más pintorescos, Colocada junto a México y con salida a ambos océanos posee una fisonomía envidiable: grandes alturas con vegetaciones extraordinarias, un Iago que haría palidecer de envidia al Titicaca y una moneda que se cotiza a la par con el dólar.

—Hemos llegado a Guatemala en los momentos más interesantes de la vida política de este bello país de lluvias y truenos cotidiano. Por una parte Arévalo está desubiquizando la administración pública y lavando la ruta de la reparación moral del pueblo guatemalteco y por otra parte la opinión pública se ha encauzado dentro de un justo movimiento de devolución de Honduras Británica que desde hace varios siglos es posesión inglesa a pesar de que los súbditos de la Corona Británica no tienen por qué estar todavía metidos allí.

—Este pedazo de territorio que reclaman los guatemaltecos se conoce también con el nombre de Belice y es un emporio de riquísimas maderas. El gobierno de Arévalo está empeñado en bajarle el copete a los rubios marinos ingleses que no desean que con una devolución como la de Belice se empieze a desgranar el rosario de posesiones que anacrónicamente retienen aún en este Continente.

—Todos los funcionarios, periodistas, intelectuales y destacados miembros de la política nacional se dieron cita en el aeródromo para darle la bienvenida al Jefe que desde hace dieciocho años no pisaba estas tierras tan llenas de encanto y de salud. En dos automóviles, uno de ellos presidencial nos trasladamos hasta el Hotel San Carlos en cuyo hall las banderas del Continente se alinean en simbólico recibimiento cordial y unionista.

—La capital de esta república es una ciudad bellísima que cuenta con trescientos mil habitantes, avenidas anchas y dominadas por árboles copudos y alegres. Nos sorprenden la cantidad desproporcionada de automóviles y de fuentes. A la entrada, viniendo del campo de aviación, una imitación en pequeño de la Torre de Eiffel —capricho del ex-dictador Ubico— nos saluda con su altura de hierro enrevesado y plomizo. Luego apreciamos la Plaza de Armas que se abre en extenso descanso frente a la Catedral y al Palacio de Gobierno apuntando al cielo con una fuente de bronce tan alta como millonaria de agua.

—Después de visitar al Ministro de Relaciones Exteriores, pasamos a saludar al Presidente de la República, Dr. Juan José Arévalo, viejo revolucionario y amigo del Aprismo. Nos recibe con afecto y sencillez. Un abrazo estrecho de reencuentro para el c. Haya de la Torre y un efusivo apretón de manos para nosotros que todavía llevamos prendidos en los ojos el espectáculo impresionante de los volcanes y de los lagos que admiramos desde el avión que nos trajo desde San José de Costa Rica.

—Arévalo es un hombre joven y alto. De ojos azules y cara llena posee una palabra fácil y un alto sentido de la amistad. Conversamos de todo: desde economía hasta poesía. Es un gobernante cultísimo que sabe donde tiene los pies y donde debe apretar las tuercas de la maquinaria estatal. Su despacho está situado en uno de los tantos salones del Palacio de Gobierno que construyó Ubico por la cantidad de tres millones y medio de dólares. Junto a su escritorio hace sombra un Quetzal disecado de larga cola y de plumas brillantes. Este pájaro que está en vísperas de desaparecer por lo codiciado de sus plumas ilustra toda la vida del pueblo de Guatemala. En el escudo del país llena con su hermosa figura el símbolo patriótico. La moneda lleva también el nombre de este bendito animal y el lugar donde escribo esta crónica está muy cerca de una población que se llama Quetzaltenango que quiere decir en idioma quiché "Lugar donde vive el Quetzal". Cuenta la leyenda que un Quetzal acudió cariñoso a curar las heridas de un Jefe Quiché que en duelo singular con un conquistador sufrió de manos del invasor una lanzada feroz en el pecho.

—El Palacio al que me he referido es uno de los más bellos de América. En él funcionan todas las dependencias del Ejecutivo, maravillando al visitante con sus tres pisos adornados con murales genialmente ejecutados por el pintor guatemalteco Gálvez. Todos los motivos son inspirados en la historia nacional sobre todo en los capítulos de la Conquista y de la Independencia. El salón de recepciones es todo de caoba, y en el centro exhibe una araña que pesa dos toneladas y media. En este salón dictará el miércoles próximo una conferencia el c. Jeje.

—Después de que el Jefe conversa por una hora con el Presidente de la República asistimos en la noche a una simpatiquísima comida que le ofrece al compañero Haya de la Torre su recordada y buena amiga Teresa Alcázar de Orozco. Después nos retiramos para salir al día siguiente rumbo al Lago Atitlán orgullo y prez de la tierra de Quetzal.
Guatemala, 11 de octubre.

Haya de la Torre en el Lago Atitlán (31)

—A las 6 de la mañana partimos acompañados por el Ministro del Perú en Guatemala, Germán Aramburú, rumbo al Lago Atitlán que se levanta a 1,500 metros sobre el nivel del mar. Después de tres horas de ver pasar la exuberancia del color como en rara película de fantásticas imágenes divisamos desde un mirador de piedra la vastedad azul del más voluble de los lagos del mundo. Inmensa masa de agua punteada en sus orillas por siete pueblos arrinconadas en 7 pequeñas bahías llenas de indios y de turistas.

—Reclamo con la mirada la lejanía del horizonte y la altísima cresta de los cerros enfundados en ver de terciopelo de musgo y de maíz. Reparo en la distancia que este punto de Guatemala está separado de Lima, en su escondida y sugestiva belleza, en su majestad telúrica y en su larga leyenda de indios y de misterios y vuelto sobre mi mismo, sobre mi propia existencia, me siento extraño y raro como si antes, quien sabe en que época, ya hubiese paseado mis ojos por este rincón dulce de Centro América.

—Haya de la Torre con un sombrero marrón y una casaca de cuero salta ágilmente sobre una lancha que terminamos de llenar nosotros. Abrimos las aguas con la proa y con las manos que quieren humedecerse en el Lago transparente y dormido. Utilizamos hora y media para atravesarlo, soportando al regreso una lluvia que como los japoneses nos ataca a traición. Ponemos pie en tierra precisamente en el momento que empieza a soplar sobre el hierático Lago guatemalteco un viento fuerte y vespertino que los indios temen y llaman con el nombre de "Viento Chocomil".

—Cuentan los indios que todos los días a la hora del crepúsculo, las aguas del Lago se encrespan sopladas por una divinidad que exige siempre víctimas para saciar ciertas maldades caprichosas y antiguas. Enrique Dammert con su usadísima y avezada cámara fotográfica desafía la cólera de los dioses tomando varias vistas del compañero Lago que tal vez nunca más volveremos a cruzar.

—Los indios de esta región son tan parecidos a los de nuestros Andes que tenemos la impresión de qué son algunos de esos "patas de lana" que tenemos por allá por el Centro que se han venido a disfrazar por estas orillas del solemne Atitlán. Visten los más variados vestidos. Cada pueblito exige determinados colores en las ropas que sirven de distintivos entre los indios. Son ropas llamativas y gruesas. Rojas, azules, verdes, amarillas y telas "tutenkamen" ponen sobre el paisaje una alegre tonada de arcoiris.

—Estos indios, como los nuestros, son un ejemplo de resistencia física. Caminan cientos de kilómetros llevando sobre sus espaldas, quintales de maderas y de ollas. Sostienen los fardos con la frente donde una tira de cuero o de tela dándole vuelta a la cabeza se une en sus extremos con la carga pesada.

—Dejamos el lago a nuestras espaldas acompañados por 2 periodistas cubanas que viajen hacia México en no sé que misión, tal vez a la trasmisión del manda, no le sé a ciencia cierta. Llegamos a las seis de la tarde al pueblo de Chichicastenango, centro indigena donde los domingos los turistas pasean la ciudad llena de indios que venden sus baratijas a los curiosos viajeros. Es un lugar sumido en la tradición indigena prendido de varias iglesias y de un Hotel regio donde las marimbas saturan el aire de música autóctona y mexicana. Los indios empiezan a llenar a la Plaza del Mercado desde las 9 de la noche, acudiendo enseguida a las iglesias donde es costumbre que recen los hombres en voz alta, mientras sus mujeres esperan en la puerta con los bultos y los hijos a la espalda.

—Frente a mi habitación que comparto con el diputado por Lima un sencillo cementerio iluminado por la luna nos trae el recuerdo de los modestos y blancos camposantos de nuestros pueblitos provincianos. En este suave rincón de Chichicastelnango alineó estas palabras resistiendo un sueño que me apremia y como son doscientas horas que tengo atrasadas en el llano dormir de los hombres comunes, finalizo esta crónica dispuesto a encontrar un poco de calor en las colchas multicolores de la cama que me invita a echarme con el deseo de regresar muy pronto a Lima.
Chichicastenango, 12 de Octubre.

Haya de la Torre en Chichicastenango (32)

—Desde las 6 de la mañana la pequeña plaza de Chichicastenango empieza a poblarse de indios comuneros que acuden vender sus baratijas a los turistas y a elevar sus ruegos a los santos en complicados ritos en los que mezclan abigarradamente rezos católicos con prácticas paganas. Vestidos con pantalones cortos tejidos de lana oscura y con casacas multicolores se enfundan la cabeza en largos paños rojos que ellos llaman en quiché, "sutes".

—Recorremos con el Jefe la mayoría de los puestos de venta que huelen a resinas aromáticas y a maíz fresco. Sobre piedras rojas por el fuego calientan los indios sus "tamales" hechos a la manera de los que conocemos en el Perú. Se diferencian de los que comemos nosotros en el tamaño, pues dan la impresión de esos ladrillos gigantes que se llaman "kinkones" y que se usan en las construcciones altas y ligeras. En la iglesia los indios cubren toda la nave con sus velas y sus flores junto a las cuales se hincan sobre una sola rodilla haciendo mil garabatos con las manos. Existe la costumbre, por cierto muy cómoda para las mujeres, de que recen sólo los hombres mientras sus esposas con el hijo a la espalda esperan a una distancia prudencial que termine el ajetreo de sus maridos. El párroco recorre cada montón de indios fanáticos recogiendo piadosamente los centavos que irán después a incrementar la bolsa de la iglesia y la del propio cura.

—En medio de este laberinto religioso tenemos que andar muy juntos para no perdernos entre el humo que nos impide ver de lejos. Los "líderes" de la comunidad queman grandes cantidades de "copal" que reemplaza a maravilla al zahumerio y excita mejor la pituitaria…

—Compramos varios manteles hermosísimos y algunas piezas de plata labrada por los que pagamos algunos "quetzales" que van de nuestras manos a los bolsillos recónditos de los indios. Comparamos y sacamos conclusiones: nuestros indios son mejores. Estos de Guatemala son indios pequeños y nada hermosos, hoscos y encorvados, mal alimentados y demasiado tristes. Lo único que los salva del anonimato es la variedad cromática de sus telas y el arte con que hacen sus puñales, uno de los cuales me lleve de recuerdo por un dólar y cincuenta centavos.

—Larga tarde de descanso y de recuerdo. En la noche unas norteamericanas "desglamourizadas" y flacas hasta la trasparencia ponen una nota de languidez en la velada. Los "marimberos" rompen nuestro paisaje interior de silencio con las notas alegres y cristalinas de las "marimbas". Ejecutan "sones" y valses, "sambas" y "corridos". No falta un "huachafo" que pide por allí que le toquen un tango ante la protesta cerrada de nosotros.

—Al día siguiente con las primeras caminatas de los indios dejamos el Hotel May Inn rumbo a lugares más altos y fríos. El Jefe con su vitalidad extraordinaria es el primero que se levanta y alegremente nos va pasando la voz a todos que acreedores del sueño estamos todavía con las sábanas pegadas al cuerpo en grave intención de holganza matinal. Nos despedimos de los periodistas cubanos que nos acompañaron hasta ese instante alejándonos del escenario de Chichicastenango con una larga mirada que gira 180 grados en vana ambición de abarcar por última vez en las pupilas la belleza de las montañas.
Quezaltenango, 13 de octubre.

Haya de la Torre en Quetzaltenango (33)

—El primer pueblo que tocamos en nuestro recorrido por el interior de Guatemala, es parecido a aquellos que se desparraman silenciosamente por el norte de nuestro país. Con sus gentes humildes y tranquilas dan la sensación de que nunca pasó por allí la inquietud ni la alegría a pesar de que el paisaje de los valles y de las faldas de los cerros parecen gigantes calcomanías bajo el cuidado de algún pintor divino y celoso. Chocamos con la población de Totonicapán, abierta al sol y al descanso. Luego avizoramos desde lo alto el pueblo de Quiché, capital del departamento que tocamos tangencialmente y más allá varios puntos pincelados de indios y de neblina.

—Nuestros automóviles con sus trompas de acero horadan las nubes que van dejando amorosamente sobre las hierbas y el trigo pequeñas caricias de rocío. Subimos hasta 4.000 metros de altura admirando la belleza inédita de estas regiones tan próximas al cielo. Los indios con sus cargas de maderas y de altura nos miran silenciosamente sin detener sus caminatas decoradas de sudor y de cansancio. Las parcelas sembradas de un trigo maduro parecen "petates" nuevecitos y limpios. Junto a ellas los campos sembrados de maíz. Las mazorcas pesadas se inclinan sobre los tallos frágiles mostrando sus dientes de oro. Los árboles gigantes, viejos espectadores de la muerte, elevan sus copas recortando sus siluetas sobre un cielo clarísimo en medio de cuya grandeza un enorme aeroplano como un tiburón de mercurio traza una línea de lejanía y de reminiscencia.

—Después de varias horas de silencio que alterno con Jorge Idiáquez en variada conversación nos inclinamos sobre Quetzaltenango, antigua ciudad guatemalteca desde donde escribo esta crónica de viaje. Es la segunda ciudad de la República y tiene una bella y altiva tradición cívica. Todas las casas son chatas debido al temor que tienen sus habitantes de que de repente un terremoto eche por tierra sus construcciones y con ellas sus vidas.

—Pasamos arrimándonos a la Plaza de Armas que muestra sobre sus esquinas altas columnas inconclusas de algún proyectado templo a la luz y a la música de la región. Millares de personas se arremolinan sobre varios puestos de vivanderas que venden tamales y maní. Es domingo y hay una especie de feria en el lugar. Quinas y juegos, carrouseles y marimbas, muchachas e indios, todo da una estampa digna del mejor pincel de América. Un “quinero” vocea las figuras que policroman las cartillas de la rifa. Por cada figura echa un verso lleno de sal y de pimienta, así por ejemplo, con la carta que representa una escalera compone y canta el cuarteto siguiente:

"Al subir la escalera te vi unas medias azules y más arriba te ví sábado, domingo y lunes".

—Dejamos nuestras maletas en el Hotel y salimos a dar un paseo por la Plaza donde hace mucho tiempo un león de yeso montaba guardia hasta que Ubico molesto y receloso lo hizo destruir alegando que en Guatemala no había más león que él. Varias chiquillas buenamozas y risueñas se pasean alegrando la noche, tal como es costumbre en Piura, donde la Plaza de Armas es centro de reunión social y agencia de matrimonios.

—En la noche lastramos nuestro cansancio acudiendo a una representación teatral donde la Compañía Ortiz de Pinedo pone sobre las tablas la opereta "El Conde de Luxemburgo". Es el mejor Teatro de Quetzaltenango. Tiene prestancia y señorío. Galerías elegantes y palcos comodísimos donde no hay que torcer mucho el cuello para ver a los actores. Es una representación feliz y graciosa. En nuestros fueros íntimos agradecemos con toda el alma a Ortiz de Pinedo, que con sus actrices nos da un poco de entretenimiento y de descanso.

—Hoy hemos visitado las termas de 'Kelxelaj Kac", que se encuentran muy cerca del pueblo de Zunil, donde Dammert Elguera se detiene para admirar un altar de plata que olvidado duerme en una iglesia colonial. Desde las termas calientes y reparadoras miramos embebidos de ternura la grandiosidad de la vida. El humo azul de las cabañas y las nubes al alcance de la mano. El cielo y el vuelo sereno de los pájaros. En el límite los gallinazos, pichones de "stukas", revolotean quién sabe ante qué espejismo de muerte. Metemos las manos en el agua de las fuentes claras y nobles al mismo tiempo que una conversación sobre Arequipa y sus termas, nos trasladan hasta el sur de nuestro país.

—Estamos en el punto final de nuestra gira con los ojos acostumbrados a lo imprevisto y con cientos de ciudades amontonadas en el cinema interior de los recuerdos. Recién en esta ciudad elevada en el corazón de Guatemala siento la precisión del regreso y quisiera cerrar los ojos y aparecer en la sala cordial y afectuosa de LA TRIBUNA escuchando el cariñoso sonido de las máquinas, la voz exigente de Humberto Silva y el timbre del teléfono alegre de tanto transmitir noticias y de escuchar conversaciones llenas de emoción y de compañerismo.
Quetzaltenango, 14 de Octubre.

Haya de la Torre en Guatemala La Antigua (34)

—El año 1773, un día caluroso en el que los viejos españoles se hacían echar aire con grandes abanicos de palmera y los frailes y las monjas se paseaban rezando bajos los arcos de piedra de los conventos, un terremoto ocasionado por la malacrianza espantosa de los volcanes destruyó la Capital del Reino de Guatemala que hoy es llamada por los guatemaltecos La Antigua. Se levanta de nuevo la ciudad a 40 kilómetros de la actual capital de la república y sobre la tristeza de la desolación y el sabor intenso de muerte que impregna sus ruinas los nuevos habitantes de esta Pompeya centroamericana hacen vibrar como panderetas sus corazones y sus risas.

—Guatemala Antigua es el mejor joyel colonial de América Central cobrando para los viajeros el papel de recadera de los siglos. Hemos recorrido muchos países, hemos admirado en ellos 315 mejores tradiciones y sus mejores ciudades, así como sus testimonios históricos, pero ni Cartagena de Indias, ni Popayán, ni Panamá Vieja guardan con más silencio, con más recogimiento y con más riqueza la voz de los tiempos coloniales. Frente a una Plaza de Armas ancha y resguardada por árboles gigantes el Palacio de los Capitanes Generales con sus arcadas de piedra y sus dos pisos españolísimos advierte al hombre de estos tiempos la grandeza, arte y magnificencia de los años vencidos del pasado.

—Fuente de la Vida le dicen los de La Antigua a una pila de piedra, también, que pone una nota de frescura en el centro de la ciudad. Cuatro mujeres, cuatro estatuas sostienen la parte alta de la fuente. Son hechas de piedra y muestran sus senos altos y desnudos como un desafío a la lujuria. De los pezones brota el agua que alimenta la fuente tranquila y dominada por los recuerdos del sueño de los siglos que no las envejecen se alza la visión enamorada del terror, de la angustia de la destrucción y del rugir de los volcanes.

—A dos cuadras de la Plaza Principal las ruinas de la Catedral nos hablan de la grandiosidad e importancia de la ciudad. Quedan en pie las grandes paredes y la parte baja de las torres, una columna y todo lo que sirvió para sostener el Altar Mayor y los sillones altos y pesados donde se sentaban los frailes distinguidos y las autoridades españolas. Recorremos con el Jefe todo el espacio donde se revuelven ladrillos, piedras y trozos de lámparas para luego en silencio visitar la Casa del Capuchino, reliquia intacta de los tiempos perdidos. Todo es una maravilla. Parece cosa de película, de fantasía, de sueño. Allí están los arcones, olorosos, allí están las camas de madera donde los españoles no podían conciliar el sueño pensando en la Corte de los Reyes de España, allí están las imágenes religiosas que espantaban los malos pensamientos, allí están las enormes y petreas maceterías donde soñaban las jóvenes con el Príncipe Azul de los cuentos de hadas, allí están los Cristos dolorosos y sangrantes, allí están el alma, la luz y el estremecimiento de la América Colonial.

—El Convento de San Francisco es otra ruina de títulos ilustres. En los muros destruidos y en las bóvedas resquebrajadas, la rutina del tiempo cubre indolente toda la imaginería religiosa.

—Las celdas de los monjes se conservan exactas, tal vez saturadas de rezos, de arrepentimientos y de perdones. A un costado, la pequeña capillita refaccionada guarda los restos del Hermano Pedro Betancourt a quien todos le piden un milagro golpeando la caja de madera que resguarda sus sueños. A un lado del santo, una Virgen morena ha adquirido la costumbre, limeñísima por cierto, de cerrarle el ojo a los visitantes y a los tranquilos campesinos que van a rogar ante el altar altos beneficios en sus cosechas de trigo y de maíz. Nos quedamos admirados. Al principio me resistí a creer, pero lo he visto: la Virgen cierra, guiña el ojo izquierdo y no se cansa de hacerlo. Más allacito, detrás de una vitrina un poco empolvada mira sereno y criollisimo un Cristo hecho de "tusas" o como dicen los limeños, de "corontas". Terminamos el recorrido pensando y requetepensando que tal vez es cosa de magia eso de la guiñada de la Virgen.

—Después visitamos las ruinas del Convento de las Capuchinas, las de la Universidad de San Carlos y la iglesia antisísmica de la Virgen de la Merced cuya arquitectura masiva y extraordinaria no nos cansamos de mirar. Salimos de Guatemala La Antigua prendidos al recuerdo de los años empolvados de la Colonia, a la muerte de la vieja ciudad, a la amenaza de los volcanes en cuyos laboratorios infernales mueve el viejo Satán sus bebidas hirvientes.

—Llegamos a la capital nueva a las 5 de la tarde con la preocupación de hacer las maletas en vísperas de dejar esta tierra generosa, rica y noble.
Guatemala, 15 de octubre.

Haya de la Torre y su mensaje a América (35)

En el amplio salón de recepciones del Palacio de Gobierno de Guatemala, donde tantas veces la figura de Ubico paseó insolentemente su continente apagado de condecoraciones, la voz de Haya de la Torre alta y limpia brilló como una nueva luz y como esperanza de una nueva época. Todos los representantes de las naciones acreditadas, ante el Gobierno del doctor Juan José Arévalo, desde sus sillones y desde sorpresas abrieron a sus conciencias una nueva ventana de solución y de acierto para los problemas de la democracia americana. Todos aplaudieron con las manos y con el espíritu al líder indoamericano que desde la tribuna de cedro del verde Palacio Guatemalteco trazó en una noche colmada de emoción la fulgurante y genial idea de la nueva dimensión de la democracia, de su condición de ser, de su porvenir y de la necesidad impostergable de darle un nuevo asidero vital.

—El Presidente Arévalo, del cual me separaban pocos asientos en la tribuna oficial, frotándose las manos, ante el descubrimiento de una nueva idea lanzada por Haya de la Torre comentaba al oído del Ministro de Relaciones Exteriores con frases que decían de su estado de viva emoción y de respeto por quien, además de ser su amigo, es su viejo compañero de luchas políticas.

—"Qué diría Ubico si presenciara esta fiesta democrática del espíritu" decía el Presidente Arévalo. Ubico levantó las monumentales paredes del Palacio con el trabajo de obreros casi esclavizados, por eso el mensaje de Haya de la Torre como reparación histórica, en el mismo corazón de Guatemala, lavó la antigua ruta por donde difícilmente rueda el carro crujiente de la democracia. Por eso el mensaje de Haya de la Torre como disparo de justicia y parábola de amor colocó su generosidad, precisamente, en el sitio donde hace pocos años la tiranía y la intolerancia tuvieron su elegante refugio.

—Los altos jefes militares, todos ellos jóvenes fogueados en la revolución que restituyó la libertad en Guatemala, de pie y atentos a la palabra del Jefe, fueron los primeros que rompieron con una ovación prolongadísima, cuando Haya de la Torre, en pleno comando de su propio ideal empezó a construir la maciza arquitectura del Aprismo y su aporte a la revitalización de la democracia con la creación del Congreso Económico Nacional.

—"El mensaje de Haya es el mensaje del pueblo de América" —fué el comentario de un diplomático americano. "Ha colocado usted un motor nuevo en la carrocería de la democracia"— fué la expresión del Embajador de Chile. "Lo expuesto por Haya es genial" escuché que comentaba el doctor Arévalo. Todo esto y mucho más escuché.

—Siempre el Palacio de Gobierno antes de Arévalo había servido para realizar fiestas frívolas. Cuando Ubico, el gran salón de caoba de cedro fué un tabladillo de sensualidades, de champaña y de diversión. Ahora, rechazada la sombra hasta sus viveros nocturnos, despejado el camino de acechanzas clara la visión del porvenir, la palabra de Haya de la Torre como hito de fecundidad y semilla de grandeza moral ha sonado en el hondo de la conciencia de Guatemala y, desde allí, en resonancia profunda está haciendo vibrar a millones de hombres que tienen fe en el porvenir de América y en la fórmula del Aprismo: “Pan con libertad”.

—Pocas veces el mensaje de un hombre ha alcanzado las proporciones que ilimitan el acto realizado en el Palacio de Guatemala. Allí la sinceridad; allí la impresión del apóstol; allí la impresión de la salud; allí la impresión de un nuevo canto de esperanza y de fraternidad. Todos los valores humanos coincididos e incididos en la cálida expresión de Haya, en sus manos tentadoras de gloria y en su rostro trazado con el azul cincel de los que quieren asegurar la inmortalidad de su gesto heroico y amoroso.

—Regresamos al Perú sumados del recorrido hecho. Mucho de América en nuestras vivencias. Mucho de cielo claro de otras latitudes. Mucho de amor para los hermanos nacidos en otros lugares. Empero, también, hemos dejado algo por los caminos calurosos de los países hermanos, y el Jefe ha dejado en ellos la fibra de su doctrina, la más preciada aurora de sus días y el mensaje de su corazón, que es el mensaje del pueblo del Perú y la llama inmortal del porvenir de América.
Guatemala, 17 de Octubre.

Referencias bibliográficas

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(2) Checa, L. C. (17 de setiembre de 1946). Viajando con Haya de la Torre. La Tribuna, pp. 5-6.
(3) Checa, L. C. (18 de setiembre de 1946). Haya de la Torre en Palmira. La Tribuna, pp. 5 y 11.  
(4) Checa, L. C. (19 de setiembre de 1946). Haya de la Torre en Popayán. La Tribuna, pp. 5-6. 
(5) Checa, L. C. (20 de setiembre de 1946). Conferencia del jefe en Popayán. La Tribuna, p. 5.
(6) Checa, L. C. (21 de setiembre de 1946). Haya de la Torre en Medellín. La Tribuna, pp. 5-6.
(7) Checa, L. C. (22 de setiembre de 1946). El jefe otra vez en Cali. La Tribuna, pp. 5-6.
(8) Checa, L. C. (23 de setiembre de 1946). Algo más sobre Medellín. La Tribuna, pp. 5-6.
(9) Checa, L. C. (24 de setiembre de 1946). Haya de la Torre en Bogotá. La Tribuna, p. 5.
(10) Checa, L. C. (25 de setiembre de 1946). Haya de la Torre en el Senado Colombiano. La Tribuna, pp. 5-6.
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(17) Checa, L. C. (3 de octubre de 1946). Haya de la Torre en Santa Marta. La Tribuna, p. 5.
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