Entrevista a Jorge Arroyo. Los partidos políticos en el Perú

—Uno de los primeros artículos que pude leer de Haya de la Torre, fué justamente un artículo que publicó en la revista Sagitario de Buenos Aires, Mis recuerdos de González Prada, en los años 20, dónde muestra su rechazo hacia los partidos políticos de ese tiempo. Cómo explicar el apoliticismo de los jóvenes respecto a los partidos políticos de esa época y la actual.


—Haber, yo creo que ahí, podríamos hacer una primera diferenciación. Yo discrepo con lo que me dices, los jóvenes actuales si son apolíticos en el sentido de que, para ellos, todo es corrupción. Y las redes sociales tienen que ver mucho en eso. Pero cien años atrás, respecto al primer centenario republicano si había ganas de hacer política. 


Evidentemente, no en todas las capas del Estado. Pero si las ganas de identificarte con algo. El sistema de Partidos Políticos era muy débil. Yo sí creo que había uno, se había iniciado posguerra con Chile. Te daba dos opciones, era bipartidista, Civilista o Demócrata. Hay ciertamente una diferencia, el civilismo estaba más cohesionado, tenía un proyecto; en cambio, el Pierolismo o Demócrata, la figura era Piérola. Haya puede haber dicho eso, ni lo uno ni lo otro. Pero había otras opciones, en la que Haya de la Torre irrumpe. Estaba el Anarquismo, representado por un furibundo González Prada, y eso lo sabemos todos los que estudiamos el pensamiento anarquista y reaccionario. Ese radicalismo es justamente lo que lo terminaría alejando de una política partidaria.  


Yo sí creo que hay una preocupación en las primeras décadas del siglo XX, con respecto a la participación en la política. Y eso, también lo podemos ver en José de la Riva Agüero, quien termina rompiendo con el Partido Civil y forma su propio partido político, el Nacional Democrático conocido como Los Futuristas. Personas preocupadas no en elecciones, sino en lo que viene más adelante. No quieren cosas inmediatas —como lo es hoy en día, ahí hay otra diferencia a la actualidad—. El mote de puesto por el director de La Prensa, a razón de las elecciones de 1915, ellos deciden irse a las de 1919, hay una preocupación. El propio Haya de la Torre, en 1919 tiene 24 años. 


—Podríamos hablar que el Partido Civil es el primer gran partido político en la historia republicana.


—Sí, el Partido Civil fundado por Pardo y compañía, hay un montón de gente importante como José Simeón Tejeda y Manuel Candamo, quien sería el encargado de la continuación del Civilismo, sin él no se puede entender al Civilismo posguerra con Chile. Pero el Partido Civil se organiza para las elecciones de 1872. La Guerra con Chile impide su desarrollo, uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con las ideas de Pardo; pero para el investigador e historiador uno tiene que entender que estás frente a una organización que pretende tener un objetivo, un rumbo. Carmen Mc Evoy y Ulrich Mücke, en sus estudios sobre el civilismo primigenio hay una concordancia, en que existe una organización partidaria moderna y la Guerra con Chile lo interrumpe, y en la posguerra, Manuel Candamo se encarga de modernizarlo y ponerlo vigente. Permitiendo su existencia hasta la llegada de Leguía. Ya durante el Oncenio de Leguía entra en una etapa terminal. Cómo organización partidaria, el bagaje político que tiene el Civilismo le permitió estar vigente una década más. En la década de 1930, hubo un intento de reorganización para las elecciones de 1936 que fracasó, entre otras razones porque se anularon dichas elecciones, dando pie a que el gobierno del general Benavides devenga en una dictadura que fue bastante represiva. Y eso lo saben mucho mejor los apristas que nosotros dos.


—Ulrich Mücke, es uno de los que más ha estudiado al Partido Civil. ¿Cuál es el partido subsiguiente que aglomera políticamente, lo dejado por el civilista?


—La mayoría de estudios sobre el Partido Civil, es sobre todo de los años iniciales de la década de 1870. Ni siquiera llegan a analizar cuál es su vaivén en el gobierno de Mariano Ignacio Prado, que es un candidato invitado por el Partido Civil para ser candidato en las elecciones de 1876, porque José Simeón Tejada había fallecido. ¿Quién tenía el prestigio para poder ganar esa elección? Mariano Ignacio Prado ¿y por qué? Porque entre otras cosas, primó no tanto su faceta como gobernante sino por su papel en el Combate del 2 de mayo, él es el que dispone la defensa peruana. Por allí habría que revisar otros trabajos, como el de José de la Puente Brunke, que ha reunido el epistolario de Manuel Candamo.


Es una característica de todo gobernante del siglo XX, tratas de maquillar tu imagen de dictador, de figura autoritaria. Lo ves en Leguía con el Partido Demócrata Reformista, el fallecido Pedro Planas en su libro La República Autocrática, critica a Leguía sobre su partido reformista y cita como ejemplo a Cesar Canevaro era uno de los que iba a la vicepresidencia, este era un anciano de 72 años, no se puede reformar la política con personas mayores. Luego vendría Manuel Odría con su Partido Restaurador, resulta algo incongruente, como pretender restaurar algo eliminando la democracia. Y el otro ha sido Alberto Fujimori, no creyó nunca en los partidos políticos, en cada elección de los años 90 participó con diferentes vientres electorales, cuatro partidos en una década. Resulta interesante el caso de SINAMOS y la teoría del no partido durante la dictadura del general Velasco, en el que destaca Carlos Delgado, quien había sido secretario de Haya de la Torre. Personaje olvidado en el fondo del baúl, no hay una biografía publicada sobre él. 


Volviendo a la posguerra con Chile, se tiene también al Partido Demócrata. Si hay una alternancia, y ojo, eso es algo que a veces pasamos desapercibido. Cuando se afirma que la República Aristocrática, es dominada enteramente por el Civilismo. Pero el primer partido político que gobierna, siendo una coalición, es el Partido Demócrata de Piérola en 1895. En 1899, hay una convergencia para que Eduardo López de Romaña se convierta en el siguiente presidente. Y ahí se rompe la alianza que se había formado contra el militarismo, que había tumbado a Cáceres en 1895. A partir de ese momento, el Partido Constitucional de Andrés A. Cáceres empieza a perder su poder y vigencia. No hay que olvidar que el Partido Constitucional llegó tres veces al poder, con el propio Cáceres en 1886, Remigio Morales Bermúdez en 1890, y otra vez, Cáceres en 1894. Pero, la unión del Civilismo con los Demócratas o el Pierolismo, termina tumbando al Partido Constitucional, que también era un partido caudillista, con escasos cuadros y sin una ideología definida. No hay que olvidar un detalle interesante que lo cita Basadre, el Civilismo se había escondido dentro del cacerismo para poder gobernar. 


Ya volviendo al asunto la República Aristocrática, debió haber vivido cierta alternancia entre demócratas y civilistas. Muy parecido al pacto bipartidista que se daría en Colombia entre liberales y conservadores, después de la dictadura de Rojas Pinilla en 1958. Pero se rompe este acuerdo o pacto después del gobierno López de Romaña en 1903, quien cumple sus cuatro años, y es ahí cuando el civilismo sufre una desgracia, que es la muerte de Manuel Candamo luego de ganar las elecciones de 1903. Gobierna Serapio Calderón, y, por cierto, nadie hizo escándalo con la frase actual: “Serapio Calderón no me representa o el adelanto de elecciones”. El punto es que, en 1904, gana las elecciones José Pardo y Barreda, quien encara a la segunda generación del civilismo. Posteriormente Leguía comienza a distanciarse de las raíces del civilismo. Pero en 1912 tienes a un presidente del Partido Demócrata, quien es Guillermo Billinghurst. Solamente nos centramos en quien gobierna, pero no en las Cámaras del Congreso. En aquella época, el Congreso se renovaba por tercios, siempre entraban representantes del Partido Civil, Demócrata, Constitucional, de la Unión Nacional, y otros partidos menores como la Unión Cívica o que empiezan a surgir como el Partido Liberal. Si eras liberal era porque te sentías identificado con las ideas que propugnaba Augusto Durand, como la separación de la iglesia y el Estado, por ejemplo.


Y hay otros grupos menores, que van a tener vigencia después de Leguía, como los radicales que seguían a González Prada, como José Carlos Mariátegui y el Partido Socialista, y Haya de la Torre con el Partido Aprista Peruano. En resumidas cuentas, antes de la llegada de Leguía, el partido número dos es el Partido Demócrata, que tiene una dinámica lenta en cuestiones de liderazgo, porque gira en torno a la figura de un caudillo. Y después de ellos, empiezan a surgir partidos de segunda categoría que tienen un rol en el Senado y Diputados en el Congreso de la República.


Jorge Arroyo.


—Hay una carta que le envía González Prada al Presidente de la Unión Nacional, De la Torre, que aparece publicada en su libro Horas de Lucha, en el que prácticamente señala su renuncia debido a la alianza de la Unión Nacional con los revolucionarios, desde 1899 hasta mayo de 1900.  Esto ejemplifica lo que más adelante señalará Ramiro Prialé en su célebre frase: “Conversar no es pactar”. No es posible el diálogo o las alianzas políticas en un país como el Perú.


—El caso de González Prada lo dejaría —en mi opinión— para un psicólogo para dar una explicación detallada de su exacerbado fundamentalismo. ¿Por qué razón? Porque el hombre es un radical y su radicalismo no permite ningún tipo de alianza con nadie. Lo que generaría que él no sea un gran político, lo recuerdas como un hombre de verbo encendido por las cosas que escribía. Cuando tuvo que ser candidato en 1894 no quiso, puesto que se fue a Francia en 1891 y puso cosas personales que eran respetables para no participar en esa justa. A su regreso en 1898, encontramos a un personaje más radical y que no formaba alianzas, lo que motivo que tampoco participase en las elecciones de 1899. Dónde está la raíz de ese radicalismo de no juntarme con ese “craneo sin cerebro”, en referencia a la clase política de ese momento. Daba a entender que él era el único. No se siente un iluminado, pero tampoco te da opciones. El Perú es un país desunido, y esa desunión la podemos ver en los inicios de la República, haciendo una ucronía: “Que pasaba si Torre Tagle se unía a Riva Agüero en 1822, no había necesidad de Sucre y Bolívar. Si esa clase política se unía, hubiéramos obtenido la independencia por nosotros mismos, la guerra te hubiera dado una suerte de cohesión, gracias San Martín por el empujón, pero nosotros lo terminamos”. Eso no es así, nunca ha habido está especie de cohesión dentro de las élites. No dentro de las élites más altas, algo visible en todas las guerras que van a iniciarse desde el gobierno de La Mar, Gamarra es el primero en levantarse en 1829, no respetando el orden constitucional; Orbegoso con Gamarra en la década siguiente; y después, la lucha de caudillos hasta la estabilización con Ramón Castilla —otro caudillo— en 1845. No hay ese espíritu de unidad. En el único momento del siglo XIX, que hay una especie de lucidez y unidad, es con el Partido Civil, este proyecto de burguesía incipiente se da cuenta de que los militares no pueden seguir gobernando. Quiénes se unen en torno al Partido Civil a partir de 1871, no son todos adinerados, hay también artesanos y profesionales menores, de todas las aristas. Es por ello que ganó las elecciones de 1872. Es un momento de unidad. Durante la Guerra con Chile estábamos desunidos, tampoco sé si la unidad nos hubiera llevado a ganar la guerra, porque el armamento pesaba mucho, pero no perdíamos Tarapacá o Arica. La firma del fin de la guerra, es más de lo mismo, con Iglesias por un lado y Cáceres por otro. Y de allí no habrá unidad en el país hasta 1956, con el personaje que tú has citado “Conversar no es pactar”, que es Ramiro Prialé, quien en ese año era el secretario general del PAP. No puedes dejar de lado al partido que controlaba Sindicatos, Universidades, que eran las capas populares que manejaba el Partido Aprista, tenías que insertarlo. No sé si Prado Ugarteche lo entendería en los términos que estamos hablando. Pero como es un político hábil, entiende que es indispensable el voto aprista para ganar las elecciones. Ni siquiera antes o después de Sendero Luminoso, hizo que políticamente el Perú se uniera. Esa es la gran tragedia que ha tenido este país, la falta de cohesión, en los momentos de tragedia nuestros partidos políticos no han tenido ese momento de lucidez. La falta de unidad, tal vez las grandes huelgas de 77-78, que fueron las últimas del siglo XX que tumbaron a un presidente. Una sociedad que no confía en sus instituciones, a la vez que son débiles. Otro tema es también la debilidad partidaria. Este libro del periodista Álvaro Rojas Samanez Partidos Políticos en el Perú, es una suerte de listado en el que actualiza en las posteriores ediciones la inmensa cantidad de partidos u organizaciones, frentes, alianzas políticas y demás que se han establecido en nuestra historia republicana. Lo criticable es que a partir de los años 80 la aparición de partidos es sorprendente. Antes también se fundaban partidos políticos, pero alrededor de ideas políticas. Hoy no, priman los fines económicos de enriquecimiento fugaz a partir del dinero público.


—Eso hace la imposibilidad de contar con el bipartidismo en el Perú, como sí en Colombia, Paraguay o Estados Unidos.


—El bipartidismo que yo más conozco, es el caso colombiano. Surge en la época que los colombianos llaman de la violencia (entre 1920 - 1960), dándole el resultado la creación del Frente Nacional con el fin de acabar con la dictadura de Rojas Pinilla, a partir de ello, cada cuatro años se turnaban liberales y conservadores el gobierno. Y disuelto el pacto en 1974, continuó el bipartidismo colombiano en la década de 70 y 80, a pesar de que el pacto era solo por dieciséis años y siguió esta alternancia ya tácita hasta 1990 con el triunfo del liberal César Gaviria. Y yo creo que el principal motivo para el fin de este bipartidismo colombiano, es la penetración de los dineros calientes provenientes del narcotráfico. La campaña de Ernesto Samper y el Proceso 8000, dinero proveniente del Cartel de Cali, permitieron la llegado del conservador Andrés Pastrana y con ello la atomización del liberalismo en el presente siglo.


Trump había sido demócrata antes de republicano. Pero no es un republicano al estilo Ronald Reegan o George Bush senior, es una persona más conservadora. En el caso peruano, nosotros tuvimos un acercamiento a ese bipartidismo que lo trabajan Piérola y Candamo de turnarse el poder. Demócratas y civilistas trataron de impulsar un sistema bipartidista, pero la falta de unidad jugó en contra. Y también las mismas ambiciones personales. Esa frase de Piérola: “No participar también es construir”. Te estás yendo del debate, no contribuyendo a nada, como no me dan la nominación de ser candidato me llevó a mi gente. Eso es patear elegantemente el tablero. Lo que llevo a no poder construir un sistema bipartidista que se turnarse el poder a inicios del siglo XX y esto termino por darle la hegemonía al Partido Civili en 1904, con la figura de José Pardo y Barreda.


—Los años 30 inicia, con la caída de Leguía, con la aparición de dos figuras fundamentales que tienen repercusión hasta la actualidad. Que son las figuras de José Carlos Mariátegui con el Partido Socialista y Haya de la Torre con el Partido Aprista. Algunos historiadores como Carlos Contreras, Cueto, Kláren, Molinari, nos hablan de los partidos de masa. Algunos inclusive nos hablan de populistas.


—En estos dos personajes vemos un giro importante, en qué sentido, ambos son intelectuales que fundan estos partidos políticos. No eran de sectores acomodados o elitistas. Eso les abre la visión, dándoles un mejor enfoque de lo que es la realidad del país. Lo que finalmente es el gran aporte de estos señores. Ni el socialismo de Mariátegui ni el aprismo de Haya son partidos de masas. Y la clara muestra, es que, tras la muerte de Mariátegui en 1930, hay un cisma al interior del partido, con las figuras de Luciano Castillo y Eudocio Ravines, muy poco se menciona la división que generaron ambos colaboradores de Mariátegui y la pretendida continuidad del socialismo de Mariátegui por parte de Castillo.


Mientras que Haya de la Torre, tuvo razón, el movimiento obrero no había madurado. Y la muestra de que el APRA no era un partido de masas, es que, en el año 1931, pierdes la elección, por más que digas que se la robaron. Y Sánchez Cerro le dio una revolcada, alrededor de 150 000 votos. En esa época el voto era limitado y la ciudadanía a partir de los 21 años. Se perdió la elección y punto. Lo que se funda es un partido de élite intelectual, que van a hacer el trabajo de educar a la ciudadanía para conseguir adeptos. Yo creo, que con el tiempo se transforma en un partido de masas, para el año 1945 cuando Haya de la Torre regresa del destierro, el PAP había crecido notablemente. A diferencia del Partido Comunista bajo el liderazgo de Eudocio Ravines primero y Jorge del Prado, su crecimiento no fue efectivo debido entre otras, a la obediencia cerrada a Moscú. A pesar de la prisión y destierro de Haya, había al interior del APRA una organización que te permitía moverte en las universidades, en los sindicatos, en los barrios obreros. Por eso es que hay un temor de la oligarquía y el ejército de que Haya de la Torre llegara a la presidencia. ¿Era una masa arrolladora? No, porque en las elecciones del 62, no llegaste al 33 %. En resumidas cuentas, ni el Partido Aprista ni el Partido Socialista están enmarcados en los años 30 como partidos de masas, pero crecerán con los años, especialmente el aprista sobre su competidor comunista. Surgen como partidos políticos que surgen en sectores populares y están fundados por intelectuales, algo mucho más rico por investigar.


—En la recopilación de la revista APRA realizada por Armando Villanueva y Landázuri en Los Inicios. El APRA y la Unión Revolucionaria, observamos el uso de la propaganda y diversificación de locales a nivel nacional. Algo que no llegó con el civilismo.


—Si, ahí tienes toda la razón. El Civilismo… Yo creo que hay dos civilismos. Antes de la Guerra con Chile de una tendencia liberal y otro, el de la posguerra chilena con una tendencia conservadora, con cierto liberalismo en cuanto a la educación. El Partido Civil se preocupa mucho en la educación, aunque eso lo podemos dejar para otra conversación. La Unión Revolucionaria que surge no de un intelectual como Haya de la Torre o Mariátegui que han pensado en el país a partir de sus estudios. Sánchez Cerro es un militar que está fascinado con las ideas fascistas de esa época, de su viaje en esa época a Italia. El regresa con esas ideas, la típica del político actual que solo piensa en importar ideas, no pensarlas de acuerdo a nuestra realidad política y social. Mariátegui tenía una visión diferente desde la perspectiva socialista, sin calco ni copia. Aplicando el socialismo a la realidad peruana. A Sánchez Cerro no se le ve aplicando este tipo de visión, aplicar todo dentro del estado y nada fuera del estado. Este es el mismo fascismo que su heredero Luis A. Flores que intenta mantener vigente. Lo que, si hay con Sánchez Cerro, es una organización al interior de los sectores populares. Y lo más interesante, es ese acercamiento, que es un rasgo propio de los populismos o de los líderes populistas con el pueblo. Hay evidentemente una organización partidaria que es fundamental para su triunfo de 1931, y luego con Luis A. Flores, que terminaría heredando como se ve en las elecciones anuladas de 1936, por el dictador Benavides. El historiador Antonio Zapata cita que, en el conteo de votos, en segundo lugar, iba Luis A. Flores, lo que indica el arraigo que al parecer tenían las ideas fascistas en nuestra sociedad. Nunca sabremos, al parecer si la organización partidaria de la Unión Revolucionaria, con su ideal fascista, se podría haber sostenido en el avispero político nacional. Ojo, no hay que olvidar, que Luis A. Flores se mantuvo vinculado a la política peruana hasta sus últimos años. La Unión Revolucionaria es uno de los partidos que se oponen a la candidatura de Prado Ugarteche en 1939, al ver en ella una continuación de Benavides. La Prensa juega como vocero de la Unión Revolucionaria. La razón de su desaparición tiene que ver con una causa exógena, que es la derrota del eje en la Segunda Guerra Mundial en 1945.


—Has tocado el papel de La Prensa. Es posible realizar nuevos estudios sobre la historia política a través de las editoriales de los principales diarios. La pluma de Pedro Beltrán, Manuel Seoane, Miro Quesada…


—Mira Juan Diego. Aquí hay un tema muy interesante, que lo estoy tocando en mi tesis, sobre las elecciones de 1939. Uno de los requisitos que pide el Jurado Nacional de Elecciones, es que tu tengas un órgano de propaganda. En pocas palabras, un diario. Para mí está bien, porque vas a criticar la línea editorial de un diario que es impulsado por un partido político. Porque vas a negar que el APRA tenga a La Tribuna. Esto desaparece con el golpe de estado de Velasco Alvarado en 1968, donde se acabaron los diarios de propaganda. Es interesante, cuando uno lee los editoriales de la época. Tú has mencionado a La Prensa y El Comercio, cada uno defiende a su candidato. Te comprarán tus electores. Yo la verdad, no veo porque se tiene que poner en un pedestal la objetividad de los medios de prensa. Esa forma de santificar o desprestigiar a los medios de comunicación, no me parece. 


Lo importante es decirlo. Lo que pasa en el Perú, está herencia virreinal de querer pasar como una sociedad inmaculada, nosotros no somos así, nosotros sí somos políticamente correctos. Agarrando al pueblo como escudo: “representamos al pueblo, el pueblo…. por el pueblo”.


—Que textos nacionales e internacionales, recomendarías para el lector que se siente atraído por estudiar a los partidos políticos.


La democracia volátil de Pedro Planas, dónde hace un análisis más centrado en los años 70 en adelante (llegas hasta el año 2000), dónde nos habla de los sistemas políticos que han habido. Cómo tú bien has mencionado, los diarios son importantes. Historia de los partidos políticos en América Latina de Torcuato S. Di Tella; La esperanza y el delirio: Una historia de la izquierda en América Latina de Ugo Pipitone. En cuanto a ideologías, Manual de ciencia política de Francisco Miro Quesada Rada; La política en el Perú del siglo XX, de Henry Pease y Gonzalo Romero; Pensando a la derecha de Antonio Zapata, en la primera parte hace un análisis de lo que es la historia del APRA. Son algunos textos que podría recomendar.


*Entrevista al historiador Jorge Arroyo, realizada el 11 de noviembre de 2024.

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