Entrevista a Guillermo Fernández. Emilio Choy Ma y su contribución a la Nueva Historia del Perú

—Buenas noches, Guillermo Fernández. ¿Quién fue Emilio Choy y por qué te interesó como tema de investigación?

Gracias por adquirir el libro, leerlo y por el diálogo que vamos a tener. Emilio Choy fue un intelectual marxista que se formó a sí mismo y que contribuyó a las ciencias sociales entre 1940 y 1970. ¿Por qué recordar su pasado? ¿Por qué investigarlo? En la universidad no nos mandaron a leer a Choy. Yo no lo conocí hasta un par de años después de graduarme. Había leído a Mariátegui, pero no a Emilio. Era un personaje importante, no obstante, no existía mucha información sobre él.

Entre los años 2012-2013, el profesor Wilfredo Kapsoli junto a Richard Chuhue prepararon las actividades conmemorativas por el Centenario de Emilio Choy. Me encargó hacer una ponencia. El congreso se organizó en la Casona de San Marcos. Yo hablé de cómo Emilio vio la independencia de Perú y me pareció interesante su interpretación. Luego, hurgando en su biografía descubrí que fue un personaje que, a pesar de sus aportes académicos, fue silenciado por la historiografía de su tiempo. La pregunta era ¿Por qué?

Después de la década de 1990, la historiografía conservadora, que se presenta como renovadora, denigró los aportes de la historiografía marxista peruana. Emilio Choy fue una figura importante al respecto. Por eso lo silencian. Es necesario recuperar su memoria y sus aportes a la historia del Perú y América Latina.

—En el libro planteas dos etapas: ensayista en la dictadura militar y en la Guerra Fría. Ricardo Melgar Bao también es importante para el estudio de las redes del exilio. Además de la capacidad de Choy para publicar artículos. Además de su polémica con Aníbal Quijano, ¿cuánta importancia tiene ser autodidacta?

Mi tesis se basa en la lectura de los textos de Emilio. Hay dos etapas que están entrelazadas. En la década de 1950, él se preocupó en escribir textos académicos. Son sus ensayos más importantes y los que han sido más valorados actualmente. Los textos son rigurosos y extensos. La revista del Museo Nacional publicó sus escritos más importantes. José María Arguedas y Luis Eduardo Valcárcel lo invitaron. En esa década, se presentó como un investigador diferente a la historiografía tradicional adquiriendo, como afirmó Pablo Macera, un prestigio destacado. En esos años, los intelectuales de izquierda seguían a Alberto Tauro del Pino y a Emilio Choy. El problema de Tauro fue que era simpatizante del comunismo, pero si lees su interpretación de la historia, en su escritura no hay diferencia con la historia tradicional. Macera dijo que Choy era un investigador marxista que, a diferencia de Tauro, tenía un compromiso claro con los grupos de izquierdas y el marxismo.

Emilio se hizo un referente en los años 50 y en los 60 privilegió la formación de redes y las polémicas. Se marcan con mayor profundidad sus diferencias teóricas y metodológicas con los principales representantes de la historiografía tradicional: Alberto Tauro, José de la Puente Candamo, Ella Dunbar Temple, Carlos Daniel Valcárcel y Guillermo L. Villena. Para ello, fue importante el nuevo contexto social que se presentaba. En los movimientos sociales (campesino, obrero y estudiantil), los grupos de izquierda reemplazaban a los dirigentes apristas. Choy traba amistad con estudiantes de la Universidad Mayor de San Marcos, la Universidad San Cristóbal de Huamanga y la Universidad de la Cantuta. En San Marcos, un lugar de pensamiento crítico, fue un personaje que impulsa la formación de la Nueva Historia.

Portada del libro de Guillermo Fernández, Emilio Choy Ma y su contribución a la Nueva Historia del Perú.

Sobre su formación autodidacta. Lamentablemente, su padre fallece cuando él era joven. Por eso tiene que dejar los estudios. Además, ayuda a su madre con las tareas de la casa y con sus hermanos. Tenía seis hermanos. Su padre era una persona que tenía cierta holgura económica. Emilio consiguió administrar sus negocios de forma eficiente. Esto le permitió colaborar con la formación de redes intelectuales de jóvenes radicalizados en la década de los 60. Asimismo, contribuyó económicamente al desarrollo de las ciencias sociales en el país. Compró el terreno de Pacopampa para que los arqueólogos de San Marcos investiguen allí. Financia la creación de algunas revistas. La revista Campesino es la más importante. Aquí se hicieron los primeros estudios agrarios del país. Los historiadores tenían dos opciones para investigar el campo agrario: la FORD (a través del IEP) o Emilio Choy. Emilio quería que se desarrollará la ciencia del país.

—¿Cómo podrías definir el término «Nueva Historia»?

La Nueva Historia es renovación metodológica de los estudios históricos en el Perú desde la década de 1960. Se caracteriza por tres puntos. El primero es su diferencia con la historiografía nacional, que aglutina a historiadores que provienen de las clases altas o están periféricos a ellas. En la década de los 50, estos historiadores que te mencione, trabajan en la universidad y que hasta ese momento han presentado una o dos tesis de diferentes carreras. Son historiadores con recursos económicos. A diferencia de la Nueva Historia, la mayoría de estos historiadores provienen de la pequeña burguesía. Hay una diferencia de clase social.

Una segunda diferencia es su interpretación sobre quiénes son los que hacen la historia. Para la historiografía tradicional, la historia la hacen los grandes hombres, los grandes personajes y las instituciones. Para la Nueva Historia, son las masas, las clases populares, la clase campesina o la clase obrera.

Y, por último, una diferencia metodológica. Los historiadores tradicionales, en su afán de especialización, solo se interesan en el acercamiento de la historia con sus ciencias “auxiliares” como la paleografía, la diplomática, entre otras. En cambio, la Nueva Historia se caracteriza por entablar diálogos con la sociología y la antropología. La historiografía tradicional tenía claro que el historiador no podía intervenir si investigabas un hecho histórico de hace 10 años. Eso no era historia para ellos. Eso se consideraba un estudio de sociología o antropología. Para ellos, debía transcurrir un periodo de 50 años entre el hecho histórico y el historiador que investiga ese proceso. En contraposición, la nueva historia considera que cualquier hecho histórico, aunque haya ocurrido hace un año o ayer, puede ser objeto de una investigación histórica. Esas son las tres diferencias entre una corriente y otra.

—Una de las precisiones que haces sobre Emilio Choy es que fue una persona muy contestataria. Eso va de la mano con la publicación de su primer artículo sobre China o Mariátegui. Algo que mantuvo desde sus primeras investigaciones hasta las últimas.

Esto tiene que ver con el método que utiliza Choy. Se trata de un método dialéctico y marxista. Si revisamos los textos clásicos de los marxistas, Marx y Engels. Se puede ver que son textos de respuesta a otros autores con los que discrepaban. Por ejemplo, El Capital tiene como subtítulo Crítica de la Economía Política. Es un debate con los economistas ingleses. Otro ejemplo es La miseria de la filosofía un debate con Proudhon. Los clásicos del marxismo escribían para responder a algo. Una tesis, una antítesis para lograr una síntesis. Emilio aplica este método en sus textos, que son una respuesta a un debate con alguien. Ya desde el primer texto se aprecia que es un debate con una periodista inglesa. Se debate sobre lo que está ocurriendo en China: ¿el régimen comunista era totalitario o no? Choy mantiene otras discusiones con José de la Riva-Agüero y, más adelante, con Aníbal Quijano. Por ejemplo, debatió con Quijano sobre el desarrollo del capitalismo mundial. El sociólogo sanmarquino señaló que en la década de 1970 ya no existía un solo país dominante dentro del sistema capitalista. Él decía que la dominación se había esparcido entre Alemania, Japón y otros. No se podía decir que Estados Unidos fuera el principal país imperialista. Emilio respondió señalando que aquella tesis era errónea propuesta inequívoca y que Estados Unidos seguía siendo el principal país imperialista. Y esto se puede observar hasta el día de hoy. La interpretación de Aníbal era errónea. A pesar de la respuesta de Emilio, Aníbal no contestó. Por otra parte, los textos que de Choy sobre la figura de Túpac Amaru son una respuesta a la interpretación tradicional. En ellos, señala que Túpac Amaru fue el precursor de la independencia del Perú. Emilio respondió  que Túpac Amaru había sido el iniciador de la independencia del Perú. Por eso él le llama proceso revolucionario. A diferencia de la tesis clásica de Carlos Daniel Valcárcel, que caracterizaba el movimiento como una rebelión. Entre otros debates.

—También va a tener estos debates con personalidades de izquierda. Podemos verlo en la página 79, que es la carátula de Lenin y Mariátegui. Así se posiciona el campo de las nuevas izquierdas. En el contexto de la Guerra Fría, fue un momento de gran tensión entre los grupos de izquierda.

Había un hecho concreto. Los grupos de izquierda se estaban rearticulando. Ya estamos en la década de los 70. Los grupos de izquierda habían desplazado a los dirigentes apristas de los principales movimientos sociales del país. Dentro de los círculos intelectuales de izquierda se empezó a debatir sobre las figuras representativas del cambio social. Se estaba recuperando la figura de Mariátegui. ¿Por qué sucedía esto? Porque, como señala Michael Löwy, hasta la década de 1960, la figura más representativa de América Latina era Ernesto «Che» Guevara, no Mariátegui. Es en esos años cuando se comienza a debatir sobre Mariátegui como el primer marxista de América Latina y se discute sobre la heterodoxia y el dogmatismo en su pensamiento. Esto va de la mano con que la familia Mariátegui comienza a difundir las obras populares de Mariátegui. Invitaron a Choy a presentar uno de los tomos de las obras de José Carlos Mariátegui: Figuras y aspectos de la vida mundial. Ahí es donde Choy se situó en la discusión sobre si Mariátegui era más cercano a Trotsky o a Stalin. Choy presenta a un Mariátegui más cercano a Stalin. Aunque hace una valoración positiva de Trotsky. En líneas generales, en la discusión entre Trotsky y Stalin, termina apostando por el segundo. Esto también se relaciona con otras discusiones porque cuando se discute sobre Mariátegui, se está discutiendo sobre cómo debería haber sido la revolución en el Perú.

Mariátegui, por su parte, señalaba que la revolución debía ser una alianza entre la clase obrera y campesina. Esta debía estar liderada por la clase obrera. Haya de la Torre, por su parte, apostaba más por una clase media que dirigiera la revolución o que encabezara los cambios sociales. En la década de 1970 se puede leer entre líneas que Choy sugiere la formación de un frente amplio contra el imperialismo. Este frente debía ser impulsado por los obreros y los campesinos, pero era necesaria una alianza con sectores progresistas de la burguesía. Por ese motivo, rescata a diversos personajes que relaciona con una burguesía contestataria, como Túpac Amaru o el Inca Garcilaso de la Vega, entre otros. Él señala que hay otros personajes cuyas acciones han sido importantes para los movimientos sociales. A raíz de esto, surge su preocupación por escribir biografías o por acercarse a determinados personajes caracterizados por su anticolonialismo. Existe un problema relacionado con la historia y los movimientos sociales. La historia es un alimento para los movimientos sociales, que deben rescatar y valorar a ciertos personajes que también sirven para su lucha actual.

Guillermo Fernández, Felipe Santiago y José Santos. Fuente: Foto de Rocio Hilario.

—En el libro se recopilan los artículos de Emilio Choy correspondientes al 41. Además, se ha elaborado un cuadro con las ponencias de los diversos congresos, no solo de historia, sino también de arqueología y americanistas, desde el 58 hasta el 71. Has podido revisar las disertaciones de Emilio Choy.

Las he revisado, principalmente, su participación en los congresos nacionales de historia. Editaron las actas de las actividades. La última participación de Emilio Choy fue en el Congreso de América. La Biblioteca Nacional puso el texto a disposición del público. Son ponencias relativamente cortas. Básicamente, siguen en esa línea de rescate de personajes que tienen como sello el anticolonialismo. En los congresos nacionales de historia, rescató a Francisco de Zela y a Túpac Amaru.

—Una de las ideas principales del libro es el silencio impuesto a Emilio antes y después de su muerte.

Esa es la idea central del libro. En la actualidad, son sus discípulos o personas cercanas a él los que rescatan su obra y la valoran como Wilfredo Kapsoli, Antonio Rengifo, Waldemar Espinoza, Pablo Macera y Ricardo Melgar Bao. La semana pasada se publicó el último número del Boletín del Museo José Carlos Mariátegui y pude publicar un texto sobre Ricardo Melgar Bao y su maestro, Emilio Choy. Melgar fue un investigador peruano-mexicano que publicó la mayor parte de su obra fuera del país y señaló que en el Perú su referente era Emilio. No menciona a ningún otro intelectual de su tiempo como referencia. Melgar se exilió en la década de 1970 y dedicó algunos textos a Emilio.

Choy fue silenciado de dos formas diferentes. Una fue de la historiografía tradicional de los años sesenta, cosa que compruebo al revisar los balances bibliográficos que se publicaban. Qué casualidad que la historiografía tradicional realizaba balances y casi nunca lo mencionaba. La única persona que lo mencionó en un balance fue Alberto Tauro del Pino, en relación con el Inca Garcilaso. Sin embargo, los demás historiadores no lo mencionaron. En la década de 1960, se inicia un silenciamiento de su obra. La historiografía tradicional controlaba el campo académico y era más sencillo para ellos silenciar la obra de personajes críticos. En la década de 1960, se inicia un silenciamiento de su obra. La historiografía tradicional controlaba el campo académico y era más sencillo para ellos silenciar la obra de personajes críticos. El otro tipo de silenciamiento se da en las décadas de 1970 y 1980, pero tiene una naturaleza diferente. Este fue realizado por una parte de los nuevos científicos sociales que se interesan en el estudio de las clases populares y que se presentaban como los renovadores de las ciencias sociales en el Perú. Representaban la renovación de las ciencias sociales con influencias del marxismo británico. Un marxismo que se estaba desarrollando en Italia con Gramsci o en Francia con Louis Althusser. Para diferenciarse de Emilio. Este fue presentado como un personaje que no rompía con la Unión Soviética y seguidor de un marxismo esquemático. Se crea con ello una imagen errónea del intelectual autodidacta. 

¿Cuál era su objetivo? Presentarse como los renovadores del marxismo en Perú. El texto más representativo de esta tendencia es el de Guillermo Rochabrún. En su Historia del pensamiento social peruano prácticamente ningunea los aportes de Emilio Choy. Emilio Choy, en mi opinión, renovó el marxismo de las ciencias sociales en el Perú. Especialmente en la década de 1950. Hay que considerar que estamos en una época en la que se vivía bajo una dictadura y en la que era sumamente difícil investigar. Eso fue lo que hizo Emilio. Para sintetizar, se produjeron dos claros intentos de silenciar la obra de Emilio Choy. Uno, de la historiografía tradicional, y otro, de quienes lo acusaban de no haber roto con la Unión Soviética, por lo que su obra no era valiosa.

—Emilio es uno de los impulsores de la revista Campesino, de filiación marxista. Nutrió a las nuevas generaciones, entre las que destacan Wilfredo Kapsoli, Antonio Rengifo y Manuel Valladares, entre otros. ¿Cuál es el legado que deja, si es que se puede decir, a sus discípulos? ¿Y cuál fue la importancia del centenario de la celebración de Emilio Choy?

Las actas del congreso en homenaje a Emilio Choy se publicaron en un libro de Wilfredo Kapsoli y Richard Chuhue. El libro se titula Homenaje a Emilio Choy. Arqueología, historia y sociedad, editado por la Universidad Ricardo Palma y el Instituto Confucio. El libro se editó en 2019, pero el homenaje se realizó en 2015. Incluye todas las exposiciones que se presentaron en el evento. Con respecto a su legado, puede decir que el principal legado fue considerar a la historia como parte de las ciencias sociales. Él aplicó el método de la totalidad a sus investigaciones sociales. Para este método no hay barreras disciplinarias. En la introducción de su libro Europa y la gente sin historia, Eric Wolf señala la diferencia con otras corrientes de interpretación burguesas: el marxismo tiende a unificar y no a separar a las ciencias sociales. Otras corrientes ahondan en la especialización. Emilio tuvo como objetivo construir una ciencia social marxista en el Perú. Para ello, valió de la arqueología, la antropología, la historia y la sociología. Eso lo hizo desde la década de 1950. En los años siguientes, cuando apareció la Nueva Historia, ya no era tan extraño que se plantee a la Historia como una Ciencia Social. Ese es el principal legado de Emilio. Lo que nosotros vivimos en la actualidad es una hiperespecialización de las ciencias sociales. Entonces, en la década de los 70 y 80, cuando aparece la Nueva Historia, la historia como ciencia social tiene que dialogar con las demás ciencias sociales. No se puede separar de ellas. Lo que nosotros vivimos en la actualidad es una hiperespecialización de las ciencias sociales. En definitiva, para Eric Hobsbawm, toda historia es una historia social. No se puede pensar en un proceso histórico sin enmarcarlo dentro de la lucha de clases, que forma parte de él. Y eso es lo que hacía Emilio. Ese es el principal legado de Emilio.

—Hace poco, Ricardo Portocarrero me enseñaba el último boletín que había sacado la Casa Museo José Carlos Mariátegui. Me mostró el artículo que has escrito sobre la influencia de Emilio Choy en Ricardo Melgar Bao. Es uno de los historiadores que más he leído. ¿Cuáles son tus próximas investigaciones sobre Emilio Choy?

Para el blog del Grupo de Historia del Siglo XX, preparo un texto sobre la figura de Lenin en Emilio Choy.

Normalmente, edito el blog del Grupo de Historia del Siglo XX. Tengo un texto que estaba preparando sobre la figura de Lenin en Emilio Choy. Ya presenté algunas ideas al respecto en el libro, pero he seguido leyendo. Quiero presentar una nueva versión más amplia. Eso lo tengo pendiente. Lo último que he publicado trata sobre Francisco Miró Quesada y la polémica sobre China durante 1959 y 1960. Este nuevo tema también está relacionado con Choy. A partir de él, me interesé por las figuras que han discutido el proceso revolucionario chino. Concretamente, por los viajeros peruanos que han ido a China. Que yo sepa, Emilio nunca viajó a China. Sin embargo, gracias a él he podido rastrear a los personajes que viajaron a China y pudieron observar in situ el proceso revolucionario. Francisco Miró Quesada publicó en 1959 La otra mitad del mundo, en dos tomos. Uno de ellos lo dedica exclusivamente a China. El libro generó un debate en los medios políticos peruanos que me ha llamado la atención. 

—Muchas gracias, Guillermo Fernández.

Muchas gracias por tu interés en la lectura de mi libro. Te reitero mi agradecimiento por la charla que hemos tenido. Gracias.

*Entrevista al historiador Guillermo Fernández, realizada el sábado 28 de diciembre de 2024.

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