Entrevista a Ricardo Portocarrero. El centenario de La Escena Contemporánea

—Buenas tardes, profesor Ricardo Portocarrero. Este año se está celebrando el centenario de la aparición de la obra de José Carlos Mariátegui, La Escena Contemporánea, ¿Qué repercusión tuvo en usted su primera lectura?

Como historiador, me interesó. Hablaba de la realidad fuera de Perú, sobre todo de Europa y Oriente. Alberto Flores Galindo y yo empezamos a hacer una antología llamada Invitación a la vida heroica. Antología de José Carlos Mariátegui. Ahí se ve claramente cómo los temas internacionales van cambiando a lo largo del tiempo, especialmente los artículos de Mariátegui sobre estos temas.

Ese lapso, fundamentalmente entre 1923 y 25, y posteriormente entre el año 1929-30. No era un tema de debate en la historiografía ni en la militancia política de izquierda; había pocos estudios vinculados a estos aspectos de su obra. Pero las fuertes limitaciones para comprender el contexto histórico en el cual se dieron estos escritos, a los hechos y a las personas a las cuales se hacía referencia, había mucha dificultad para poder comprender a profundidad los aportes de Mariátegui. Más allá de una evidente intencionalidad, que era respaldar la revolución rusa y la Rusia soviética frente a las agresiones que sufría del imperialismo europeo y norteamericano. Es un ámbito muy vasto. Es realmente con este centenario que se ha empezado a producir nuevas investigaciones y estudios que van a producir nuevos debates.

—¿Cómo percibe los homenajes que se están llevando a cabo en torno a este centenario de La Escena Contemporánea y qué opinión le merece?

Bueno, hay una diversidad de instituciones que se han preocupado por esta conmemoración, editoriales, entre las instituciones, ha estado en primer lugar el Archivo José Carlos Mariátegui, que está encargado de salvaguardar su obra y publicación libre y gratuita. Pero también ha estado presente la Casa de la Literatura Peruana, que hace una década ha venido trabajando la obra de Mariátegui y, particularmente, al centenario de la fundación de la imprenta y librería Minerva, que cronológicamente se funda dos meses antes de la aparición de La Escena Contemporánea. Sumándose, Nuestro Sur, Escuela de Política Praxis, que han realizado actividades. Revisando las redes sociales, también en organizaciones estudiantiles, como La Comuna Universitaria de la PUCP y el Seminario de los 100 años de La Escena Contemporánea de José Carlos Mariátegui organizada por la Escuela Saúl Cantoral en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Y en el campo editorial, la publicación facsimilar de la Editorial Heraldos, dirigida por Joel Rojas, y El Fondo de Cultura Económica, dirigida por Dante Trujillo, la primera con prólogo de Osmar González y la segunda con Martín Bergel. Y venimos preparando para fines de noviembre un Simposio Internacional de La Escena Contemporánea, del 27 al 30 de noviembre. 

— Las publicaciones facsimilares de Amauta, Claridad, Labor, Nuestra Epoca, La Escena Contemporánea... seguirán publicándose con las otras obras de José Carlos Mariátegui.. 

Las ediciones facsimilares fueron impulsadas por los herederos de José Carlos Mariátegui: Ana Chiappe y sus hijos. El primero de ellos fue la revista Amauta, que se publicó en dos formatos, uno suelto y otro empastado en cinco tomos. Una colección de difícil acceso. Luego vinieron las otras revistas en las cuales Mariátegui participó y editó, Nuestra Época y Labor. Otra edición importante ha sido la edición facsimilar de Los Siete Ensayos de la Realidad Peruana, cuando Osmar González fue director de la Casa Museo José Carlos Mariátegui. En cuanto a libros, la actual edición es la segunda en esa dimensión. En el Archivo José Carlos Mariátegui, esperamos, teniendo el tiempo y los recursos, la publicación del diario La Razón. 

—Sería una grata noticia que se pueda realizar. Y desde su percepción, como fue posible que un joven intelectual como Mariátegui no sólo  comprendiera, sino analizó con una rigurosidad microscópica los temas de la escena mundial contemporánea.

Hay una serie de factores que influyeron en esa dirección. En primer lugar, la crisis de su enfermedad, que lo llevaría a ser internado en la Maison de Santé, donde tuvo la oportunidad de interactuar con médicos, enfermeras y pacientes de origen francés. Es allí donde él desarrolló su capacidad autodidacta y aprendió ese idioma. Obviamente, eso le dio una conexión con el exterior del Perú en una etapa muy temprana. Tenía apenas 10 años. 

Más adelante, en segundo lugar, habría que mencionar su experiencia periodística en La Prensa, trabajó en los talleres y en la sala de redacción, recuperando artículos, transcribiendo, revisando, pero sobre todo, seleccionando noticias de diversos índoles: desde la lotería, carreras de caballos, pero las noticias que llegaban a través del telégrafo desde Europa, publicadas en el periódico. En ese sentido, el Perú estaba viviendo en un contexto que ya se había iniciado en el siglo XIX, hasta la crisis mundial de 1929, en el cual se inserta en un mundo globalizado de entonces, que se expresa en otras copas del tiempo, acelerado, de los medios de transporte y los medios de comunicación de masa, la radio. En ese contexto, la llegada de noticias se hizo más numerosa y práctica. Haciendo que Mariátegui escribiera una veintena de artículos relacionados con la I Guerra Mundial y la realidad europea, que van desde reportajes diversos de la moda hasta algunos acontecimientos y personajes de la I Guerra Mundial. 

En tercer lugar, la experiencia europea, resultado de una expulsión encubierta por la dictadura de Leguía, que le paga una beca para que él libremente estudie e investigue, con el cargo de representante periodístico del Perú en la legación de Roma, en Italia. Este tipo de becas también recibió Vallejo y otros artistas, en un contexto de una severa crisis de la sociedad occidental, consecuencia de la I Guerra Mundial. Pero frente a esa crisis, encontraba una luz: frente a esa crisis civilizatoria, que era la revolución rusa bolchevique de 1917. Esa experiencia europea, donde Mariátegui encuentra una especie de marco interpretativo para comprender la realidad mundial en la que inserta la realidad peruana. Hay varias citas en su obra donde él reconoce el aporte de su experiencia europea, y que más que hacerlo extranjero, lo hace sentir más americano.

Y, en cuarto lugar, el establecimiento de contactos con periódicos y periodistas, con Barbusse y el diario Le Monde, le permitía acceder a información que no venía del cable, que estuvo mediado por los intereses y las soluciones de los gobiernos, como pasa hoy en día; vienen con una narrativa, una interpretación de los hechos y acontecimientos. Y, como lo dice en La Escena Contemporánea, Mariátegui, siguiendo un método un poco periodístico y otro cinematográfico, es interpretar los hechos y los acontecimientos.

—Encontramos en Mariátegui al más prolífico escritor sobre los ecos de la Revolución Rusa en la prensa peruana. Además de sus estudios sobre los claretianos, liderados por Barbusse.

Bueno, hay que distinguir entre las noticias que llegaban de la Rusia Soviética y los que escribían artículos o libros dedicados a ese tema. Esa literatura en el Perú es muy escasa. Un caso emblemático es el de Haya de la Torre, que se incorporó al Partido Comunista Mexicano y, como su representante, viajó a Rusia. Y, en el caso de Vallejo, gracias a sus amistades de periodistas franceses y españoles, logró ser invitado para escribir sendos reportajes, en el cual solo se publicó el primero, y el segundo, de manera póstuma. Y otros, como Alberto Ulloa y Francisco García Calderón. Y, efectivamente, Mariátegui escribió setenta artículos sobre Rusia Soviética, entre 1918 y 1929, entonces, no es poco. Pero también, usando este referente de la revolución bolchevique, la revolución rusa de 1917, es que él la interrelación de los procesos, es una variable, pero no la única, y es muy importante para delimitar lo que él consideraba latifundios intelectuales de la época. ¿Cuál era el papel de los intelectuales en la época? Y él lo distinguía, justamente, a partir de su adhesión, explícita o implícita, a la defensa del estado decadente que era la civilización europea o su apuesta, que podría ser total o podría ser, en todo caso, hacia la posibilidad de una alternativa, de una sociedad comunista en el futuro.

Ricardo Portocarrero Grados en El Ríncon Rojo de la Casa Museo José Carlos Mariátegui.

Si uno lee esos artículos que componen La revolución y la inteligencia, la revolución va por delante. Si uno lee con detenimiento esos artículos, se da cuenta de que está analizando al grupo Clarté, Anatole France, Henri Barbusse, Máximo Gorki, Alejandro Blok, George Grosz, Marinetti, frente a la revolución. Obviamente, ellos nacieron antes de la revolución. Analiza su obra, antes y después. Y ve cómo estas experiencias personales se vuelven experiencias representativas de la intelectualidad europea frente a un acontecimiento que, en la práctica, significa el inicio de una era nueva. Esa es la riqueza que tiene este capítulo de La Escena Contemporánea, que pone con mayor claridad esta variable interpretativa, que es la actitud frente a la revolución rusa y sus posibilidades de una sociedad comunista.

— Ahora que observamos esta masacre y genocidio que se está perpetuando por parte de Israel en la franja de Gaza, ¿cobra una mayor relevancia los escritos de Mariátegui sobre semitismo y antisemitismo?

Mariátegui escribió solo cuatro artículos relacionados directamente con la situación en Palestina. Es muy interesante, en general, en esa época, los personajes que colaboraron en Repertorio Hebreo, que se publicó tres números en el año 1929. Todos se referían a ese territorio como Palestina. Él solamente escribió cuatro, dos fueron los que compusieron el séptimo capítulo de La Escena Contemporánea, y dos que aparecieron en Repertorio Hebreo, dirigido por Manuel Adler y Noemí Milstein. No es que no era un tema importante; digamos que la repercusión era mucho menor. Aunque todavía se encontraba en un contexto reciente, en 1917 se había formulado a través de la Declaración Balfour. Es donde, por primera vez, se establece un documento firmado por el ministro de Relaciones de Gran Bretaña y uno de los principales representantes de la comunidad judía de ese país, que plantea, por primera vez, establecer en Palestina —ese entonces, un territorio otomano—. Digamos que en ese entonces era un tema nuevo. Tuvo un gran impacto, porque abrió toda una discusión: si el territorio estaba en territorio otomano, ¿cómo Inglaterra va a prometer establecer allí un territorio judío? Esto tenía una clara intención colonial e imperialista en Medio Oriente. Algo que se expresó al terminar la guerra: el Imperio Otomano fue desmembrado y los territorios que actualmente son Irak, Irán, Afganistán, Palestina, Siria, etc., pasaron a estar controlados por Inglaterra. Esa fue la posibilidad de que Inglaterra lograra imponer esta decisión arbitraria. Es lo que genera los conflictos que, con el pasar de las décadas, se expresará en este genocidio televisado el día de hoy. 

Yo creo que, en general, la posición de Mariátegui es relevante como un elemento orientador de los que nos consideramos marxistas y socialistas, a los que debemos defender. Mariátegui hablaba del renacimiento judío, en el sentido del renacimiento de una cultura, no de un pueblo prometido, no de una raza. Sino de un período en el cual el pueblo judío encontraba sus posibilidades de liberación, justamente, asumiendo una postura internacionalista; era un pueblo paria, no tenía patria, era muy abierto al internacionalismo. Y, en esa línea, un sector muy importante, sobre todo aquellos sectores judíos vinculados al movimiento obrero y a las diversas expresiones del socialismo, la socialdemocracia, el anarquismo, el propio comunismo soviético; veían en la revolución rusa una posibilidad, una promesa de una sociedad universal en la cual las diferencias étnicas, religiosas, de clase, desaparecieron. A lo largo de la historia del siglo XX. Hay una buena cantidad, además, de los dirigentes bolcheviques en Rusia que fueron escritores, militantes y políticos de origen judío, que fueron militantes comunistas y que lucharon por la revolución mundial. Esa era la apuesta de Mariátegui. Él veía la propuesta de establecer un Estado judío en Palestina, bajo el amparo de Inglaterra, un proyecto anticolonial y anti-imperialista. Él tenía la esperanza de que, al establecerse un Estado judío en Palestina, este no fuera un Estado como es ahora, teocrático, ultraconservador y nacionalista a ultranza, sino un Estado que fuera laico y democrático en el sentido de reconocer a todos los integrantes de ese territorio. Una cosa son las apuestas y otra es la historia. En ese sentido, creo, hoy en día, que hay que condenar esta orientación, así como condenamos el genocidio nazi, este que está ocurriendo ahora no puede continuar. Y que tiene que encontrarse la posibilidad de construir un territorio donde la gente pueda convivir en igualdad. ¿Es una utopía? Bueno, viendo lo que estamos viendo, es lo más probable. Esa era la apuesta de Mariátegui, y esa debe ser nuestra apuesta hoy.

—Coincidimos totalmente. Revisaba un post de su Facebook que es una imagen de una caricatura hacia usted realizada por Horacio Tarcus. En el cual lo coloca a usted pensando en Mariátegui. Piensa permanentemente en él, lo digo por sus escritos, conferencias y publicaciones.

Bueno, definitivamente, tengo una formación como historiador, pero, como dije también, me declaro marxista y socialista, tengo un amplio conocimiento de la historia del movimiento socialista internacional y en mucho de la literatura. Definitivamente, Mariátegui se constituye en el gran referente en el aspecto de elaborar propuestas. No solamente porque fue peruano, sino porque realizó una interpretación del marxismo en un momento en el cual el marxismo todavía podía aceptar diversas corrientes e interpretaciones dentro del movimiento socialista internacional. Cosa que se va a cerrar con la irrupción del stalinismo en la Unión Soviética, que impondrá un solo método e interpretación, que se demostró que, en esa época, fue denunciado no solo por los trotskystas, un marxismo que contenía los mismos elementos de decadencia que la socialdemocracia europea. Era un marxismo no dialéctico. Un marxismo que no ponía énfasis en la lucha de clases, más bien anteponía los intereses de la Unión Soviética a la realidad de los países del resto del mundo. Mariátegui era un marxista, pero uno heterodoxo, ni abierto ni nada, era un marxista como podía serlo uno antes del stalinismo.

Y ese es nuestro punto de referencia, porque lo primero que dejó muy claro Mariátegui es que, para poder transformar el país, hay que estudiarlo y conocerlo. No solamente su base económica, el Estado, el tema del centralismo, sino también de su población, el problema indígena, con nuestra cultura, la religión y la literatura. No podemos partir de plantear un método de transformación social partiendo de ideas abstractas, sino que tiene que partir de un estudio completo de la realidad peruana, de carácter histórico. Antes de llamarle marxismo, se le llamó materialismo histórico. No se trata solamente de recuperar a Mariátegui, sino ubicándolo en el contexto de la riquísima historia de las diversas tradiciones socialistas que han existido y existen en el mundo y que datan, inclusive, antes de Marx. En ese sentido, pongo este énfasis, no solo es una referencia a Mariátegui, su vida y su obra, sino un contexto mucho más amplio, tanto espacial y temporal.

—Una persona que desea adentrarse en la obra escrita de José Carlos Mariátegui. ¿Cuál es su recomendación? ¿Por qué libro debería empezar?

Esa es una pregunta que me he hecho muchas veces y siempre me ha sido difícil de contestar. Una posible respuesta, yo recomendaría los Siete Ensayos. Es ahí donde está justamente el aspecto central que permite ubicarnos en nuestro país, en nuestro contexto y en nuestra historia. Uno se da cuenta de que Mariátegui está hablando desde un lugar y tiempo determinados, y que no podemos extrapolar eso al presente. No se trata de repetir lo que él hizo: estudiar la realidad peruana, organizar al proletariado, crear sus órganos de organización sindical y prensa obrera. En ese sentido, yo me plantearía iniciar con ese libro. Otra alternativa sería que comenzara por leer aquel aspecto que a esta persona le interesa particularmente; hay muchas personas que han llegado a Mariátegui a través de su crítica literaria, el estudio de la lectura de Mariátegui sobre las reseñas a los libros, de novela, poesías, arte, pero también hace análisis de diversos movimientos literarios y artísticos, las vanguardias, que son fundamentales. Ese deslumbramiento de estos escritos, que casi nadie lee, los ha motivado los otros aspectos de su obra. 

Otra opción, un poco más arriesgada, es comenzar a leerlo cronológicamente. Me pasó a mí cuando hice mi tesis de licenciatura sobre Mariátegui. Es ir descubriendo a Mariátegui en su cotidianidad, en el sentido de que, sobre lo que escribe, tiene que ver con sus intereses, sus emociones y sus propias experiencias personales. Por eso, en los escritos juveniles de Mariátegui podemos encontrar escritos sobre la religiosidad en Lima, pero también podemos encontrar escritos sobre Asia. Una diversidad de temas que no solamente eran por encargo, eran aspectos que a Mariátegui le motivaban para elaborar, digamos, lo que Óscar Terán denominó la mirada mariateguiana. Su forma de ver y comprender el mundo. Solamente cuando tenemos claro cuál era la forma de mirar el mundo que tenía Mariátegui, como ya mencioné, estaba abierto al mundo. Nos ayuda a comprender su experiencia europea, y así sucesivamente, yo plantearía esas tres opciones. Ciertamente, me estoy lavando las manos. Les doy opciones. Hay múltiples maneras de llegar a la obra de José Carlos Mariátegui. Otra posibilidad es que se siga leyendo en los colegios y la universidad para que Mariátegui pueda llegar a la vida de los jóvenes y los motive a conocerlo más. Las posibilidades son múltiples, y no por nada Mariátegui sigue siendo el peruano más leído.

—Muchas gracias por su tiempo y disponibilidad para esta entrevista.

Gracias, a ti, Juan.

*Entrevista a Ricardo Portocarrero Grados, realizada el 29 de agosto de 2025.

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