Entrevista a Dahil Melgar. Vida y obra de Ricardo Melgar Bao
—Buenas tardes, Dahil Melgar. Te agradezco por aceptar la entrevista, que va a girar en torno a la figura del historiador y antropólogo Ricardo Melgar Bao. ¿Cómo nació la idea de fundar Pacarina del Sur?
En algún momento de principios del 2000 mi papá tuvo la idea de poner en marcha una revista. Él ya había tenido varias participaciones en comités de revistas de diferentes partes de América Latina, incluso desde muy joven, cuando era estudiante de licenciatura en la Universidad de San Marcos. Si bien nunca dejó de participar en otros proyectos revistriles, quería construir un espacio editorial latinoamericanista independiente en el sentido amplio de esta palabra.
La idea de fundar Pacarina del Sur también se alimentaba de una de sus grandes pasiones. Siempre tuvo este ímpetu de hacer de las revistas un objeto de investigación, analizándolas como espacios en los que se articulan intelectuales, actores, vanguardias políticas y culturales, así como diversos saberes, a través de estas plataformas editoriales.
En sus inicios, Pacarina del Sur se puso en marcha movilizando las propias redes de mi padre. Comenzó invitando a colegas y a muchos de los estudiantes que tenía en ese momento. Poco después, se fueron sumando colaboraciones de otras personas, tanto en respuesta a la convocatoria como a la buena recepción de los contenidos publicados en la revista. Con el tiempo, Pacarina generó mucho interés en investigadores(as) jóvenes y académicos ya consagrados.
La revista ha abarcado muchos temas a lo largo de su existencia, pero ha tenido una serie de temáticas o líneas recurrentes que pueden considerarse parte de su “sello” o identidad editorial. Entre ellas destacan la historia intelectual; las redes intelectuales entre actores políticos; el pensamiento, la obra y diversos aspectos que gravitan en torno a José Carlos Mariátegui; las redes apristas; las juventudes militantes; y las vanguardias políticas, culturales e intelectuales de América Latina. Estos temas han sido los más recurrentes en Pacarina y los que han ido atrayendo a más colaboradores.
—Al hablar de Ricardo Melgar Bao, estamos frente a uno de los principales investigadores americanistas sin fronteras por los estudios que abarcó en los diferentes países de América Latina.
Justo las redes transnacionales, la circulación de ideas, de personajes y de militancias, así como la comprensión de la red en sí misma, fueron algunos de los temas que apasionaron a mi padre. Siempre tuvo la inquietud y perspectiva de pensar más allá de lo local y de lo nacional, de concebir una escala de múltiples capas y articulaciones entre personajes, ideas, símbolos y figuras, sin las cuales resultaría imposible estudiar a América Latina.
—Además, en sus estudios sobre las revistas culturales. Como el caso de Amauta, Indoamérica o El Machete. Es una característica particular en la escritura de Ricardo Melgar Bao, la de articular no solamente el discurso de la revista o su intención, sino también ver estas redes artísticas de vanguardia, que nutrieron bastante a los pintores indigenistas y sobre la problemática antiimperialista.
Como era antropólogo e historiador, el cruce y el diálogo entre disciplinas fueron centrales en su manera de concebir y practicar hacer la historia. Tenía una manera muy particular de estudiar los movimientos antiimperialistas, marcada por el sello que la mirada del antrópologo-historiador le daba a sus estudios. Siempre le interesó reflexionar sobre cuáles eran los juegos de los símbolos y las contiendas culturales que se generaban en estos procesos.
Muchas veces, los estudios sobre los movimientos antiimperialistas se habían estudiado sobre todo desde el campo de las ideas y de las ideologías en disputa. Sin embargo, uno de los aportes de Ricardo Melgar Bao fue poner atención cómo, detrás de estos debates ideológicos, existían múltiples dimensiones culturales y sociales que habían sido desestimadas. No se trataba solo de ideas, sino, sobre todo, de sujetos y actores colectivos que daban cuerpo a estos movimientos.
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| Ricardo Melgar Bao. Fuente: Archivo familiar Melgar Tísoc. |
La construcción de la subjetividad de dichos actores, sus entornos cotidianos y el pulso cultural y social de la época eran elementos que le daban sentido a estas grandes tramas de ideas y proyectos políticos. Para mi padre, el estudio de los actores políticos y de los intelectuales partía de comprender cómo las ideas se tejían de manera fina y compleja con los ámbitos más cotidianos de los sujetos, con sus dimensiones más humanas. De ahí que buscara mostar cómo, en estos procesos, la política no podía entenderse sin un análisis complejo del papel de los símbolos y de los códigos culturales, una perspectiva que siempre siempre estuvo presente su mirada de antropólogo.
—Desde tu mirada, ¿cuánto juega el papel en Ricardo Melgar Bao el haber sido antropólogo e historiador, mezclar estas dos disciplinas en sus estudios, sobre todo en su estudio sobre el movimiento obrero en América Latina? En el cual no aborda solamente lo que es la situación del obrero en sí, sino también su acción en el campo social y el campo artístico.
Ese es uno de sus principales sellos, su mirada particular para entender esta problemática. Justamente, su trabajo El movimiento obrero latinoamericano: historia de una clase subalterna fue, especialemnte en el momento de su publicación, una propuesta muy novedosa. En ese entonces, los estudios subalternos estaban en plena efervescencia y muchos de los análisis de los movimientos obreros se abordaban principalmente desde la militancia o desde la organización centrada en el sindicalismo. Él, en cambio, analizó al movimiento obrero no solo como una entidad económica o política, sino como una clase subalterna dotada de una identidad cultural y política compleja. Propuso una visión continental y transnacional que integraba las redes de exilio, las influencias ideológicas externas y la conformación de redes intelectuales y militantes en América Latina. De este modo, puso en el centro la cultura, la racionalidad y las formas de reivindicación y articulación obrera en nuestro continente. Dimensiones que muchas veces habían sido dejadas de lado, como si no fueran relevantes. Sin embargo, fueron precisamente estos matices culturales, sociales, étnicos, artísitcos y simbólicos los que resultaron motores fundamentales de estas grandes movilizaciones obreras en la región.
—El año pasado, hubo una reedición de la editorial Achawata sobre la polémica entre Víctor Raúl Haya de la Torre y Julio A. Mella. Así como esta edición, hay algunos otros proyectos que están por aparecer en nuevas reediciones.
Actuamente, hay un par de obras póstumas que me interesan que salgan publicadas. Una de ellas, que se encuentra en edición, es un trabajo que mi papá realizó con José Miguel Candia y al que yo le hice las últimas correcciones. Se trata de un estudio sobre la revista Claridad de Argentina, en diálogo con la recepción local de este gran proyecto intelectual parisino, y del análisis de cómo, desde Claridad, se miraba a México, especialmente en relación con temas como la Revolución mexicana, la Reforma Agraria, el anticlericalismo y ciertas figuras centrales de estos procesos. En este libro es central el peso que tuvo la recepción de los temas mexicanos en otras militancias políticas y en distintos espacios culturales de América Latina.
Pero también hay otras obras pendientes que me interesa que salgan publicadas, como el diccionario de los cuadros obreros y de actores sociales intermedios que él fue delineando durante varias décadas. Estos proyectos de diccionarios obreros fueron promovidos por Robert Paris, y a mí papá le fue asignado el diccionario peruano. A partir de entonces, inició un proceso titánico de construcción de biografías a partir de datos disperos aquí y allá en distintos documentos. Se trata de una obra monumental, en la que también colaboraron diversas personas, y cuya publicación póstuma también está entre mis planes.
Hay muchos compañeros y colegas de mi papá que me han preguntado por el Diccionario Biográfico peruano, al que mis padres pusieron tanto empeño. Este diccionario dialoga con otros proyectos de diccionarios, como el Diccionario de las Izquierda Latinoamericanas promovido por el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI), con Horacio Tarcus a la cabeza.
Hemos ido sacando algunas de estas obras póstumas apenas se han ido abriendo oportunidades, ya que no solamente es publicar una obra ya hecha, sino que muchas veces ha implicado editarla, darle forma, revisarla e incluso de algún modo concluirla. Este año, finalmente, pudimos editrar el libro Exilio antifascista e internacionalismo en México. Testimonio de Leo Zuckermann (1908–1985). A partir de entrevistas realizadas por Ricardo Melgar Bao, Hilda Tísoc Lindley y Eckart Boege. Este proyecto fue muy singular, pues parte de en un trabajo de documentación oral muy amplio de más de 22 horas de entrevistas que mis padres hicieron a este personaje tan singular a finales de los 70´s y principios de los 80´s. Al que después de sumaron otras entrevistas al mismo personaje hechas por Eckart Boege.
Junto con Perla Jaimes retomamos estos materiales orales de mis padres, los transcribimos cuante años después de que fueran grabados, los organizamos para construir una historia a través de ellos, escribimos a partir de ellos e invitamos a otras personas especialistas a escribir con base en estos materiales. De alguna manera se trató de un trabajo transgeneracional.
—En el libro, en torno a Zuckermann, aparecen en sus páginas las imágenes de los casetes de grabación. Lo que demuestra la importancia de conseguir la fuente oral de los protagonistas, algo sumamente difícil por la vida tan ajetreada de los actores sociales y políticos. Como en su estudio de los apristas en París, consiguiendo el testimonio de Luis Eduardo Enríquez y Rozas.
Justo, entre los proyectos pendientes, está la publicación de las entrevistas que realizó a algunos de los cuadros aurorales del APRA que conoció en México a finales de los 70´s. Entre estas entrevistas hay algunas fascinantes y muy completas, y otras en las que se percibe la reticencia de los entrevistados a hablar de aquellos años de su militancia, lo cual también da mucha información. Ahí también puede observarse la figura del antropólogo y su manera de hacer historia: desde el testimonio, desde la voz del testigo o actor que vivió de primera mano sucesos tan significativos. Estas entrevistas fueron reunidas para un libro que finalmente nunca se llegó a publicarse. Pero parte de este material oral mi padre lo utilizó de manera parcial para diferentes artículos o capítulos de libro que publicó, así como en conferencias.
—Conjuntamente con el estudio del historiador guatemalteco Taracena, aunque su estudio está centrado en la AGELA, es, junto a Ricardo Melgar Bao, los únicos que se han acercado a estudiar a los apristas exiliados en París. Además de estudiar la Célula Aprista del Sector del Caribe y la Célula Aprista de México en Cuadernos Americanos. Tiene esa capacidad microscópica de analizar distintas revistas, desde Indoamérica hasta El Machete. Me imagino que Ricardo debe haber dejado un registro de todas estas revistas, que son de difícil acceso para las investigaciones.
Sí, él tenía su propio archivo. Casi todo lo donó en vida a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, en México. Donó en vida toda su biblioteca, salvo los materiales que continuó utilizando para sus últimos proyectos. Una parte importante de esta donación contenía periódicos, revistas culturales y prensa militante, algunas muy antiguas, de 1919. Cada vez que tenía la oportunidad de visitar algún país o realizar una investigación, lo primero que hacía era recorrer distintas bibliotecas y archivos locales en busca de nuevos materiales. Incluso durante vacaciones familiares se hacía un espacio para buscar nuevas fuentes e investigar. Así fue como logró acceder a Atuei, Indoamérica, y muchas otras revistas. Otras materiales fueron producto de relaciones de reciprocidad con colegas.
A él le tocó todavía una generación de libreros muy erudita. Con el tiempo, gran parte del oficio de los libreros de viejo o de segunda mano en México fue cambiando de perfil, pero a él todavía le toco conocer a una generación de libreros muy letrada e incluso con trayectores militantes muy impresionantes. Hizo muchas amistades con ellos, y, a través de estos vínculos, tuvo acceso no solo a materiales, sino también a personajes. Se ganó su simpatía, lo que le permitió obtener documentos de difícil acceso que no se encontraban en fondos bibliotecarios o de consulta pública.
Recién en las últimas décadas, muchas bibliotecas universitarias han comenzado a poner atención en este tipo de revistas, que durante mucho tiempo fueron descartadas. A partir de una nueva mirada sobre las revistas, los folletos, los pósters o afiches militantes y otros soportes de circulación efímera se ha abierto una veta importante para su estudio, preservación y conservación. Ejemplo de ello son el Centro de Documentación de la Biblioteca Central de la UNMSM (CEDOC) o el CeDInCI y el CEHTI en Argentina.
—Conjuntamente, junto a la obra de Horacio Tarcus. Deben ser dos de los principales estudios sobre las revistas de izquierda en América Latina.
Ese libro lo concluyó mi papá unos días antes de fallecer, literalmente. La idea era retomar estas revistas que él había estudiado a lo largo de los años: Antorcha en Quito, Amauta en Lima, Indoamérica en México, Atuei en Cuba, entre otras publicaciones de la región que funcionaron como nodos de estas redes, vanguardias y contiendas que se tejían a través de ellas.
Hubo otras revistas que ya no le dio el tiempo de trabajar, y que en muchos casos se las compartió a sus estudiantes y colegas para que continuaran su investigación y estudio.
—Recuerdo una conversación que tuve con Martín Bergel en la que definía a tu padre como el verdadero decano de las redes transnacionales de izquierda en América Latina, aunque también en sus conferencias lo ha repetido siempre. ¿Coincides?
Bueno, Martín fue justamente quien lo acuñó con ese término, y, pues, yo coincido totalmente. Me parece muy lindo y, además, muy acertado el que le dio Martín.
—Recibes consultas en torno a la obra de tu padre desde Pacarina del Sur por investigadores.
Sí, hemos recibido algunas consultas que hemos atendido. Sin embargo, ha sido difícil mantener a flote Pacarina del Sur. Al tratarse de un espacio editorial independiente, no cuenta con ningún tipo de financiamiento institucional por lo que se sostiene únicamente por el trabajo voluntario de quienes la integramos. Como todos tenemos trabajo continuamos con la revista en la medida de lo posible, en los tiempos que podemos que logramos robarle a las demás obligaciones. Aunque siempre con mucho cuidado editorial y compromiso para que cada número refeleje el espíritu de la revista.
También han pasado diversas situaciones que no viene al caso detallar. Pero tras la muerte de mi papá fue necesario reestructurar algunos aspectos de Pacarina del Sur, entre ellos, tuvimos que tomar algunas decisiones drásticas como continuar la revista desde un nuevo portal, asumir la edición web de manera autogestiva y empezar desde cero con la carga de los números anteriores. Hasta donde podamos llegar, en la vía de lo posible, esperamos que todos los números vuelvan a estar en línea lo más pronto posible.
—A la persona que desee indagar en la obra de tu padre, ¿qué libro le recomendarías para iniciarse en los escritos de Ricardo Melgar Bao?
Depende de cuáles sean los intereses del lector, aunque yo tengo mis favoritos. Desde mi punto de vista, Revista de Vanguardia e Izquierda Militante; La Batalla intelectual por el Perú, que es una compilación de escritos que elaboramos junto con Perla Jaimes; y Los símbolos de la modernidad alternativa: Montalvo, Martí, Rodó, González Prada y Flores Magón. Todos ellos tienen algo nuevo y muy atractivo que ofrecer.
Añadiría también el dedicado a Haya de la Torre y Julio A. Mella. Siempre me gustó la manera en que analizó las diferencias entre los dos líderes antiimperialistas, situando la trama del desacuerdo en términos dramatizado de un duelo, casi como una novela que transporta allí.
—Pasando al plano personal. Cómo era conversar con Ricardo Melgar Bao y abordar estos temas.
Él era inagotable. Era un gran conversador con cualquier persona que se le acercaba entablaba una conversación, no en términos de monólogo, sino en diálogo, que podía extenderse por horas. Mi padre también era muy sencillo y generoso; era un libro abierto. Simpre tuvo la disposición de compartir sus fuentes, referencias y detalles con todo aquel que lo necesitara.
—Y porque se asentó en México.
Eso ocurrió porque, en 1977, mis papás llegaron a México. La decisión estuvo motivada por el deseo de cursar la maestría, y en México ofrecía muchas oportunidades académicas. Mi mamá ya había visitado México anteriormente y tenía una imagen del país. Cuando se casaron, mi abuelo materno le ofreció un regalo, y mi madre le pidió ayuda con los pasajes a México. Fueron de luna de miel a México, y como ya tenían algunos amigos aquí ellos fueron quienes les pasaron la voz para postular a la UNAM. El promaga de estudios latinoamericanos les causó una gran una impresión. Así que durante esa visita presentaron su postulación y, poco tiempo después, regresaron para cursar juntos la Maestría en Estudios Latinoamericanos, cuando Leopoldo Zea aún era profesor en el aula.
Mis padres no llegaron becados a México; llegaron practicamente sin nada, por lo que trabajaron en varias cosas para mantenerse. Tiempo después, se abrió un concurso de oposición para una plaza de docente en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Mi padre me contó que cuando se presentó al concurso estaba muy dudoso de si sería selecionado, ya que, aunque era antropólogo, se había dedicado principalmente a temas históricos. Sin embargo gustó mucho su desempeño cuando le hicieron la entrevista y presentó su clase muestra ante los estudiantes.
Era un momento en que los estudiantes tenían mucha ingerencia en las decisiones de la universidad, especialmente después de 1968, era un estudiantado universitario con bastante autoridad. Mi papá dio su clase muestra ante un auditorio lleno, y fueron los propios estudiantes quienes respaldaron su contratación, además de convencer a los colegas que lo evaluaron.
Si no hubiera sido por una serie de circunstancias muy fortuitas que hicieron que mis papás viajaran a México y se quedaran aquí, la historia de mis padres y la nuestra hubiera sido muy distinta.
—Cuál crees que es el principal legado que nos dejó Ricardo Melgar Bao.
Sus obras y Pacarina del Sur, portal que respondía a la problemática que él se planteó, respondían al pensamiento latinoamericano y su mirada interdisciplinar entre la antropología y la historia.
—Muchas gracias por aceptar la entrevista. Desearía hacerte una pregunta sobre tu libro Entre el centro y los márgenes del Sol Naciente: los peruanos en Japón.
—Yo encantada, cuando quieras. Muchas gracias, Juan.
*Entrevista a Dahil Melgar, realizada el 31 de agosto de 2025.



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